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ISIS, el peor enemigo del Islam

En medio de las atrocidades del grupo extremista, se renuevan los prejuicios y mitos sobre la violencia y la fe musulmana.

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Decapitaciones, persecución a cristianos, expulsiones masivas de chiítas. Todo bajo la forma del espectáculo. Así viene actuando el grupo terrorista ISIS (Estado Islámico de Siria e Irak, o ISIL, por Irak y el Levante) desde mediados del año pasado, montado sobre la intensidad de la Guerra Civil en Siria. El régimen dirigido por Abu Bakr, autoproclamado califa, esgrimió siempre el mismo argumento: «todos deben someterse a la fe del Islam, y cualquier opositor debe ser eliminado». Una idea sostenida en tiempos de Al-Qaeda, potenciada por un exhibicionismo hasta el momento desconocido. Ocupando la zona del centro-norte de Irak y el noroeste de Siria (unos 40 o 90 mil kilómetros cuadrados, según las imprecisas estimaciones), ISIS dice tener como objetivo la subsunción del mundo musulmán bajo un solo Estado. Controlan Mosul, Tikrit, Faluya y Tal Afar en Irak y Raqqa, Palmira, Alepo, Damasco, Al Hasaka y Sueida en Siria. El principal móvil, dicen ellos, es religioso. Pero ¿se ajusta a las creencias del Islam este conjunto de prácticas? ¿Se puede hablar ‘del Islam‘ como si fuese uno sólo, teniendo en cuenta que se trata de una religión de 1.200 millones de fieles que no se circunscribe sólo al mundo árabe?

No todo musulmán es árabe, ni todo árabe es musulmán. Dicho esto, que parece una obviedad, entender al islam sigue siendo una tarea compleja. Religión, cultura, lengua: ¿cuál es su diferencia específica? ‘No se trata sólo de una práctica religiosa. Hay una ligazón entre individuo y Dios, pero también con la civilización musulmana‘, explica Gabriel López, secretario académico de la Cátedra Edward Said y profesor de Historia contemporánea en la Universidad de Buenos Aires. ‘El islam construyó una civilización, y ahí tiene un fuerte peso la política: sostiene que no hay una división entre el aspecto personal de la fe que cada uno puede profesar con la ciudadanía. La forma política de organizar esto fue la del califato‘, agrega.

La conquista del islam sobre pueblos como Persia, Irak, Palestina, Siria y Egipto (con el dominio del poderoso Imperio Bizantino entre 633 y 645), se dio en sus inicios a través de este sistema de gobierno. Abu Bakr, el primer califa (sucesor del Profeta muerto en 632), tenía la autoridad que le venía desde Muhammad, y fue además el primero en compilar el Corán (hasta entonces recitado sólo de memoria). De allí en adelante, comenzaron las divergencias en torno de la línea sucesoria del Islam, llegando hasta el último califato que finalizó en 1924 con la caída del Imperio Otomano.

‘A partir de ese momento aparece la principal división, entre sunitas y chiítas. Se trata de una disputa por quién tiene el control político de la Umma (la comunidad musulmana), qué grupo es descendiente del Profeta‘, explica López. Esto no es menor, ya que la sucesión ha generado distintos tipos de disputas. Y, en los argumentos de ISIS, aparece como un factor clave: ¿quién representa la verdadera línea sucesoria? ¿Hay ‘guerras santas‘ en el islam, o son sólo una mala traducción del ‘jihad‘?

Las voces musulmanas de la Argentina son, en este sentido, una fuente de conocimiento inagotable: historiadores, sheijs, y estudiosos del Corán aclaran un poco el panorama, nublado por la complejidad del tema y la desinformación mediática.

El Islam en la Argentina

Con gran peso en el país, la comunidad musulmana se asentó a fines del siglo XIX. Resulta difícil, sin embargo, hablar de ella desde parámetros heterogéneos: en el ocaso de la argentina decimonónica, la principal migración provino desde la zona sirio-libanesa y el Levante. Profesaban todo tipo de culto (maronitas, judíos, musulmanes, ortodoxos) y fueron equívocamente englobados bajo el apodo de ‘turcos‘. Incluso Sarmiento, en su Facundo, llegó a comparar a La Rioja con Palestina.

Hoy se calcula que en la Argentina viven entre 400 y 500 mil musulmanes. Estos números estimativos surgen de los estudios de Ricardo Elía, secretario de Cultura del Centro Islámico de la República Argentina (CIRA), la primera institución que aglutinó a la comunidad musulmana en el país. Creada en 1931, funciona en una antigua casa porteña del barrio de San Cristóbal decorada con motivos y ornamentos islámicos desde las paredes hasta los sillones. A pocas cuadras de ahí, funciona la mezquita Al Ahmad, a la que concurren los musulmanes de la zona para su rezo diario. El más importante es el de los viernes al mediodía, que convoca a casi doscientas personas. También director del periódico La Voz del Islam, Elía asegura que el CIRA representa a todos los musulmanes sin distinción entre sunitas y chiitas, y sintetiza la postura de las demás autoridades islámicas nacionales: ‘Los de ISIS son cualquier cosa menos musulmanes‘, dice.

Además de que el Corán dicta que la fe debe ser voluntaria (no se puede obligar a nadie a profesarla), otro de los princiaples argumentos que los separa, dice, es el término de ‘Guerra Santa‘. En principio, porque es un equívoco desde el plano conceptual: en el mundo musulmán no existe la consagración de la santidad. ‘Al jihad lo llaman guerra santa porque lo comparan con otras religiones que sí hicieron guerras santas. En el islam no puede haber una guerra santa porque no hay sacerdotes y nadie puede santificar o consagrar‘, explica Elía. El término significa ‘esfuerzo‘ y hay dos tipos de jihad: al-Akbar y al-Asgar. El primer jihad del musulmán y el más importante es contra sí mismo, contra sus tentaciones. El otro es la defensa de la comunidad musulmana entera, la Umma. ‘Esa defensa viene dada por el consenso de todos los juristas y conocedores de la ley y no por decisión de un solo grupo‘, explica Elía, y completa que, además, ese jihad al-Asgar nunca puede ser una agresión.

Por Juan Brodersen 
Con información de NoticiasNet

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Así recluta el EI:Ven a jugar al ‘Call of Duty’ de verdad

El grupo ha erigido una retorcida cultura pop yihadista para captar a jóvenes con estética de videojuego y promesas de lujo y adrenalina.

Un 'meme' propagandístico del EI  ©elespañol
Un ‘meme’ propagandístico del EI  ©elespañol

“Allâh decretó que el castigo debía caer sobre los beligerantes cruzados desde donde no se lo esperasen. Así, los ataques benditos contra los rusos y franceses fueron ejecutados con éxito a pesar de la guerra de inteligencia internacional contra el Estado Islámico”. Este fragmento acerca del siniestro de un avión ruso en Egipto el mes pasado y los atentados de París del 13-N forma parte del prefacio del último número de la revista Dabiq, editada mensualmente por el Estado Islámico.

Con más de 60 páginas de portada a contraportada, el número 12 de la publicación propagandística contiene desde perfiles de terroristas hasta artículos sobre Al Qaeda. En febrero, Dabiq publicó incluso una entrevista con el presunto cerebro de los atentados de París, Abdelhamid Abaaoud. “Allâh me escogió”, dijo a la revista, “[con el propósito de] aterrorizar a los cruzados que hacen la guerra contra musulmanes”.

Dabiq está elaborada de manera profesional, con un diseño limpio y atractivo y una ortografía y gramática cuidadas. Se publica en varias lenguas y se difunde a través de redes sociales. Pero se trata apenas de una extremidad del potente aparato comunicativo que el Estado Islámico posee en el mundo.

“Mientras que Al Qaeda quería tener el control absoluto sobre la comunicación (…) el Estado Islámico se dio cuenta de que era mucho más efectivo, sobre todo con herramientas como Twitter, de poder descentralizar esa comunicación y distribuirla en todo el mundo”, cuenta David Barrancos, analista internacional del think tank especializado en ciberseguridad Thiber. “Por una parte han perdido el control absoluto del mensaje, pero por otra, lo han convertido en una hidra a la que no importa cuántas cabezas se corten”, dice. “Siempre van a seguir apareciendo más”.

Un informe interno del Departamento de Estado de Estados Unidos publicado por el New York Times este verano sugiere que el EI está ganando la batalla en las redes sociales. El think tank estadounidense Brookings Institution estima que entre septiembre y diciembre del año pasado por lo menos 46.000 cuentas de Twitter estaban en manos de simpatizantes del grupo terrorista, con una media de 1.000 seguidores por usuario. El departamento de comunicación central está en Raqa, la autoproclamada capital del grupo yihadista, pero a su vez, los diferentes territorios bajo el control del EI tienen sus propios departamentos de comunicación, según dice Barrancos.

La portada del último número de Dabiq ilustra el 13-N ©elespañol
La portada del último número de Dabiq ilustra el 13-N ©elespañol

El Washington Post narra en un reportaje este fin de semana que cargamentos de ordenadores, cámaras y otro equipo de producción llegan con regularidad desde Turquía. Según cuenta un arrepentido del grupo terrorista los cámaras se pasan el día en la calle grabando gracias a una maquinaria de propaganda en la que se da más importancia a los portavoces que a «los soldados».

“Tienes a los encargados de comunicación en el Sinaí, en Libia, en Siria, en Irak… está repartido y eso lo hace tan potente, le da un volumen que nunca antes habían tenido”, afirma el analista Barrancos.

La productora Al Hayat es el buque insignia mediático del grupo terrorista, que produce todo tipo de contenidos para diferentes audiencias, desde documentales a vídeos cortos pensados para compartir en las redes. “La gente que se une a ellos, sobre todo la que procede de Europa, tiene sus carreras universitarias, hay gente que sabe de cine, hay gente que sabe de fotografía”, dice Barrancos. “Están muy profesionalizados”. El analista dice también que internet ha hecho que el diseño o la producción audiovisual sean accesibles en todo el mundo.

Una de las caras más visibles de la maquinaria mediática del EI es el periodista británico John Cantlie. Cantlie lleva retenido desde 2012 y ha aparecido presentando vídeos del grupo terrorista en los que hace de reportero con aparente normalidad.

EL RECLUTAMIENTO EN REDES SOCIALES

Andrés Ortiz, periodista y autor del libro Yihad: Cómo el Estado Islámico ha conquistado internet y los medios de comunicación (Universitat Oberta de Catalunya), investigó las redes de reclutamiento del EI haciéndose pasar por un simpatizante del grupo.

A través de la deep web, internet no accesible a los buscadores, entró en foros de yihadistas, donde encontró toda clase de vídeos violentos, manuales para entrenarse en combate e incluso una guía para alcanzar Siria desde Occidente y que recomendaba España como una de las rutas más seguras. “Son contenidos que cualquiera con un mínimo de conocimiento e interés encuentra fácilmente”, cuenta Ortiz.

En una ocasión, buscando a un captador de yihadistas en internet profundo, llegó a un perfil de Facebook. Desde una cuenta falsa, Ortiz escribió al reclutador pretendiendo querer viajar a Siria. “Le digo ‘oye, estoy interesado en esto’ y me habla como si no supiera de qué va la historia”, cuenta Ortiz. “Entonces, le adjunto una imagen que él había colgado en la deep web y a partir de ese momento cambia totalmente, me dice que si estoy interesado en formar parte de la yihad que me puede conseguir un contacto en Siria, en Irak”. El captador le proporcionó también una cuenta de Bitcoin, la principal divisa electrónica, para que hiciese una donación. Pero ante las preguntas constantes de Ortiz, cortó la conversación.

Pero no hace falta utilizar la deep web para ponerse en contacto con el EI. Ortiz pone el ejemplo de la periodista gala Anna Erelle (un seudónimo). Tras difundir contenido a favor del grupo terrorista en Twitter, los reclutadores de yihadistas se pusieron en contacto con ella.

“El EI es un ente y pone propaganda en internet, pero el poder viene de aquellos que amplifican su mensaje en la web, es eso lo que le da fuerza”, afirmó Alberto Fernández, ex coordinador del Centro de Comunicaciones Estratégicas contra el Terrorismo del Departamento de Estado en una charla en la Casa Árabe de Madrid este martes. “Esos miles de voluntarios son de todo tipo, son profesionales y no profesionales”. Fernández usa el ejemplo de un joven finés que por su cuenta comenzó a publicar miles y miles de mensajes en Twitter y tuvo gran repercusión en la red social.

¿CUÁL ES SU MENSAJE PARA CAPTAR ADEPTOS?

“El mensaje del EI no es un mensaje, son muchos mensajes. Está también individualizado”, dijo Fernández. El experto estadounidense explica que, al margen de los contenidos propagandísticos, la conversación entre simpatizante y captador se produce de tú a tú en el medio digital, lo que la hace especialmente efectiva. “Lo general se vuelve individual”, aseguró. “Ese proceso de intercambio individual es una parte clave y gobiernos, incluido el de EEUU, no han encontrado nunca una forma de combatir o replicar el proceso”.

Respecto a la propaganda, el grupo recurre con frecuencia al contenido audiovisual por su fácil consumo y capacidad de impacto entre la población joven, que los expertos afirman es su principal público objetivo. Barrancos, el analista de Thiber, explica que mientras que Al Qaeda publicaba vídeos monótonos con un único plano de un hombre mayor hablando de teología, el Estado Islámico recurre a vídeos con movimiento, que apelan al conflicto geopolítico pero también prometen una vida de aventura y emoción. “Se crea una cultura cibersalafista, cool [y] ultratradicional”, dijo Fernández, el estadounidense.

“Hay perfiles muy diferentes, pero lo que sí tienen en común es la edad. Casi todo es gente en torno a los veintipocos años o incluso menores de edad”, dice Barrancos con respecto a los simpatizantes del EI. “Hay gente completamente separada de lo que es el Islam, pero que encuentra que su vida está vacía y necesitan adrenalina”. Barrancos explica que el EI utiliza códigos audiovisuales occidentales, técnicas y referencias que podemos ver en las películas de Hollywood.

Por un lado hablan de la opresión de la comunidad musulmana global, por ejemplo en Palestina. Por otro, lado se centran en “lo bien que se lo pasan”: “Suben muchas fotos de ‘tomando una pizza después de haber saqueado esta casa o aquí relajándonos en el coche que acabamos de saquear'». Algo que recuerda a una versión retorcida del contenido que jóvenes de todo el mundo publican en plataformas como Instagram o Facebook. “Es una cosa horrible y difícil de comprender”, dice Barrancos.

Los vídeos de las decapitaciones de periodistas occidentales han recorrido el mundo. Pero las narrativas que emplea el Estado Islámico son también de la construcción de un mundo musulmán perfecto en el “califato”, donde los jóvenes pueden encajar y que ofrece emociones. Las referencias a videojuegos también son una constante. “Ellos hablan de ‘vente a Siria a jugar al Call of Duty (un famoso videojuego bélico) de verdad y luego reapareces en el paraíso”.

Uno de los mensajes del EI es YODO (sólo mueres una vez)©elespañol
Uno de los mensajes del EI es YODO (sólo mueres una vez)©elespañol

“Un vídeo para un joven adolescente francés, por ejemplo, es un vídeo en el que se le promete una vida de lujo fácil. Hay vídeos de yihadistas sobre Porsches con chicas de fondo, los tíos con medallas de oro y pose desafiante, prácticamente un modelo de videoclip”, dice Ortiz, el periodista que se infiltró en los foros del EI.

El mensaje, sin embargo, depende de la región y grupo de edad del público, explica Ortiz. Los yihadistas se han apropiado incluso de la máxima de redes sociales YOLO (You only live once, sólo vives una vez) y lo han cambiado por YODO (You only die once, sólo mueres una vez). Se han creado memes, imágenes con texto que se comparten en las redes, con el mensaje: “Sólo mueres una vez, por qué no hacerlo como un mártir”. El eslogan hace también un guiño a la película de James Bond Sólo se vive dos veces.

“[El EI] utiliza la atracción de la aventura, como hace con los hombres”, dice a este diario Elizabeth Pearson, experta en radicalización y mujeres del Royal United Services Institute del Reino Unido. “Utiliza la atracción de relaciones personales con hombres como maridos potenciales y con mujeres como amigas dentro del Islam”. Pearson matiza que los mensajes que se dirigen a las mujeres dependen también de qué país y qué sociedad proceden.

¿HAY FORMA DE FRENAR EL FENÓMENO?

“El Estado Islámico es parte de un problema aún más grande”, dijo Fernández en Madrid. En eso coinciden los expertos. El fenómeno es global. El islamismo radical pop del EI se ha convertido en un movimiento contracultural global que exige una solución compleja.

No sólo se trata de cerrar perfiles en redes sociales. A veces distinguir entre propaganda explícita pro-EI de otros contenidos es difícil, explica Ortiz. Barrancos afirma que las compañías tecnológicas se mostraban antes más reticentes a compartir información sobre sus usuarios con los gobiernos con el argumento de proteger la privacidad de sus clientes. Pero ha habido un cambio en su política de cara a la propaganda yihadista.

Telegram informó el miércoles de que había cerrado 78 canales vinculados al EI en una docena de lenguas. En marzo, Twitter cerró 2.000 cuentas relacionadas con el grupo terrorista. Pero en palabras de Barrancos, el grupo funciona en redes sociales como una hidra. Ortiz cuenta que ha habido un cambio de tendencia en los perfiles sociales del EI. Ahora tienen menos seguidores y pasan más desapercibidos argumenta.

Hay quien ha criticado a los medios de comunicación por hacer publicidad del grupo terrorista al informar sobre sus actividades y publicar sus vídeos. “Los medios deben tener libertad, pero al mismo tiempo, por supuesto, lo que está buscando el Estado Islámico, u organizaciones parecidas, es también tener una fama y juegan con esta posibilidad de que los medios les den más publicidad”, dice Barah Mikaïl, experto en Oriente Medio del think tank patrio FRIDE. “Eso no va a cambiar, al final si el Estado Islámico hace algo y nadie habla de eso va a intentar otra cosa hasta que hablemos de ello”.

Pero aunque nadie tiene una fórmula para encontrar una solución, los expertos opinan que es necesario encontrar narrativas contrarias para disuadir a los jóvenes de que se unan al Estado Islámico. “Nosotros usamos la palabra del Estado Islámico contra el Estado Islámico”, dijo Fernández tras la charla en referencia al trabajo del Centro de Comunicaciones Estratégicas contra el Terrorismo de Estados Unidos.

El Centro tiene una cuenta en Twitter llamada «Piénsatelo dos veces, date la vuelta», que participa en conversaciones con yihadistas e intenta desacreditarlos. Por ejemplo, el año pasado, el EI ejecutó a un yihadista y el Departamento de Estado usó eso como argumento para desacreditar al grupo terrorista como defensor de los musulmanes. En un vídeo, el EI decía a los musulmanes que el hecho de rezar no los salvaría, implicando que depende del Estado Islámico decidir si son o no verdaderos musulmanes. El Centro estadounidense también lo usó para combatir al grupo en las redes.

Tanto Ortiz como Barrancos valoran este esfuerzo por parte de los gobiernos y consideran que es necesario. Barrancos cree que es necesario que los gobiernos recurran a personas que los simpatizantes del EI puedan considerar más creíbles, como líderes religiosos dentro de la comunidad suní, que les expliquen que lo que promueve el EI no es el verdadero islam y es una distorsión de la fe musulmana. “Tiene que ser alguien con quien se puedan identificar totalmente”, afirma.

Por Pablo Mayo Cerqueiro
Con información de El Español

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Gaza,Ayotzinapa:agonía, confusión y tormento

¿Que podrá contestar a esta pregunta el ejército sionista, el Estado Islámico o Enrique Peña Nieto?
¿Que podrá contestar a esta pregunta el ejército sionista, el Estado Islámico o Enrique Peña Nieto?

Todos los días, las noticias nos abofetean con su cruda realidad. Las guerras ya no son entre caballeros que miden sus fuerzas, ni se pelea por la familia o el honor. Lejos están las actuales guerras de tener esos valores, muy por el contrario, son meras demostraciones de poder político-económico-militar para ver quien es el más bruto carnicero, ciegamente bestial que domine y someta a los más débiles.

Todo el globo está en ebullición permanente cual volcán en riesgo de erupción, pero, hay puntos más calientes que otros, Gaza por ejemplo. Diariamente leemos que colonos israelíes secundados por soldados del régimen de Tel Aviv han atacado viviendas de palestinos, que han masacrado a sus ocupantes, que han encarcelado y torturado a menores, que han vejado y aterrorizado a mujeres … ¿que hay del honor del combatiente en este tipo de bajezas?. Siembran el terror con sus amariconados actos criminales. A finales del pasado mes de agosto, el Ministerio palestino para Asuntos de Prisioneros informó que unos 7000 palestinos se encuentran en las cárceles del régimen israelí, en condiciones críticas.

Menores que desaparecen, el fantasma del tráfico de órganos que se hace cada vez más palpable. El ejército sionista es la escoria de los ejércitos del mundo, muy por debajo moralmente incluso que sus subordinados esbirros yankies.

Si seguimos leyendo la sección de Internacionales, seguro nos toparemos con las masacres del «Estado Islámico«, que de «Estado» nada tiene …y de «Islámico«, menos!.

Se ocupan,(y preocupan), por no dejar nada en pie en los territorios por los que van pasando. Tristes marionetas yankie-sionistas, hacen el trabajo sucio para dejar el camino libre a los israelíes, ilusionados en crear «Eretz Israel»; y no escatiman en cometer atrocidades para concretar uno de los mayores genocidios del presente siglo. Violan, matan, torturan y desaparecen a miles de personas. Los combatientes del Estado Islámico han matado a cientos de miembros de la tribu Albu Nimr desde que tomaron el control de Hit, a unos 150 km al oeste de Bagdad, hace dos meses.

Asesinatos colectivos, decapitaciones, hombres enterrados vivos y mujeres vendidas como esclavas, son algunas de las acciones brutales atribuidas en las últimas semanas a los militantes del Estado Islámico (EI). Ivan Mrat dijo al Servicio Árabe de la BBC, que «EI tomó más de 2.000 mujeres de diferentes poblados. Nadie sabe que pasó con ellas pero es claro para nosotros que estos militantes despiadados las tomaron como esclavas sexuales, despojos de guerra que les pertenecen según su entendimiento erróneo del Islam.

Se habla de personas enterradas vivas. El refugiado Samo Ilyas Ali, quien huyó de sus tierras ancestrales en Sinyar, dijo a la agencia Reuters que su aldea fue rodeada en medio de la noche por militantes de EI armados con ametralladoras.»Tenían barbas, algunos llevaban máscaras con inscripciones en árabe. No entendimos cuando comenzaron a cavar zanjas. Entonces empezaron a poner a la gente en aquellos agujeros. Esas personas estaban vivas y después de un rato oímos disparos. No puedo olvidar esa escena, mujeres y niños pidiendo ayuda. Nosotros corrimos por nuestras vidas, no podíamos hacer nada por ellos», dijo Ilyas Ali.

Y como si fuera un ejemplo a seguir, otros títeres del N.O.M. como Enrique Peña Nieto, no conforme con el riego diario de sangre civil inocente a manos del narcotráfico, (que tantos beneficios monetarios le ha proporcionado a su gobierno y a su propio patrimonio), ahora le ha sumado el holocausto de sangre juvenil, de los 43 ajusticiados en Ayotzinapa, Estado de Guerrero, México.

Aquí también, (al mejor estilo de los «valientes» soldados sionistas y del Estado Islámico), la policía preventiva municipal de Iguala los cazó como conejos. A pesar de ser estudiantes, los trataron como si pertenecieran a un cártel rival. A los 80 alumnos de la Normal Rural de Ayotzinapa, que el pasado 26 de septiembre en Iguala, organizaron una colecta de recursos para financiar su asistencia a la marcha conmemorativa de la masacre del 2 de octubre de 1968 en la ciudad de México, los balearon a mansalva. Primero los uniformados, y luego los pistoleros vestidos de civil, les dispararon intermitentemente sin advertencia alguna. A Julio César Fuentes Mondragón, uno de los normalistas, lo torturaron, le arrancaron los ojos y le desollaron el rostro; y eran sólo un jovencito, tristes y patéticos cobardes!.

Y aún a pesar de que este siglo está naciendo y en pañales, no puedo dejar de pensar en el viejo Léon Joseph Degrelle, cuando escribía sobre la agonía del siglo aquel que le tocaba vivir, y lo expresaba de la siguiente manera:


El mundo no es sino confusión y tormento. El odio destroza sus entrañas. Mata, mancha y arrastra a sus víctimas en el oleaje fangoso de su furor. Los hombres se buscan con maldad de chacales. Se les oye rugir en la noche iluminada por los rayos.

Los pueblos se detestan. Los individuos se detestan.

Ya no respetan nada, ni siquiera al vencido que yace en la tierra, ni a la mujer que implora, ni a los  niños de ojos abiertos a los sueños.

Ha muerto el soñar.

Sólo vive la bestia, la bestia salvaje que pisotea a los tímidos y a los fuertes, a los inocentes y a los culpables.

Todo titubea, el armazón de los Estados, las leyes de las relaciones sociales, el respeto a la palabra.

Los hombres que antes, creaban la riqueza en un esfuerzo redoblado, se enfrentan ahora como fieras  desencadenadas.

Mentir es sólo una forma más de ser hábil.

El honor ha perdido su sentido, el honor del juramento, el honor de servir, el honor de morir. Los  que permanecen fieles a estos viejos ritos hacen sonreír a los demás.

La virtud ha olvidado su dulce murmullo de manantial. Las sonrisas no son ya confesiones del amor  sino reticencias, estafas o rictus.

Se asfixian las almas. El denso aire está cargado de todas las abdicaciones del espíritu.

El olfato busca en vano un aura pura, el perfume de una flor, la frescura de una brisa impregnada de  mar…

El mar de los corazones está hosco. No tiene velas blancas. No hay alas que canten sobre su lomo  inmenso.

Los jardines del corazón han perdido su color. No tienen pájaros. ¿Qué pájaro, por acaso, podría cantar en medio de la tormenta, mientras el hombre busca al otro hombre, para odiarle, para  corromper su pensar, para hollar con los pies la rosa?

Los dones han muerto, el don del pan para los cuerpos frágiles, el don del amor para las almas  que sufren.

¿Amar ? ¿Por qué ? ¿Para qué amar?

El hombre, encerrado en su concha, ha hecho de su egoísmo una barricada. Quiere gozar. La felicidad, para él, se ha convertido en un fruto que devora ávidamente, sin recrearse en él, sin repartirlo, sin dejarle, siquiera, ver a los demás.

¿Para qué aguardar al fruto maduro que tendría que repartirse entre todos? El amor, el mismo amor, ya no se da a los demás; se huye con él entre los brazos, deprisa, deprisa.

Sin embargo la única felicidad era aquello: el don, el dar, el darse; era la única felicidad consciente, completa, la única que embriagaba, como el perfume sazonado de Las frutas, de las flores, del follaje otoñal.

La felicidad sólo existe en el don. Su desinterés de sabores de eternidad, vuelve a los labios del alma con dulzura inmortal.

Dar: haber visto los ojos que brillan porque han sido comprendidos, alcanzados, colmados.

Dar: sentir esos anchos estremecimientos de dicha, que flotan como inquietas aguas sobre el corazón, súbitamente serenado, empavesado de sol.

Dar: haber llegado a esas múltiples fibras secretas con las que se tejen, los misterios ardientes de una sensibilidad, emocionada, como si la lluvia suave del verano hubiera refrescado los rosales que trepan por los muros polvorientos y cálidos.

Dar: tener el gesto que alivia, que hace olvidar a la mano que es de carne, que derrama un deseo de amar en el alma entreabierta.

Entonces, el corazón se torna tan leve como el polen de las flores, y se eleva como el canto del ruiseñor, con su misma voz ardiente, que alienta nuestra penumbra. Desbordamos la felicidad porque hemos derramado la capacidad de ser dichosos, la felicidad que no habíamos recibido para que fuera sólo nuestra, sino para derramarla, porque nos ahogaba, como la tierra que no puede retener sus manantiales, los deja desbordar sobre las flores numerosas de las praderas, o por las hendiduras de las rocas grises.

Pero hoy, Los manantiales no brotan ya. La tierra, egoísta, no quiere despojarse del tesoro que la agobia. Retiene la felicidad y la ahoga.

Las rocas se secan y saltan en pedazos. Y Las flores, oprimidas en los corazones, sucumben.

Se ha cegado el impulso de los manantiales.

Las almas mueren, no solamente porque solo reciben odio, sino también porque se ha desnaturalizado su propio amor, cuya esencia era probar y darse.

Esta es la agonía de nuestro tiempo.

El siglo no se hunde por falta de elementos materiales.

Jamás fue el universo tan rico, ni estuvo tan colmado de comodidades, gracias a una enorme y fecunda industrialización.

Jamás hubo tanto oro.

Pero el oro está escondido en los cofres blindados, más seguro que en las más profundas cavernas.

Los bienes materiales, monopolizados, sirven para matar a los hombres y no para socorrerles. Son una razón más para odiar.

Han convertido en garras, las manos que los tocan, y en jaguares los cuerpos humanos que los utilizan.

Sin amor, sin fe, el mundo se está asesinando a sí mismo.

El siglo ha querido, ciego de orgullo, ser tan sólo el siglo de los hombres.

Este orgullo insensato le ha perdido.

Ha creído que sus máquinas, sus «stocks». Sus lingotes de oro, le podrían dar la felicidad. Y sólo le han dado alegrías, pero no la alegría, no esa alegría que es como el sol que nunca se apaga en los paisajes que antes, ha llenado de ardiente esplendor. Las tristes alegrías de la posesión se han endurecido como púas y han herido a los que, creyéndolas flores, las acercaban a su rostro.

El corazón de los vencedores del siglo, vencedores de un día, está lleno de melancolía, de acritud, de una horrible pasión de apoderarse de todo, enseguida, de una cólera brutal, que se eriza frente a todos los obstáculos.

Millones y millones de hombres se han batido y se han odiado. Un huracán les arrastra, cada vez más desencadenado, a través de los aires encendidos. La lengua seca, frías las manos, adivinan ya, en medio de su delirio, el instante próximo en que su obra de locos será aniquilada. Desaparecerá, porque era contraria a las leyes del corazón y a las leyes de Dios.

Él solo, Dios, daba al mundo su equilibrio, dominaba las pasiones, señalaba el sentido de los días  felices o desgraciados.

¿Para qué haber sido ambicioso, cuando el verdadero bien se ofrecía sin límites, generosamente, a  todos los corazones puros y sinceros?

El mundo ha renegado de esta alegría, sublime y orgullosa, como los chorros de una fuente.

Ha preferido hundirse en los pútridos mares del egoísmo, de la envidia y del odio.

Se asfixia en la ciénaga.

Se debate en medio de sus guerras, de sus crisis, en medio de los lazos resbaladizos de su egoísta pasión.

Aunque se reúnan todas las conferencias del mundo y se agrupen los jefes de Estado y los expertos, nada podrán cambiar. La enfermedad no está en el cuerpo. El cuerpo está enfermo porque lo está el alma. Es el alma la que tiene que curarse y purificarse.

La verdaderamente grande y única revolución que está por hacerse es ésa: aun tan sólo las almas, llamadas por el amor del hombre y alimentadas por el amor de Dios podrá devolver al mundo el claro rostro y una mirada limpia a los ojos purificados por el agua serena de la entrega generosa.

No hay opción: o revolución espiritual, o fracaso del siglo. La salvación del mundo está en la voluntad de las almas que tienen fe.


Por Moro
Para Páginas Árabes

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Gaza,Ayotzinapa:agonía,confusión y tormento por Moro se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://paginasarabes.com/2014/12/07/gazaayotzinapaagoniaconfusion-y-tormento.

Estado Islámico – el enemigo perfecto

El último video donde Estado Islámico filma una decapitación masiva de soldados sirios y un rehén norteamericano, termina de modelar a un enemigo perfecto para Occidente: salvaje, inhumano, anclado en creencias y prácticas pre modernas. Un enemigo que produce daño humano, pero no político. Como lo indica su nombre, Estado Islámico refleja la destrucción de los estados nacionales árabes, iniciada con la Guerra del Golfo en 1991.

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En un video que circuló en los últimos días por la web, Estado Islámico (EI) da un paso más y escenifica el asesinato en masa de 18 soldados sirios con planos varios, slow motion y sensibles miradas a cámara de las propias víctimas. Un desierto limpio, arenas prolijas, y una ordenada fila de combatientes que, de uno en uno, van pasando en busca de su cuchillo que, minutos después, atraviesan la garganta de los capturados. En el último plano, la sangre corre como un arroyo en los surcos de arena. Horror puro y duro en HD.

Es imposible saber cuánto de verdad hay o no en estas escenas. Supongamos, para salir de la especulación conspirativa, que es real. Tan real y evidente como que todas las escenas de decapitaciones remiten a la cultura de la violencia cinematográfica hollywoodense: los trajes naranjas para los “detenidos”, el uso de la cámara lenta para dar mayor dramatismo, la pureza y orden de un set que no tiene nada de “escenario natural en exteriores”.

Ahora bien, no se trata de pensar que todo es un montaje guionado por Norteamérica. Más bien lo contrario: puede ser el indicio visual y simbólico de que el enemigo árabe que Estados Unidos viene construyendo desde el fin de la Guerra Fría por fin adoptó la estética barbárica y terrorista que su contrincante espera que tenga.

No siempre se trata de construir el mundo a imagen y semejanza: a veces quien detenta el poder elige (o debe contentarse) con dibujar los trazos de su enemigo. Es otra forma de definir el rumbo de las cosas. Un oponente caricaturizado puede servir como atajo para reforzar los valores y objetivos propios. En este caso la democracia, los derechos humanos y la libertad frente al fanatismo asesino e inhumano. “El mal absoluto”, como lo llamó Obama este lunes.

El problema de este razonamiento es que no tiene historia, no está ubicado en ninguna progresión de sucesos que lo vuelva comprensible o mínimamente explicable. Por el contrario, es puro impacto, “choque de civilizaciones”, abismo religioso o moral. Sin embargo, resulta evidente que el crecimiento de EI es parte de un ciclo histórico de desestructuración estatal árabe bastante notorio. Como lo indica su nombre, Estado Islámico es una metáfora mórbida de un proceso que lo precede: la destrucción de los estados nacionales árabes, que se inició con la Guerra del Golfo de George Bush.

Hace pocos días el mundo recordaba los 25 años de la caída del Muro de Berlín, antesala de la implosión de la Unión Soviética, que sucedería apenas dos años después. Entre uno y otro episodio, Estados Unidos ya había reordenado sus prioridades estratégicas: en enero de 1991 comenzó a bombardear sedes gubernamentales en Irak.

Improbable en tiempos de Guerra Fría, esta intervención norteamericana (con el escudo de las Naciones Unidas y el comienzos de las famosas “coaliciones” de países aliados) inauguró una década de desplazamiento del enemigo, que pasó de ser el comunismo a los estados árabes de corte nacionalista.

El Estado Islámico aparece, así, como una consecuencia directa de la guerra abierta o encubierta que desde hace un cuarto de siglo Estados Unidos decidió emprender contra los estados nacionales árabes.

El corolario de ese proceso ocurrió exactamente diez años después, cuando el atentado a las Torres Gemelas mostró -entre otras cosas- que en el “mundo árabe” antes liderado por estados nacionales laicos habían cobrado relevancia los grupos fundamentalistas, diseminados en células y proclives a tácticas terroristas. El enemigo comenzaba a asumir las formas bestiales que se esperaba de él.

A partir de los atentados en Nueva York de 2001, la respuesta norteamericana acentuó la estrategia desplegada en la Guerra del Golfo: la invasión a Irak y Afganistán tuvo como consecuencia perdurable la destrucción de estos estados, antes que la eliminación de un determinado líder o grupo político. De hecho, más de una década después, ninguno de los dos países logró estabilizarse, a pesar de haber contado con ingentes recursos y el control militar por parte de los Estados Unidos.

Una década después, a fines de 2010, casi todos los países de la región vivirían el terremoto de la “primavera árabe” que, visto retrospectivamente, no terminó en un empoderamiento de la sociedad civil, ni siquiera allí donde existe con cierta fortaleza (como en Egipto), si no más bien en el recrudecimiento y el avance de los grupos islámicos extremistas. Esa involución se dio aún en sociedades con una tradición laica importante, como Siria.

De esta manera, el resultado más repetido de las “primaveras” fue la creciente debilidad de las organizaciones estatales. El caso paradigmático es el de Libia, donde después del bombardeo de la OTAN y el asesinato de Muammar Khadafy en el 2011, el país quedó sumido en un caos total: al día de hoy, tiene dos poderes ejecutivos y dos parlamentos. Desde hace algunas semanas una ciudad al este de Libia, Derna, cayó en control del Estado Islámico, que ya había extendido su presencia en parte de Siria e Irak.

Es sencillo y consolador pensar que todo este caos es producto de algún tipo de auto desintegración de los libios, imbuidos de alguna lógica primitiva o espíritu “tribal”. Antes de sacar conclusiones, más vale leer lo que dice Bernardino León, diplomático español, ligado al PSOE y que en la actualidad oficia como jefe de la ONU en Libia. En la edición de El País del 10 de noviembre pasado muestra un notable interés por aspectos que poco tienen que ver con la estabilidad del país africano: “Desde hace tiempo ya, insistimos ante las partes en conflicto que había tres ámbitos que deberían ser neutrales: el Banco Central, el petróleo y la Autoridad Libia de Inversiones. Y les advertimos que les pondríamos sanciones si cruzaban esas líneas rojas que son sagradas y no se pueden tocar.” En una remake del mandato del hombre blanco europeo del siglo XIX, León, el progresista, remata: “debemos aprender de los errores de estos tres años. La comunidad internacional pecó de dejar a Libia y a los libios solos. No estaban preparados y eso no funcionó.”

A esto habría que agregar la guerra civil en Siria, desatada hace tres años y todavía en curso. El plan de desestabilización interna de Estados Unidos sobre Siria se hizo público hace algunos meses, desde las páginas de la autobiografía de Hillary Clinton, ahora crítica de la política exterior de Obama, después de haber sido su Secretaria de Estado: “los riesgos de la acción y de la inacción eran ambos elevados, (pero) la inclinación del presidente fue mantener el curso de las cosas y no dar el significativo paso adelante de armar a los rebeldes”. Si Siria cuenta todavía con un gobierno y un estado en pie es porque a mediados de 2013 Rusia, en un hecho inédito después del fin de la URSS, obligó a Estados Unidos a dar un paso atrás en los bombardeos que ya había anunciado sobre Damasco.

Por fuera de cualquier teoría conspirativa, estos datos muestran una acción de debilitamiento sistémico de las organizaciones estatales árabes en los últimos 25 años. El Estado Islámico aparece, así, como una consecuencia directa de la guerra abierta o encubierta que desde hace un cuarto de siglo Estados Unidos decidió emprender contra los estados nacionales árabes.

Por Federico Vázquez
Con información de Telam

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