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La intervención militar no acabará con Daesh…

Mujeres cautivas por Daesh marchan al mercado para ser vendidas como esclavas sexuales
Mujeres cautivas por Daesh marchan al mercado para ser vendidas como esclavas sexuales

«La intervención militar no acabará con Daesh, hace falta cortar sus fuentes de financiación«

Pedro Baños, coronel del Ejército de Tierra y geoestratega, está convencido de que el empleo de medios militares no es la solución para acabar con el denominado Estado Islámico, porque muchas veces lo único que se consigue es «enquistar» el conflicto.

«La intervención militar no acabará con Daesh, hace falta comprender por qué surge y quién le apoya, tanto desde el exterior como desde el interior, porque de lo contrario se acabará con la milicia pero no con el concepto que engloba a esta realidad que además se subdivide en diferentes grupos», subrayó quien fuera jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo en Estrasburgo entre 2002 y 2004.

«Hay que entender qué es lo que están reivindicando exactamente millones de sunitas tanto en Siria como en Irak, es gente que se había quedado al margen de la sociedad y busca su hueco», añadió quién también ha sido asesor militar del Parlamento Europeo en Bruselas.

De ahí que este experto de las relaciones internacionales apueste por «actuar de un modo muy holístico» tanto en los países afectados como en Europa donde, a su juicio, «es necesario adoptar medidas educativas, sociales, políticas y formativas» que acaben con un lastre que tiene mucho de ideológico.

«Desmontar sus argumentos ideológicos y entender quién está detrás apoyándolos es fundamental», comentó Baños, tras añadir que lo que buscan las élites sociales de ese mundo sunita es fomentar estos movimientos extremos para «conseguir un Estado Islámico, regido por la ley de la sharia y gobernado por un califa».

Precisamente las diferencias de los distintos grupos por establecer quién es el mejor califa marcan los enfrentamientos internos. «El objetivo final es tener un Estado Islámico pero hay varios grupos y si se acaba con una milicia a través de las armas habrá otras» porque no se ponen de acuerdo en «quién debe ser» el representante supremo, subrayó el geoestratega.

El coronel de Infantería vio fundamental conocer en qué consiste este Estado Islámico que «comete actos de terrorismo pero que es mucho más, es un grupo insurgente que se ha convertido en una ideología en expansión que atrae a jóvenes y no tan jóvenes de diferentes lugares. Ese escenario de conflicto lo están trasladando al continente europeo aprovechando las debilidades de ciertos países», subrayó.

PROPAGANDA MEDIÁTICA

«Lo que era un conflicto regional se ha convertido en un problema internacional, yo no diría mundial ni global», apostilló Baños, quien opinó que lo que persiguen los miembros de Daesh con los ataques terroristas que cometen en Europa «es debilitar a quienes les atacan a ellos».

«Hay personas que han entrenado ellos y se convierten en suicidas convencidos pero también se están dando casos de que el llamamiento genérico que hacen funciona en personas con circunstancias personales muy concretas pero que no tienen vinculación con la religión, no conocen el Corán, no son fanáticos y ni siquiera han viajado a esos países orientales a recibir instrucción», incidió.

Para el Estado Islámico es «una gran baza por la publicidad que les proporciona esta gente que comete atentados en su nombre», aseguró el ponente, «porque ayuda a generar temor en las poblaciones europeas, que presionan a los gobernantes para que dejen de atacar a sus territorios».

«Ese es el objetivo final, que los ciudadanos tengan el temor de que tu vecino pueda asesinarte e insistan a sus representantes políticos para que no invadan los países en los que están asentados», concretó.

Baños lamentó que muchas veces los medios de comunicación occidentales se convierten en «su propia agencia de publicidad» porque les «garantizamos un éxito que ni siquiera se habían imaginado».

Por último, el militar en reserva se refirió a las causas que motivaron el conflicto y cuya base está en el enfrentamiento entre dos ramas del Islam: los chiítas y los sunitas.

«Es una amalgama de circunstancias muy complejas donde las diferencias religiosas son fundamentales y donde existen distintas comunidades. La mecha que inicia la explosión son las revueltas de la llamada primavera árabe pero también las tensiones geopolíticas entre Rusia y Estados Unidos», concluyó.

Con información de TeleCinco

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La nostalgia, como arma contra el fundamentalismo

1959: a un año del derrocamiento de la monarquía en Irak, la familia de Samir (niño aún, segundo desde la derecha) de día de campo, con algunos amigos, en las afueras de Bagdad. ©Dschoint Ventschr
1959: a un año del derrocamiento de la monarquía en Irak, la familia de Samir (niño aún, 2º desde la derecha) de día de campo, con algunos amigos, en las afueras de Bagdad.
©Dschoint Ventschr

En ‘Odisea Iraquí’, Samir, su realizador, traza la historia de su familia, desde el Irak de los años 50, al de hoy, desgarrado por la violencia. Una obra personal que es también un arma contra el integrismo y el sectarismo del Estado Islámico.

Iraquí sentimental, perfeccionista suizo, Samir realizó su primer documental en 3D. Son 162 minutos de historia, tanto nacional como familiar, desde la época otomana hasta nuestros días, narrada por los familiares del director, esparcidos por todo el mundo.


Entrevista.

swissinfo.ch: Usted muestra ese Irak en blanco y negro de los años 50 y 60, de  mujeres vestidas al estilo occidental, visiblemente emancipadas y felices. Pero también el Irak en colores de hoy, sobre todo el rojo de la sangre y el negro de las explosiones y los velos de las mujeres. El contraste es impresionante.

Samir: ¡Eso es realmente lo más importante a tener en cuenta! Creo que todo este integrismo es una guerra contra las mujeres, no contra los occidentales. Y, porque hay hombres que no están bien educados, han sido instrumentalizados por el conservadurismo. Hay miedo a la emancipación y a la igualdad.

Pero, ¿cómo hablar de ello sin firmar un panfleto feminista? Pensé entonces en presentar a mi madre, mis tías y todo ese bello mundo a través de esas bellas imágenes de los viejos tiempos. La nostalgia en mi película es como un arma contra el integrismo. Hurga en la memoria para mostrar que era posible para las diferentes religiones y culturas convivir en el mismo país. Recordar que había  respeto para las mujeres, sus costumbres y sus formas de ser mujer. No debían ocultar su belleza. Creo que las imágenes son más fuertes que las palabras.

swissinfo.ch: Estas imágenes son un tesoro que usted tuvo a la mano.

S.: Fue realmente una gran sorpresa. Nunca imaginé encontrar tal cantidad  de fotos. Pensé que tenía que buscar en los archivos de los museos y las bibliotecas, pero no se encuentra nada en Irak. ¡Es un desastre, todo está destruido! Cuando me puse en contacto con el presidente del Museo Nacional, me dijo que podía encontrar todo en Youtube. Me quedé consternado. Se trata de la memoria del país. En ese momento, me di cuenta de que yo necesitaba esas imágenes no solamente como cineasta, sino también como un árabe que quiere reconstruir la historia de nuestros países. Incluso mis primas, que no querían que hiciera esa película, terminaron por prestarme sus fotos. Entendieron que no se trataba de exhibirse, sino de reconstruir nuestro país, nuestra historia, y recuperarla de esos integristas.


A finales de 2013, yo estaba en Irak para terminar mi película. Daesh (acrónimo árabe utilizado a veces para designar al Estado Islámico) había atacado las ciudades de Ramadi y Fallujah. Seis meses más tarde, sus hombres entraron a Mosul. Fue una gran confusión. Me preguntaba qué hacer. Yo soy cineasta, no hago reportajes de televisión o de radio u otro. Hago películas, soy un artista. En la sala de montaje, miraba todas esas fotos de la familia, y cuando volvía  a casa, veía las imágenes de Daesh. ¡Advertí que había construido un arma contra esos idiotas!

swissinfo.ch: ¿Es por eso que no aparecen en su película?

S.: No tengo que mostrarlos. Ese fue el momento en que me dije: recuperemos nuestra historia, mi película es un instrumento político. Lo entendí también cuando lo presenté en Toronto ante los expatriados árabes, en Abu Dabi y en Túnez. Y creo que la preservación de estas fotos fue también un acto político por parte de mi familia.

swissinfo.ch: La “desnudez” ante la cámara es inusual en la cultura árabe. Sin embargo, usted nos deja entrar en la intimidad de la familia. ¿Cómo logró ganar su confianza?

S.: No estamos en la intimidad profunda como se sugiere en la cultura occidental. Ganar su confianza fue realmente el gran problema desde el principio. Conozco a mi familia, los diferentes caracteres, y los códigos de la cultura árabe. Es curioso, pero creo que mi película sobre los judíos iraquíes ‘Forget Bagdad’ (2002) me ayudó enormemente a que confiaran. Comprendieron que yo era un cineasta serio (risas).

Una sola pregunta, planteada en París, en 2001, por uno de mis tíos antes de la salida de esa película fue suficiente para desencadenar todo. “¿Por qué una película sobre los judíos iraquíes?, ¿Por qué no una película sobre nosotros? ¡Pero sin mí!” (risas). Pronto me encontré en el centro de esa contradicción. ¡Hacer una película sobre mi familia, sin mostrarla! No pude convencer a muchos de ellos – ni siquiera con mis viejas películas. Los sentimientos oscilaban entre entusiasmo y miedo. Algunos temían que explotara ciertas “cosas”.

Al final quedaban sobre todo mis tíos y tías, personas de una cierta edad. Yo seguí naturalmente el camino correcto para honrar a esa generación, la que ha luchado por la laicidad y la modernización, para que los países árabes se unan al mundo moderno sin perder sus raíces y sus culturas.

swissinfo.ch: Usted dice que la palabra “revolución” ha definido el curso de su vida. ¿Cree en ella a pesar del caos en los países árabes, donde las revoluciones de 2011 aún no han concluido?

S.: En Túnez ganamos, ¿no? Estuve allí hace poco con esta película y me gustó lo que vi. Realmente sentí la energía de ese pueblo valeroso. Las condiciones son muy duras, pero encontraron una vía de negociación con todos los componentes de la sociedad para crear esta nueva Constitución. No todo es perfecto, pero está en buen camino. (Ndlr: La entrevista fue realizada antes  del ataque al Museo del Bardo, el 18 de marzo).

En Irak, las guerras y las dictaduras han destruido a la sociedad civil y necesitamos mucho tiempo para reconstruirla. Pero soy optimista porque conozco a muchos jóvenes en Bagdad, artistas, cineastas, escritores y activistas políticos, que siguen haciendo cosas increíbles porque ya no tienen miedo. Eso es lo que más me sorprendió durante mis visitas a Irak de los últimos años. Antes era muy diferente. Yo mismo, cuando visitaba a mi familia en Irak hace mucho tiempo, estaba en las mismas condiciones que los demás, un miedo  profundo ante cualquier policía de la esquina. Hoy vencieron ese miedo y ese es el primer paso hacia la liberación. No tener más miedo a las autoridades del Estado, decir que el Estado debe estar a nuestro servicio.

swissinfo.ch: ¿Y este Estado Islámico  autoproclamado que se extiende cada vez más, no asusta a la gente en Irak?

S.: Por supuesto que los asusta, pero eso es terrorismo. Tienen miedo porque quieren sobrevivir, pero es imposible convencer a la gente de esa manera. Vi la primera reacción de mis amigos el año pasado. Era una especie de humor negro. Dijeron: “Vienen, ok. Mientras tanto, vamos a seguir viviendo, para practicar nuestras artes, reír juntos, beber algo juntos, sin miedo”.  Entendieron que Daesh era terrorismo puro. Pero esos hombres van a perder su poder sobre la gente, porque es imposible construir un Estado con algunos miles de jóvenes. Ellos solamente llegaron en el buen momento. Había corrupción en el seno del Estado iraquí y sectarismos impulsado por Maliki y su gobierno chiita (por cierto, yo soy de origen chiita). Fue una estupidez no tratar de hallar un equilibrio entre los diferentes componentes étnicos y religiosos.

swissinfo.ch: En la película, la historia de Irak parece una ida y vuelta entre la dictadura y la guerra, y el pueblo no quiere ni una ni otra. ¿Qué salida ve usted?

S.: Después del embargo, Irak ha cambiado. Ya no es pobre, y tiene un potencial enorme, incluso cuando evidentemente hay ladrones que saquean sus riquezas. El pueblo debe recuperar poco a poco su poder. Es un proceso largo, que sienta mal a la impaciencia humana, pero que seguramente continuará. Yo vivo en Suiza. Es un país donde uno puede enfrentar comportamientos racistas y xenófobos, pero dispone de instrumentos políticos que ayudan a la gente a luchar por sus intereses y derechos. Es un ejemplo también para todos los países árabes. Demuestra que es posible vivir en un Estado bastante disperso, multicultural y multiconfesional. Cuando algunos me dicen, “no se puede vivir con los sunitas”, respondo: “No estás obligado a amarlos, pero puedes vivir con ellos, es normal, y tal vez algún día serán tus amigos”. Esta es mi vida y mi experiencia en Suiza. Tengo un gran respeto por este sistema que los suizos han creado, a pesar del tiempo que les llevó.


swissinfo.ch: ¿Qué siente usted al ver a su país en ese estado?

S.: Después de ver la película, mi esposa me dijo: “Estamos juntos desde hace 20 años y no sabía que eras de origen chiita. Nosotros no crecimos en esas divisiones entre chiitas y sunitas, árabes y kurdos. Estamos en este callejón sin salida y hay que dar la vuelta para salir. ¡Todos nosotros! Y mi película representa todo eso: mi tía tiene un marido kurdo, mi prima tiene un marido cristiano. Debemos recordar esas cosas a la gente y reavivar los recuerdos. Estas historias son un acto político contra el sectarismo.

samir
Samir

Samir, el zuriqués de Irak

Nacido en 1955 en Bagdad, Irak, Samir (literalmente: el narrador) es ahora uno de los más famosos y reconocidos cineastas de Suiza, especialmente en la parte de habla alemana.

Emigró a Suiza con sus padres a principios de los años 60. En los 70, efectuó un aprendizaje de tipógrafo en la Escuela de Artes Visuales de Zúrich, seguido de una formación de camarógrafo. Activista en el movimiento de la juventud radical, hizo su primera película en 1982.

En 1994 se hizo cargo de la productora Dschoint Ventschr al asociarse con el realizador Werner Schweizer y la productora Karin Koch. Aparte de su actividad de cineasta, Samir lleva a escena obras de teatro  y expone regularmente en el campo de las artes plásticas.

El carácter innovador de su trabajo atrajo la atención en diversos festivales y le ganó varios premios. Su filmografía incluye más de 40 documentales y largometrajes para cine y televisión, incluyendo ‘Babylon 2’ (1993) ‘Forget Bagdad’ (recompensada en 2002 en el Festival de Locarno) y ‘Snow White’ (2005).

Su ‘Odisea Iraquí’  recibió el premio a la mejor película asiática en el Festival de Cine de Abu Dabi (2014).

Traducción del francés, Marcela Águila Rubín

Por Islah Bakhat
Con información de SWI

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Alaa al-Aswany: El Automóvil Club de Egipto

‘El Automóvil Club de Egipto’
‘El Automóvil Club de Egipto’

El escritor egipcio Alaa al-Aswany (1957, El Cairo) presentó su última obra ‘El Automóvil Club de Egipto en Segovia dentro de las actividades de Hay festival. El libro está publicado originalmente en abril de 2013.

La obra evoca el periodo de ocupación británico en los años 40, anteriores a la revolución de 1952, recreando el microcosmos de los empleados egipcios del entonces Automóvil Club. Recordó que había conocido testimonios de estos empleados ya que él personalmente no vivió esa etapa y la relacionó con lo sucedido recientemente en su país. “Hay puntos comunes, todo el mundo sabía que el régimen iba a caer pero no se sabía que iba a pasar después” por lo que dijo estar de acuerdo con las críticas recibidas de que es la novela que refleja la primavera árabe ya que se hacen las mismas preguntas antes que ahora.

Luego se hizo las tres preguntas relacionadas con la revolución, si fue una buena idea hacerla y mereció la pena; si se está dispuesto a pagar el precio por la libertad y cuál debe ser la relación entre Egipto y Occidente. Destacó el personaje de Kamal que tenía como ideal el estado de derecho y que los personajes que aparecen son el reflejo de la población egipcia que es diversa.

Apuntó que gracias a la literatura los seres humanos son “más sensibles y tolerantes” y que escribiendo “siento cosas, es un sentimiento el que lleva a escribir una novela” sosteniendo que prefiere 10.000 lectores a un millón de espectadores que vean una película basada en su obra, en referencia a ‘El edificio Yacobián’.

Alaa al-Aswany firma libros en el Hay festival de Segovia ©Jesús Cabaleiro Larrán
Alaa al-Aswany firma libros en el Hay festival de Segovia ©Jesús Cabaleiro Larrán

El autor repasó temas relativos a la intensa actualidad de Egipto condenando la represión contra la prensa y los periodistas apuntando que puede ser incluso más fuerte que en la época de Mubarak. Destacó que el problema del Daesh es la interpretación del Islam recordando la figura del egipcio Mohamed Abduh, quien ya a finales del siglo XIX abogó por una visión muy abierta. Citó que el problema se inicia cuando a finales de los años 70 y debido a la crisis del petróleo los países del Golfo con Arabia Saudí, ganan miles de millones y difunden por todo el mundo su visión wahabí del Islam, la más cerrada y reaccionaria. Recordó que el Daesh no aplica nada nuevo citando los lazos que tiene en este “gran negocio” que es la visión del wahabismo.

La obra de Al Aswany se caracteriza por un estilo realista y directo, que en muchas ocasiones se convierte en ininteligible para la mayoría del gran público.

Criado en el seno de una familia intelectual, su padre era escritor, Abbas al-Aswani, cursó estudios secundarios en un instituto de lengua francesa, y posteriormente estudió cirugía dental en Estados Unidos, en la Universidad de Illinois, en Chicago (título posterior de una de sus obras). Ejerce la profesión de dentista en Cairo.

Ha contribuido regularmente con sus escritos en los periódicos de la oposición egipcia, y se sitúa cercano a los intelectuales de izquierda, en particular del escritor Sonallah Ibrahim. Se declara independiente de partidos políticos, aunque en la práctica ha sido uno de los miembros fundadores del movimiento de oposición Kifaya (Basta), que reclama unas elecciones presidenciales realmente libres. Colabora con el diario independiente Al Shuruq.

Su novela El edificio Yacobián, publicada en 2002, se convirtió en un verdadero fenómeno editorial en el mundo árabe, y fue rápidamente traducido a una veintena de idiomas, además de adaptarse al cine y a la televisión. Describe la bulliciosa vida de un edificio construido en 1930, otrora grandioso, del centro histórico de Cairo, donde sus habitantes hacen frente a la corrupción opresora del régimen y el ascenso de la presión islamista. Se abordan algunos de los temas tabú de la época en Egipto, como la prostitución, la homosexualidad o el narcotráfico.

La adaptación cinematográfica estuvo a cargo del director Marwan Hamed en 2006 en lo que fue su primer largometraje con una duración de más de dos horas y media, 161 minutos. Este director posteriormente ha rodado ‘Ibrahim Labyad’ (2009) sobre los barrios pobres egipcios y ‘El feel el azrak’ en árabe, ‘Blue Elephant’ en su versión internacional (El Elefante azul, 2014) que ha conseguido varios premios internacionales, entre ellos en el festival de cine fantástico de Bruselas. Está basado en un libro de éxito del escritor Ahmed Mourad publicado en 2012 y no traducido aún al español.

Al Aswany tras el éxito de ‘El edificio Yacobián’ encadena una segunda novela, Chicago, publicada en 2006 y que describe la vida de los estudiantes árabes en los Estados Unidos después de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001. Este libro se convirtió en un éxito de ventas al igual que ‘El edificio Yacobián’.

El libro ‘Deseo de ser egipcio’ es una obra compuesta por una serie de relatos que permitirán entrar de lleno en la vida de los habitantes de Cairo. En ellos, rompe tabúes de la sociedad egipcia y, de paso, indaga en las almas que buscan y se encuentran en el día a día de una gran ciudad.

Por Jesús Cabaleiro Larrán
Con información de Periodistas

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Siria: los costos de un pueblo en guerra

Una mujer siria, residente en Jaramana, a pocos kilómetros de Damasco, relató en forma exclusiva desde su país cómo es la vida cotidiana en medio de las bombas, la muerte y la destrucción. La desesperación de muchos sirios por abandonar el infierno es una de las aristas más dramáticas del conflicto. Hasta el momento, ingresaron a la provincia de Córdoba, (Argentina), muy pocos ciudadanos de ese país en calidad de refugiados.

Explosión.Un edificio destruído por coche bomba en la ciudad de Jaramana,muy próxima a la capital Damasco ©ap
Explosión.Un edificio destruído por coche bomba en la ciudad de Jaramana,muy próxima a la capital Damasco ©AP

Los días de Wafaa Batal transcurren entre el miedo y la esperanza en Jaramana, ciudad ubicada a 10 kilómetros al sudeste de Damasco, capital de Siria. A través de su hermana, instalada en Córdoba, (Argentina), desde fines de 1989, la mujer aceptó relatar para este diario sus vivencias en medio de la guerra. Sus palabras describen, certeramente, el precio que deben pagar los ciudadanos de un país cuando las palabras son reemplazadas por las armas.

A lo largo de la hora y media que dura la comunicación vía skype con Jaramana, Malak Batal, la hermana de Wafaa, no puede contener la emoción y de a ratos algunas lágrimas surcan sus mejillas. Así ocurre cada vez que le llegan novedades de su familia, acosada por una guerra que parece interminable.

El esposo de Malak arribó a Córdoba en 1987 tentado por un amigo. Dos años más tarde, una vez que estuvieron garantizadas las posibilidades laborales del jefe de familia, llegaron Malak y sus dos pequeñas hijas. Ella puso a disposición su departamento ubicado en barrio General Paz para establecer el contacto, oficiando de traductora.

Por momentos, se hace difícil mantenerse ajeno a la consternación que desde tan lejos transmiten las palabras de Wafaa. Malak sigue con mucha atención y ansiedad el relato y ante algunas novedades, suelta frases en su idioma de origen que, por su elocuencia, no dejan lugar a dudas sobre el horror y la preocupación que encierran.

La zona de Jaramana, donde Wafaa vive junto a sus tres hijos, conforma el área metropolitana de Damasco. Malak explica que el núcleo principal de viviendas donde viven sus parientes fue fundado por el gobierno del ex presidente Hafez al Assad a comienzos de la década de 1990, convirtiéndose en un conglomerado urbano que no dejó de crecer desde entonces. Aunque habitualmente no establecen relaciones sociales entre sí, musulmanes, cristianos y drusos (minoría religiosa de Medio Oriente) conviven pacíficamente en ese lugar. La familia de Wafaa y Malak es cristiana católica.

El último censo realizado en 2004 asigna a Jaramana una población de 115 mil habitantes, aunque según las últimas estimaciones ese número creció a más de 250 mil personas en la última década. La más significativa explosión demográfica en esa ciudad, con mayoría cristiana y drusa, se produjo a partir del arribo de miles de cristianos asirios que en su momento buscaron huir de otro horror, el de la guerra en Irak.

Tanto Wafaa como Malak coinciden en expresar mucha expectativa de que la intervención de Rusia en el conflicto los libere de lo que ellas consideran mercenarios que se apoderaron de su país para saquearlo y dividir a la sociedad. Los días en que la rutina de los sirios tenía mucho en común con cualquier país occidental ahora quedaron muy atrás.

Wafaa cuenta desde Jaramana que para el suministro de energía eléctrica su ciudad está dividida en tres sectores, que deben padecer un agobiante cronograma: en forma rotativa, dos horas de servicio y cuatro horas de corte, así todos los días. En Damasco ocurre algo parecido: tres horas de luz y a continuación tres horas en las que cada uno debe arreglárselas como puede. La mayoría de los sirios aprendió que, por estas épocas, los generadores de energía son un artículo de primera necesidad para sus viviendas.

En cuanto al agua corriente, también es un problema insufrible: día por medio, en Jaramana cortan el suministro durante toda la jornada. Los ataques contra las redes de energía eléctrica o las plantas potabilizadoras suelen ser moneda corriente.

Vidas alteradas

Es domingo a la mañana en Córdoba, mientras en Jaramana avanza la tarde. La comunicación se inicia a las 11.30 (17.30 hora de Siria) y a lo largo de una hora y media solamente se interrumpe durante algunos segundos. Mientras en Argentina la gente descansa, para los sirios el domingo es un día laboral (sus días de descanso son viernes y sábados).

Estado Islámico.Un convoy se pasea por la ciudad siria de Tel Abyad ©AP
Estado Islámico.Un convoy se pasea por la ciudad siria de Tel Abyad ©AP

Aunque todo parece normal a lo largo de la conversación, Wafaa cuenta que a lo lejos pueden escucharse cada tanto algunas detonaciones. Los habitantes de Jaramana están acostumbrados a que la tensa calma de cada día pueda interrumpirse repentinamente. La rutina casi siempre es la misma: tras una explosión sobrevienen gritos, el ulular de sirenas y las espantosas imágenes de civiles que terminan muertos o mutilados si son sorprendidos por un misil en la calle, o desprevenidos dentro de un edificio.

En su fluido árabe, Wafaa deja entrever que está muy experimentada en las técnicas de supervivencia en medio de proyectiles, esquirlas y bombazos indiscriminados. Cuenta que los habitantes de Jaramana tratan de que las ventanas de sus dormitorios no den a la calle y buscan permanecer la mayor parte del tiempo en los sectores ubicados en el centro de las viviendas. Las construcciones de esa ciudad no están dotadas de sótanos como los que tienen la mayoría de los edificios de Damasco.

En un momento determinado del diálogo, parte desde Córdoba la traducción al idioma árabe de una pregunta inevitable: ¿perdieron algún amigo o conocido en medio de la guerra? Es en ese momento que Malak se quiebra cuando recibe la respuesta desde Siria. Ocurre que su hermana le acaba de recordar que, a fines de 2013, dos médicos que atendían a la familia fueron decapitados por combatientes de Daesh (denominación árabe del Estado Islámico) en el hospital Al Basel de Deir Atiyah, población ubicada a casi 90 kilómetros al norte de Damasco.

Deir Atiyah fue recuperada por las fuerzas leales al gobierno de Bashar al Assad tras varios días de combate. Esa es una pequeña población de mayoría cristiana de la que es oriunda la familia Batal.

Sobre el episodio en el que perdieron la vida los médicos amigos de la familia de Wafaa y Malak, es posible encontrar referencias en algunas crónicas periodísticas. Informes de las agencias de noticias AFP (francesa) y Sana (Agencia Árabe Siria de Noticias), del 28 de noviembre de 2013, dan cuenta de que fuentes del Ministerio de Sanidad y del ejército de Siria acusaron a “rebeldes” de haber cometido “una masacre” durante los enfrentamientos en el hospital Al Basel de Deir Atiyah, “matando a cinco doctores, cinco enfermeras y dos conductores de ambulancia”.

Miedo, incertidumbre y esperanza

Pese a los numerosos trastornos que provoca el clima de guerra, Wafaa y su familia tratan de sobrellevar su vida de la manera más normal posible. Ella es profesora universitaria de Francés, su hija es profesora de Matemática y el mayor de sus hijos varones es ingeniero electrónico y en telecomunicaciones. El hijo menor, mientras tanto, cursa las últimas materias de Farmacia en la universidad pública de Damasco.

Resulta muy difícil imaginar que la vida puede transcurrir con toda naturalidad mientras la tragedia de la guerra pende sobre cada ciudadano sirio. Sólo es cuestión de acostumbramiento, aunque el miedo está presente todo el tiempo, tal como lo manifestó Wafaa ni bien comenzó la comunicación. Miedo e incertidumbre, porque nadie sabe cómo será el mañana. Pero la esperanza templa los ánimos y ayuda a seguir adelante.

Uno de los grandes problemas que afrontan los ciudadanos sirios es que les resulta muy complicado salir de su país en forma legal. Las dificultades se acrecientan como consecuencia de que varios consulados cerraron y muchos ciudadanos con parientes en el exterior tienen que cruzar hacia Líbano para dar curso a los trámites de visas. El Consulado argentino es uno de los pocos que permanece abierto.

Desplazados.Inmigrantes sirios recorren el pueblo fronterizo de Tabanovce,al norte de Macedonia ©AP
Desplazados.Inmigrantes sirios recorren el pueblo fronterizo de Tabanovce,al norte de Macedonia ©AP

Mientras transcurre la comunicación con Jaramana, en otro espacio del departamento que habita Malak en el barrio General Paz permanece un televisor encendido. En la pantalla es posible observar la emisión de Syrian Drama TV, un canal que integra la red pública de la televisión siria. Gracias a un servicio satelital, la hermana de Wafaa en Córdoba sintoniza permanentemente una variada oferta de canales de Medio Oriente.

Una especie de telenovela propia del horario vespertino da la sensación de que la TV pública siria sigue con una programación normal. Salvo por un par de detalles: mientras transcurre el programa, en la parte inferior de la pantalla se puede leer un videograph con información permanente sobre la marcha del conflicto, en tanto que cuando llega la pausa, sale al aire una larga propaganda del régimen sirio: durante casi cinco minutos aparecen imágenes de ejercicios militares acompañadas por una canción patria, con el claro objetivo de exaltar anta la población las virtudes, preparación y equipamiento de las fuerzas armadas del país.

Los Assad, entre el odio y el amor

Malak, de 50 años, recuerda siempre los tiempos en los que su país era “el más lindo de todos, una tierra que dejaba asombrada a la gente que iba a visitarla”. Está convencida de que el comienzo del conflicto fue como consecuencia de los intereses extranjeros ávidos de los recursos sirios como el gas y el petróleo. “Siria tiene mar, desierto y muchas rutas para el comercio, es un paso obligado para todos”, enfatiza.

La opinión que tiene Malak sobre el gobierno de su país de origen se asemeja mucho a la reflexión de muchos argentinos cuando hacen un balance sobre los gobiernos de estas latitudes: “No niego que haya corrupción, pero antes de la guerra la gente miraba y sentía el progreso”, dice. Desde su punto de vista, Haffez al Assad (padre de Bashar, el actual presidente) puede ser equiparado con las figuras de Juan Domingo Perón y Hugo Chávez. “Fue un presidente con mucha sabiduría, porque levantó el país”, asegura Malak, pero también resalta algo a lo que los sirios, sobre todo los cristianos, le dan un significado primordial: la convivencia de todas las religiones bajo un gobierno que lleva varias décadas en el poder.

Antes de llegar a la presidencia, Hafez al Assad ejerció la comandancia de la Fuerza Aérea y fue ministro de Defensa del gobierno encabezado por Ahmad al Khatib en representación del partido Baath, que llegó al poder en 1963 profesando una ideología de corte socialista y nacionalista panárabe. En 1970, el Baath pasó a conformar un régimen riguroso de partido único, cuando Assad encabezó el golpe de Estado que lo llevó a ocupar la presidencia hasta su muerte en el año 2000, a consecuencia de un ataque al corazón.

El fundador de la dinastía gobernante basó su poder en un férreo control de las fuerzas armadas y de los puestos clave de la alta burocracia estatal, que quedó en manos de la minoría alauita (rama del Islam chiíta a la que pertenece la familia Assad). Juan José Vagni, especialista en temas de Medio Oriente de la Universidad Nacional de Córdoba y el Conicet, señala que “hasta mediados de los años ’70 el partido Baath sirio mantuvo una relación amistosa con su par iraquí, pero la dinámica política que adquirió cada régimen profundizó sus diferencias”.

Vagni señala que “la economía siria es bastante cerrada, se trata de un típico sistema dirigido o centralizado” y agrega que las principales ramas de la actividad económica están concentradas en grupos de poder afines al gobierno y a la minoría alauita. Wafaa y Malak quizás sintetizan la ilusión de muchos sirios de que las cosas en su país vuelvan a ser, como mínimo, tal como eran antes de la guerra, cuando la inflación desenfrenada y el desabastecimiento no golpeaban brutalmente su estilo de vida.

Una de las principales particularidades de Siria es su gran diversidad confesional, aunque los musulmanes son mayoritarios porque conforman el 90 por ciento de la población (el 70 por ciento son suníes y el 16 por ciento chiítas-alauitas). Los cristianos, que representan casi el 10 por ciento (con predominio de los ortodoxos griegos sobre los católicos), se sintieron respetados desde el punto de vista confesional, en virtud de las bases laicas sobre las que se asentó el régimen de Assad.

Vagni considera que “la convivencia confesional permitió la estabilidad sociopolítica y la contención de grupos que, como los Hermanos Musulmanes, lucharon durante décadas para la instauración de un Estado islámico”. Ese grupo fundamentalista representó uno de los grandes problemas internos que el gobierno sirio enfrentó de manera implacable.

Cuando se le pregunta a Malak el motivo por el que a fines de los ’80 su esposo y ella decidieron emigrar a la Argentina, recuerda que desde los primeros años de esa década las cosas venían cambiando en su país, justamente por el clima de violencia generado por la puja entre el gobierno y los Hermanos Musulmanes. Los críticos del régimen de Assad siempre traen a la memoria el aplastamiento de una sublevación islamista en la ciudad de Hama por parte de tropas gubernamentales, con un saldo estimado entre 10 mil y 20 mil muertos, aunque algunos elevan esa cifra a 40 mil.

La tragedia de los refugiados

Según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), “cerca de 10 millones de sirios fueron desplazados interna o externamente desde 2011, afectados tanto por la acción de las fuerzas gubernamentales como de diversas milicias”. El organismo de la ONU agrega que “el destino de los refugiados, en primera instancia, fueron países vecinos como Líbano (1.200.000), Turquía (830.000) y Jordania (612.000), al tiempo que otros 6.500.000 fueron desplazados en el interior del propio territorio sirio”.

A partir de esos datos, el Centro de Investigaciones y Estudios de Cultura y Sociedad (Ciecs), dependiente del Conicet y la UNC, elaboró un informe en el que cuestiona que “a pesar de la magnitud del drama humanitario de los refugiados, mientras se contuvo en las fronteras mesorientales trascendió escasamente en la opinión pública internacional. Hoy, cuando parte de esos emigrantes se encuentra en las puertas de la ‘próspera, civilizada y segura’ Europa, el asunto conmueve y se proyecta sobre el escenario político global, revelando así una vez más las limitaciones de la llamada ‘conciencia occidental’”.

El informe del Ciecs agrega que “la desaparición de las estructuras estatales, como es el caso de Irak, Siria y Libia, termina generando una vorágine de nuevos conflictos que alteran no sólo un escenario regional inmediato sino que afectan con el tiempo a otros espacios más lejanos”.

A continuación, pone de relieve que “las intervenciones externas, legitimadas o no por Naciones Unidas, justificadas o no para el derrocamiento de dictadores, sumadas a los propios factores locales, fueron catalizadores de destrucción y disgregación de los estados, abriendo la puerta a un sinfín de fuerzas desestabilizadoras preexistentes y nuevos actores regionales”.

Por Gustavo Di Palma
Con información de La Voz

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¿Por qué  jóvenes europeos eligen la yihad?

Mujer musulmana en Londres con una nicab durante las manifestiaciones en la mezquita de Regent's Park para pedir la liberación del militante salafista Sheikh Omar Bakri Muhammad ©efe
Mujer musulmana en Londres con una nicab durante las manifestiaciones en la mezquita de Regent’s Park para pedir la liberación del militante salafista Sheikh Omar Bakri Muhammad ©efe

El año 2015 ha estado marcado por los asesinatos yihadistas del Estado Islámico. Los atentados de París en enero y noviembre han sembrado el miedo en la sociedad occidental.

El pueblo francés elige democráticamente un gobierno islámico y el país queda envuelto en una atmósfera de paz contenida donde las libertades se difuminan. Este es el argumento de la novela de política-ficción Sumisión de Michel Houellebecq, que se publicó hace un año, el 7 de enero de 2015. Ese mismo día, dos jóvenes franceses de ascendencia argelina, los hermanos Said y Cherif Kouachi, arremetían contra la sede de la revista satírica Charlie Hebdo y asesinaban a once personas dentro de la redacción y a un policía que intentó detenerlos. En los días siguientes, dos atentados más segaron la vida de una policía y de cuatro rehenes en un comercio judío. Una cruzada abierta contra la libertad.

En noviembre del mismo año, una cadena de atentados perpetrados por el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en la sala Bataclan de París, en varios restaurantes y en el suburbio de Saint Denis, dejó 130 muertos y más de 350 heridos al grito de “¡Allâh es grande!”. Tanto el cerebro de la operación, Abdelhamid Abaaoud, como los siete jóvenes-bomba implicados, compartían el perfil de los terroristas de enero: la mayoría eran nacidos y criados en Francia y Bélgica, hijos o nietos de inmigrantes.

La sociedad occidental no deja de preguntarse cómo es posible que individuos educados en su seno atenten contra sus propios vecinos.

“Este nuevo terrorismo es algo a lo que nos vamos a tener que acostumbrar”, explica Miguel Ángel Cano Paños, profesor de Criminología y Derecho penal de la Universidad de Granada y autor del libro La generación Yihad, la radicalización islamista de los jóvenes musulmanes en Europa.

Según afirma el especialista, el fenómeno es solo relativamente nuevo. En los últimos veinte años, migrantes de segunda y tercera generación han protagonizado actos terroristas en Francia, Reino Unido y Holanda. En 2012, el joven de 24 años francés de origen marroquí Mohammed Merah causó el terror durante tres días en Toulouse y mató a tres militares, tres niños y un profesor de una escuela judía. En los disturbios de Francia de 2005, centenares de jóvenes quemaron mobiliario urbano y coches durante veinte días. Los protagonistas de la barbarie comparten el mismo perfil.

Pero el conflicto se remonta más atrás. En 1995, con 24 años, Kaled Kelkal puso una bomba en la estación St. Michel de París y asesinó a ocho personas. Este argelino, que vivía desde niño en los suburbios de la ciudad francesa de Lyon y que fue captado en Argelia por el Grupo Islámico Armado (GIA), poseía un perfil que, en opinión de Cano, sigue prácticamente intacto dos décadas después. En una entrevista que le hizo el sociólogo alemán Dietmar Lo en 1992, Kelkal explicaba cómo era su vida en el extrarradio dominada por el desarraigo, el paro, la pobreza, la discriminación, el sentimiento de redención cuando entró en prisión por haber cometido delitos comunes, la radicalización y, finalmente, la necesidad de llevar a cabo la yihad.

Pese a que los yihadistas no comparten un modelo familiar o socioeconómico concreto, el elemento psicológico común es la frustración y el resentimiento hacia una sociedad que les margina por su origen musulmán, según Oliver Roy, especialista en Política islámica y de Oriente próximo en el Instituto Universitario Europeo de Italia. Lo que les fascina del terrorismo organizado es sentir que pertenecen a “la pequeña fraternidad de los superhéroes vengadores de la umma, la comunidad musulmana”, asegura Roy.

En el ámbito laboral, estos jóvenes sufren discriminación por sus raíces. Un estudio llevado a cabo por investigadores de Estados Unidos y Francia, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), revelaba en 2010 que para un musulmán es 2,5 veces menos probable que le llamen después de una entrevista de trabajo que para un candidato inmigrante cristiano. Y, además, en las casas de estos últimos se ingresan, de media, 400 euros más que en los hogares de inmigrantes musulmanes.

Como explica Cano, en Francia no existe una verdadera integración: “Los puestos más bajos los cubren subsaharianos y marroquíes, el mestizaje solo es posible en el deporte. Esta integración, que sí es real en la selección nacional de fútbol, no se ve en las empresas, ni en la política ni en la televisión”.

Antes de radicalizarse, muy pocos de esos jóvenes habían militado en alguna organización política o religiosa. Para Roy, son víctimas de una crisis narcisista. “La discrepancia entre expectativa y realidad, sumada a la necesidad de reconocimiento, los predispone a sucumbir al relato de heroísmo que Al Qaeda o ISIS ofertan para ellos” apunta.

La religión como instrumento

Aunque todo gire en torno a la religión, como en la novela de Houellebecq, no es la fe la que lleva a esta situación. Según el experto en política islámica, los yihadistas han roto o nunca han tenido contacto con las comunidades musulmanas europeas. Oliver Roy añade una anécdota: “Se encontró que dos chicos encarcelados por haber combatido en Siria se habían formado con el libro Islam for dummies [El Islam para tontos]”.

Estos jóvenes, reencontrados con el Islam o incluso conversos, comparten haber llegado a un punto de inflexión previo a su radicalización que surge de una crisis personal profunda; en muchos casos, en la cárcel. “La dimensión religiosa les ofrece un marco de reestructuración personal: la verdad, el bien, un conjunto claro de normas, una familia, un objetivo claro y la salvación”, indica Roy.

Cuando se unen a la yihad, adoptan la versión salafista del Islam “porque el salafismo es a la vez fácil de entender (haz esto, no hagas esto otro) y estricto. Por otra parte, el salafismo es la negación del Islam cultural, que es la fe de sus familiares” asegura el experto. Esta versión de la religión, lejos de proporcionarles raíces, les premia por su desarraigo y les hace sentirse mejores musulmanes que sus padres.

¿Por qué ahora?

La primera generación de inmigrantes musulmanes llegó a Francia durante los años 60, sobre todo de las excolonias. Pero los problemas no han surgido hasta ahora. “La mayoría de los padres no solo desaprueban la radicalización de sus hijos sino que tratan activamente de detenerlos o incluso los denuncian a la policía”, afirma Roy.

Para Cano, esto se explica por dos razones. La primera es que los inmigrantes de primera oleada tenían trabajo. La segunda, y muy importante, es que ellos asumían sin problemas un estatus bajo. “El problema es que estos jóvenes han nacido en Francia, han estudiado, y durante un tiempo tuvieron perspectivas de ascenso social. Sin embargo, Francia les sigue ofreciendo un estatus bajo, con el que no se conforman”.

El papel de las mujeres

Según el informe Redes yihadistas en Francia y en Europa, presentado en abril de 2015 por el senador Jean-Pierre Sueur, unos 1.500 franceses se habían desplazado a las zonas en combate de Siria e Irak. De ellos, 119 son mujeres.

Es difícil establecer un patrón sobre las motivaciones de las mujeres para unirse a grupos yihadistas, pero “la coacción no es la razón principal”, aclara Mia Bloom. Esta investigadora de la Universidad Estatal de Pensilvania (EE UU) señala en el libro Bombshell: The Many Faces of Female Terrorists que la razón más frecuente es que la mujer se encuentre en una relación sentimental con un insurgente o yihadista.

Además, según Bloom, los líderes de los grupos terroristas fomentan la participación femenina en sus organizaciones por dos razones: las mujeres son más eficaces para atraer la atención de los medios y sirven para incitar a los hombres a unirse.

Radicalización global y express

Tanto los combatientes varones como las mujeres, que se unen al ISIS para servir de esclavas sexuales o esposas, han llegado a esta decisión tras haber sido captados, en un alto porcentaje, a través de las redes sociales.

“Estos jóvenes que hervían a fuego lento sumidos en un aislamiento absoluto ahora pueden compartir ideología con personas con las que no les une ni el idioma ni el país de origen, solo el Islam”, afirma Cano. Y advierte de un nuevo peligro evidente: los procesos de radicalización son cada vez más rápidos. “El último detenido en España que pretendía a unirse a las filas del Estado Islámico se radicalizó en solo ocho meses. Antes era imprescindible ir a un campo de entrenamiento y saber árabe; ahora la web Inspire te enseña en inglés a fabricar una bomba en casa”.

Aunque hay españoles que han sido captados por las redes sociales y engrosado las listas de los terroristas, sobre todo en Siria. Aquí la situación es todavía diferente. Las segundas generaciones son aún muy pequeñas y las comunidades de inmigrantes, en su mayoría latinoamericanos y marroquíes, se concentran dentro de las grandes ciudades. “A pesar de ello, empiezan a crearse sociedades paralelas que corren el riesgo de convertirse en guetos. Habrá que ver cómo responde el país cuando adultos inmigrantes reclamen el lugar al que tienen derecho”, concluye Cano.

Por Beatriz de Vera
Con información de El Boletín

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Pruebas: E.I  no tiene nada que ver con el Islam

El Estado Islámico dice actuar en nombre de Dios cuando en realidad contradice los textos sagrados en su propio beneficio.

El Estado Islámico hace "corta y pega" con los textos sagrados ©Dan ®Kitwood ®Getty
El Estado Islámico hace «corta y pega» con los textos sagrados ©DanKitwood®Getty

“Son los primeros que no siguen los preceptos; entre otras cosas, las muertes”, reprocha Javier Rosón, analista del Islam en Europa de Casa Árabe. Sin embargo, los terroristas del grupo ‘Estado Islámico’ (EI) invocan el nombre de Dios al cometer atentados y pretenden erigirse como principales valedores del Islam. Por culpa de ello, comunidades musulmanas de todo el mundo se ven obligadas a recordar que no los representan.

Un repaso de las actuaciones que caracterizan a estos terroristas contrapuesto con lo que predica el Corán de la mano de los expertos sirve para comprobar que son la versión opuesta de lo que afirman defender. En caso de duda ante las palabras de Dios en el libro sagrado del Islam, los estudiosos recurren a la Sunna (tradición y enseñanza del Profeta musulmán Muhammad) como interpretación práctica del Islam.

Así, “el Corán tiene una ciencia aprobada mundialmente por todos los científicos. Lo que los terroristas hacen es un corta y pega al gusto”, lamenta Abdelaziz Hammaoui, uno de los mayores estudiosos del Islam en España: imám, teólogo musulmán, profesor de la Cátedra de las Tres Religiones en la Universidad de Valencia y presidente del Centro Cultural Islámico de Valencia.

Otro referente en España es Mounir Benjelloun, presidente de la Comisión Islámica de España y de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas: “Someter el Islam a interpretaciones literales del Corán, sería injusto y equivocado. Estos terroristas no tienen nada que ver. Son grupos organizados que trafican con drogas y armas cuyo fin es perjudicar la imagen del musulmán. Nadie de los musulmanes cree en eso”.

MATAR

“El Islam es una religión de paz. Lo primero y principal es no matar a otro”, subraya Javier Rosón. Ni siquiera ser ultraconservadores implica estar a favor del conflicto armado. Los tablighi, una destacada rama musulmana de Asia que tiene más de 80 millones de seguidores y con cierta representación en Barcelona (llevan barbas largas y visten de blanco con chilaba, detalla Rosón) “están en contra de cualquier acción armada”.

Otro ejemplo se encuentra en Alemania. El país con más ‘yihadistas’ de la Unión Europea tiene una población de 40.000 salafistas, rama extremista del Islam a la que se adhieren numerosos terroristas, y sin embargo menos de 8.000 de ellos apoyan o promueven la violencia, según explicó en un reciente foro sobre terrorismo global en Madrid Daniel Heinke, experto en seguridad y director de la Oficina de Planificación de Políticas y Asuntos Especiales en Bremen.

Dolors Bramon, profesora emérita de la Universidad de Barcelona experta en el Islam, prefiere no hablar de yihadistas precisamente para evitar la confusión extendida de identificar “yihad” como “guerra santa”. Ella prefiere hablar meramente de terroristas, asesinos y “malos musulmanes”, pues yihad significa principalmente realizar un esfuerzo espiritual y su sentido bélico se produjo en un contexto histórico específico. En ello coincide también Hammaoui.

Por otra parte, la mayoría de las víctimas del EI son musulmanas, a quienes el Corán prohíbe explícitamente matar:

“Un creyente no puede matar a otro creyente, a menos que sea por error. Quien mate a un creyente premeditadamente, tendrá la Jehenna [condena al fuego del Infierno] como retribución eternamente”. (Corán 4:94/ 92-95/93).

La explicación es que para los terroristas, el resto de musulmanes que no siguen sus reglas son apóstatas, explica Hammaoui. Aun así, este estudioso del Islam subraya que el Corán no sólo prohíbe explícitamente matar a creyentes, sino a cualquier ser humano:

«Por esta razón, decretamos para los hijos de Israel que quien matara a un ser humano -no siendo [como castigo] por asesinato o por sembrar la corrupción en la tierra- sería como si hubiera matado a toda la humanidad; y, quien salvara una vida, sería como si hubiera salvado las vidas de toda la humanidad». (Sura 5, Verso 32)

Las excepciones en las que el Corán sí justifica matar a otra persona se resumen en una motivación por defensa propia. Se producen en el contexto histórico bélico en los inicios del Islam y hoy sólo podrían ser aplicables si lo ordenase una autoridad estatal, coinciden todos los expertos consultados. Por cuestiones como ésta, al grupo terrorista que mató a 130 personas en París le interesa autodenominarse Estado Islámico (Daesh es su acrónimo árabe).

“Combatid en el camino de Dios a quienes os combaten, pero no seáis vosotros los primeros. Dios no ama a los agresores”. (Corán 2:186/190);

“Se permite que combatan a quienes han sido atacados porque han sido víctimas de una injusticia (…), de la expulsión de sus hogares, sólo por haber dicho: ‘Nuestro Señor es Dios’”. (Corán 22:40).

Hammaoui explica que esta última cita se refiere a una ocasión en la que “un grupo de personas, los primeros seguidores del Profeta, fueron expulsados de La Meca y ejercieron su derecho legítimo a la defensa (…). La lucha no es por motivos religiosos”.

“¿Por qué no queréis combatir por Dios y por los oprimidos -hombres, mujeres y niños- que dicen: ¡Señor, sácanos de esta ciudad de impíos habitantes! ¡Danos un amigo designado por Ti!’?” (Corán 4:77/75).

Esta motivación Hammaoui la interpreta precisamente como la lucha contra el terrorismo, que ataca a civiles: “El Corán recrimina a los musulmanes de la época por qué no luchan contra este grupo que está creando el terror. La defensa de la seguridad y de los bienes no estaban en manos de un Estado ni del ejército, era una obligación individual. Por lo tanto estos textos hoy no tienen uso”.

A pesar de estos versículos que llaman explícitamente a la defensa armada, Bramon subraya en su artículo Los fundamentos del poder en el Islam (revista Awraq, nº 9) que “los grupos islamistas que han surgido en estos últimos tiempos y que protagonizan acciones terroristas no están practicando ningún tipo de jihad [la autora considera más apropiada la transcripción con j]”.

El asesinato es uno de los mayores pecados para los musulmanes, resalta Hammaoui. Tanto es así que la Sunna dice que «Dios puede perdonar todos los pecados excepto la idolatría y el asesinato».

Para despejar dudas sobre la enseñanza del Corán, además de a la Sunna, también se puede recurrir a otros estudiosos históricos que aún hoy el Islam considera vigentes y referentes. Bramon cita a Averroes, un filósofo y jurista andalusí del siglo XII. Él estableció una larga lista de todas las personas a las que no se debe matar: ancianos, mujeres, niños, enfermos psíquicos o crónicos, ciegos, campesinos, comerciantes, mercaderes, criados o esclavos… en definitiva, lo que en la época moderna se definiría básicamente como “población civil”, con especial atención a los más débiles.

Resulta igualmente relevante que Averroes prohibiera destruir edificios y las armas envenenadas, lo que ahora serían las armas químicas, de cuyo uso por parte del EI en Siria e Irak existen claros indicios.

SUICIDIO

“Está totalmente prohibido. El Corán dice ‘no os matéis a vosotros mismos’, que como dice el imán de la mezquita de París, puede entenderse [por tres vertientes]: no os matéis suicidándoos, no os matéis musulmanes contra musulmanes, o humanos contra humanos”, indica Bramon.

¿Por qué entonces esa costumbre de hacerse estallar con un cinturón de explosivos o matarse de otras formas al cometer un atentado? Un teólogo de referencia para los musulmanes a nivel mundial y actual presidente de la junta mundial de ulemas (doctores en leyes islámicas), Yusuf al Qaradawi, legitimó en el contexto de la primera intifada los ataques suicidas de Hamás contra Israel. Este egipcio exiliado actualmente en Qatar consideraba a los kamikazes mártires sin recursos a los que el único arma para combatir a una fuerza invasora era el suicidio.

El suicidio es un pecado mayor en el islam ©Three Lions ®Getty
El suicidio es un pecado mayor en el islam ©ThreeLions®Getty

Hammaoui reconoce sin problema que al Qaradawi publicó esta polémica fatwâ (norma jurídica establecida por una persona considerada autoridad pública) y considera que se equivocó con ella. Asegura que muchos musulmanes lo criticaron por ello y Al Qaradawi convocó un debate entre religiosos al respecto.

“El suicidio es un pecado mayor en el Islam. Considera que la vida no nos pertenece a nosotros, que es un don de Dios. En el mundo musulmán no tenemos autoridad religiosa infalible y cuando se equivoca, decimos que se equivoca. Él es un hombre normal, no el profeta”, señala Hammaoui. Aunque matiza que quien hoy se considera líder de la rama moderada del Islam se refería al conflicto palestino-israelí, en el que sí entiende que pueda resultar legítimo luchar contra un poder que considera invasor (hay resoluciones de la ONU que establecen límites territoriales que Israel no respeta), aunque no por medio del suicidio.

Para Benjelloun, este ulema es un “símbolo del Islam moderado, que llama a la convivencia entre religiones”. Y añade: “Él es el objetivo número uno de este grupo terrorista. Es uno de los estudiosos del Islam más moderados, se ha enfrentado de una forma directa a los terroristas”.

En cuanto al suicidio, lejos de la creencia de los kamikazes de que así se ganarán el paraíso, Muhammad dice en la Sunna: «Quien se suicida, caerá directamente en el infierno».

SAÑA CON LAS VÍCTIMAS

En el Corán aparece 114 veces “en nombre de Dios clemente y misericordioso”, comenta Bramon. Por lo que no pueden actuar en su nombre al matar.

“Allahu Akbar” (Dios es grande) es la frase que entonan repetidamente los terroristas con su interpretación fanática del Islam antes de cometer un atentado. Sus ataques, degüellos y demás torturas suponen el extremo opuesto a la clemencia y misericordia que, según Bramon, predica el libro sagrado del Islam.

La Sunna también ordena no perseguir a quien huye, no atacar de noche… “Si ellos optan por la paz, debes aceptarlo”, dice el Corán, según Hammaoui.

“Lo que hacen ellos [los terroristas] también es basarse en libros antiguos de jurisprudencia, como los de la época de las cruzadas, de guerras, invasión y muchas barbaridades”, admite el teólogo musulmán. “Si coges un libro escrito por un sabio musulmán de esa época, encuentras mensajes duros, hacia ‘el infiel’, lo que hoy llamamos Occidente, etcétera. Una época en la que no existían las leyes internacionales y trasladan esas fatwâs [equivocadamente] a nuestro contexto”.

MALTRATO DE LOS REHENES

Por otra parte, la profesora indica que los musulmanes deben tratar y alimentar a los rehenes tan bien como a sí mismos. Si bien es cierto que las traducciones del libro sagrado a este respecto ya reflejan distintas interpretaciones en un solo versículo (Corán 8: 67): desde “no responde a un profeta tener cautivos [de guerra] antes de infligir una masacre (sobre los enemigos de Dios)” a “el Profeta no debe tomar ningún cautivo para reforzar su posición sobre la tierra”, según Corpus Quran.

Para entender el Corán, es necesario recopilar todos los textos sobre el mismo tema, ordenarlos cronológicamente (porque lo más reciente anula lo anterior) y si no se acierta a entender lo que dice el libro sagrado musulmán, se recurre a la aplicación práctica que le dio el Profeta, reflejada en la Sunna, recuerda Hammaoui.

En realidad, el Corán establece la libertad de culto ©Dan Kitwood ®Getty
En realidad, el Corán establece la libertad de culto ©DanKitwood®Getty

“Cuando [los musulmanes] tuvieron su primer conflicto bélico, se quedaron con unos rehenes y no sabían cómo actuar. Las propuestas de los miembros de la comunidad, que venían de tribus, se diferenciaban, proponían castigo, o compensación económica… al final lo que el Profeta aprobó y fue la norma firme, fue que el castigo era que cada uno de los rehenes tenía que enseñar a los miembros de la comunidad musulmana a leer y escribir. Y ellos les tenían que dar de comer igual que a ellos”, ejemplifica.

Los rehenes se consideran merecedores de limosna y buen trato, porque a pesar de ser el enemigo, están desvalidos. El Profeta Muhammad en la Sunna también manda no mutilar.

VENTA DE PETRÓLEO Y OBRAS DE ARTE

El Estado Islámico domina varios pozos petrolíferos y no sólo ha destruido joyas artísticas en Palmira (Siria) o Nínive (Irak), sino que comercializan con unos y otros en el mercado negro. Ello sin contar el tráfico de órganos también denunciado por ciudadanos sirios y expertos como Bramon. “No es halal (lo lícito o permitido según el Islam) lo que comercializan”, apunta Rosón. Y es que varios pasajes en el Corán prohíben la corrupción y el robo.

“Un musulmán corriente sabe que una de las cosas mínimas que un musulmán debe practicar es ganarse su sustento de forma halal. No puede entrar nada en su bolsillo salvo de forma ética, nada de robos, engaños, mentiras. Si yo no cumplo con mis horas de trabajo, el dinero que me estoy llevando es ilícito”, detalla Hammaoui.

“En general se pinta a esta gente como radicales, exageradamente aplicados en religión y por otro lado como traficantes de petróleo, droga… es totalmente incoherente que una persona sea practicante del Islam y no cumpla con esto. A esta gente no le importa la religión, sino que simplemente la usan para sus intereses”, incide.

El Instituto Halal de España, que vela por los productos y servicios halal para la comunidad musulmana en el país, destaca los siguientes pasajes del Corán en su página web:

«¡OH VOSOTROS que habéis llegado a creer! No os arrebatéis los bienes injustamente unos a otros -ni siquiera mediante transacciones basadas en acuerdo mutuo- y no os destruyáis unos a otros: pues, ciertamente, Dios es en verdad un dispensador de gracia para vosotros». (Corán, Azora Las Mujeres, 4:29)

«¡Dad [siempre] la medida justa, y no seáis de los que causan pérdidas [a otros, injustamente]; y [en todos vuestros tratos] pesad con una balanza fiel, y no despojéis a la gente de lo que es justamente suyo; y no obréis mal en la tierra sembrado la corrupción, sino sed conscientes de Aquel que os creó, como [creó] a las innumerables generaciones pasadas!» (Corán, Azora Los Poetas 26:181-184)

Bramon explica que el EI destruye obras anteriores al Islam, porque “tienen ambición territorial, no quieren fronteras. Si destruyes Palmira, le borras al sirio su pasado o si destruyes Nínive, a los iraquíes. [Así] no tienen pasado anterior al Islam al que remitirse”.

COACCIÓN RELIGIOSA

Los terroristas pretenden imponer su radical forma de entender el Islam, pero en realidad el Corán establece la libertad de culto y respeta la multiplicidad de religiones y culturas, indica Rosón.

“No puede haber coacción en cuestiones de religión”. (Corán 2:256)

“Si tu Señor hubiera querido, todos los habitantes de la tierra, absolutamente todos, habrían creído. ¿Y tú forzarás a los hombres para que sean creyentes?” (Corán 10:99-100).

«Quien mata a un no musulmán con quien mantenemos un pacto [de convivencia o paz], no llegaría a oler el olor del paraíso, ni de lejos», dice Muhammad en la Sunna. “Se refiere a los no musulmanes que habitan en tierras musulmanas y a los que viven en comunidades con quienes se mantenía en su época acuerdos de paz, o lo que es lo mismo hoy, los acuerdos internacionales entre países”, indica Hammaoui.

“Estos grupos terroristas –Daesh es quizá el más salvaje- a la hora de seleccionar a sus seguidores van al perfil de la persona joven con pocos o nulos conocimientos de esta religión. Si yo copio y pego textos del Corán sin interpretarlos y se lo doy a chicos jóvenes con problemas sociales, pobreza, sin formación en la ciencia del Corán y les alimento con fuerte odio y venganza… Grupos como éstos carecen de referentes intelectuales y bibliografías para su ideología. Tienen un mensaje que juega a manipular emociones”, lamenta el teólogo musulmán.

Benjelloun, de la Comisión Islámica de España, recalca: “Esas personas en Francia [autoras de los atentados del 13-N] no han ido a ninguna mezquita y de la noche a la mañana están luchando por Allâh… Es injustificable. No lo hacen en el nombre del Islam”.

Por  María Torrens Tillack
Con información de El Español

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¿’Daesh’ destruyó el avión ruso?

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Se preguntarán los lectores qué diablos es «Daesh«. Pues bien, traduzco la info: «Daesh» es un sobrenombre que le dan hoy los medios de comunicación mundiales al autollamado “Estado Islámico”, entre otras cuatro denominaciones . Es un acrónimo del título que se puso a sí mismo en árabe “al-Dawla al-Islamiya al-Iraq al-Sham”, que quiere a su vez decir “estado islámico de Iraq y del Levante”. ¿Cuál es la razón que aducen los medios para este otro cambio de nombre? Simplemente que aceptar eso del “Estado Islámico” es establecer que son un Estado y no es verdad. La definición semántica es muy importante.

Lo curioso es que “Daesh” suena en árabe parecido a “Daes” que significa “lo que se aplasta con el pie” y también suena como “el que siembra la discordia”. Según el periódico inglés The Guardian, el acrónimo en árabe se volvió una palabra independiente cuyo plural quiere decir “fanáticos que imponen sobre otros sus puntos de vista”. En inglés : Bigots who impose their views on others.

¿Por qué no ‘Isis‘ en español?

“Isis” es el nombre griego de la diosa egipcia “Ast” , que significa “trono” como el jeroglífico que porta sobre su cabeza. Otros de sus nombres son «Gran maga», «Gran diosa madre», «Reina de los dioses», «Fuerza fecundadora de la naturaleza», «Diosa de la maternidad y del nacimiento». Pero no fue esta magnífica deidad del antiguo Egipto la que hizo explotar en pleno vuelo al Airbus ruso que volaba sobre la península egipcia del Sinai. Suficiente razón para deslindar a Daesh de cualquier dios. ¿No creen?

No hay que confundir a la deidad egipcia, que significa hermosos valores humanos, con estos islámicos furibundos que ahora pretenden ser llamados en castellano como ella.

“Califato” sería en cambio una palabra que no debería molestar a los extremistas, que no aceptan la apelación “Daesh” y han amenazado con cortarle la lengua a aquellos que en público pronuncien tal palabra.

¿Cómo surgió?

Hay muchos –entre ellos ¡gringos libres!– que consideran al que de hoy en adelante llamaremos en esta columna el Califato, que se trata de otro de los Frankensteins de su gobierno, de los que hablábamos hace poco en este espacio, como Al Qaeda, asociación de la que los medios británicos han dicho siempre que “nació gringa” .

En un principio el Califato estaba con Al Qaeda, pero con la guerra civil en Siria, consideraron que era mejor establecer una separación.

Lo expresaron así:

“El Estado Islámico de Iraq y el Levante (2013–2014) , El Califato, reclama la autoridad religiosa sobre todos los musulmanes del mundo y tiene como objetivo declarado unir todas las regiones habitadas por musulmanes bajo su control, comenzando con Iraq y la región del Levante mediterráneo, que cubre aproximadamente los actuales estados de Siria, Jordania, Israel, Palestina, Líbano, Chipre y parte del sur de Turquía. Otras milicias controlan parte del territorio en la península egipcia del Sinaí, el Este de Libia y Paquistán. Han jurado lealtad a la organización. El grupo se caracteriza por su severa interpretación del Islam, con la sharia y su violencia brutal contra los chiitas y cristianos, al ser los miembros de ISIS suníes radicales” (Wikipedia).

¿Por qué sería aliado gringo el Califato? Por la misma razón que Al Qaeda, porque la CIA entrena a los rebeldes de Siria, porque el muy abollado Tío Sam –que en la última votación en la ONU para mantener el bloqueo contra Cuba se quedó solito con Israel o sea con 2 votitos contra 193– sabe que ya no le funciona la máscara de la democracia más que con los muy débiles mentales.

¿Cómo se desintegró en el aire el avión ruso?

No tomó mucho tiempo la pavoneada del Califato respecto al mayor desastre aéreo de la aviación rusa sobre el desierto de Sinaí . “Yo fui”, dijo un grupo egipcio aliado, para castigar a los rusos por sus incursiones en Siria.

Conviene recordar que recientemente un grupo de turistas mexicanos fueron atacados y muertos por personal oficial egipcio. “Fue una confusión», dijeron éstos. Sería conveniente que la anterior secretaria de Turismo y hoy flamante secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, a la luz de este tremendo accidente, volviera a decir lo que le explicaron entonces.

Otra “confusión” por aquellos días fue el ataque gringo directo a un hospital de Afganistán. Lo asumieron ellos y pidieron perdón.

Naturalmente los anglos estuvieron muy pendientes del desastre ruso y hoy aseguran que una bomba en la zona de equipaje fue la que hizo explotar al avión que pretendía volar del precioso sitio turístico de Sharm El Sheik a San Petersburgo. El avión se partió en el aire y cayó en vasta área hecho literalmente añicos.

¿Habrán sido tan descuidados los empleados rusos o egipcios del avión como para no advertir una bomba a bordo?, ¿o quizás una tecnología mucho más avanzada fue la culpable del desastre? Rusos y egipcios están investigando.

El caso es, como se ha dicho aquí con anterioridad, que hay una peligrosísima guerra entre Oriente y Occidente, cuya primera tremenda consecuencia podría ser la invasión de Europa por varios costados.

Por Manú Dornbierer – analista política
Con información de Frontera

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