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Qué es la hispanidad? Razones filosóficas e históricas para no celebrar el 12-O – Por Eduardo Subirats

Boceto de Velázquez sobre la expulsión de los moriscos de España en 1609 / Imagen (CC) curiososincompletos.wordpress.com

El filósofo Eduardo Subirats define en 7 tesis contra el hispanismo la perversa raíz del hispanismo o el proyecto imperial que desde el siglo XVI destruyó España y esclavizó Las Américas. Un resumen, brillante y preciso, del mayor enemigo de los pueblos de habla española. Conoce la hispanidad. Tal como es

¿Hispanidad o destrucción de España?

Hubo un tiempo en que la palabra Hispania agrupaba la pluralidad de culturas y lenguas sujetas a la influencia lingüística y civilizadora de la Roma imperial. Pero desde el siglo XVI, esa ancha Hispania ha sido particularizada en lo español a lo largo de una historia oscura de cruzadas y limpiezas étnicas dirigidas contra las comunidades y culturas islámicas y judías de la península Ibérica en primer lugar, y al lo largo también de la subsiguiente expansión colonial de una monarquía cristiana erigida precisamente sobre aquella herida histórica. Por lo demás, la cristalización de lo hispánico en lo español, espina dorsal del discurso de la Hispanidad, se ha acompañado de una serie violenta de expulsiones y exclusiones lingüísticas y políticas, religiosas, intelectuales y étnicas, con efectos todavía vigentes hasta el día de hoy.

¿Hispanidad o limpieza étnica?

El primero de esos traumas fue la eliminación de «moros y judíos». Se destruyeron mezquitas y sinagogas, se quemaron bibliotecas, se prohibieron sus lenguas, se persiguieron y exterminaron sus pueblos. A continuación se instauró gramatical, teológica y militarmente la unidad nacional de la España cristiana, monárquica e imperial.

¿Hispanidad o colonización de América?

El segundo trauma histórico de la «Hispanidad» es una extensión del primero. Aquella universal «destrucción de mezquitas» que definió la unidad nacional católica fue lo que llevó a hombres como Hernán Cortés y Francisco Pizarro, y a sus herederos modernizadores, a descubrir, conquistar y a «hacer» las Américas.

¿Hispanidad o modernidad interrumpida?

El tercer trauma puede definirse como una modernidad rota o decapitada, y también como una colonizada modernidad y posmodernidad. El mismo poder político y eclesiástico que erigió a la monarquía hispánica, liquidó de raíz, tanto en la Península como en el continente, todas aquellas reformas teológicas, epistemológicas y políticas sin las que no era posible constituir el significado filosófico y político de la «modernidad» en un sentido histórico del concepto (por oposición a la banalización académica y mediática de esta palabra).

¿Hispanidad o supresión de la diversidad?

Este proceso de supresión de las diversidades culturales y de la subsiguiente constitución de la unidad homogénea de la España nacionalcatólica comprende la eliminación del Humanismo y la Reforma en los siglos XVI y XVII ; la decapitación de la Ilustración en sus aspectos tanto científicos, como éticos, estéticos y políticos en el siglo XVIII ; la liquidación del liberalismo español y latinoamericano en el siglo siguiente; y no en último lugar, la combinación de crueldad autoritaria y mesianismo cristiano que se ha extendido a lo largo de una inacabada y colorida sucesión de fascismos ibéricos y latinoamericanos en el siglo XX..

¿Hispanidad o decadencia?

El exiliado humanista hispano Luis Vives ya escribió, en el contexto político de la expansión colonial cristiana del siglo XVI , que la construcción de grandes imperios no significaba otra cosa que la erección de grandes ruinas. Desde la poesía árabe y sefardí, que llora el paraíso perdido de su esplendor cultural en la Península, hasta los testimonios de Garcilaso sobre una América no descubierta sino destruida, mucho antes de ser conocida, sin olvidarlas continuas expresiones de pesimismo que atraviesan las consciencias más lúcidas de la historia cultural hispana, de Luis de León a Francisco de Goya, esta visión de violencia, esperanzas quebradas y un interminable desierto de ruinas, es decir, la verdadera decadencia hispánica, ha sido una constante intelectual. Casi es un signo de identidad. Lo era bajo las dimensiones apocalípticas del misticismo judío adoptado el día después de la catástrofe de la expulsión. Lo es también en la literatura oral de los pueblos históricos de América, supervivientes a las estrategias coloniales, poscoloniales y posindustriales de genocidios ecológicos y financieros. Esta visión negativa de la historia hispánica es precisamente un momento central en las historias canónicas de la literatura latinoamericana en la era global: Todas las sangres; Pedro Páramo; El señor presidente; Yo, el Supremo.

Esta reforma ausente o esta truncada reforma de las inteligencias y de las sociedades hispánicas no son una idiosincrasia casual. Son más bien la consecuencia necesaria de un trauma constituyente. Tras decapitar los centros espirituales de la Península y del continente, el cruzado vencedor, la monarquía absoluta y no en último lugar la Inquisición acabaron desollando sus corazones. Abravanel era un portugués huido, Vives y Sánchez fueron exiliados por la Inquisición. Garcilaso vivió un exilio interior celosamente observado por la Iglesia. Spinoza era un descendiente de las familias de Sefard. En el Siglo de las Luces, Castro Sarmiento fue quemado en efigie en Lisboa. Olavide fue liquidado intelectualmente por un auto de fe inquisitorial. Blanco White es un paradigma de la persecución eclesiástica del siglo XIX secundado por el ninguneo nacionalcatólico del siglo XX . Pero a través de muchos de estos filósofos, los que constituyeron el exilio intelectual de Amsterdam y Amberes en los siglos XVII y XVIII , por ejemplo, cristalizó precisamente la modernidad europea en un sentido epistemológico, ético y político. Sus voces fueron parte sustancial de una consciencia reflexiva europea. No de la «identidad hispánica».

Fuente : Pulso Ciudadano

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La hermandad mozárabe y el origen de algunos apellidos

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Los cristianos llamados mozárabes por sus compatriotas musulmanes -término que viene de musta’rab, que significa arabizado, que habla árabe aunque no lo sea, pero que en todo se asemejaban a aquéllos, ya que hablaban, se vestían y vivían, en suma, de la misma manera; tan sólo eran distintos por la adscripción a otra religión. Más tarde, a partir del siglo X, muchos mozárabes se convierten al Islam, y son denominados muladíes (mual ladun), si son descendientes de matrimonios mixtos, y musalima, si se han convertido por propia convicción. Estos últimos serían cada día más, quedando los auténticos mozárabes como una minoría.

El profundo respeto de la libertad religiosa contenido en la ley coránica permitió a los mozárabes gozar de una autonomía interna considerable. Administrativamente dependían de un «comes» de origen visigodo. La justicia se regía según leyes propias y los impuestos eran recaudados por un mozárabe, el «exceptor». Este espíritu de tolerancia hizo posible que mozárabes y judíos lograsen, sin demasiados obstáculos, cargos en la diplomacia, el ejército y el propio gobierno musulmán. En dos terrenos se manifiesta claramente la singularidad del estilo mozárabe: arquitectura e iluminación de manuscritos. Las características de las iglesias mozárabes, en las que se combinan elementos de la tradición visigótíca con influjos musulmanes, son los arcos de herradura, los capiteles de tipo corintio y elementos de decoración esculturada. La miniatura mozárabe, proyectada por el arte islámico, está considerada como una de las escuelas más originales de todas las que en esta especialidad produjo el arte medieval. Sobresalen ejemplares como los ilustrados del «Comentario del Apocalipsis» de Beato de Liébana (monje asturiano muerto en 798). Entre otros miniaturistas y calígrafos mozárabes, destacan Magius y Florencio.

Pocas tradiciones perviven a lo largo de los siglos con la intensidad que lo ha hecho la comunidad mozárabe de Toledo. Los mozárabes, antiguos pobladores de la Península Ibérica que, durante la presencia islámica se arabizaron, mantuvieron su fe cristiana, sus iglesias y las costumbres de sus mayores, agrupándose en parroquias personales, situando en Toledo una especie de sede y lugar de referencia para no perder su identidad.

El Rey Alfonso VI, el 19 de marzo de 1101, unos años después de la reconquista de la Ciudad Imperial, había otorgado fuero o charta firmitatis, dirigido “ad totos mozarabes de Toledo”, concediéndoles diversos privilegios, entre ellos el de ingresar en el estamento de caballeros, siendo este fuero confirmado posteriormente en diferentes fechas por los Reyes de Castilla y de la España unificada.

El Papa Julio III, por Bula de 9 de marzo de 1553, reguló la transmisión de la calidad y parroquialidad de los mozárabes toledanos, restringiéndola a sus descendientes por línea de varón y de sus hijas primogénitas. También el cardenal Don Luis María de Borbón dictó el 29 de enero de 1815 normas complementarias sobre la mozarabía.


Fue al caer estas disposiciones en desuso cuando, con el asesoramiento entusiasta del abogado zamorano Don José Antonio Dávila y García-Miranda, se pensó en constituir una entidad que pudiera representar adecuadamente a la única comunidad histórico-litúrgica de vínculos genealógicos que sobrevive en el Occidente cristiano, mantener, dignificar y actualizar sus tradiciones e interesar el reconocimiento de la nobleza de sus familias. Así, la comunidad mozárabe decidió organizarse en una rama socionobiliaria, la Ilustre y Antiquísima Hermandad de Caballeros Mozárabes de Nuestra Señora de la Esperanza de la Imperial Ciudad de Toledo, y otra cultural, el Instituto de Estudios Visigóticos de Toledo.

Las Constituciones de la Hermandad se aprobaron el 15 de junio de 1966, fijando su domicilio social en la antigua parroquia mozárabe de San Lucas, donde tenía su sede la Cofradía-Esclavitud de Nuestra Señora de la Esperanza, de cuya personalidad jurídica se considera heredera. Su definitiva erección canónica se produjo el 21 de noviembre de 1983, por mandato especial del Cardenal Arzobispo de Toledo, Primado de España.

Forman parte de la misma, por derecho propio, las familias mozárabes de ascendencia toledana, mediante la consiguiente prueba genealógica a través de la documentación obrante en las dos parroquias de rito mozárabe de Toledo (San Marcos y Santa Eulalia y Santas Justa y Rufina) que todavía subsisten, de las seis antiguas.

Corresponde al Arzobispo Primado el supremo patronato de la Hermandad, de la que es Protector el Ayuntamiento de la ciudad de Toledo. Se gobierna por un cabildo que preside el Hermano Mayor. El 1 de diciembre de 1999 fueron aprobadas sus nuevas Constituciones.

Esta Hermandad viene desarrollando una encomiable labor en todo lo referente a la difusión de la cultura, religiosidad, genealogía y arte mozárabes mediante la organización de coloquios, semanas divulgativas y congresos.

Sus miembros usan manto de paño azul oscuro con la cruz mozárabe, llamada de «Alfonso VI», -de color blanco y doce puntas, tres en cada brazo, cantonada en oro- y birrete de igual color con una borla dorada en su parte superior.

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Apellidos de origen mozárabe cristiano, judío o morisco

Los apellidos que siguen son, segura o posiblemente, de origen andalusí, de cualquiera de los pueblos que conformaron aquella sociedad y luego permanecieron en la Península y las Islas: mozárabes cristianos, conversos de hebreos, mudéjares o moriscos.

He añadido algunos apellidos sefardíes y marroquíes de los muchos que están llegando a España, como símbolo de la continuidad de sangre entre las poblaciones de los dos lados del Estrecho.

He puesto también, entre paréntesis y en bastardilla, algunos apellidos en lengua árabe e incluso hebrea, que corresponden a topónimos. Quienes los llevan no descienden, por ellos al menos, de aquellos andalusíes, sino más bien de norteños, pero en el origen lingüístico de su apellido se expresa también cierta continuidad de cultura. También se puede descender por la memoria.

De todos los apellidos, algunos están estudiados con detalle, y de otros apenas si hay datos. A veces, el mismo apellido es el único dato.



ABENAMIR: Morisco, de la aristocracia valenciana. Probablemente siguieron, aunque fuera con el apellido latente, en Valencia después de la Expulsión. Cosme Abenamir.

ABENBRAM: Mozárabe de Toledo. En 1123, Stephanus Abenbram era Zafalmedina de esta ciudad, quizá el mismo o el padre de quien veinticinco años después, en 1148, firmaba como Stevan Embram, en calidad de Alguacil de la ciudad.

ABENGOA, AVENGOA: ¿Morisco, de Granada?

ABENÓJAR: Toponímico de Ciudad Real

ABICARÁN: En el siglo XX, en Granada.

ABULAFIA, ABOLAFIA, ABOLAFIO: Hebreo; Abraham Abolafia, filósofo místico; Todros Abulafia, poeta, de Toledo, 1247-1306?; probable apellido converso, puesto que existe una familia en Granada que lleva la forma Abolafio en 1997; Abolafia, en Mancha Real (Jaén); existe Abolafia como topónimo en la Campiña de Córdoba, por lo que esta forma, también latente en Granada, podría ser un toponímico, pero la pequeñez del lugar lo hace improbable. Abulafia, Aboulafia, hebreo, en la Argentina, siglo XX.

ACEBRÓN: Beréber, de Sabrun Ibn Said, a quien atribuye Jaime Oliver Asín la repoblación de Cebrones de Río. Parece una forma derivada de as- Sabrun, por lo tanto antroponímica, quizás alusiva a una descendencia directa. Aunque fuera un toponímico, probablemente tendría el mismo origen, por proceder de esa misma repoblación. El apellido Acebrón, en Granada. Gonzalo Díez Melcón no lo menciona.

ACEITUNO, ACEITÓN: Morisco. Del nombre en árabe az-Zeitun, el Olivo. En Tetuán, Ceibtun, Ceitun y Zeitun, entre las familias de origen morisco; en Francia, en 1998, Fréderic Zeitoun, presentador de televisión; Mónica Fernández-Aceytuno, escritora, en 1999; en Granada, en 1997, seis familias con la forma Aceituno y una con la forma Aceitón.

AGUILÓ: Cuando es de Mallorca, uno de los doce apellidos chuetas.

AGRELA: ¿Hebreo, luego converso; de Ibn Nagrella ? Yusuf ibn Nagrella, visir del rey Badis de Granada, en el siglo XI; en el patio de su mansión estuvo la Fuente de los Leones, que luego fue llevada al palacio edificado por Mohamed V en la Alhambra; habría que explicar cómo pudieron escapar a las matanzas musulmanas y llegar, en verosímil buena posición económica, hasta la conquista castellana, cinco siglos después, sin que quede, que yo sepa, constancia de su nombre en este larguísimo tiempo; después de la conquista cristiana, la consonancia de los sonidos final de «ibn» e inicial del nombre, pudo hacer que el de éste se desvaneciera; en detrimento de esta posibilidad, el apellido Agrela no está registrado en un repertorio nobiliario como el de Fernando González-Doría, como cabría esperar en caso de que la poderosa familia Nagrella hubiera sobrevivido en Granada; pero en el siglo XX, los Agrelas, entre las familias señoriales de Granada; existía una Banca, llamada Hijos de Agrela, que parece responder a la dedicación bancaria frecuente entre los conversos; la tradición de este origen se conserva en la familia, lo que la convertiría en la más antigua de la ciudad. No deben confundirse con los Ágreda, familia de conquistadores que construyó la casa palacio de la Cuesta de Santa Inés, en el siglo XVI, aunque en la misma familia Agrela se da esta confusión, atribuyéndose dicha casa. En Granada, tres familias Agrela en 1997 y ninguna Ágreda.

ALAMAR: ¿Morisco, de Al Hamar, el Rojo? De Valencia; propietarios de tierras en Alfafar; una familia que lo lleva, en 1998, ha olvidado su origen (información personal)

ALAMINO, ALAMINOS: No creo que tenga que ver con la familia de los Al-Amin, de la nobleza granadina, porque también se encuentra en ciudades lejanas, como Cádiz. En Granada, en 1997, en las dos formas.

ALANZOR, ALANZOL: En el siglo XX, en Granada.


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