Archivo de la categoría: Historia

Las primeras carreras de caballos en el desierto

En las primeras carreras de caballos, los jefes de las tribus del desierto africano obligaban a sus équidos a pasar días sin beber una gota de agua, para después soltarlos, sin jinete, en las proximidades de un abrevadero. El primero en llegar era el vencedor.



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Creencias del Antiguo Egipto

Seth luchando contra Apofis

En el Antiguo Egipto, los días se dividían en buenos, amenazadores y nefastos, según los hechos que en ellos hubieran ocurrido durante la época en que los dioses moraban en la Tierra.

En los días nefastos la gente no podía bañarse, montar en barca, viajar, comer pescado ni nada que viniera del agua. Tampoco se debía matar una cabra, un buey o un pato.



Otros días era recomendable no tener trato carnal con mujeres, so pena de infección. Y otras veces, era mejor no escuchar canciones alegres ni pronunciar el nombre del dios Seth, que tenía fama de pendenciero.

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Pócimas medicinales de momia

Las momias eran profanadas por los árabes para hacer medicinas muy costosas contra las úlceras, la anemia, la jaqueca… Pero como las verdaderas momias no abundaban, algunos astutos comerciantes comenzaron a fabricarlos a partir de cadáveres obtenidos por las calles o robados en los cementerios. La pócima era vendida en pequeños frascos que contenían un trozo de carne humana aliñada con sustancias aromáticas, aceites y resinas.



En Occidente esta práctica clandestina se hacía con cuerpos de ahorcados recientes, secados al horno y bañados en betún.

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Daoud Basha – Una receta árabe de origen Turco

Este plato recibe su nombre del pasha otomano Daoud / Dawad / Davad, que administró el monte Líbano en el siglo XVIII. Fue esposo de la hija de Mehmed III y Halime Sultán. Se sabía que Daoud Basha era un tirano. Podría haber sido un déspota, pero definitivamente tenía buen gusto para la comida. Si este plato fue su favorito o si se creó algo, probablemente no esté en los registros. Pero la receta obviamente había sido grabada y pasada.

El plato también se conoce como «Kebab Hindi» en algunar regiones. Es muy similar a las recetas de kofta vegetariana / carne india, ya que la mayoría de los koftas en la India se cocinan en una salsa de tomate y cebolla. Las almendras o los anacardos se utilizan en lugar de piñones.


Ingredientes

Para la salsa

1 cebolla pequeña
2 dientes de ajo
3 cucharadas de aceite de oliva
4 tomates grandes maduros, hechos puré o  -240 grs. de tomate triturado
1/2 cucharadita de pimienta negra recién molida
1 cucharadita de hojuelas de chile rojo, o según su gusto
2.5 cucharaditas de melaza de granada (si tiene alguna)
1 cucharadita de azúcar
una buena pizca de orégano
una pizca de azafrán

Para las Albóndigas / Kofta

1 libra de carne picada (generalmente se usa cordero o ternera, pero he usado pollo aquí)
1 rebanada gruesa de pan, remojada en pocas cucharadas de leche para ablandarla o alrededor de 1/2 taza de migas de pan
1/4 tazas de piñones
2 cucharadas de pasas
1/2 cebolla mediana, rallada y escurrida
2 dientes de ajo, picados
1 ″ pieza de jengibre, finamente rallado
3 cucharadas de menta fresca, finamente picada
1 cucharadita de hojuelas de chile rojo
1 cucharadita de pimienta negra molida
1/4 cucharadita de canela en polvo o todo el polvo de especias
1 cucharadita de comino molido
1 cucharadita de jugo de limón
sal
Aceite para cocinar las albóndigas y tostar los piñones.

Para Pilaf

arroz Basmati crudo
mantequilla
unas cucharadas de leche tibia
azafrán
sal



Para hacer el Pilaf

Lavar el arroz hasta que el agua salga clara. Remojar durante unos 15-20 minutos y escurrir.

Remoje los hilos de azafrán en la leche tibia.

Calentar un botón de mantequilla en una sartén. Agregue el arroz escurrido y sofría moviendo el arroz rápidamente, hasta que la mantequilla cubra los granos de arroz. El arroz brillará. Añadir la sal y la leche con el azafrán empapado. Revuélvalo por un par de minutos.

Agregue agua (1,5 tazas de agua con 1 taza de arroz sin cocer), y hierva a fuego alto hasta que desaparezca el agua de la parte superior, pero todavía hay más agua en la olla. Reduzca el calor al mínimo posible e inmediatamente cubra la olla herméticamente. Después de 5 minutos, apague el fuego, pero deje la tapa en la olla hasta que esté listo para servir. Cuando esté listo para servir, espolvoree el arroz con un tenedor.

Cubra una sartén con aceite y fríe ligeramente los piñones, hasta que estén dorados. Retirar de la sartén, y reservar.

Coloque la carne picada en un tazón grande. Combine todos los otros ingredientes para la albóndiga que no sea el aceite. Añadir los piñones tostados. Mezcle y cubra con sus manos y divida, luego mezcle en bolas del tamaño de una nuez; Hará unas 20-24 bolas. Ruede entre las palmas húmedas de tu mano para darles una forma esférica. Colóquelos en un plato en una sola capa. Cubrir con film transparente y enfriar hasta que se requiera.

Caliente una sartén de fondo plano y rocíe un poco de aceite sobre la sartén. Freír las albóndigas en el aceite caliente hasta que estén bien doradas, reduciendo así el calor para cocinar. No los abrume demasiado.

Engrase una bandeja para hornear y hornee las albóndigas durante unos 20 minutos a 375 F, o hasta que empiecen a dorarse y se cocinen.

Escurrir las albóndigas en una toalla de cocina. Dejar de lado.

Si está utilizando tomates frescos, hágalos puré en una licuadora.

Calentar el aceite de oliva en una sartén y agregar la cebolla y el ajo. Cocine a fuego alto hasta que la cebolla comience a ablandarse y se vuelva dorada.

Agregue el puré de tomate o los tomates triturados a la sartén. Agregue el azúcar, la pimienta negra, el orégano, las hojuelas de chile, la sal y el azúcar en los tomates y la cebolla. Cocine a fuego lento durante 5-7 minutos y luego agregue la melaza de granada y el azafrán. Cocine parcialmente cubierto durante unos 12-15 minutos hasta que la salsa comience a espesar.

Coloque las albóndigas en la salsa de tomate en una sola capa y cocine por otros 10 minutos o cuando haya suficiente salsa para cubrir las albóndigas y un poco más. (Puedes cocinar por menos tiempo si quieres una salsa más fina) .

Servir con arroz pilaf y un poco de ensalada y yogurt al lado.


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El museo más antiguo de la historia – Ennigaldi-Nanna

El descubrimiento del primer museo que se conoce, en 1925, reveló que esta práctica tiene sus raíces, al menos, hace 2500 años, puesto que el Museo de Ennigaldi-Nanna data del 530 a.C.

    • El citado museo es el primero que se conoce por la humanidad, y fue descubierto en 1925 por el arqueólogo Leonard Woolley. Cuando excavaba un palacio de Babilonia hace 90 años, dio con una colección de objetos que le llamó la atención.

Entre todos los objetos descubiertos, había cosas de diferentes lugares y tiempos de la humanidad. Además, estaban perfectamente organizados y con etiquetados. Así pues, era evidente que el arqueólogo había descubierto el primer museo conocido por el ser humano.

    • El Museo de Ennigaldi-Nanna se encuentra ubicado en la actual región de Dhi Qar, perteneciente al país de Irak. Sin embargo, en su día era parte del estado de Ur, y se ubicaba en el sureste de un célebre zigurat que recibe el mismo nombre.

Según se ha podido saber, este museo que data del año 530 a.C. Era administrado por la princesa Ennigaldi, hija del último rey del Imperio de Neo-Babilonia, que tiene por nombre Nabonido.

    • Leonard Woolley cuenta en sus libros su sorpresa mientras excavaba en el palacio babilonio en el que descubrió el Museo de Ennigaldi-Nanna. De repente, encontró una piedra del periodo Kassita, con más de 3000 años de antigüedad, una estatua llamada Dungi del año 2058 a.C . y tablillas de arcilla del 1700 a.C. Todo ello hizo que el arqueólogo se preguntase cómo podían encontrarse aquellos objetos de distintas épocas y países en un único lugar que databa del siglo VI antes de la Era Común.

Poco después, Wolley observó que los objetos allí encontrados no tenían un orden cronológico, pero si estaban bien dispuestos y etiquetados. De ahí la conclusión de que aquello era un museo. Resulta curioso descubrir que el ser humano ha tenido pasión por la historia y el coleccionismo desde los orígenes de la civilización.

    • Sabemos que el museo fue construido con el apoyo y el estímulo de su padre, el rey, quien era un anticuario comprometido y coleccionista de artefactos antiguos. Es difícil saber de dónde vino su interés en el pasado, pero podría haber tenido algo que ver con el hecho de que provenía de orígenes humildes que se describían a sí mismos y que solo se sentaba en el trono porque había derrocado a su predecesor. Sin una rica historia real de su propiedad, es posible que Nabonidus haya encontrado un sustituto en la antigua ciudad de Ur.

Con ese fin, el rey emprendió lo que se convertiría en su contribución más duradera a la arqueología, y esa fue la restauración del Gran Zigurat de Ur. Si bien no estamos 100% seguros de qué propósito sirvió esta estructura masiva (la mejor suposición es que él y los otros zigurats eran una especie de templo), sí sabemos que el zigurat sumerio original se había derrumbado a la nada en la época de Nabonidus, y así decidió restaurar el zigurat a su antigua gloria (y algo más). El descubrimiento de los restos de este segundo zigurat en el siglo XIX sería clave para identificar este sitio como la antigua ciudad de Ur y, a su vez, configurar las excavaciones de Leonard Woolley en la década de 1920.



El Museo de Ennigaldi-Nanna demostró que los antiguos babilonios, inmersos en un imperio que se colapsaba sobre sí mismo en aquellos tiempos, mantuvieron viva su pasión por conocer y estudiar otras épocas de los hombres.

Con información de  Gizmodo

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Leonardo Fibonacci y su nexo con los alquimistas árabes

Recordemos que en el siglo XII un mercader, Leonardo Fibonacci (1170-1245), conoció a unos alquimistas árabes en Bujia (Argel), donde le enseñaron el sistema de cálculo que nosotros utilizamos ordinariamente.

Alrededor de 1228 escribió el Liber abaci, donde daba forma a la nueva numeración que se extendió desde Italia por toda Europa. Introdujo, además, la numeración posicional, las operaciones con números enteros y fraccionarios, la trigonometría y el álgebra, fue un gran divulgador y un genio matemático, sus postulados, soluciones y descubrimientos alimentaron sin variar durante tres siglos el conocimiento matemático.



Hay que señalar que hasta el año 1959 aún trabajaban en la ciudad de
Fez (Marruecos) varios laboratorios alquímicos, uno de ellos subterráneo.

Por S. Río

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Omar Khayyam-Desde la trigonometría hasta la poesía de los cuartetos

Estatua de Omar Khayyam

(Omar Jayyam o Khayyam; Nishapur, actual Irán, 1048 – id., 1131) Poeta, matemático y astrónomo persa. Se educó en las ciencias en su nativa Nishapur y en Balkh. Posteriormente se instaló en Samarcanda, donde completó un importante tratado de álgebra. Bajo los auspicios del sultán de Seljuq, Malik-Shah, realizó observaciones astronómicas para la reforma del calendario, además de dirigir la construcción del observatorio de la ciudad de Isfahán. De nuevo en Nishapur, tras peregrinar a la Meca, se dedicó a la enseñanza y a la astrología. La fama de Khayyam en Occidente se debe fundamentalmente a una colección de cuartetos, los Rubaiyat, cuya autoría se le atribuye y que fueron versionados en 1859 por el poeta británico Edward Fitzgerald.

Si en Occidente Omar Khayyam tan sólo es conocido como poeta, Oriente, en cambio, lo conoció casi exclusivamente durante toda la Edad Media como astrónomo, matemático y filósofo; en el ámbito de la matemática estudió las ecuaciones cúbicas proporcionando una solución geométrica para algunas de ellas, e intentó clasificar ecuaciones de diversos grados según el número de términos que aquéllas contuvieran. Sólo a partir de mediados del siglo XIX, desde que la traducción de Edward Fitzgerald de los Rubaiyat dio celebridad a su nombre en Europa y en América, empezó también a ser estudiado y admirado como poeta por el Oriente persa y árabe.

    • Pocos hechos de su vida se encuentran atestiguados históricamente. Nació en Nishapur en año impreciso, alrededor de 1050. El nombre entero que se da en su Álgebra es Omar ibn Ibrahim al-Khayyami, de la que fue extraída la forma que él mismo usa en sus cuartetos como nombre poético: Khayyam (en árabe «fabricante de tiendas»). La noticia de su amistad de adolescente con el futuro ministro seleúcida Nizam al-Mulk y con el futuro jefe de los asesinos Hassan ibn as-Sabbah suscita serias dificultades de cronología. Pero es indudable que, en 1047, el todavía joven científico fue invitado por el sultán Malik-Shah, juntamente con otros dos eruditos, a preparar una reforma del calendario persa, que terminó con la fijación de una nueva era, la era Gialali, denominación que procede del sobrenombre del sultán.

En 1112, el compilador Nizami Arudi Samarquandi recuerda haber encontrado al maestro en Balkh y haber oído de él una profecía sobre su propia tumba, que él vio después cumplida en Nishapur, donde el sepulcro de Omar Khayyam, como el mismo poeta había predicho, estaba cubierto de pétalos de flores y a la sombra de un peral y de un melocotonero. Un pasaje recientemente descubierto del ilustre az-Zamakhshari (literato y teólogo fallecido en 1143), atestigua una relación suya con Omar Khayyam, de la que se desprende la doctrina y la modestia del científico y poeta persa (otros en cambio lo habían descrito como intratable y soberbio), y su conocimiento del que puede considerarse en algunos aspectos como su precursor árabe, Abu al-Ala al-Maarri.

    • Rubaiyat no es el nombre de una obra sino de una forma métrica (en singular, «rubai», que puede traducirse como «cuarteto»). Tal estrofa, formada por cuatro versos con el esquema de rima A-A-B-A, era extraña a la poesía árabe clásica, y fue usada sobre todo en la persa. Se encuentran cuartetos designados con el vocablo árabe «rubaiyat» desde los comienzos de la lírica persa, en el siglo X; los vemos después atribuidos a muchísimos poetas, y aun a hombres de ciencia, como Avicena; entre los más insignes sobresalen los poetas místicos Abu Saìd de Mehne (968-1049), y su contemporáneo Baba Tahir de Hamadàn. Pero los Rubaiyat por antonomasia son los atribuidos a Omar Khayyam.

Algunos investigadores sostienen que Khayyam nunca hizo poesía y que los Rubaiyat se le han atribuido por su fama y erudición. Ciertamente, el número de poemas atribuidos a Omar Khayyam es excesivo (entre quinientos y un millar), y es probable que tan sólo alrededor de unos doscientos sean suyos. Estas breves composiciones tienen su origen en la literatura persa pre-islámica, y suelen condensar en sus versos una descripción ambiental y un pensamiento. En los poemas de Khayyam, escritos con un magistral poder de síntesis, el poeta canta aparentemente a los goces del vino y el amor como refugio a la transitoriedad de la vida, mas bajo ello subyace una profunda y a menudo pesimista reflexión sobre la naturaleza del universo, el paso inexorable del tiempo y la relación del hombre con Dios.



La fisonomía del poeta que estos versos traslucen es inequívoca, orientada hacia un amable goce de las efímeras alegrías de la vida y hacia un íntimo y amargo escepticismo sobre las posibilidades del hombre para alcanzar las verdades supremas, estado de ánimo que continúa toda una tradición de poesía escéptica oriental que se remonta ya a Avicena (se sabe que Khayyam fue un apasionado estudioso de Avicena), y que es presentado con excepcional fuerza epigramática, no sin una acentuada nota de intelectualismo. Junto a la hondura con que se tratan temas metafísicos como la relación del hombre con Dios, la eternidad y la incertidumbre de la existencia humana, a través de concisas y tajantes sentencias, Khayyam realza la belleza y sensualidad del mundo material, la alegría de vivir, la naturaleza y los placeres. Sus versos son simbólicos y transmiten la sabiduría antigua con sencillez y voluptuosidad, a menudo con un irresistible hechizo o entre una aureola de misterio, y son estimados como uno de los más brillantes tributos del genio persa a la literatura universal.

Con información de :  Biografias y Vidas

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