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Shatranj Árabe, Acedrex Medieval, Ajedrez Moderno – L. Jean Lauand (Traducción: María de la Concepción Piñero Valverde) Parte 1

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PARTE I – El ajedrez árabe y su influencia en el Occidente medieval (1)

1. Los árabes, pueblo del medio también para el ajedrez

El Occidente, entre otras tantas deudas para con los árabes en la Edad Media contrajo también la del ajedrez: el ajedrez es uno de los tantos puntos en que se ejerce la multifacética influencia árabe en la Península Ibérica y en Europa.

Como siempre, los grandes impulsos culturales de la Edad Media empiezan por las traducciones: el siglo XII, auténtico renacimiento occidental, es un siglo de traducciones. Por medio de ellas, el Occidente recibe de los árabes inestimables conocimientos de Matemática, Filosofía, Medicina y otras ciencias.

Con el ajedrez – esa mezcla de arte, diversión, ciencia e imagen del mundo que es el ajedrez –, como con tantas otras realidades culturales y científicas, los árabes cumplen su profética misión como «pueblo del medio» (al-Usta, Corán 2, 143), haciendo la mediación entre «el Oriente y el Occidente que a Allâh pertenecen» (2, 142).

Tal hecho se manifiesta ya en el lenguaje. Cuando se introdujo en el Brasil el fútbol, originario de Inglaterra, importamos también el léxico del juego (el mismo nombre futebol, bien como gol, pênalti, drible, craque, time  footballgoalpenaltydribble, crack, team etc.). De esa misma forma, los nombres de las piezas en árabe son tomados del persa (2)shah(3) (Rey), firzan(sabio, Dama), fil (elefante, Alfil), rukhkh (Torre) y baidhaq (Peón); la única excepción es el faras (Caballo), palabra árabe y no persa. Por su vez, ya en el primer tratado de ajedrez compuesto en Occidente – el Libro del Acedrex de D. Alfonso X, el Sabio (1221-1284), en buena parte copia de los tratados y problemas ajedrecísticos árabes –, los nombres de las piezas y posiciones:alfil (hasta hoy empleado en castellano), roque (originalmente el nombre de la Torre y hasta hoy permanece en el movimiento de Rey con Torre), alferza (nombre que tenía la Dama de la época), alfilada etc., denotan su origen inmediato árabe. Los árabes fueron, pues, el «pueblo del medio» en el sentido de haber recibido el ajedrez de Persia e intermediado su transmisión al Occidente.

2. Las leyendas sobre el origen del ajedrez

Hasta las leyendas sobre el origen del juego son, en Occidente, importadas de los árabes. Como es natural, desde pronto se encontraron entre los árabes diversas leyendas sobre el origen del ajedrez (4). Las más antiguas remiten a la «India» y, en general, a cierto rey y a ciertos sabios de la «India», estableciendo también una conexión con el juego de tablas, un juego de tablero en que la habilidad está condicionada a la suerte de los dados. En la introducción del Libro del Acedrex, D. Alfonso se refiere a «antiguas historias» sobre el origen del juego – «el más noble y sereno» – y narra la siguiente leyenda árabe como «la más cierta y verdadera»:

«Segunt cuenta en las Istorias antiguas en India la mayor ovo un Rey que amaba mucho los sabios, e tienelos siempre consigo, e fazieles mucho a menudo razonar sobre los fechos, que nascien de las cosas. E de estos avie y tres que tenien sesendas razones: El uno dizie que mas valie seso que ventura: ca el que vivie por el seso fazie sus cosas ordenadamientre: e aunque perdiese, que no avie y culpa, pues que fazie lo quel convenie. Ell otro dizie que mas valie ventura que seso; ca si ventura oviese de perder o de ganar que por ningun seso que oviese non podrie estorcer dello. El tercero dizie que ero meior que pudiese vevir tomando de lo uno e de lo al: ca esto era cordura: ca en el seso quanto meior era tanto avie y mayor cuidado como se pudiesse facer complidamientre. E otro si en la ventura cuanto mayor era que tanto avie y mayor peligro; porque no es cosa cierta. Mas la cordura derecha era tomar del seso, aquello que entendiesse omne que mas su pro fuesse; e de la ventura guardarse della en lo que fuesse su pro. E despues ovieron dichas sus razones much’affincadas mandoles el Rey quel aduxiese ende cada uno muestra de prueba, daquello que diziese, e dioles plazo qual le demandaron, e ello fueronse a catar sus libros cada uno segunt su razon. E quando llego el plazo vinieron cada unos antal Rey con su muestra. E el que tenie razon del seso troxo Acedrex cos sus iuegos, mostrando que el que mayor seso oviesse, e estudiesse apercebudo podrie vencer all otro. E el segundo que tenie la razon de la ventura troxo los Dados mostrando que no llegando el omne por ella a pro, o a danno. El tercero que dizie que contadas e puestas en sus casas ordenadamientre, e con sus dados, que las moviessen para iugar segunt se muestra en este libro que fabla apartadamientre desto. En que face entender, que por el iuego dellos que el qui las sopiere bien iogar, que aunque la suerte de los dados le sea contraria que por su cordura podra iogar con las tablas de manera que esquivara el danno, quel puede venir por la aventura de los dados. E porque el acedrex es mas assossegado iuego e onrrado que los dados non las tablas; fabla en este primeramientre de el etc. (5).



3. El ajedrez como mathal, metáfora de la vida.

Ya en esta leyenda se nota la imaginación oriental (y, también, medieval) que tanto contrasta con la aridez lógico-operacional del Occidente de hoy. Pues en Oriente el ajedrez es campo privilegiado para amthal y es la gran metáfora de la vida y del amor (6): entre los árabes, son particularmente exploradas, en este sentido, la fuerza de ataque de la Torre y la promoción del Peón, que se torna Firzan al alcanzar la octava casilla, lo que es sin duda una situación existencial interesante. Y entre las Rubaiyat de Omar Khayyam encontramos, por ejemplo, ésta (7):

Para hablar claramente y sin alegorías (!?)
Somos las piezas del ajedrez que se juega desde el Cielo
Que juega con nosotros en el tablero del ser 
E después… volvemos, uno a uno, a la bolsa de la Nada.

El Occidente medieval cristiano no sólo aprende con los árabes a jugar al ajedrez, sino también a tomarlo como base de una interpretación alegórica, moral y existencial de la vida humana. Un famoso exemplo del siglo XIII es la Moralitas de Scaccario(8), sermón moral con base en el ajedrez:

«Todo este mundo es como un tablero de ajedrez: una casilla es blanca, otra es negra, y así representa el doble estado de vida o de muerte, de gracia o de pecado.

La família que habita este tablero está formada por los hombres de este mundo que – tal como las piezas salidas todas de la misma bolsa (sacculus) – proceden todos de un sólo vientre materno (sacculus)(9). Y, tal como las piezas, los hombres asumen sus puestos en los diferentes lugares de este mundo, cada uno con su propia denominación.

El primero es el Rey, después la Reina, en tercer lugar la Torre (rocus), en cuarto el Caballo, en quinto el Alfil (alphinus) y en sexto el Peón. Y el carácter del juego es tal, que uno captura el otro y, con el juego terminado, así como todos habían salido de la misma bolsa, a ella vuelven. Y, entonces, ya no hay diferencia entre el Rey y el pobre Peón, pues acaban de la misma manera, tanto el rico como el pobre. (…)

En este juego, el Rey se mueve y captura en todas las direcciones, simbolizando el hecho de que todo lo que el Rey hace es tenido por justo (…) Los Peones son los pobres que andan una casilla en línea recta, pues mientras el pobre permanece en su sencillez, vive honestamente; pero, para capturar, se corrompe y lo hace oblicuamente, pues por la codicia de bienes o de honras, sale del camino recto con falsos juramentos, adulaciones o mentiras.

Y, por último, al alcanzar la octava casilla, el final de su carrera de Peón, se transforma en Alferza, amplía y consuma su iniquidad, como se dice en Alexandre: ‘No hay nadie más intratable que un pobre que ascendió'».

Esa mentalidad alegórica, tan árabe, informa muchos mansubat (10) (problemas); frecuentemente, el problema pasa a ser un cuento fantástico. Antes de ejemplificar, sin embargo, es necesario indicar las reglas con las que era practicado el ajedrez por los árabes de aquella época.

4. Reglas del ajedrez original árabe

Presentamos, a continuación, las reglas del ajedrez original árabe. Como el ajedrez de hoy deriva del árabe, nos parece que el mejor procedimiento es señalar en qué difiere el ajedrez practicado en aquella época del actual:

1. No había Dama y, en su lugar, encontramos el Firzan. El Firzan se mueve solamente una casilla en diagonal (hacia adelante o hacia atrás) y captura de ese mismo modo (diagrama abajo).

2. Los Alfiles saltan exactamente dos casillas en diagonal (hacia adelante o hacia atrás), aunque haya piezas en medio (diagrama abajo). Y capturan de ese mismo modo.

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3.
Peón que alcanza la octava casilla se transforma en Firzan.

4. Un jugador que pierda todas sus piezas, quedando sólo con el Rey, se considera derrotado. También pierde cuando, por ahogamiento, está imposibilitado de dar el lance.

5. No existen los lances: capturar en passant y enrocar.

6. El Peón no tiene el privilegio de saltar dos casas en su primer movimiento.

5. Los grandes maestros de la época abasí.

Con estas reglas es como los grandes maestros de la época desarrollan prodigiosas obras de imaginación, sobre todo en lo relacionado con el capítulo de los problemas de ajedrez. El comienzo de la gran literatura del ajedrez se encuentra entre los años 750 y 950, los dos primeros siglos del califato abasí. En esa época, grandes ajedrecistas escriben sus tratados, que contienen intuiciones de una agudeza e ingeniosidad espantosas en la concepción de problemas:

Al-‘Adli – Kitab ash-shatranj (Libro del Ajedrez).

Ar-Razi – Al-lutf fy ash-shatranj (Elegancia en el Ajedrez).

As-Suli – Kitab ash-shatranj (Libro del Ajedrez – I).

– Kitab ash-shatranj (Libro del Ajedrez – II).

Al-Lajlaj – Kitab mansubat ash-shatranj (Libro de los problemas de ajedrez).

Aliqlidisi – Kitab majmu’ fy mansubat ash-shatranj (Livro de la colección de los problemas de ajedrez).



 1. Este artículo recoge y desarrolla –enfatizando la cultura árabe– temas presentados –más ampliamente en lo que se refiere a la cultura occidental medieval– en el libro Lauand, L.J. O Xadrez na Idade Média. S. Paulo, Perspectiva-Edusp, 1988. En ese libro se encuentran, además de indicaciones bibliográficas, la traducción de la obra que inició la gran literatura ajedrecista occidental, el Libro del Acedrex de D. Alfonso X (1221-1284). Los problemas árabes y algunos otros datos históricos proceden de la clásica obra de H. J. R. Murray. A History of Chess, Oxford at the Clarendon Press, reimpr. 1962.

2. Murray (p.159) señala que pil –em árabe, fil– no es palabra nativa persa (sea como fuere, en cuanto nomenclatura ajedrecista, es importada de los persas); y farzan, sábio, no tiene conexión con wazir (visir), y el hecho de que la pieza haya sido identificada posteriormente con el visir se debe a su proximidad con el rey en el tablero.

3. El rey es algunas veces, sugestivamente, también llamado de nafs (alma o self): puede perderse cualquier pieza, pero no a sí mesmo, ¡no el alma!

4. Veáse en Murray el cap. Invention of Chess in Muslim Legend. No falta entre ellas la conocida leyenda del rey que quiso recompensar al inventor del juego y, a primera vista, le pareció modesto la petición de granos de trigo: 1 grano de trigo para la 1a. casilla + 2 para la 2a. + 4 para la 3a. + 8 etc. en una progresión geométrica que acaba por completar ¡¡18.446.744.073.709.551.615 granos!!

 5. D. Alfonso, Libro del Acedrex, Introdução, in Lauand, op. cit., pp.67-68.

6. Cfr. Murray, pp.187 e ss.

7. Les quatrains d’Omar Khayyam, XCIV, Paris, Champ Libre, 1980.

8. En otro tiempo atribuido a Inocencio III. El texto completo y las indicaciones de fuentes se encuentran en Lauand, op. cit., cap. 4.

9. De un sólo vientre: el de Eva o el de la Tierra.

10. Participio de nasaba: construido, montado, arreglado, erigido, preparado… Ya en el Occidente medieval, el problema se llama jocus partitus (juego partido), o juego de partido (D. Alfonso), indicando que se trata de una partición de aquello que sería un juego completo, que acabó siendo llamado también de partido. De ahí deriva también, en inglés, jeopardy que, por extensión, pasó a significar una situación de peligro (un proceso semántico semejante a «estar contra las tablas»).

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Los listones de San Charbel

san_charbel_listones1_a La costumbre, vuelta piedad popular, nació en México, en el Centro Histórico, y ahora en el extranjero pueden verse imágenes del santo maronita con vistosos listones atados a sus brazos, su cuello, sus pies…

Tomó un listón que compró minutos antes en alguna de las incontables mercerías de la calle República de Uruguay en el Centro Histórico, escribió sobre su costado la petición que guardaba su corazón: “Te pido, por favor, intercedas por mí…”; luego, lo ató al cuello de San Charbel Makhlouf… y el resto es historia. Fue una mujer que, al no encontrar un papel para escribir su petición al santo, utilizó un listón iniciando así un acto popular de devoción que en la actualidad ha rebasado las fronteras de la ciudad de México y del país mismo.

Origen del listón

El P. Rogelio Peralta Gómez, sacerdote maronita, explica que el uso de listones es una extensión de los populares exvotos, cuya práctica se sabe existió desde las primeras comunidades cristianas y que Teodoreto de Ciro las documenta hacia el siglo V.

En particular, el P. Peralta reflexiona sobre esta práctica documentada en 1989 por un sacerdote jesuita en el Líbano que colocaba listones en el templo para protegerlo de calamidades: “La manera de aplicarlos era: las cabezas de familia brindaban bufandas de seda o algodón, las ataban para formar un largo listón con el cual circuncidaban el edificio, o bien, los pilares del mismo. Lo ‘amarraban’ para no permitir al mal causar un daño. Pasada la plaga, el largo cinturón se volvía a dividir y se repartía para beneficio de los pobres”.

Sin embargo, tal como conocemos los listones hoy en día, estos tienen su historia en México y en San Charbel: “Los listones de petición no existían antes de San Charbel”, recalca categórico el P. Peralta.

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Los colores

Aunque la Iglesia Católica no reconoce alguna cualidad especial en el color de cada listón y las peticiones, sí recomienda que todo acto de esta naturaleza esté libre de magia o superstición. Además, el P. Peralta explica que el hecho de colocar un listón a San Charbel no debe pensarse como una especie de ‘trueque’, que al poner un listón el fiel cree cumplirle al santo y éste, en correspondencia, debe interceder en su favor: “Se trata de un acto devocional que debe estar alimentado de la oración; el listón es el símbolo no sólo de la petición, sino de la oración constante hecha vida en cada uno de nosotros”.

En todo caso, respecto a los colores, el sacerdote explica que los listones de color son utilizados para las peticiones y los listones blancos para dar gracias. El sacerdote reconoce que, sin embargo, la gente otorga diferentes significados a los colores de los listones, llegando al absurdo de considerar el listón negro como un listón del mal. Y es que, mucha gente no ha entendido que un santo no puede interceder ante Dios para causarle un mal a otra persona.

A pesar de todo, aún si la gente quiere darle un significado ‘añadido’ a su petición o si cree que una manera de recordar su compromiso (porque toda petición lleva consigo un compromiso en la intención y en la oración) según el color del listón, sería:

Azul: para la fuerza, poder, protección y voluntad divina.

Dorado: iluminación, amor por los seres queridos y la paz mundial.

Rosa: para el amor divino de la adoración y reconciliaciones.

Verde: esperanza, fe y salud física o espiritual.

Rojo: para situaciones difíciles y pedir provisiones.

Violeta: para la misericordia, perdón y meditación.

Amarillo: para la paz, el equilibrio, sabiduría e intuición.

Morado: para la purificación, la conversión de lo malo en bueno.

Blanco: para agradecer los favores concedidos.

Más información:
Catedral Maronita de México (rito maronita)
Ntra. Señora de Balvanera y Santuario de San Charbel
Correo Mayor 52 Esq. Uruguay Col. Centro.
Tel. 5521-2011
Rectoría San Charbel Makhlouf (rito latino)
Madroño 13. Col. Chimili Tlalpan
Tel 5330-1557

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Marcel khalife-Passport-جواز سفر – jawaz el safar – (+ Video)

Marcel khalife-Passport-جواز سفر – jawaz el safar

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Maroun Baghdadi – Cineasta Libanés

MAROUN BAGDADI

Nació el 21 de Enero de 1950 en Beirut (Líbano) y murió el 11 de Diciembre de 1993 en Beirut dejando esposa y tres hijos, mientras estaba apunto de dar los últimos toques a su película «Los Interesados».

Se trasladó a Francia durante la guerra donde consiguió la nacionalidad francesa y obtuvo su acreditación en ciencias políticas en la Sorbona en 1973. Durante su estancia en Francia produjo películas con la colaboración de cineastas del país.

Fue considerado como uno de los cineastas más brillantes de su generación. En 1975 ganó el Premio del Jurado de Cannes con «Fuera de la vida». Otra película que le dio renombre fue «Little Wars» en 1982 sobre la guerra civil en el Líbano.

Además se reunió con el líder libanés Kamal Junblat para realizar una película sobre éste que llevaría el mismo nombre, en 1977, también visitó a un gran poeta libanés y realizó un documental con el nombre de él.

FILMOGRAFÍA

The Girl in the Air (1992)
La vita sopesa (1991)
Out of Life (1991)
Cadavres exquis (1990)
Las cadavres exquis de Patricia Highsmith (1990)
Mistress of Suspense (1990)
Patricia Highsmith’s Tales (1990)
The Veiled Man (1987)
The Land of Honey and Incense (1987)
Las pequeñas guerras (1982)
Houroub saghira (Lebanon: Arabic title) (1982)
Little Wars (1982)
Whispers (1980)
The Procession (1980)
We Are All for the Fatherland (1979)
The Story of en Village and en War (1979)
The Martyr (1979)
Ninety (1978)
The Most Beautiful of All Mothers (1978)
Greetings tono Kamal Jumblat (1977)
The South Is Fine, How About You (1976)
The Majority Is Standing Strong (1976)
Kafarkala (1976)
Beyrouth ya Beyrouth (1975)

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Joumana Haddad y la libertad en el llamado mundo árabe – Nahjum

Joumana Haddad en el Hay Festival de México

Tenemos que mirar hacia todos los ángulos para ubicar dónde está la incomprensión, porque los prejuicios e imágenes que otros han fabricado no son del todo exactas.

Poeta, periodista y traductora, Joumana Haddad (Beirut, Líbano; 1970) es también editora cultural en el periódico An Nahar y la revista de arte Jasad (“Cuerpo”), administradora del premio IPAF, cuya referencia podría ser la analogía con el Booker, pero versión árabe.

En su primera visita a México ha participado en dos encuentros en el marco de Hay Festival de Literatura y las Artes: esta mañana con Alberto Ruy Sánchez (en la mesa “Poesía de los sentidos”) y por la tarde, revisando el ejercicio de la lectura y la literatura árabe contemporánea, como entrevistadora de Mansoura Ez Eldin, autora de la novela Detrás del paraíso, en el auditorio del Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez.

Ahí, sobresalió el papel de la mujer en la sociedades de oriente medio, las problemáticas lingüísticas de las traducciones y las diversas tendencias de la literatura árabe que se está creando actualmente, la cual, se dijo ”está más abierta al mundo, mirando a su cultura desde afuera”.

Media hora más tarde, casi en el ocaso, ya en el vestíbulo reservado para conversaciones entre escritores y periodistas, Haddad forja un cigarro mientras amplia su postura respecto a ítems que han generado confusión en el diálogo entre Occidente y Oriente medio.

“Cuando se habla del mundo árabe no puedo más que enfadarme -señala-, porque no hay nada que así lo establezca: ¡estamos hablando de 22 países! Nos une la lengua pero hay muchas diferencias, históricas incluso; entonces hay que ir más a lo micro”, apunta en un fino español al que le varían los acentos.

Católica devenida a atea, Haddad se expresa con toda la libertad sobre religión, sociedad, poesía o cultura árabe. Cuenta que a los 10 años, en la clase de francés, la profesora leyó un poema de Paul Eluard (“Libertad“) que proyectó en ella el ánimo de escribir poesía. De sus ocho poemarios, se han publicado en nuestro país Allí donde el río se incendia (2007) y El regreso de Lilith (2010).

Hablando de libertad, durante la charla con Mansoura, ella explicaba que la mujer árabe es libre, me gustaría conocer tu opinión, ¿cuál es tu postura…?

Tener curiosidad es bueno porque nos ayuda a comprendernos mejor, la curiosidad es importante pero debe ser recíproca (de Occidente a Oriente y viceversa); sin embargo, considero que no es sano mirar a la mujer árabe como un prototipo raro o un animal de circo que se debe estudiar porque es un fenómeno anormal.

Tenemos que mirar hacia todos los ángulos para ubicar dónde está la incomprensión, porque los prejuicios e imágenes que otros han fabricado no son del todo exactas.

«En cualquier país cuando se dice ‘mujer árabe’ se piensa de manera insistente en una mujer oprimida que seguramente existe y que desgraciadamente es mayoría, pero hay otra mujer, minoría, a la que se necesita también ver y escuchar, porque representa la esperanza para las otras mujeres, porque aspira a ser auténtica. Comprendo que en el mundo árabe también se contribuye a mantener deformada nuestra imagen y muchas mujeres árabes son sus propias enemigas al quedarse en la idea de víctima y no hacer nada para cambiar; sin embargo, no estoy de acuerdo con Mansoura cuando comenta que las mujeres oprimidas tienen dentro de sí un espacio de libertad, porque eso es literatura, pero cuando no puedes salir de casa, cuando no puedes ponerte los vestidos que quieres, cuando no puedes ir a la escuela a estudiar o a trabajar, eso no es vida».

“Considero que la fuerza está en la educación de los hijos, cambiar lo patriarcal.

Trabajas en la difusión de la literatura árabe, ¿consideras que la literatura puede modificar nuestra visión del mundo árabe?

Seguro. Creo en el poder de la literatura. Hice una antología de poesía libanesa moderna para el español y fue difícil pero pensaba que al leer la poesía se podrían descubrir que no somos muy diferentes entre nosotros, porque todos tenemos problemas y también un espacio para la esperanza; lo importante es darnos la mano, considerar las diferencias como una fuente de riqueza y no de amenaza.

Como poeta, Joumana Haddad mereció los premios Internacional Norte Sur de la Fundación italiana Pescarabruzzo y el Blue Metropolis para la literatura Árabe en Montreal; y es también miembro de Beirut39, proyecto literario conformado por la organización de Hey Festival que reunió a principios de año a treinta y nueve escritores de todas las nacionalidades árabes en el marco de las actividades de la “capital mundial del libro”. (Con información de Nadia Islas Navarro).
 Fuente: N.com

Cuando me hice fruta – Joumana Haddad

Joumana Haddad

Cuando me hice fruta

Hombre y mujer fui concebida bajo la sombra de la luna,

Pero Adán fue sacrificado en mi nacimiento,

Inmolado a los mercenarios de la noche.

Y para colmar el vacío de mi otra esencia

Madre me bañó en aguas del misterio,

Me instaló en la orilla de cada montaña,

Moldeó la luz y la penumbra

Para hacer de mí mujer-centro y mujer-lanza,

Traspasada y gloriosa,

Ángel de los placeres innominados.

Extranjera crecí y ninguno cosechó mi trigo.

Diseñé mi vida en una hoja blanca,

Manzana a la que ningún árbol dio a luz.

Y la horadé y salí,

En parte vestida de rojo y en parte de blanco.

No solo estuve en el tiempo o fuera de él

Porque maduré en los dos bosques

Y recordé antes de nacer

Que soy un tumulto de cuerpos,

Que dormí largo tiempo,

Que viví largo tiempo,

Y cuando me hice fruta

Supe

Lo

Que

Me

Esperaba.

Pedí a los magos que cuidaran de mí,

Y entonces me llevaron consigo.

Dulce era mi risa

Azul mi desnudez

Tímido mi pecado.

Volaba sobre la pluma de un ave

Y me hacia almohada a la hora del delirio.

Cubrieron mi cuerpo de amuletos,

Y untaron mi corazón con la miel de la demencia.

Protegieron mis tesoros

Y los ladrones de mis tesoros,

Me obsequiaron historias y silencios,

Desataron mis raíces.

Y desde aquel día me voy

Me hago nube de cada noche

Y viajo.

Soy la única en decirme adiós

La única en acogerme.

El deseo es mi camino y la tormenta mi compás.

En el amor no echo anclas.

Gemela de las mareas,

De la ola y de la arena

Del candor y de los vicios de la luna,

Del amor

Y de la muerte del amor.

Durante el día mi risa es de los otros

Y la cena solo a mí me pertenece. .

Quien sabe mi ritmo me conoce

Me sigue

No me alcanza.


Joumana Haddad

Traducido por Joumana Haddad


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San Charbel – Youssef Antoun Makhlouf

 

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Nacimiento de San Charbel 

Nació Youssef Antoun Makhlouf el 8 de mayo de 1828 , en Bkaakafra (Norte de Líbano) de padres maronitas: Antoun Zaarour Makhlouf y Brigitta Chediac. Tuvo dos hermanos, Hanna y Bechara, y dos hermanas, Kaun y Wardeh. Se crió Youssef con una educación cristiana que lo convirtió en un adepto de la oración desde su infancia. Tuvo inclinación a la vida monacal y ascética, tomando como ejemplo a sus dos tíos maternos ascetas en la ermita del convento de San Antonio Kozhaya, donde recibió de ellos la antorcha de abanderado de las virtudes.

Su padre falleció el 8 de agosto 1831 A.D. en Ghirfin, un pueblo cerca de Amchit, durante su retorno a casa, tras haber trabajado de balde para el ejército turco, y su madre lo crió siendo huérfano. Más adelante, se casó con Lahoud Ibrhim que se convirtió en pastor de la parroquia, adoptando el nombre de Abdul Ahad.

Youssef estudió los fundamentos de los idiomas árabe y siríaco en la escuela del pueblo. Era muy piadoso hasta tal punto que los habitantes del pueblo le llamaban “El Santo”. Conducía a diario su pequeño rebaño al pasto, luego se dirigía a la gruta donde se arrodillaba ante la figura de la Virgen María y rezaba. Y así se convirtió la gruta en su primer oratorio y ermita, y más adelante en un lugar de peregrinaje para la oración y los fieles.

Su afiliación a la vida monacal libanesa maronita

En la mañana de un día del año 1851, Youssef abandonó su familia y su pueblo y se dirigió al Convento de Nuestra Señora de Mayfouk para ingresar en la vida monacal, donde pasó su primer año en el período de comienzo, luego al convento de San Marón – Annaya donde se afilió a la orden monacal maronita libanesa, adoptando para sí el nombre de Charbel, uno de los mártires de la Iglesia de Antioquia en el siglo segundo. Con fecha del 1 de noviembre 1853, mostró sus votos monacales en el mismo convento y tenía un profundo conocimiento de las obligaciones de dichos votos: la obediencia, la abstinencia, y la pobreza.

Completó sus estudios teológicos en el Convento de San Cipriano y Justina, Kafifan – Batroun, de la mano de su maestro, San Naamatallah Kessab Hardini, siendo el ejemplo para los monjes y un retrato vivo de los grandes monjes santos en su vida privada y pública.

En la fecha del 23 de julio 1859, el hermano Charbel Makhlouf fue ordenado cura en Bkerke, con la puesta de mano del Triple Misericordioso el Monseñor Youssef Al Marid, el Vice-Patriarca Maronita.

Su vida en el Convento de San Marón – Annaya en la Ermita de San Pedro y Pablo 

El Padre Charbel vivió en el Convento de San Marón – Annaya durante dieciséis años, siendo obediente a sus superiores, acatando escrupulosamente su código monacal. Además, era duro con si mismo viviendo en la austeridad y las mortificaciones del cuerpo. Se abnegó de toda vida mundana dedicándose al servicio del Señor y a la salvación de su alma.

Durante 1875, Dios inspiró al Padre Charbel de retirarse en la Ermita de San Pedro y Pablo dependiente del Convento de San Marón – Annaya, a pesar del rechazo usual de los superiores para estar a solas en la Ermita. Mientras el Padre Presidente estaba en dudas, le vino una señal del cielo en el milagro de la lámpara. Durante una noche, el Padre Charbel pidió del Siervo rellenarle la lámpara de aceite, y el siervo se la rellenó de agua en vez de aceite. Y para sorpresa de todos, la lámpara encendió de manera normal. Este milagro fue el inicio de los milagros charbelitos y logró en adelantar el día de su ascensión a su ermita deseada.

En fecha del 15 de febrero 1875, el Padre se trasladó definitivamente a la Ermita, donde fue el modelo del santo y el asceta, pasando su tiempo en el silencio, la oración, la veneración y el trabajo manual en el campo. No solía abandonar la Ermita salvo por orden de su superior. Llevó la línea de los padres ascetas santos, arrodillado sobre un plato de caña ante la sacristía en veneración y éxtasis durante las noches.

Pasó en la Ermita veintitrés años, dedicándose al servicio del Señor y cumpliendo escrupulosamente y concienzudamente con el código de los ascetas.

Durante la celebración de una misa con fecha del 16 de diciembre 1898, sufrió hemiplejia y estuvo en una crisis que duró ocho días durante los cuales sufrió con tranquilidad los dolores de la agonía, con quietud a pesar de los terribles dolores. En su lucha, el Padre Charbel no dejaba de repetir la oración que no pudo terminar en la misa: «O Padre de la Virtud, aquí tienes a tu hijo una ofrenda que le complace!…» así como el nombre de Jesús, María, San José, Pedro y Pablo los Santos de la Ermita.

Por consiguiente, el alma de Charbel se liberó de su envoltura carnal volviendo a la morada del Padre, como el retorno de la oveja perdida a su redil, con fecha del 24 de diciembre 1898, en la víspera de Nochebuena. Fue enterrado en el Cementerio del Convento de San Marón – Annaya.

 La luz milagrosa que resplandece de su tumba 

Tras su fallecimiento, surgieron luces espirituales de su tumba, lo que motivó el traslado de su cuerpo que segregaba sudor y sangre a un ataúd especial. Por autorización del patriarcado maronita, fue colocado en una nueva tumba dentro del convento. Por consiguiente, las multitudes de peregrinos empezaron a acudir al sepulcro para beneficiarse de la bendición del santo, y Dios agraciaba a muchos con la sanación y la gracia espiritual.

En 1925, fue remitida la solicitud de su beatificación y declaración de su santidad al Papa Pio XI de la mano del Padre Ignatius Dagher Al Tannouri y su Vicario General el Padre Martinos Tarabeih. Dicha solicitud junto con las del Padre Naamatallah Kessab Hardini y Sor Rafka El Rayess fueron aceptadas en 1927. En 1950, la tumba del Padre Charbel fue abierta en presencia de la comisión oficial con los médicos, quienes comprobaron el buen estado del cuerpo y redactaron un informe médico y colocaron el cuerpo en una caja dentro de la tumba. Asimismo, se acrecentaron los milagros de sanación diversa de forma espontanea y sorprendente, y decenas de miles de peregrinos de diferentes confesiones acudían al Convento de Annaya en busca de la intercesión del Santo.

 Difusión de las virtudes y los milagros de San Charbel en el mundo entero

Los milagros de Charbel sobrepasaron las fronteras del Líbano. El gran número de cartas e informes guardados en los registros del Convento de San Maron – Annaya son un claro indicio de la difusión de su santidad por el mundo entero. Este fenómeno único provocó un retorno a los buenos modales, a la fe y a las virtudes, y el sepulcro de San Charbel se convirtió en un polo de atracción para personas de diferentes edades y diferente rango social, siendo todos ellos iguales ante él en veneración y adoración, sin distinción de credo, confesión o comunidad. Todos son considerados hijos de Dios.

En cuanto a las sanaciones milagrosas inscritas en los registros del Convento de San Marón – Annaya que el Señor obró por la intercesión de San Charbel, sobrepasan las docenas de miles, salvo las sanaciones milagrosas que pululan el mundo entero, de todo tipo y en todo credo y toda comunidad, que no están inscritas en los registros del Convento. El diez por ciento de las sanaciones milagrosas tuvieron lugar con personas no bautizadas, y cada sanación tuvo lugar de un modo especial, sea por la oración y la intercesión, sea por el aceite y los inciensos, sea por las hojas de pino de la ermita, sea por el polvo de su sepulcro, sea por la visita de su sepulcro y tocar la puerta de su tumba, sea mediante su foto y estatua.

Algunas de dichas sanaciones tuvieron lugar a nivel del cuerpo, pero la más importante es la sanación del alma. Cuantos arrepentidos han vuelto al señor por la intercesión de San Charbel, tras entrar en el portal del Convento de San Marón – Annaya o la Ermita de San Pedro y Pablo.

Eterno San Charbel

Los listones de San Charbel

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