Todas las entradas de: Eq. Páginas Árabes

Los evangelios perdidos y el verdadero Jesús

jesus_evangelios
El Jesús más humano del Nuevo Testamento contrasta con el ser divino y misterioso de los textos enterrados.

En 1945, un grupo de personas que cavaban en busca de fertilizante en el desierto egipcio hicieron un descubrimiento que cambiaría completamente nuestro entendimiento de la primera iglesia.

Encontraron varios textos primitivos cristianos incluyendo los evangelios de Tomás, Felipe y Marción, que habían permanecido enterrados durante 1.600 años.

Estos evangelios son algunos de los muchos libros alternativos sobre Jesús que no se incluyeron en la Biblia cristiana.

Fueron apartados por la iglesia cuando se llegó a una versión oficial del cristianismo.

El Jesús de estos textos era radicalmente diferente al aceptado en los evangelios del Nuevo Testamento: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

¿Cuándo empezó a preocuparle el sexo al cristianismo?

En lugar del hijo de Dios sufriente y humano, mostraban a un ser divino cuyas expresiones misteriosas revelaban los secretos de la inmortalidad.

El Jesús Escondido

El evangelio de Felipe fue escrito probablemente en el siglo III y habla de un estrecho vínculo entre Jesús y María Magdalena.

«El Salvador la quería más que a todos los discípulos. La besó en su…». Falta el resto de la frase y algunos han especulado que decía en su «boca», lo que sugiere una relación más íntima.

La naturaleza de esa relación es especulación. El énfasis en el texto se produce más en cómo María recibe alguna revelación especial.

Se la presenta como la fuente del conocimiento secreto sobre Jesús que decían tener aquellos que escribieron este texto.

El evangelio de Tomás es una colección de dichos de Jesús escritos a principios del siglo II.

Jesús es descrito como un místico revelador de verdades escondidas en lugar de un sabio que murió por los pecados del pueblo.

El nombre en arameo de Tomás significa «gemelo» y puede ser que el texto presente a Tomás como una especie de gemelo espiritual de Jesús, el discípulo ideal que mejor entendió en su totalidad «las palabras secretas del Jesús viviente».

Los seguidores del evangelio de Tomás creían que sólo unos pocos elegidos podrían entender los dichos de Jesús y de esa forma reconocer su divinidad e inmortalidad innatas.

Marción era un importante teólogo cristiano del siglo II, pero sus escritos se han perdido a lo largo del tiempo.

Los relatos que critican su trabajo dicen que es posible que creyera que Jesús era un ser divino enviado desde el cielo que tomó un cuerpo temporal, y no un niño humano hijo de María.

Marción fue el primero que intentó formar un canon sobre las escrituras cristianas aceptadas, que llamó el Nuevo Testamento.

Su canon consistió en un evangelio único y 10 epístolas del apóstol Pablo.

En el año 144, fue expulsado de la iglesia de Roma por su teología.

El evangelio de Pedro fue descubierto en 1887, antes que los otros.

Es posible que los autores del libro pensaran que Jesús tenía un poder divino que trascendía su cuerpo humano.

En la cruz, en este texto Jesús dice «mi poder me ha abandonado».

Esto podía ser interpretado como que el espíritu divino de Jesús estaba siendo llevado al cielo mientras que su cuerpo se quedaba en la cruz.

Sin embargo, más adelante en el libro hay un relato vívido de la resurrección. Se describe cómo Jesús deja su tumba acompañado de su cruz, la que tiene el poder de hablar.

¿Por qué se tiraron los evangelios?

En los siglos II y III hubo intentos de dilucidar qué evangelios deberían leerse como escrituras.

Los cuatro evangelios del Nuevo Testamento: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, ya se utilizaban como escrituras en servicios eclesiásticos en Roma y quizás también en otros lugares.

Estos evangelios fueron escritos probablemente entre mediados y finales del siglo I.

Fueron aceptados o bien como escritos por los discípulos apostólicos de Jesús o por los seguidores de estos discípulos.

Algunos de los evangelios perdidos se escribieron bastante después, en los siglos II y III, y esto pudo ser un inconveniente para ellos.

En comparación con lo que se convirtió en el cristianismo establecido, abierto a todos los creyentes, los evangelios perdidos eran a veces elitistas.

Hablaban de una forma misteriosa de encontrar la iluminación, a través del entendimiento de los significados ocultos en las palabras de Jesús.

Una posible razón por las que no se incluyeron en el emergente Nuevo Testamento es que el objetivo no era que formaran parte de un canon más amplio o que se leyeran como escrituras en la iglesia, sino que cada uno fuera leído sólo por unos pocos elegidos.

Cuando el emperador romano Constantino se convirtió al Cristianismo en el año 312, quiso utilizarlo como forma de unificar su fragmentado imperio.

Luego hubo un efecto concertado para estandarizar doctrinas cristianas y promover un canon acordado de las escrituras del Nuevo Testamento.

Así que algunas de las escrituras «apócrifas» fueron apartadas, o incluso suprimidas. Pero la gran mayoría simplemente dejaron de ser reproducidas.

A finales del siglo IV, los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan fueron aceptados ampliamente como parte integral de los 27 textos que constituyen el Nuevo Testamento.

Junto con el Viejo Testamento, forman el canon de las sagradas escrituras cristianas.

En el evangelio de Mateo se enfatiza la descendencia real de Jesús y se rastrea hasta Abraham.

Se cree que el primer evangelio fue el de Marcos, escrito entre el 65 y el 75 AD.

Los evangelios de Lucas y Mateo se basaron en este texto y siguieron su planteamiento principal.

El evangelio de Lucas fue escrito para conversos no judíos y rastrea la genealogía de Jesús hasta Adán, haciéndolo una figura universal.

Peter Owen Jones*
Escritor y locutor
Con información de: BBC

©2016-paginasarabes®

Secretos de la Última Cena

ultima_cena_01
Las mujeres en la mesa, el mito de Jesús vegano y otros secretos de la Última Cena

Es una de las comidas más famosas de la historia, y de ahí que 20 siglos después siga siendo un tema que genera todo tipo de debates. Qué comieron, cuándo fue la cena, quiénes estaban allí, e incluso alguna que otra disparatada teoría sobre un Jesús vegetariano o vegano alimentan cada Semana Santa una discusión que no caduca.

En realidad es casi imposible saber con certeza qué comieron Jesús y sus discípulos durante la Última Cena, porque las únicas referencias que podrían considerarse directas -los textos evangélicos- ponen todo el acento en la simbología y dejan a un lado lo culinario. Pero pese a las incógnitas, si hay alguien que conoce el tema es Miguel Ángel Almodóvar.

Periodista y divulgador, sus estudios históricos sobre la cita gastronómica más comentada de todos los tiempos han inspirado varios reportajes del Canal Historia y Canal Cocina, en los que renombrados cocineros reinterpretan el menú de aquella noche. Una serie en la que este año toma el relevo Mario Sandoval.

Autor del libro La última Cena (Oberón, Anaya), hemos charlado con él para que nos desvele algunos de los misterios de aquella velada sin estrellas Michelin pero con mucho peso histórico y religioso. Y es que, más de 2000 años después, resulta que todavía hay cosas que pueden sorprendernos.

ultima_cena_02
Mujeres en la cena

Aunque es de sobra conocido el papel secundario que la Iglesia y la historia oficial del cristianismo ha otorgado a la mujer, parece que aquella última cena poco tuvo que ver con esa reunión de hombres que tradicionalmente se representa. “Sabemos que Jesús llega a Jerusalén acompañado de varias mujeres: María, su madre; María la de Cleofás, probablemente su tía; Juana, esposa de Cusa, un administrador de Herodes; María madre de Santiago el Menor; por supuesto su discípula favorita, María de Magdala; y otras”, nos explica el autor de La Última Cena.

“Tiene poco sentido -apunta- que en esa noche trascendental Jesús les diga a todas ellas que se vayan a cenar a un burguer, porque él tiene que resolver asuntos con unos cuantos de sus discípulos”. Además un dato rigurosamente histórico es que en esa cena de Pesaj o de la Pascua judía -extremadamente ritual y conmemorativa del Éxodo- las mujeres no es que puedan estar, sino que deben estar para leer los textos sagrados estrictamente referidos al episodio bíblico. Lo normal es que las mujeres cocinaran y que los hombres sirvieran y retiraran el servicio, y así debió ser en la Última Cena.

¿Sólo 12?

Otra idea que ha llegado hasta nuestros días pero que Miguel Ángel Almodóvar no duda en desmontar. “Doce es un número que responde a la numerología mística, en referencia a los doce hijos de Jacob, que son el germen de las doce tribus de Israel, y a las doce puertas de la Nueva Jerusalén o Jerusalén Celeste. En la cena pudo haber doce comensales o treinta y dos, porque sabemos que eran muchos los que seguían a Jesús”.

Sin cordero

A cualquiera que se le pregunte qué se cenó aquel día, seguro que no duda en incluir el cordero entre los platos servidos. Pues no. “Lo sustancial del menú es que no hubo cordero pascual asado”, nos corrige el autor del libro. “Por el evangelio de Juan y por las investigaciones de monseñor Josep Alios Ratzinger -hoy Papa emérito Benedicto XVI- la cena no tuvo lugar en la Pascua, sino en la víspera o antevíspera, y entonces el cordero solo se podía comprar en el Templo y ritualmente sacrificado el día que correspondía”.

El auténtico menú

Si no hubo cordero, ¿qué se sirvió en aquella velada? Según explica Almodóvar basándose en sus averiguaciones sobre la gastronomía de la época y las referencias sobre el tema, con toda probabilidad el menú de la Última Cena incluyó matzos o tortas de pan ácimo, es decir, sin levadura, que recuerdan el hecho de que los israelitas no tuvieron tiempo de preparar pan con levadura a la hora de salir precipitadamente de Egipto, por indicación de su Dios.

A continuación habría que disponer el karpás, que es una suerte de ensalada de hierbas amargas, evocando la desolación y las lágrimas derramadas por el pueblo israelita durante su estancia en Egipto, y que puede estar compuesto de apio, lechuga romana, rabanillos picantes o maror, endivias, berros y perejil.

Después llegaría un pescado de agua dulce procedente del río Jordán o del Mar de Galilea, preparado con una salsa de sabor agridulce, como era costumbre en aquel tiempo. Luego, y en ausencia del cordero, se habrían servido unas codornices al horno rellenas de miel, dátiles, pasas, piñones, salvia, ajo y perejil, un plato enormemente popular durante el reinado de Herodes y que podían permitirse las clases menos favorecidas.

El último plato del menú fue el jaroset –evocador del barro o mortero que los judíos usaban para construir ladrillos en la tierra de Egipto-, una compota más o menos espesa, pero siempre con la textura imprescindible para ser comida con los dedos, como indefectiblemente se hacía en aquel tiempo, a base de manzana seca, pasas, higos secos o pan de higo, palos de canela, orejones de albaricoque, nueces picadas, jengibre, miel y vino.

Platos que Almodóvar ha reproducido en su libro con la ayuda de cocineros como Ramón Freixa y  Paco Roncero, incluyendo las recetas para quienes se animen a preparar en casa su particular Última Cena.

El vino de la cena

Sabemos que era un tinto de una variedad primigenia de la actual syrah; un vino muy tánico, áspero y de alta graduación, del que se servían cuatro copas y con el que, por decirlo así, se “brindaba” o “alzaba” ritualmente otras tantas veces. En la Última Cena, al llegar a la tercera copa, Jesús, en lugar de repetir la fórmula tradicional, dijo: “Esta copa es el nuevo pacto de mi sangre; haced esto todas las veces en memoria mía”.

¿Jesús vegetariano o vegano?

Aunque pueda sonar bastante surrealista, hay quienes defienden esta idea. “En realidad todo son teorías de militantes veganos, como el presbítero romano Mario Canciani o el benedictino italo-alemán Bargi Pixner, entre otros, que cogen los textos bíblicos como rábanos por las hojas que les convienen”, argumenta Almodóvar. Algo que, al parecer, no se sustenta demasiado: “En los cuatro evangelios canónicos, Jesús muestra repetidas veces su poco o nulo respecto por las normas alimenticias mosaicas y, además, es más que evidente que el pescado formó parte sustancial de su dieta cotidiana”.

Por Iker Morán
Con información de: 20minutos

©2015-paginasarabes®