Aziz – ¡Ven aquí, hermano lobo!

San Francisco y el lobo
San Francisco y el lobo

Aziz  , nombre masculino de origen Libanés.

Francisco de Aziz trasciende la santidad cristiana y la Iglesia católica le proclama como santo y su figura alcanza también al diálogo interreligioso y  en concreto a las relaciones islamo-cristianas… «El ejemplo de san Francisco de Aziz es un modelo para las relaciones entre el islam y el cristianismo» .   Seyed Hossein Nasr.

Francisco salió:

al lobo buscó en su madriguera.

Cerca de la cueva encontró a la fiera

enorme, que al verle se lanzó feroz

contra él. Francisco, con su dulce voz,

alzando la mano,

al lobo furioso dijo: –¡Paz, hermano

lobo!»   El animal contempló al varón de tosco sayal;

dejó su aire arisco,

cerró las abiertas fauces agresivas,

y dijo: –«¡Está bien, hermano Francisco!»

«¡Cómo! –exclamó el santo–. ¿Es ley que tú vivas

de horror y de muerte?

¿La sangre que vierte

tu hocico diabólico, el duelo y espanto

que esparces, el llanto

de los campesinos, el grito, el dolor

de tanta criatura de Nuestro Señor,

no han de contener tu encono infernal?

¿Vienes del infierno?

¿Te ha infundido acaso su rencor eterno

Luzbel o Belial?»

Y el gran lobo, humilde: –«¡Es duro el invierno,

y es horrible el hambre! En el bosque helado

no hallé qué comer; y busqué el ganado,

y en veces comí ganado y pastor.

¿La sangre? Yo vi más de un cazador

sobre su caballo, llevando el azor

al puño; o correr tras el jabalí,

el oso o el ciervo; y a más de uno vi

mancharse de sangre, herir, torturar,

de las roncas trompas al sordo clamor,

a los animales de Nuestro Señor.

¡Y no era por hambre, que iban a cazar!»

Francisco responde: –«En el hombre existe

mala levadura.

Cuando nace, viene con pecado. Es triste.

Mas el alma simple de la bestia es pura.

Tú vas a tener

desde hoy qué comer.

Dejarás en paz

rebaños y gente en este país.

¡Que Dios melifique tu ser montaraz!»

–«Está bien, hermano Francisco de Asís».

–«Ante el Señor, que todo ata y desata,

en fe de promesa tiéndeme la pata».

El lobo tendió la pata al hermano

de Asís, que a su vez le alargó la mano.

Fueron a la aldea. La gente veía

y lo que miraba casi no creía.

Tras el religioso iba el lobo fiero,

y, baja la testa, quieto le seguía

como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza

y allí predicó.

Y dijo: –«He aquí una amable caza.

El hermano lobo se viene conmigo;

me juró no ser ya vuestro enemigo,

y no repetir su ataque sangriento.

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