Amor bajo las bombas – Por Vittorio Arrigoni

En Memoria de Vittorio Arrigoni (Besana in Brianza,4 de febrero de 1975 – Gaza, 15 de abril de 2011).
En Memoria de Vittorio Arrigoni (Besana in Brianza,4 de febrero de 1975 – Gaza, 15 de abril de 2011).

17 de enero de 2009

Hacer el amor bajo las bombas. Me acuerdo de un amigo de Nablus que me contaba lo difícil que era sacar un momento de intimidad con su mujer durante la ocupación. Una noche, mientras se estaban abrazando, un proyectil se incrustó en la cabecera de la cama, a un palmo de sus cabezas. En estos días, de coquetear bajo las bombas en Gaza ni hablar; y también el futuro conyugal de las jóvenes parejas palestinas se augura difícil, desde el momento que muchos han perdido sus casas y se ven obligados a vivir hacinados en las escuelas de la UNRWA, o amontonados con otras veinte personas en un minúsculo piso.

«Hoy es sábado, esta noche en Tel Aviv las parejas jóvenes irán a divertirse a las discotecas o a la playa, mientras nosotros aquí no podemos ni hacer el amor en nuestras camas », me dice Wissam, casado desde noviembre. «Pero las ráfagas de luces las tenemos también nosotros», y me señala unos relámpagos al sur: bombardeo en marcha. Chicos como Wissam, de 19 años, se convierten en padres muy pronto y a los cuarenta son ya abuelos de varios nietos, conscientes de que ser prolíficos es la única posibilidad de inmortalidad para Palestina.

Mientras del exterior llegan rumores de una tregua, en los dos últimos días ha habido un incremento de bombardeos y víctimas civiles. Sólo ayer más de 60, una decena en el exterior de una mezquita, a la hora de la oración. Lo que preocupa enormemente a los palestinos es que se pueda llegar a un alto el fuego sin la reapertura simultánea de los pasos fronterizos. Aun antes de que entren los materiales para la reconstrucción, hacen falta alimentos y los heridos graves deben ser evacuados. Los hospitales están colapsados, a lo largo de toda la Franja hay una capacidad máxima de 1.500 camas pero los heridos, en el momento en que escribo, son ya 5.320. Además, la opinión pública palestina no se fía del papel de intermediario jugado por Egipto, cuyo liderazgo está claramente sometido a la voluntad de Israel. «¿Por qué no se pidió la mediación de un país europeo? En la resolución del conflicto entre Israel y Hezbollah fue fundamental el papel jugado por Alemania, país verdaderamente neutral», me dice desconsolado Hamza, profesor universitario.

Esta mañana otra escuela de la ONU ha sido bombardeada por los tanques israelíes en Beit Lahya, en el norte de la Franja: 14 heridos y dos hermanitos de 5 y 7 años asesinados, Bilal y Mohammed Al-Ashqar; su madre ha sobrevivido, pero ha perdido las dos piernas. Se habían refugiado en la escuela, al igual que otras 42.000 personas, después de que Israel los forzara a evacuar sus casas. Pensaban que estarían a salvo, exactamente como los 43 refugiados exterminados el pasado 6 de enero en la escuela de la UNRWA en Jabalia. «Estos dos niños eran sin duda inocentes, igual que no cabe duda de que hayan muerto», ha declarado John Ging, el jefe de la ONU en Gaza, que desde hace días continúa denunciando incansablemente los crímenes de guerra cometidos por los soldados israelíes, siempre en vano. Los generales israelíes se preparan para declarar al mundo: «Misión cumplida». He vuelto a los escombros de Tal el Hawa, la parte que sigue en pie del hospital incendiado por los soldados ha vuelto a funcionar como urgencias y como base logística para las ambulancias. Siguen sacando a los heridos, aprisionados entre los escombros, de los edificios severamente dañados. En el hospital Al Shifa está internado un niño llamado Suhaib Suliman, único sobreviviente de una familia de 25 personas. Una chiquilla, Hadil Samony, ha perdido a 11 familiares. Cuando le den el alta, nadie podrá cuidar de ella. Perdonadme, ¿puede alguien explicarme de qué misión se trataba? Del castigo colectivo a la matanza masiva.

Un árabe frustrado, llamado Raja Chemayel, lo define así en su blog: «Tomad un trozo de tierra, de 40 kilómetros de largo y unos cinco de ancho. Llamadlo Gaza. Después rellenadlo con un millón cuatrocientos mil habitantes. A continuación rodeadlo por el mar al oeste, el Egipto de Mubarak al sur, Israel al norte y al este, y llamadlo la Tierra de los Terroristas. Después declaradle la guerra, e invadidlo con 232 tanques, 687 blindados, 43 plataformas de despegue para aviones de combate, 346 morteros, 3 satélites espías, 105 helicópteros armados, 221 unidades de artillería terrestre, 64 informadores, 12 espías infi ltrados y 8.000 soldados. Y entonces llamad a todo esto «Israel que se defiende». Ahora paraos un momento y declarad que «evitaréis dañar a la población civil» y definíos como la única democracia en juego. Sería un milagro, desde cualquier punto de vista, evitar dañar a esos civiles, o sería simplemente una mentira, desde el momento en que nadie podría evitar dañarlos. Llamad a todo esto, otra vez, «Israel que se defiende». Esta es mi pregunta, entonces: ¿qué ocurriría si este invasor resultara ser un mentiroso? ¿Qué les pasaría a esos civiles desarmados? ¿Cómo podría la misma madre Teresa de Calcuta, o incluso el mismísimo Mickey Mouse, con semejante potencia de ataque, evitar causar daño a los civiles ante tal ecuación situación/ escenario? Llamadlo como queráis. Israel conocía perfectamente la presencia de esas personas desarmadas, ya que ha sido el propio Israel quien las ha puesto allí. Así que ahora llamadlo Genocidio. Es más creíble».

Al margen de un par de líderes asesinados, Hamas no ha sido dañado por esta ofensiva, y seguramente no ha perdido apoyo popular, al contrario, en todo caso lo ha aumentado. Alguien debería recordar de vez en cuando que Hamas no es un grupúsculo de terroristas y tampoco un partido político, sino un movimiento, y como tal no puede ser neutralizado con una lluvia de bombas de racimo.

Cuando pregunto a los palestinos su opinión sobre el objetivo real de esta brutal matanza, muchos opinan que esto depende de las elecciones israelíes del próximo febrero (10 de febrero de 2009). «Hacen propaganda sobre nuestra piel, siempre ha sido así antes de las elecciones». La hipótesis es simplista, pero desgraciadamente realista: en Israel gana quien ofrece como dote a sus electores más cabezas cortadas de palestinos. One head, one vote. Netanyahu, que hace tan sólo un mes parecía el claro ganador, ahora es visto como perdedor, ante la mirada inyectada en sangre de Olmert y Livni. Avigdor Lieberman es líder de Yisrael Beitenu, por el momento la quinta fuerza política del país, pero los sondeos lo muestran en fuerte ascenso tras unas aberrantes declaraciones como estas: «Gaza debería ser borrada de los mapas con una bomba atómica, como hicieran los americanos con Hiroshima y Nagasaki». El escritor israelí Abraham Yehoshua declaró ayer en Haaretz: «Matamos a sus niños hoy para salvar a otros mañana». Me temo que su Viaje al fin del milenio termine a bordo de un tanque aparcado frente a un hospital en llamas. Voltaire invitaba a respetar cualquier opinión, yo invito a dejar de desperdigar las semillas del odio que aquí, regadas con sangre, alimentan el germen de un insano resentimiento.

Seguimos siendo humanos.


Por Vittorio Arrigoni

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