Misoginia: mortal lapidación virtual de Tiziana Cantone

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La contribución más extraordinaria que ha hecho el progreso a la Humanidad, que sin mayor inconveniente puede catalogarse de mágica, es a mi juicio continuar viviendo en la Antigüedad pero que no lo parezca en absoluto. Más aún, que parezca todo lo contrario, y que se enlata en la muy conocida, extendida, asumida y falsa declaración formal de que la «civilización ha sustituido a la barbarie».

Cuando cerca de seis decenas de empleados de France Télécom se suicidaron entre 2007 y 2010 a raíz del despido de 22.000 de ellos y el traslado forzoso de otros 14.000, ¿quién vio las espadas de los macedonios de Alejandro cortar otras tantas cabezas en Asia? Y sin embargo, es lo mismo, pero civilizadamente.

Cuando compañías globales como las de la alimentación (Monsanto, Bayer, Nestlé, los oligopolios azucareros, etcétera) inyectan grasas saturadas en el torrente sanguíneo que, con el tiempo, matan prematuramente a millones de consumidores al año, ¿quién ve a hordas de hunos exterminando a habitantes de poblados y ciudades? Y sin embargo, es lo mismo, pero civilizadamente.

Ahora voy al caso que da título a esta columna y del que doy por seguro que el lector está al tanto de la historia: una chica italiana, Tiziana Cantone, se suicidó por la opresión social a la que fue sometida  durante meses por unos vídeos amateurs en los que aparecía follando. Bien, este es un suceso de una relevancia solamente compartida, y a duras penas, por la compulsión de bienes materiales (capitalismo hiperactivo), revelador de una de las satisfacciones de los varones, a saber, matar a las hembras. No obstante, la satisfacción primera de los varones es la misoginia, de la que se deriva, por supuesto, el sacrificio sanguinolento.

Ya he escrito en esta sección que el modelo patriarcal de Occidente fue impuesto hace cuatro o cinco mil años por las tribus indoeuropeas que desde sus territorios ancestrales, al norte del mar Negro, se desplazaron hacia el este y el oeste. En el este, la implantación de la soberanía masculina caló especialmente entre los medos, los persas, los partos, los hircanos y los hindúes, entre otros muchos. En el oeste, sabemos de los indoeuropeos (antes llamados indoarios) por su entrada en la península griega en torno al año 1900 antes de nuestra era, y cuyas cabezas señoriales son Zeus y Aristóteles. Luego, ya lo conocen, la cultura de los griegos invadió Europa vestida con el traje de las legiones romanas.

Pero no solo estos arios, también otra de las familias humanas subyugaban espantosamente a las mujeres: la de los semitas, en sus dos divisiones básicas, la árabe y la judía, y en esta última se incuba el cristianismo que, con el tiempo, se une en matrimonio con el patriarcado europeo, que lo refuerza y lo exporta en su modalidad más radical, el puritanismo, a Norteamérica, que arrasa todo atisbo de irracionalidad (antes, el catolicismo hispano, en América Central y del Sur).

Pese a ser trazos sencillos, pido disculpas por desviarme del asunto de Tiziana, al que vuelvo, pero, al menos, para quien tuviera una idea vaga de dónde proviene la misoginia, creo que, en efecto, me disculpará. El sexo está siempre obrando. La figura por excelencia del fruto es la hembra, desde el Paleolítico (el fruto de la tierra, el cultivo, padre no por casualidad del término cultura).

Unidos tenemos, pues, sexo y hembra. El sexo es sucio para un civilizado de ayer, de hoy y de mañana (religión monoteísta es igual a castración). Ecuación resultante:

hembra = sexo+suciedad.

Pero, ay, la civilización nos ha traído Internet, y la ecuación se vuelve más compleja:

hembra = sexo+suciedad.internet.

Es decir, Tiziana es (era) una guarra. Además de ser mujer y tener sexo, se exhibía, añadiendo entonces otra dimensión, el morbo.

Hembra = sexo+suciedad.internet+morbo.

Esta es la ecuación, muchísimo más transcendental que la E= m.c2 de Einstein.

Tiziana, la mujer, todas las mujeres, son unas zorras. Y ¿qué se hace con las zorras? Se las humilla, se las insulta, se las golpea, se las mata. También sabe el lector que hay países y comunidades de religión musulmana que apedrean hasta la muerte a la adúltera. Esta ejecución pública que se mantiene hoy viene de lejos en el tiempo.

Antes del nacimiento de Cristo, se hacía entre semitas, y probablemente en otras áreas más alejadas de Oriente Medio y Próximo. ¿Qué se ha hecho con Tiziana Cantone? ¿Acaso no la han apedreado hasta la muerte, pero civilizadamente, incluido el poder Judicial, que la condenó a pagar las costas del juicio, 20.000 euros, que por su elevadísima cuantía y su todavía más agresiva pedrada moral, no hay que descartar que fuera la última que recibió, la que le llevó al suicidio?

Quien siga creyendo que vivimos en una sociedad que se ha desprendido del salvajismo, que hemos evolucionado, o es un cándido, o es un fanático de la fe en el progreso, o es un cretino, o es misógino, o es un potencial matador de mujeres.

Por Eduardo García Morán
Con información de La Voz de Asturias

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