Palestina: la nabka y el Vaticano

La Nakba como fenómeno político y mediático

Dicen que la política sería el arte de manejar las contradicciones, y a politólogos, historiadores o pensadores tocaría interpretarla, guiándonos por lo que la política es: un laberinto de espejos. Tarea incierta (a más de poco envidiable), que tiende a resumirse en lo políticamente correcto y en concreto nada.

V. gr.: en América Latina, la seguridad de los gobiernos antineoliberales reposa sobre China y Rusia, potencias neoliberales con armas atómicas que mantienen el precario equilibrio de la paz mundial. Misterio persa: ¿qué predomina en el espíritu de las naciones? ¿El sentido de justicia y la sensibilidad, o las movidas geopolíticas de quita y pon?

Reflexiones aparte, un barco acaba de hundirse con 700 africanos en el Mediterráneo. Y uno más, en los mares del sudeste asiático, flota ahorita a la deriva con 350 refugiados entre niños, ancianos y famélicos, sin que país alguno concurra en ayuda.

Frente al drama de los refugiados, de poco sirve el desgarre de vestiduras. Pero el de los palestinos se ha convertido en suerte de aleph que, en los cuatro puntos cardinales, simboliza como ningún otro la despiadada época que vivimos. No sólo porque el aleph encabeza la primera letra del alfabeto arábigo, hebreo y persa, sino porque en Palestina, donde empezó todo, el nuevo gobierno de Tel Aviv amenaza terminar con todo.

Desde hace 67 años, los palestinos conmemoran el 14 de mayo con el término nabka, que significa desastre. Día en que el complejo de culpa occidental y ciertos manejos de la geopolítica imperial le dieron luz verde a su vicario, Israel, para expulsar a todo un pueblo de la tierra prometida.

Con datos de 2008 registrados por la agencia especializada de Naciones Unidas (Unrwa, por sus siglas en inglés), fuera y dentro del Estado colonial la diáspora palestina asciende a:

• 4 millones, 360 mil en Cisjordania y la franja de Gaza.

• 1 millón 587 mil en Israel.

• 2 millones 839 mil 639 en Jordania.

• 422 mil 699 en Siria.

• 421 mil 292 en Líbano.

• 314 mil 226 en Arabia Saudita.

• 238 mil 721 en Estados Unidos.

• 303 mil 987 en otros países.

En total, 10 millones 487 mil 564 personas. De las cuales, 44 por ciento (4 millones 618 mil 141), son reconocidas por la Unrwa como refugiadas.

Básicamente, hay cinco grupos principales de refugiados y ­desplazados:

Expulsados de sus hogares en 1948, que incluyen a los palestinos registrados como refugiados en la Unrwa, y otros que no son receptores de la ayuda.

Desplazados de sus lugares de origen en la guerra de junio de 1967: Cisjordania ( west bank), Jerusalén este y franja de Gaza.

Habitantes que abandonaron los territorios ocupados en 1967, y a los que Tel Aviv revocó su residencia, prohibiéndoles el retorno, negándoles la reunificación familiar y amenazándolos con deportación bajo el cargo de indigentes.

Habitantes a los que entre 1967 y los primeros años de 1990 se les revocaron sus derechos de residencia (aproximadamente, 100 mil), y padecieron la demolición de sus casas, campos de refugiados y la confiscación de miles de kilómetros cuadrados.

Desplazados internos que perdieron sus casas y villas, pero permanecieron en las áreas que Israel ocupó en 1948.

A finales de 2008, la organización no gubernamental palestina Badil estimó en más de 7.1 millones el número de refugiados y desplazados:

• 4.7 millones de desplazados en 1948, registrados para ayuda.

• 1 millón de desplazados en 1948, pero no registrados para ayuda.

• 955 mil 247 refugiados por primera vez, en 1967.

• 335 mil de los desplazados internamente en 1948, y 129 mil en 1967.

A más de la insostenible situación en Gaza, los palestinos están pagando los costos de la guerra en Siria. Con 18 mil personas y 3 mil niños entre ellas, el campo de Yarmuk (situado en las afueras de Damasco), ha sido escenario de combates entre el ejército sirio y los mercenarios del llamado Frente Al-Nursa, cuyos heridos son atendidos por médicos judíos en el hospital Zeif, en Safred, ciudad palestina ocupada por Israel.

Es por eso que el Comité Nacional Palestino para el Boicot, Desinversión y Sanciones Significativas contra Israel (Movimiento BDS) viene impulsando con la sociedad civil internacional (sindicatos, ONG, redes de base, partidos políticos, parlamentarios, gobiernos) medidas que impongan embargos militares y sanciones comerciales a Tel Aviv. Brasil, por ejemplo, acaba de cancelar un contrato de 2 mil millones de dólares con una empresa de seguridad judía para los Juegos Olímpicos de 2016.

A propósito de la política y sus contradicciones. Es claro que el papa Francisco pegó un gol de media cancha cuando en días pasados reconoció el Estado de Palestina. Y otro en contra al calificar de ángel de la paz a su presidente, Mahmoud Abbas.

A finales de marzo, Abbas pidió a la Liga Árabe realizar ataques contra Hamas en la franja de Gaza, similares a los que Arabia Saudita ejecuta en Yemen, so pretexto de ayudar al fugitivo presidente del paupérrimo país arábigo.

 Por José Steinsleger
Con información de : La Jornada

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