La dama Sol – Leyenda mozárabe

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“No probaréis mis labios
sin antes probar mi vino”

 Y es en ese tiempo, algunos años antes de la reconquista de Valencia, cuando aparece la leyenda de la dama Sol. La dama era la heredera de una familia mozárabe que, generación tras generación, había mantenido la tradición del vino en Requena. Sus extensos viñedos le daban categoría de aristocracia rural y, siendo la doncella bellísima, nadie en la comarca tenía un aspecto más noble.

Era tiempo de trovadores, que ejercían su arte tanto en los reinos cristianos como en las cultas taifas hispanas, de donde se dice provenían originalmente. Muchos eran los que llegaban a Requena a trovar a la hermosa joven que crecía junto a los viñedos, alimentada por aquella tierra generosa y por el cálido sol, hermosa, igual que la uva dorada.

Pero los rumores de que en Requena se producía más que uva de mesa y pasas, alertaron al rey almohade de Valencia, que envió a uno de sus mejores caballeros con sus tropas, para que erradicara la producción de vino. A ese joven caballero le llamaban Caballero de la Media Luna.

Pero llegado a Requena, no pudo averiguar dónde y quiénes guardaban el vino, aunque de inmediato supo de la dama Sol por su fama y quiso conocerla.

Cuando los ojos del Caballero de la Media Luna se encontraron con los azules de la Dama Sol, se produjo una fascinación inmediata y, olvidándose de sus órdenes represoras, el musulmán quiso cortejarla como un trovador más.

Ella, conociendo el triste deber del caballero, empezó a sentir que su corazón se partía entre el amor por su tierra, su tradición y su familia, y el amor al apuesto musulmán.

Y cuando llegó el momento en que el trovador pidió un beso a su dama, ésta repuso:

“No probaréis mis labios sin antes probar mi vino”

No era esa una petición fácil para el caballero musulmán, que por un tiempo se debatió entre el amor y el deber, ganando el primero.

Y así, en un atardecer en el que la media luna se elevaba al caer el sol, él probó por primera vez el vino, y la dama el amor.

El caballero sintió que en aquel beso perdía no sólo los sentidos sino también el alma; fue un momento mágico y eterno, donde el viejo dios del vino unió a la pareja de tal forma que nunca más pudieron separarse. Los amantes se casaron en secreto y el caballero de la Media Luna pasó a proteger a la comarca de Requena y a sus bodegas subterráneas, donde maduraban vino y amor.

Cuando el rey moro de Valencia supo que había sido traicionado, se puso frente a un ejército para prender y ejecutar al caballero. Pero éste, avisado por un amigo y comprendiendo que la reconquista cristiana era imparable, se adelantó a su destino y supo pactar con sus antiguos enemigos de la fe, que le respetaban por su valor. El caballero se convirtió al cristianismo y el rey de Castilla le hizo noble a cambio de su juramento de fidelidad.

Cuando el rey Almohade llegó a Requena no se atrevió a enfrentarse a un enemigo tan poderoso y se retiró, pues junto a las tropas del caballero formaban mozárabes y cristianos. Poco después perdía su reino frente al rey Jaime I de Aragón.

La dama Sol y el caballero de la Media Luna conservaron sus tierras, su vino y su amor, y sus hijos fueron señores de Requena.

Y así es como aquel amor oculto y el vino mozárabe secreto de Requena se mostraron al fin, a la luz del sol, con todo su esplendor.

Por Jorge Molist

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