¿Y si Israel no tuviera derecho a existir? Reflexiones de Sharmine Narwani

Mesianismo, xenofobia y racismo: los fundamentos del estado colonial israelí
Mesianismo, xenofobia y racismo: los fundamentos del estado colonial israelí

 

El 4 de agosto del 2014, en plena masacre de palestinos, la analista política Sharmine Narwani publicó en Le Gran Soir un artículo que más allá de la recurrente masacre en Gaza resume el motor histórico de esta injusticia sin fin: un estado colonial y racista que no debería existir. Esta perspectiva rompe con los paradigmas mediáticos vigentes según los cuales es posible criticar los crímenes de Israel si no se cuestiona su legitimidad como país normal en el concierto internacional. A veces, ciertos textos actúan como parteaguas. Rompen con la carga de terror que impide llamar a las cosas por su nombre. Este es un buen ejemplo de ello. La traducción es cortesía de Boltxe Kolektiboa aunque se añadieron correcciones propias.

Oriol Malló

Perdona, pero Israel no tiene ningún derecho a existir

La expresión «derecho a existir» entró en mi conciencia en los años 1990, así como el concepto de una solución de los dos Estados entró en el vocabulario colectivo. En cada debate en la universidad, cuando un sionista se quedaba sin argumentos invocaban estas tres palabras mágicas para interrumpir la conversación con un indignado «¿estáis diciendo que Israel no tiene derecho a existir?».

Está claro, no puedes cuestionar el derecho de Israel a existir -sería como negar el derecho fundamental de los judíos a tener… derechos, y toda la culpabilidad del Holocausto será lanzada contra ti.

Salvo que yo no tengo nada que ver con el Holocausto -y los palestinos tampoco. El programa europeo de metódica limpieza étnica contra su población judía fue empleado, de manera totalmente cínica y oportunista, para justificar la limpieza étnica de la nación árabe palestina, asunto que me deja del todo indiferente. Ya estoy demasiado cansada de levantar los ojos al cielo cada vez que oigo en la misma frase las palabras Holocausto e Israel.

Lo que me trastorna en esta era posterior a la «solución de dos Estados», es la audacia misma de la existencia de Israel.

Qué idea tan fantástica, esta noción que un grupo de extranjeros de otro continente pueda apropiarse de una nación existente y habitada y convencer a la «comunidad internacional» que esto es justamente lo que debía hacerse. Podría reírme de tanto descaro si no fuera algo tan grave.

Más grave es la limpieza étnica masiva de la población palestina indígena llevada a cabo por los judíos perseguidos, apenas repuestos de su propia experiencia de limpieza étnica.

Pero lo más terrible es la manipulación psicológica de las masas al creer que los palestinos son peligrosos «terroristas» determinados a «echar a los judíos al mar». Yo trabajo con las palabras y el uso del lenguaje en la creación de percepciones me intriga. Esta práctica -muchas veces llamada «diplomacia pública»- se ha convertido en herramienta indispensable en el mundo de la geopolítica. Las palabras, al fin y al cabo, son bloques de construcción de nuestra psicología.

Tomemos, por ejemplo, la manera en la que hemos llegado a percibir el «litigio» palestino-israelí y todas las resoluciones de este conflicto que continúa. Voy a utilizar ideas ya expresadas en otros artículos.

Estados Unidos e Israel han determinado el discurso mundial sobre esta cuestión, definiendo sus estrictos parámetros que limitan cada vez más el contenido y la orientación del debate. Hasta hace poco, cualquier discusión fuera de estos parámetros, era considerada como irreal, improductiva e incluso subversiva.

La participación en el debate está reservada a los que suscriben estos grandes principios: aceptación de Israel, su hegemonía regional y su superioridad militar; aceptación de la lógica dudosa sobre la que se funda la reivindicación de Palestina por el Estado judío; y aceptación de quienes son los interlocutores, movimientos y gobiernos aceptables o no en cualquier solución al conflicto.

Palabras como paloma, halcón, militante, extremista, moderado, terrorista, islamo-fascista, negacionista, amenaza existencial, mulá loco, determinan la participación en la solución y son capaces de excluir otras instantáneamente.

Seguidamente, está el lenguaje que preserva «el derecho de Israel a existir» sin hacer ninguna pregunta: todos lo que invocan al Holocausto, el antisemitismo y los mitos sobre los derechos históricos de los judíos a la tierra legada por el Todo-Poderoso –como si Dios fuera un agente inmobiliario. Este lenguaje no intenta solamente impedir cualquier tipo de contestación a la conexión judía con Palestina, sino que además busca sobre todo castigar y marginar a los que atacan la legitimidad de esta experiencia colonial moderna.

Pero este pensamiento colectivo no llega a nada, no hace más que ocultar, distraer, desviar, esquivar y disminuir y no nos encontramos más cerca de una solución satisfactoria… porque la premisa es falsa.

No hay ninguna solución a este problema. Es el tipo de crisis en la cual constatas el fracaso, ves los errores y los corriges. El problema es Israel. Es la última experiencia colonial de los tiempos modernos, una experiencia llevada a cabo en el mismo momento en que tales proyectos se hundían en todo el mundo.

No hay «conflicto palestino-israelí» pues esto daría a entender que hay cierta igualdad en el poder, el sufrimiento y los elementos concretos a negociar. Pero no existe la más mínima simetría en esta ecuación. Israel es el ocupante y el opresor. Los palestinos son los ocupados y los oprimidos.

¿Qué debe negociarse? Israel tiene todas las cartas en su mano. Pueden devolver tierra, bienes, derechos, pero incluso esto es un absurdo -pues ¿qué se hace con lo que queda? ¿Por qué no devolver todas las tierras, todos los bienes y todos los derechos? ¿Por qué tendrían ellos el derecho de conservar nada? ¿Es la apropiación de tierra y bienes antes de 1948 fundamentalmente diferente de la apropiación de tierra y bienes después de la arbitraria fecha de 1967? ¿Cuál es la diferencia entre los colonialistas de antes de 1948 y los que colonizaron y se instalaron en tierras palestinas después de 1967?.

Permitan que me corrija: los palestinos tienen una carta en sus manos que hace salivar a Israel -su gran reivindicación en la mesa de negociación que parece contener todas las otras. Israel aspira al reconocimiento de su «derecho a existir».
Pero Israel existe ya, ¿no?.

En realidad, lo que Israel teme más que nada es su «deslegitimación». Detrás de las apariencias, existe un Estado construido sobre mitos y narraciones, protegido únicamente por un gigante militar, con miles de millones de dólares de ayuda de Estados Unidos y con el veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. No hay nada más entre este Estado y su desmantelamiento. Sin estas tres cosas, los israelíes no vivirían en una entidad que se ha convertido en «el lugar más peligroso del mundo para los judíos».

Retiren el discurso y el barniz de la propaganda y se darán cuenta rápidamente que Israel no tiene ni las bases de un Estado normal. Después de 64 años no tiene fronteras. Después de seis decenios, no ha estado nunca tan aislado. Después de medio siglo, necesita un ejército gigantesco simplemente para impedir que los palestinos entren a pie a sus casas.

Israel es una experiencia fracasada. Está conectado a una máquina que mantiene sus constantes vitales. Si se desenchufan estos tres tubos del cadáver, sobreviviría únicamente en la mente de algunos extranjeros que se han equivocado gravemente pensando que se lograría el gran robo del siglo.

Lo más importante que podemos hacer frente a la óptica de un solo Estado es desembarazarnos rápidamente del viejo lenguaje. De todas maneras, nada era verdad -no era más que el lenguaje empleado en un «juego» particular.

Desarrollemos un nuevo vocabulario de posibilidades. El nuevo Estado será el nacimiento de una gran reconciliación de la humanidad: musulmanes, cristianos y judíos vivirán juntos en Palestina como lo hicieron anteriormente.

Los detractores pueden irse lejos. Nuestra paciencia disminuye como la tela de las tiendas de campaña en los campos del purgatorio donde viven los palestinos desde hace tres generaciones.

Estos refugiados explotados por todo el mundo tienen derecho a bellos pisos -como esos que tienen alberca en la planta baja y un pequeño jardín de palmeras en la entrada. Porque la indemnización que se les debe por este fracasado experimento occidental será siempre insuficiente.

Y no, nadie odia a los judíos. Este es el argumento de última instancia que les queda y con el cual nos ensordecen -es el último cortafuego para proteger este Frankenstein israelí. No me interesa para nada escribir las habituales frases para probar que no odio a los judíos. Es imposible de comprobar y francamente el argumento no es más que una coartada. Si los judíos que no han vivido el Holocausto sienten todavía el dolor, que se arreglen con los alemanes. Que les exijan una parte importante de tierras en Alemania -y que tengan suerte.

En cuanto a los antisemitas que se les hace la boca agua en cuanto ven un artículo que ataca Israel, que se vayan a tomar viento, ustedes son parte del problema.

Los israelíes que no querrán compartir Palestina como ciudadanos iguales con la población palestina indígena, aquellos que no querrán renunciar a lo que tuvo que renunciar la población palestina hace 64 años, que tomen su segundo pasaporte y se vuelvan a sus casas. Los que se queden lo mejor que pueden hacer es adoptar una actitud positiva. Los palestinos han mostrado su capacidad a perdonar. El nivel de la carnicería que han sufrido de la parte de sus opresores -sin respuesta comparable- demuestra un aguante y una fe remarcables.

Será menos la muerte de un Estado judío que la desaparición de los últimos vestigios del colonialismo moderno. Será solamente un ritual de paso, todo irá bien. En este momento particular del siglo XXI, somos todos, universalmente, palestinos, y corregir esta injusticia constituirá una prueba de nuestra humanidad colectiva y nadie tiene el derecho de quedarse con los brazos cruzados.

Israel no tiene derecho a existir. Rompan esta barrera mental y digan: «Israel no tiene derecho a existir». Saboréenlo, hagan un tuit y escríbanlo en su Facebook y hagan todo eso sin pensarlo dos veces. La deslegitimación ya está ahí, no tengan miedo.

Palestina será menos dolorosa de lo que siempre ha sido Israel.

Por Sharmine Narwani
Con información de : Tiempos de Furia

©2014-paginasarabes®

¿EU gestó a los yihadistas del califato islámico?

Imagen del mes pasado de Hillary Clinton, aspirante a la candidatura demócrata a la Presidencia de Estados Unidos ©Ap
Imagen del mes pasado de Hillary Clinton, aspirante a la candidatura demócrata a la Presidencia de Estados Unidos ©Ap

Existen muchas versiones en los medios occidentales ( whatever that means) sobre la génesis de los yihadistas sunitas que ahora controlan grandes extensiones de territorio desde Irak hasta Siria y que han llegado a las fronteras tanto del este de Líbano como de la región autónoma de Kurdistán (norte de Irak), con pletóricos yacimientos de petróleo y gas, lo cual ha valido la enésima guerra de Estados Unidos en la antigua Mesopotamia mediante sus selectivos bombardeos quirúrgicos desde los cielos.

Una versión de la agencia oficial alemana Deutsche Welle (DW) reseña el inicio de los yihadistas sunitas, quienes fueron entrenados por los estadunidenses tanto en Turquía como en Jordania, y atribuye su oscuro financiamiento tras bambalinas a algunas de las petromonarquías árabes del Golfo Pérsico.

Del lado de la prensa occidental del Líbano, que todavía perdura en el mundo árabe, hoy en plena delicuescencia con el borramiento de las fronteras trazadas por los acuerdos de Sykes-Picot –el entendimiento de Gran Bretaña y Francia para repartirse el féretro del imperio otomano después de la Primera Guerra Mundial–, un artículo bombástico del periodista libanés cristiano Samir Mansour (http://goo.gl/ihM3lO) en el rotativo An-Nahar (6/8/14) causó el efecto de una bomba en los círculos medio-orientales al reseñar el libro reciente Hard choises (http://goo.gl/FXShGY) de la controvertida ex secretaria de Estado Hillary Clinton, en el que supuestamente confiesa que Estados Unidos se encontraba detrás de la gestación distócica de los yihadistas sunitas.

El artículo de Samir Mansour en el rotativo An-Nahar, con fuertes lazos con Francia, tuvo el efecto de una bomba y valió el inmediato desmentido del embajador de Estados Unidos en Líbano, David Hale, quien refutó rotundamente tal paternidad monstruosa.

Sea lo que fuere, muchas veces las reac­ciones de las opiniones públicas en el mundo y en sus regiones particulares se basan en percepciones, sean reales o fantasiosas, y es evidente que el artículo de marras, en el muy respetable rotativo Al-Nahar por el cotizado periodista Samir Mansour, haya permeado en las mentes flageladas de las poblaciones perseguidas: desde los católicos-caldeos de Mosul hasta los yazidis kurdos de Nínive.

El daño ha sido tal que el columnista Michael Young salió a desmentir punto por punto el artículo de su colega Samir Mansour, a quien fustiga de no haber leído el libro de Hillary Clinton que cita y en donde, al parecer, no viene ninguna referencia respecto del momento obstétrico de los yihadistas sunitas (http://goo.gl/B27WDN).

Lo cierto es que los bombardeos quirúrgicos de Estados Unidos muy difícilmente detendrán la consolidación y/o el avance irresistible de los yihadistas sunitas, de quienes llama la atención que Obama se percató muy tardíamente de su irredentismo barbárico y sus atrocidades medievales.

The Wall Street Journal (10/8/14) afirma que el nuevo califato islámico prospera desde su base en Siria, mientras recluta partidarios muy bien remunerados tanto de la región como de Chechenia, además de varios aventureros conversos europeos y anglosajones muy sueltos.

Poco se dice, pero detrás del oscuro asesinato del embajador estadunidense en Bengasi, en medio del caos libio, se encontró la exportación masiva de armas a los rebeldes islámicos de Siria, específicamente para Al Qaeda y Al Nusra, quienes luego se transmutaron mágicamente en los yihadistas sunitas del grupo conocido en árabe como Daesh e ISIS (por sus siglas en inglés) y que ulteriormente proclamó su nuevo califato del siglo XXI a los dos lados de la incandescente transfrontera de Siria e Irak.

Más que investigar quién fue el creador teratológico de los yihadistas sunitas que hoy asuelan las áreas que han conquistado a la usanza de los antiguos mongoles –Gengis Kan, Tamerlán y Atila–, es más claro su destino, que ya empieza a desestabilizar las fronteras de tres potencias nucleares miembros de los BRICS: Rusia (en el Cáucaso), India (http://goo.gl/UdkjPF) y China.

La entrevista de la controvertida Hillary Clinton al israelí-estadunidense Jeffrey Goldberg de la revista The Atlantic (10/8/14) ha causado mucho furor tanto por su crítica, quizá teatral, al presidente Obama –debido a su error de no haber intervenido en Siria–, como en su apreciación de haber financiado mal (sic) a los rebeldes sirios, por lo cual surgió el Estado islámico. A su juicio el no haber ayudado al Grupo Central del Ejército Libre (sic) de Siria desembocó en un gran vacío que los yihadistas han llenado ahora.

Lo grave ahora del núcleo yihadista –que a mi juicio constituye un artilugio de la yihad global contra los BRICS, opinión que fue ampliamente difundida tanto por Réseau Voltaire como por Russia Today (http://goo.gl/2zbWjy)– radica en sus matrices obstétricas que subrepticiamente están conectadas a Ucrania y a Chechenia –lo cual tenderá a desestabilizar a Rusia– pero más que nada en sus metástasis a China.

Phoenix Weekly (8/8/14), revista de Hong Kong con amplia distribución, causó enormes trémulos en China al publicar las amenazas de venganza de los yihadistas sunitas del califato islámico, cuyo objetivo es expandirse a Xinjiang: la republica autónoma de China con 10 millones de uigures (mongoles islámicos centroasiáticos) que buscan su separación.

Alexa Olesen, de la revista estadunidense Foreign Policy (http://goo.gl/OMRt7l), pone en relieve la defensa de los derechos islámicos que han sido arrebatados por la fuerza en China, India y Palestina, que se ha vuelto el leitmotiv del nuevo califa del siglo XXI Abu Bakr al Baghdadi en sus incendiarias filípicas desde Mosul, que se ha vuelto de facto la capital del Estado islámico.

La arenga del nuevo califa es puesta en relieve por Phoenix Weekly, que se da el lujo de publicar los planes de los yihadistas para ocupar extensos territorios en los próximos cinco años, que incluyen una parte significativa de Xinjiang, mutilada de China.

Alexa Olesen aduce que China ha estado combatiendo una insurgencia separatista de baja intensidad en Xinjiang durante décadas y se preocupa de que los grupos islámicos extraños se infiltren en la región, lo que puede envalentonar al latente movimiento independentista.

Alexa Olesen destaca que el enviado especial chino Wu Sike, después de una gira en el Medio Oriente, comentó a los reporteros en Pekín que China era la víctima del terror con raíces en Siria e Irak.

Wang Chong, investigador de Charhar Institute, exhortó al envío de tropas chinas a Irak para combatir el terrorismo yihadista, mientras que Zu Weilie, director del Instituto de Estudios del Medio Oriente en la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai, comentó al Global Times (29/7/14) que China cree que la ONU debe encabezar las operaciones en contra del terror en el Medio Oriente.

Por lo visto, la yihad global sirve muchas agendas simultáneas desde su nueva matriz operativa en Siria/Irak/Líbano con el fin de desestabilizar a Rusia en el Cáucaso y a China en Xinjiang.

Por Alfredo Jalife-Rahme
Con información de La Jornada

Don Alfredo Jalife-Rahme
Don Alfredo Jalife-Rahme

©2014-paginasarabes®