¿Quién es el enemigo?

muerte_genocidio_gaza

Cada cual tiene su propia opinión para explicar las masacres que el Estado de Israel está cometiendo en Gaza. En los años 1970-1980 eran vistas como una expresión del imperialismo anglosajón. Pero hoy muchos interpretan esas matanzas como un conflicto entre judíos y árabes. Pasando en revista unos 4 siglos de Historia, Thierry Meyssan, analista y consultante de varios gobiernos, analiza el origen del sionismo, sus verdaderas ambiciones y señala el verdadero enemigo

La guerra que desde hace 66 años ha venido librándose ininterrumpidamente en Palestina atraviesa una nueva etapa con las operaciones israelíes «Guardianes de nuestros hermanos» y «Roca indestructible», extrañamente traducidas en la prensa occidental como «Margen Protector».

Es evidente que Tel Aviv –que optó por explotar la desaparición de 3 jóvenes israelíes para desencadenar estas operaciones militares y «arrancar de raíz el Hamas» esperando poder explotar el gas de Gaza, conforme al plan ya enunciado en 2007 por el actual ministro de Defensa de Israel [1]– se ha visto superado por la reacción de la Resistencia palestina. La Yihad Islámica respondió disparando cohetes de alcance medio, muy difíciles de interceptar, que se agregaron a los que dispara el Hamas.

La violencia de los acontecimientos, que ya han costado la vida a más de 1 500 palestinos y a 62 israelíes (con la salvedad de que las cifras israelíes están sometidas a una férrea censura militar y probablemente son minimizadas), ha provocado una ola de protestas en el mundo entero. Además de sus 15 miembros, el Consejo de Seguridad de la ONU –reunido el 22 de julio– escuchó las intervenciones de otros 40 Estados que decidieron expresar su indignación ante el comportamiento de Tel Aviv y su «cultura de la impunidad». Al extremo que, en vez de las 2 horas habituales, la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la «crisis de Gaza» duró 9 horas [2].

Simbólicamente, Bolivia declaró Israel «Estado terrorista» y abrogó el acuerdo de libre circulación firmado con ese país. Pero las declaraciones de protesta generalmente no vienen acompañadas de ayuda militar para los agredidos, con excepción de la de Irán y, simbólicamente, la de Siria. Estos dos países respaldan a la población palestina a través de la Yihad Islámica –la rama militar del Hamas– sin apoyar su rama política, que es miembro de la Hermandad Musulmana, y también aportan su respaldo al FPLP-CG [Frente Popular por la Liberación de Palestina-Comando General].

Al contrario de lo sucedido durante las operaciones anteriores («Plomo fundido» en 2008 y «Columna de nubes», traducida está última en Occidente como «Pilar defensivo»), los dos Estados que protegen a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos y el Reino Unido) facilitaron esta vez la elaboración de una declaración del presidente del Consejo de Seguridad donde se subrayan las obligaciones humanitarias de Israel [3]. Más allá de la cuestión fundamental de un conflicto que sigue sin resolver desde 1948, lo que estamos viendo es un consenso para expresar una condena mínima del uso desproporcionado de la fuerza por parte de Israel.

Sin embargo, tras este aparente consenso se esconden análisis muy diferentes: algunos autores interpretan el conflicto como una guerra de religión entre judíos y musulmanes mientras que otros lo ven como una guerra política según un esquema colonial clásico. ¿Cuál es la realidad?

¿Qué es el sionismo?

A mediados del siglo XVII, los calvinistas británicos se reagruparon alrededor de Oliver Cromwell y cuestionaron la fe y la jerarquía del régimen imperante en Gran Bretaña. Después de derrocar la monarquía anglicana, el «Lord protector» pretendió permitir al pueblo inglés alcanzar el estado de pureza moral necesario para atravesar una tribulación de 7 años, acoger el regreso de Cristo y vivir apaciblemente con él durante 1 000 años (el «Millenium». Para ello, según su interpretación de la Biblia, había que dispersar a los judíos por todo el mundo, reagruparlos después en Palestina y reconstruir allí el templo de Salomón. Bajo esa perspectiva, Oliver Cromwell instauró un régimen puritano, anuló en 1656 la medida que prohibía a los judíos instalarse en Inglaterra y anunció que su país se comprometía a crear en Palestina el Estado de Israel [4].

Al ser derrocada la secta de Cromwell, al final de la «Primera Guerra Civil Inglesa», y resultar muertos o exilados sus partidarios, se restableció la monarquía anglicana y esta abandonó el sionismo –o sea, el proyecto de creación de un Estado para los judíos. Pero resurgió en el siglo XVIII, con la «Segunda Guerra Civil Inglesa» –así se denomina en los manuales de Historia de la enseñanza secundaria del Reino Unido– que el resto del mundo conoce como la «Guerra de Independencia de los Estados Unidos» (1775-83). Contrariamente a lo que todo el mundo cree, esa guerra no se basó en los ideales de la Ilustración, que más tarde animaron la Revolución Francesa, sino que fue financiada por el rey de Francia y se libró por motivos religiosos y al grito de «¡Nuestro Rey es Jesús!».

George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin, por sólo mencionarlos a ellos, se presentaron como los sucesores de los partidarios exilados de Oliver Cromwell. Lógicamente, Estados Unidos retomó el proyecto sionista.

En 1868, la reina Victoria designó como primer ministro de Inglaterra al judío Benjamin Disraeli, quien propuso conceder algo de democracia a los descendientes de los partidarios de Cromwell para poder apoyarse sobre todo el pueblo y extender por el mundo el poder de la Corona. Sobre todo propuso una alianza con la diáspora judía como medio de aplicar una política imperialista cuya vanguardia sería precisamente esa diáspora. En 1878, el propio Disraeli incluyó «la restauración de Israel» en el orden del día del Congreso de Berlín sobre la nueva repartición del mundo.

Fue sobre esa base sionista que el Reino Unido restableció relaciones con sus ex colonias de América, ya convertidas en Estados Unidos, al término de la «Tercera Guerra Civil Inglesa», denominada en Estados Unidos como «American Civil War» y en Europa continental como la «Guerra de Secesión» (1861-1865), en la que salieron vencedores los WASP (White Anglo-Saxon Puritans) sucesores de los partidarios de Cromwell [5]. También en este caso es de manera totalmente errónea que se presenta esa guerra como una lucha contra la esclavitud sin tener en cuenta que 5 Estados del norte todavía seguían practicando esa forma de explotación.

O sea, casi hasta el final del siglo XIX, el sionismo es un proyecto exclusivamente puritano y anglosajón al que se suma sólo una élite judía. Pero es firmemente condenado por los rabinos, quienes interpretan la Torah como una alegoría y no como un plan político.

Entre las consecuencias actuales de esos hechos históricos está el que haya que reconocer que el sionismo, además de plantear como objetivo la creación de un Estado para los judíos, también sirvió de base a la fundación de Estados Unidos. A partir de esa conclusión, la cuestión de saber si las decisiones políticas de ese conjunto se toman en Washington o en Tel Aviv deja de tener relevancia. La misma ideología controla el poder en ambos países. Por otro lado, al ser el sionismo el elemento que permitió la reconciliación entre Londres y Washington cuestionarlo es atacar la base misma de esa alianza, la más poderosa del mundo.

La adhesión del pueblo judío
al sionismo anglosajón

En la historia oficial actual generalmente se pasa por alto el periodo del siglo XVII al siglo XIX y se presenta a Theodor Herzl como el fundador del sionismo. Sin embargo, según las publicaciones internas de la Organización Sionista Mundial, eso también es falso.

El verdadero fundador del sionismo contemporáneo no es un judío sino un cristiano dispensionalista. El reverendo William E. Blackstone era un predicador estadounidense que consideraba que los verdaderos cristianos no tendrían que sufrir las duras pruebas del fin de los tiempos. Predicaba que los verdaderos cristianos serían sustraídos a la batalla final y enviados al cielo (el llamado «arrebatamiento de la Iglesia», en inglés «the rapture»). Para el reverendo Blackstone, los judíos librarían esa batalla, de la que saldrían además convertidos a la fe del Cristo victorioso.

Es la teología del reverendo Blackstone lo que sirvió de base al inquebrantable apoyo de Washington a la creación de Israel. Y eso sucedió muchos antes de la creación del AIPAC y de que ese grupo de presión proisraelí tomara el control del Congreso de Estados Unidos. En realidad, el poder de ese grupo de presión no reside tanto en su dinero y su capacidad para financiar campañas electorales como en esa ideología, que aún sigue vigente en Estados Unidos [6].

Por muy estúpida que pueda parecer, la teología del «arrebatamiento» es hoy en día muy poderosa en Estados Unidos. Incluso se ha convertido en un fenómeno de librería y ha llegado a las pantallas cinematográficas (Ver el film Left Behind, con Nicolas Cage, cuyo estreno está programado para el mes de octubre).

Theodor Herzl era un admirador del comerciante de diamantes Cecil Rhodes, el teórico del imperialismo británico y fundador de Sudáfrica, de Rhodesia (a la que incluso dio su nombre) y de Zambia (ex Rhodesia del Norte). Herzl no era israelita y ni siquiera le había hecho la circuncisión a su hijo. Ateo, como muchos burgueses europeos de su época, Herzl recomendó al principio la asimilación de los judíos, estimando incluso que debían convertirse al cristianismo. Sin embargo, retomando la teoría de Disraeli, Herzl concluyó que la mejor solución era hacerlos participar en el colonialismo británico creando un Estado judío, en la actual Uganda o en Argentina, así que siguió el ejemplo de Cecil Rhodes con la compra de tierras y con la creación de la Agencia Judía.

Blackstone logró convencer a Herzl de que debía vincular las preocupaciones de los dispensionalistas con las de los colonialistas. Para eso bastaba con estipular que la creación de Israel debía ser en Palestina y justificarla con referencias bíblicas. Gracias a esa idea bastante simple Blackstone y Herzl lograron que la mayoría de los judíos se sumara a su proyecto. Hoy en día Herzl está enterrado en Israel –en la cima del Monte Herzl– y el Estado israelí puso en su ataúd la Biblia anotada que Blackstone le había regalado.

Así que el objetivo del sionismo nunca fue «salvar al pueblo judío dándole una patria» sino hacer triunfar el imperialismo anglosajón asociando los judíos a esa empresa. Además, no sólo el sionismo no es un producto de la cultura judía sino que la mayoría de los sionistas nunca fueron judíos, mientras que la mayoría de los judíos sionistas no son israelitas [7]. Las referencias bíblicas, omnipresentes en el discurso oficial israelí, sólo reflejan el pensamiento del sector creyente del país y su principal función no es otra que convencer a la población estadounidense.

Fue durante ese periodo cuando se inventó el mito del pueblo judío. Hasta aquel momento los judíos se habían considerado como personas pertenecientes a una religión y reconocían que sus correligionarios europeos no eran descendientes de los judíos de Palestina sino de otras poblaciones que se habían convertido a esa religión durante el transcurso de la Historia [8].

Blackstone y Herzl fabricaron artificialmente la idea según la cual todos los judíos del mundo serían descendientes de los antiguos judíos de Palestina. A partir de ese momento el término «judío» comienza a aplicarse no sólo a la religión israelita sino que pasa a designar también una etnia. Basándose en una lectura literal de la Biblia, todos los judíos pasan así a ser beneficiarios de una promesa divina sobre la tierra palestina.

El pacto anglosajón para la creación de Israel en Palestina

La decisión de crear un Estado judío en Palestina fue tomada conjuntamente por los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos. La negoció el primer juez judío de la Corte Suprema estadounidense, Louis Brandela, bajo los auspicios del reverendo Blackstone, y fue aprobada tanto por el presidente estadounidense Woodrow Wilson como por el primer ministro británico David Lloyd George después de los acuerdos franco-británicos Sykes-Picot, en los que Francia y Gran Bretaña se repartían el «Medio Oriente». Este acuerdo sólo se hizo público de forma paulatina.

Al futuro secretario de Estado británico para las Colonias Leo Amery se le confió la tarea de instruir a los veteranos del «Cuerpo de Muleros de Sión» para crear, con los agentes británicos Ze’ev Jabotinsky y Chaim Weizmann, la «Legión Judía» en el seno del ejército británico.

El 2 de noviembre de 1917, el ministro británico de Relaciones Exteriores, Lord Balfour, envió a Lord Walter Rotschild una carta abierta en la que se comprometía a crear un «hogar nacional judío» en Palestina. El presidente estadounidense Woodrow Wilson incluyó la creación de Israel entre sus objetivos de guerra oficialmente reconocidos (es el n° 12 de los 14 puntos presentados al Congreso de Estados Unidos el 8 de enero de 1918) [9].

Todo ello demuestra que la decisión de crear el Estado de Israel no tiene nada que ver con la masacre contra los judíos desatada 20 años después en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial.

El 3 de enero de 1919, durante la conferencia de paz de París, el emir Faisal –hijo del sharif de la Meca y futuro rey del Irak británico– firmó con la Organización Sionista Mundial un acuerdo donde se comprometía a respaldar la decisión anglosajona.

Así que la creación del Estado de Israel, concretada en contra de la población de Palestina, también contó con la complicidad de las monarquías árabes. En aquella época, el sharif de la Meca Husein ben Ali no interpretaba el Corán como lo hace el Hamas, no pensaba que «una tierra musulmana no puede ser gobernada por no musulmanes».

La creación jurídica del Estado de Israel

En mayo de 1942, las organizaciones sionistas realizaron su congreso en el hotel Biltmore de Nueva York. Los participantes decidieron convertir el «hogar nacional judío» de Palestina en el «Commonwealth judío» (referencia al Commonwealth brevemente instaurado por Cromwell en lugar de la monarquía británica) y autorizar la inmigración masiva de los judíos hacia Palestina. En un documento secreto se fijaron 3 objetivos muy precisos:
-(1) El Estado judío abarcaría la totalidad de Palestina y probablemente la Transjordania;
- (2) el desplazamiento de la población árabe a Irak y
- (3) el control por parte de los judíos de todos los sectores de desarrollo y control de la economía en todo el Medio Oriente.»

En aquel momento, casi todos los participantes en el congreso de Nueva York ignoraban que la «solución final de la cuestión judía» (die Endlösung der Judenfrage) acaba de entrar en aplicación secretamente en Europa.

En definitiva, cuando los británicos ya no hallaban qué hacer para complacer simultáneamente a los judíos y los árabes, la ONU –que sólo contaba entonces con 46 Estados miembros– propuso un plan de partición de Palestina a partir de las indicaciones que le habían proporcionado… los británicos. Debía crearse un Estado binacional conformado por un Estado judío, un Estado árabe y una zona «bajo régimen internacional especial» para administrar los lugares sagrados (Jerusalén y Belén). El proyecto fue adoptado mediante la Resolución 181 de la Asamblea General de la ONU [10].

Sin esperar por la continuación de las negociones, el presidente de la Agencia Judía, David Ben Gurión, proclama unilateralmente el Estado de Israel, inmediatamente reconocido por Estados Unidos. Los árabes que vivían en territorio israelí se vieron sometidos a un régimen de ley marcial, se limitaron sus desplazamientos y sus pasaportes fueron confiscados. Los países árabes que acababan de alcanzar la independencia decidieron intervenir pero, al no disponer de ejércitos ya conformados, fueron rápidamente derrotados. Durante aquella guerra, Israel procedió a una limpieza étnica y obligó no menos de 700 000 árabes a huir de sus hogares.

La ONU envió como mediador al conde Folke Bernadotte, diplomático sueco que había salvado miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. El conde Bernadotte comprobó que los datos demográficos transmitidos por las autoridades británicas eran falsos y exigió que se aplicara plenamente el plan de partición previsto para Palestina. No está de más recordar en este punto que la Resolución 181 implica el regreso de los 700 000 árabes expulsados de sus tierras, la creación de un Estado árabe y la internacionalización de Jerusalén.

El conde Folke Bernadotte, enviado especial de la ONU, fue asesinado el 17 de septiembre de 1948, por orden del futuro primer ministro de Israel, Yitzhak Shamir.

La Asamblea General de la ONU reaccionó adoptando la Resolución 194, que reafirma los principios ya enunciados en la Resolución 181 y proclama además el derecho inalienable de los palestinos a regresar a su tierra y a ser indemnizados por los perjuicios sufridos [11].

Sin embargo, Israel –que mientras tanto había arrestado, juzgado y condenado a los asesinos de Bernadotte– fue admitido como miembro de la ONU, después de comprometerse también a respetar y aplicar sus resoluciones. Inmediatamente después de la admisión de Israel como Estado miembro de la ONU, los asesinos del enviado de la ONU fueron amnistiados y el individuo que había disparado sobre el conde se convirtió en guardaespaldas personal del primer ministro israelí David Ben Gurión.

Desde su admisión en la ONU, Israel ha violado constantemente las sucesivas resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad sobre la cuestión israelo-palestina. Sus vínculos orgánicos con dos de los miembros del Consejo de Seguridad con derecho de veto han mantenido a Israel fuera del alcance del derecho internacional. Israel se ha convertido así en un Estado offshore gracias al cual Estados Unidos y el Reino Unido pueden darse el lujo de fingir ser Estados que respetan el derecho internacional, cuando en realidad lo violan a través de ese seudo Estado.

Creer que la cuestión de Israel es un problema exclusivo del Medio Oriente es un error total y absoluto. Hoy en día, Israel opera militarmente en todo el mundo, como agente del imperialismo anglosajón. En Latinoamérica fueron agentes israelíes quienes organizaron la represión durante el intento de golpe de Estado contra el presidente de Venezuela Hugo Chávez, en 2002, y también en Honduras durante el derrocamiento del presidente Manuel Zelaya, en 2009. En África, había agentes israelíes por todos lados durante la guerra de los Grandes Lagos y fueron ellos quienes organizaron la captura de Muammar el-Kadhafi. En Asia, agentes israelíes dirigieron el asalto y masacre contra los Tigres Tamiles, en 2009, etc. En cada ocasión, Londres y Washington juran que nada tienen que ver con lo sucedido. Por otro lado, Israel controla numerosas instituciones mediáticas y financieras, como la Reserva Federal estadounidense.

La lucha contra el imperialismo

Hasta el momento de la disolución de la URSS era evidente que la cuestión israelí está vinculada a la lucha contra el imperialismo. Todos los antiimperialistas del mundo –incluyendo el Ejército Rojo japonés– apoyaban la causa palestina e incluso luchaban junto a los palestinos en el Medio Oriente.

Hoy en día, la globalización de la sociedad de consumo y la pérdida de valores que esta ha provocado han traído una pérdida de conciencia sobre el carácter colonial del Estado hebreo. Árabes y musulmanes son los únicos que siguen sintiéndose implicados en la causa palestina y dan pruebas de empatía con el destino de los palestinos, pero ignoran los crímenes israelíes cometidos en el resto del mundo y no reaccionan ante los demás crímenes del imperialismo.

Sin embargo, en 1979, el ayatola Ruholla Khomeini explicaba a sus seguidores iraníes que Israel no era más que una marioneta en manos de los imperialistas y que el único verdadero enemigo era la alianza entre Estados Unidos y el Reino Unido. Por el sólo hecho de haber expresado esa simple verdad, Khomeini fue caricaturizado en Occidente y los chiitas fueron presentados como herejes en Oriente. Hoy en día, Irán es el único Estado del mundo que envía armas y consejeros a la Resistencia palestina mientras que los regímenes sionistas árabes debaten amablemente con el presidente israelí por videoconferencia en medio de las reuniones del Consejo de Seguridad del Golfo [12].

Por Thierry Meyssan

[1] «Extendiendo la guerra del gas en el Levante», por Thierry Meyssan, Al-Watan / Red Voltaire, 21 de julio de 2014.

[2] «Réunion du Conseil de sécurité sur le Proche-Orient et l’offensive israélienne à Gaza», Réseau Voltaire, 22 de julio de 2014.

[3] «Declaración de la Presidencia del Consejo de Seguridad sobre Gaza», Red Voltaire, 28 de julio de 2014.

[4] Sobre la historia del sionismo, el lector puede remitirse al capítulo «Israel y los anglosajones» de mi libro L’Effroyable imposture 2, Manipulations et désinformations, Edition Alphée, 2007. Los lectores encontrarán numerosas referencias bibliográficas en ese texto.

[5] The Cousins’ Wars: Religion, Politics, Civil Warfare and the Triumph of Anglo-America, por Kevin Phillips, Basic Books (1999).

[6] Ver principalmente American Theocracy (2006) de Kevin Phillips, excepcional historiador que fue consejero de Richard Nixon.

[7] Es importante recordar en este punto que el término «israelita» designa fundamentalmente a los hebreos seguidores de la ley de Moisés mientras que el término «israelí» es simplemente el gentilicio utilizado para designar a los ciudadanos de Israel. Nota de la «Red Voltaire».

[8] El lector interesado podrá consultar una interesante síntesis de los trabajos históricos sobre ese tema titulada Comment le peuple juif fut inventé (en español, “Cómo se inventó el pueblo judío”), por Shlomo Sand, Fayard, 2008.

[9] La formulación del punto 12 es particularmente oscura. Durante la conferencia de paz de París, en 1919, el emir Faisal invocó ese punto para reclamar el derecho de los pueblos que habían vivido bajo el yugo otomano a disponer de sí mismos. Y le respondieron que podía escoger entre una Siria bajo uno o varios mandatos. Para sorpresa de la delegación estadounidense, la delegación sionista argumentó por su parte que en el punto 12 el presidente Wilson se había comprometido a respaldar el Commonwealth judío. En definitiva, Wilson confirmó por escrito que había que interpretar el punto 12 como un compromiso de Washington a favor de la creación de la creación de Israel y de la restauración de Armenia. Ver «Les quatorze points du président Wilson», Réseau Voltaire, 8 de enero de 1918.

[10] «Résolution 181 de l’Assemblée générale de l’Onu», Réseau Voltaire, 29 de noviembre de 1947.

[11] «Résolution 194 de l’Assemblée générale de l’ONU», Réseau Voltaire, 11 de diciembre de 1948.

[12] «El presidente de Israel habló ante el Consejo de Seguridad del Golfo a fines de noviembre», Red Voltaire, 3 de diciembre de 2013.

Con información de: Red Voltarire

©2014-paginasarabes®

Repudian zapatistas masacre contra el pueblo palestino

zapatistas_solidaridad_palestina

Más de 300 representantes de pueblos indígenas y unos mil 300 bases de apoyo zapatistas expresaron su solidaridad al pueblo de Palestina que se encuentra bajo el embate del ejército de Israel.

En el marco del encuentro “Primera compartición de pueblos originarios de México con pueblos zapatistas, el comandante Tacho fue el encargado de dar el mensaje principal en un acto al que acudieron los subcomandantes Galeano (antes Marcos) así como Moisés.

En La Realidad Trinidad, una comunidad enclavada en la Selva Lacandona, Tacho dio la bienvenida a los más de 300 representantes de diversos pueblos indígenas del país, a los mil 300 bases de apoyo e insurgentes del EZLN y a los integrantes de los municipios autónomos y de las Juntas de Buen Gobierno (JBG).

“Venimos para compartir nuestros sufrimientos y dolores que nos ha hecho este sistema neoliberal. Pero no sólo eso. También es seguro que venimos a compartir los valiosos conocimientos, experiencias de lucha, de organización, retos y desafíos frente a los capitalistas invasores neoliberales que tanto daño nos han causado”, destacó Tacho.

A estos invasores, abundó, “no les bastó con el robo y saqueo que hicieron los conquistadores en 1492, que esos conquistadores encontraron resistencia de los pueblos, tribus y naciones originarios de estas tierras, de este país que es México.

“Asesinaron a quienes se opusieron a ser sometidos bajo el poder de la monarquía española. Estos malvados verdugos invasores mancharon sus manos de sangre indígena, robaron las riquezas que cuidaban nuestros más viejos abuelos. Pero no sólo persiguieron a los pueblos indios de México y de toda América Latina con el propósito de desaparecerlos y desterrar su existencia. Eso no lo consiguieron, la muestra es que aquí estamos presentes”, agregó Tacho.

Y así pasaron “los 500 años en todos los rincones de nuestra patria mexicana. Nosotros los pueblos originarios fuimos ignorados, engañados, olvidados, explotados, por más de 500 años esclavizados en el dominio. Y ahora de nuevo está el invento de los poderosos neoliberales es la maquinaria de destrucción, de desaparición de nuestros pueblos”, señaló ante los asistentes.

Sin embargo, alertó, ahora “la estrategia la han hecho más grande y moderna, amparados con leyes y malos gobernantes para invadir de nueva cuenta con su nuevo plan, despojándonos de nuestra madre tierra, con la maquinaria del poder del dinero, para saquear todas las riquezas que la madre tierra tiene, que hace millones de años ahí las tiene guardadas”.

Esta maquinaria, denunció, “viene acompañada de la muerte y destrucción de los pueblos y de la madre tierra”.

En ese marco, sostuvo, es como se está dando ahora muerte y destrucción contra el pueblo palestino.

“Porque lo escuchamos y lo leemos, en que dicen que ‘el conflicto de Gaza’, como si fueran dos fuerzas iguales que se están enfrentando, como si al decir ‘conflicto’ se escondieran la muerte y la destrucción, y así ya no matara la muerte y ya no destruyera la destrucción”, dijo Tacho.

Pero como indígenas, agregó, saben bien que lo que está pasando no es un “conflicto”, es una masacre, “que lo que hay es que el gobierno de Israel está haciendo una guerra de exterminio en contra del pueblo palestino y que lo demás son palabras que quieren esconder la realidad.

“Pero también sabemos, como indígenas que somos, que el pueblo de Palestina resistirá y se levantará de nuevo y volverá a andar y sabrá entonces que, aunque lejos en los mapas, los pueblos zapatistas los abrazamos hoy como lo hicimos antes, como lo haremos siempre, o sea que los abrazamos con nuestro corazón colectivo”, dijo el comandante zapatista.

La máquina de guerra del dinero, acusó, “está sin cerebro, está desmemoriada, sus representantes son malvados, animales salvajes que se lanzan contra los pueblos indígenas de México.

“No les importa la destrucción, la muerte de nuestros pueblos enteros, de tribus y naciones. Nosotros los pueblos originarios de México estamos desprotegidos de leyes y padeciendo malos gobiernos. La única esperanza que hay somos nosotros mismos. Nadie va venir a salvarnos, nadie, absolutamente nadie, va a luchar por nosotros. Ni partidos políticos, ni políticos, ni leyes, ni nada hay para nosotros”, admitió el encapuchado.

Y por eso es necesario “luchar todos juntos para defender la madre tierra: La tierra que nos vio nacer, que nos da vida y finalmente descansaremos en ella eternamente.

“Por eso somos todos los colores que somos, todas las lenguas que hablan nuestros corazones, por eso somos pueblos, somos tribus y somos nación. Somos los guardianes de estas tierras, de este país México, de este continente y del mundo. Así que compañeras y compañeros, hoy será nuestro comienzo de caminar y la búsqueda de cómo debemos hacer nuestra defensa común, no hay más tiempo”, acotó Tacho al declarar inaugurado el evento esta mañana.

Por Isaín Mandujano
Con información de: Proceso

©2014-paginasarabes®

Convivencia y sionismo. Algunas aclaraciones

sionismo_2030_a

Durante las últimas semanas, en relación a la masacre israelí de los palestinos de Gaza, han saltado algunas voces “pro-paz” que, sosteniendo la idea de que este es un conflicto entre extremistas de “ambos bandos”, proponen “no importar” el conflicto a Chile y “exportar paz”, como si lo que está causando el exterminio de los palestinos de Gaza hoy en día, se tratase de un problema de “convivencia” entre árabes y judíos. De acuerdo a esto, lo que entonces habría que hacer es “acercar” a ambas culturas para que aprendan a convivir desde la infancia. Esta visión, induce a la ignorancia del fondo del problema de la violencia en este caso, que es la colonización de Palestina por parte de un movimiento europeo nacionalista judío –el sionismo- igual de racista con los árabes que los ingleses y franceses, y también con los judíos árabes. Ignorar el fondo de la violencia es una falta ética, porque es en fin, ignorar que la masacre diaria de más de cien palestinos en Gaza, se debe a un proyecto colonial sobre Palestina que contempla el exterminio y la expulsión de los palestinos y, no a un problema de “convivencia”1. Este discurso que, sea bien o mal intencionado, tiene efectos perversos en la comprensión de una masacre que no hay razón ética que la justifique. Por este motivo, en lo que sigue, plantearé una serie de aclaraciones acerca de “lo árabe” y “lo judío”.

De partida es un error aplicar la palabra “convivencia” a lo árabe y lo judío. Ya que ambas identidades no se excluyen, pues existen desde hace muchos siglos judíos árabes, es decir, los judíos son y han sido siempre, parte de la cultura árabe, la judeofobia es una cosa europea que nada tiene que ver con el espacio árabe ni musulmán. Aquello que el relato nacionalista sionista sitúa como la época de Oro del pueblo judío, fue un desarrollo que tuvo lugar en el espacio cultural lingüístico árabe del Islam clásico, de mayoría musulmana y con minorías cristiana y judía y, también de otras religiones según la zona del Imperio de la cual se tratara. Cualquier lector que quiera comprender seriamente a Musa o Moshé Ben Maimun (Maimónides), importante filósofo judío cordobés del siglo XII, tendrá que aprender árabe, pues este pensador escribió la mayor parte de su obra original en árabe. Y es así como lo ha hecho el gran Leo Strauss, filósofo judeo-alemán radicado en EEUU desde los 30s, que a propósito de sus trabajos sobre Maimónides produjo un verdadero revival en el estudio de la filosofía árabe del Islam clásico en la academia occidental. Podríamos extender una enorme lista de personajes, momentos y formaciones culturales en que lo árabe y lo judío interactúa y se mezcla.

Para poder ser breves, vamos solo a los elementos modernos. ¿De qué problema de convivencia se habla? No hay árabe al que no le den ganas de bailar con el raqs el hawanem (del gran violinista y compositor sirio de religión judía, Sami Al Shawa, 1889-1965). No hay árabe que no sienta un verdadero éxtasis (tarab) con las canciones de Laila Murad (1918-1995), afamada cantante egipcia, también de familia judía e hija de un importante compositor.

En Chile y América Latina, el primer cantante de música árabe que tuvieron las colectividades en los comienzos de la inmigración, fue el judío sirio Azur Shami (o Ezrah Cohen). De hecho, la canción más popular en las comunidades árabes de Chile – law kunet teir wa ‘andi yinah (“Si fuera ave y tuviera alas”), proviene de una cantante egipcia, también judía de 1905 – Zakiah Al-Masriyah – y, fue Shami quien trajo la canción a nuestro país y la hizo popular. De hecho, esta canción es tan popular que, la barra del Club Deportivo Palestino –equipo que a propósito de su camiseta con un mapa de la Palestina histórica protagonizó un interesante hecho político- la ha adoptado desde hace ya décadas como uno de sus principales cánticos, cambiando las palabras obviamente por unas de aliento al equipo – “Palestino en la cancha…”.

¿Por qué los personajes judíos de una cultura no europea nunca son nombrados entre los grandes que levanta el sionismo como los protagonistas de la historia intelectual del pueblo judío (la típica seguidilla: Einstein, Marx, Freud, Arendt, Kafka, etc.)? Es lo que reclama el mismo hijo de Shami en un periódico comunitario argentino 2. La respuesta a ello, la esbozamos más arriba, el sionismo ha construido un relato nacional fundamentalmente europeo, surgido como respuesta a problemáticas europeas (el nacionalismo, la cuestión judía y el antisemitismo), y así mismo, absorbe la mirada racista y colonial sobre lo no europeo.

Para concluir, como podemos ver, el llamado conflicto árabe-israelí o palestino-israelí, no se trata de un problema de convivencia entre los árabes y los judíos, ha existido siempre (salvo en ciertos lugares del mundo árabe en momentos críticos con respecto al sionismo 3), como hemos dicho, no una convivencia, sino una verdadera cultura judeo-árabe. La cultura árabe no es solo musulmana. Si bien, en términos poblacionales predomina el Islam, en términos de la producción cultural y la composición social, hay importantes elementos cristianos y judíos. De manera que no es cierto que los musulmanes quieran matar a todos los cristianos y los judíos. Eso nunca ha sucedido en el mundo árabe, y esperemos no suceda nunca. Eso solo fue posible en Europa en contra de los judíos producto de sus propias ideologías nacionalistas, que progresivamente han colonizado las mentes del mundo árabe y causado desastre tras desastre. Mientras Europa perseguía a los judíos y a los cristianos disidentes del catolicismo, la esfera cultural del Islam que tenía el árabe como lengua culta los tenía como parte de su sistema de comunidades confesionales y de su vida en común, tanto cotidiana como artística y científica.

Si hay grupos islámicos que interpretan erradamente el Corán, eso no justifica situar el problema en el Islam. Y si bien Hamás forma parte de aquellos grupos que interpretan el Corán de manera errónea, sin tomar en cuenta nada de lo que fue la civilización del Islam clásico, ese no es el motivo de su acción armada, sino la colonización israelí de Palestina. Hay en todo caso una sobre-demonización de Hamás, por el hecho de ser “islamistas” y “armados”, eso los convierte inmediatamente en terroristas, aunque lo que hagan sea resistir legítimamente a una ocupación. En ese sentido, tampoco es cierto, como hoy pretende instalar cierta propaganda mal intencionada, para desviar la atención del exterminio, que Hamás sea homofóbico y persiga a los gays. De partida, no existe en las subjetividades árabes la categoría de sexualidad. Esta es una categoría absolutamente europea 4.

Además, en relación a la resistencia armada, que es lo que se juzga como terrorista, los grupos que hoy hacen frente a los ataques israelíes son muchos más que Hamás, este último es el mayoritario, evidentemente, pero hay brigadas tanto del FPLP como de Al-Fatah y del Jihad Islámico. Si Hamás proclama la destrucción de Israel, como muchos de estos grupos lo hacen (es solo Al-Fatah el que ha reconocido a Israel), es porque proclama la destrucción del ocupante. No la expulsión y el exterminio de los judíos que viven allí. Eso nunca ha estado en el programa de un grupo palestino, estos siempre han proclamado solamente la destrucción de Israel en tanto ocupante, de hecho, la OLP desde su fundación manejó la tesis de un solo Estado. Sí en cambio está en los comienzos del sionismo el proyecto de expulsión y/o exterminio de los árabes de Palestina 5, para crear su hogar nacional allí en la forma excluyente de “el Estado de todos los judíos del mundo”, no el Estado de quienes viven allí.

Espero estas líneas hayan servido para aclarar que la cuestión de Palestina se trata de un problema de colonización y no de convivencia, ni menos de desconocimiento de las culturas.


Notas

1.- Sobre esto véase: Masalha, Nur. La expulsión de los palestinos: el concepto de “transferencia” en el pensamiento político sionista, 1882-1948. Buenos Aires: Editorial Canaán, 2008; Pappé, Ilan. La limpieza étnica de Palestina. Barcelona: Crítica, 2008.
2.- SEFARAires Véase p. 2, Carta de Raúl Chami.
3.- Y por efecto de este y su instalación colonial en Palestina, más el nacionalismo como efecto colonial europeo en los países árabes, produjeron una situación en la que estas comunidades judías se vieron, en algunos casos obligadas, en otros simplemente incentivadas, a emigrar al naciente Israel. Hoy son una minoría discriminada por la élite europea, al igual que los judíos africanos.
4.- Véanse a este respecto Foucault, Michel. Historia de la sexualidad I- la voluntad de saber (Siglo XXI Editores, Argentina, 2002) y; Massad, Joseph. Desiring Arabs (University of Chicago Press, 2007).
5.- Khalidi, Walid. “Plan Dalet: Master Plan for the Conquest of Palestine”, Journal of Palestine Studies, Vol. 18, No. 1.

Por Kamal Cumsille Marzouka. Profesor del Centro de Estudios Árabes de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.
Con información de G80

©2014-paginasarabes®