Huir a tierras mexicanas, una esperanza en Siria

Herido y con una familia que mantener y ante un panorama de desolación y muerte en su país, Saíd ha llegado al Distrito Federal, donde desde hace décadas vive su hermano. Busca un nuevo comienzo …

La familia Taleb, en el mercado Hamidiyya, en Damasco, capital siria.
La familia Taleb, en el mercado Hamidiyya, en Damasco, capital siria.

Desde una muy discreta y austera vivienda en la Colonia del Valle, Saíd recuerda hoy los días que pasó en el infierno. Sus ojos reflejan tristeza, ira y frustración por el vuelco que dio su vida hace menos de dos años, cuando aún era un próspero corredor de bienes raíces y vivía feliz con su esposa y sus cuatro pequeños hijos en Duma, su ciudad natal, en Siria.

Desde hacía tiempo, todos los días y a todas horas la guerra civil sonaba a metralla y explosiones cercanas. Nadie sabe quién lanzó aquella bomba. Lo único que Saíd sabe es que el estallido lo dejó aturdido por horas. En medio de la sangre y el dolor, no sentía las piernas.

Herido de gravedad, milagrosamente salvó la vida (su sobrina Rim murió durante un bombardeo). Luego de que aquel fruto malogrado de la primavera árabe que inició a principios de 2011, el conflicto los había alcanzado y la muerte ahora rondaba tan cerca de ellos en Duma como en Damasco, Homs o Alepo…

Luego de un tiempo, aún sin poder caminar, Saíd empezó a buscar la forma de huir de su país e inició un penoso peregrinar. Por meses transitó por la implacable burocracia de numerosas embajadas hasta que, vía Líbano y Brasil, llegó a México, donde ya residía desde un par de décadas su hermano Khaldoún Taleb.

En todo el país liderado por Bashar al- Asad prácticamente no hay dónde estar a salvo de la guerra con tintes de intervención internacional, de intolerancia religiosa y de intereses político-económicos. Todo un galimatías que ni los mismos sirios comprenden del todo, pero que les ha arrancado la vida.

Como siempre, las cifras también son una guerra. Algunos calculan que las batallas y bombardeos indiscriminados, hasta mayo de 2014, han cobrado más de 160 mil muertes. Unas 40 mil de esas personas eran civiles. Otros, como el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, sostienen que las bajas estarían cercanas a los 120 mil, mientras el conteo oficial de Naciones Unidas cerró en 190 mil muertos.

Devastado y enfermo, pero con cierto alivio, Saíd por fin llegó con su familia al aeropuerto de la Ciudad de México. Aquel abrazo con sus parientes geográficamente lejanos debe haber sido la más cálida esperanza entre las pesadillas de una guerra ajena.

La población siria residente en México nunca ha sido demasiado numerosa. Según el Inegi, fue en 1930 cuando se registró el mayor número de migrantes, con 5 mil 159, y desde entonces ha ido en descenso. Hay años en que ni siquiera aparecen en el mapa. Para 1980 eran 893, y el censo arrojó 478 en la década siguiente.

Para el año 2000 eran solo 319; de ellos, 190 hombres y 129 mujeres. Hay pequeños asentamientos de sirios en San Luis Potosí, Jalisco, Estado de México y Distrito Federal, entre los más significativos. En su mayoría se dedican al comercio principalmente del ramo textil. Khaldoún Taleb está en el negocio de importaciones y tiene un establecimiento donde ofrece comida típica de su tierra.

Conmovido por las terribles historias que le contaba Saíd y por las cruentas imágenes que escasamente transmite la televisión, Khaldoún decidió formar en marzo del año pasado la Asociación Internacional de Sirios en México, con fines de difusión cultural, pero que también tiene la intención de promover la llegada de la mayor cantidad posible de refugiados al país, pues asegura que está muriendo un promedio de 5 mil personas cada mes, casi 167 asesinatos diarios, incluso mediante armas químicas.

“Ya tengo más de un año tocando puertas. Hasta ahora no ha habido respuesta”, lamenta con un español entrecortado. Insistiendo por salvar la vida a numerosos paisanos, acudió ya al Ejecutivo federal, a las cámaras de Diputados y Senadores y al Gobierno del Distrito Federal. Todos lo escuchan con atención. Nadie ha resuelto nada.

Incluso Saíd ya ha tenido sus dosis de indolencia burocrática: sigue enfermo, discapacitado y esperando una cita que en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, en junio pasado, le programaron para medio año después.

La petición de refugio en ocasiones de plano ha sido incomprendida, como cuando los mandaron a plantear su caso a Conaculta y esta dependencia a su vez los “canalizó”: extendieron un listado simple de direcciones y teléfonos de las delegaciones capitalinas, para que fueran a pedir apoyo ahí.

En nuestro país no hay un embajador ni cónsules de Siria. En los hechos, Khaldoún ha realizado esas funciones. Cientos de sus paisanos han tratado de contactarlo para contarle de algún familiar que la guerra les ha arrebatado. Le exponen su caso y le piden ayuda para llegar a México.

Él mantiene la esperanza, pero está abrumado: “Tengo copias de 121 pasaportes de gente que suplica un refugio”, dice. Y lo peor es que, ante la indiferencia que ha enfrentado, el tiempo juega en contra: en estos días la lista se había reducido a 115. Ya mataron al resto.

Faris Al Atrach es un comerciante sirio ciudadano mexicano. Aquí ha vivido por más de 50 años. Lamenta que “hay actualmente más de 7 millones de refugiados, casi la mitad de ellos fuera de Siria, en países como Turquía y Líbano. Todos han perdido sus hogares y todo lo que tenían. Viven en la peor miseria que se puede estar”.

Si hay algo que los alienta a seguir luchando por esta causa, es la historia de México. “Es un país generoso, bonito en su gente y sus costumbres. Es un país de paz. Tiene el antecedente como una nación que siempre ha ayudado muchísimo, como en 1940, cuando hubo guerra en España (entonces llegaron aquí más de 21 mil republicanos huyendo del franquismo); o en 1973 luego del golpe de Estado en Chile. México ha favorecido, ha recibido y ayudado a muchos refugiados”.

La ONU tiene una agencia específica para estas situaciones humanitarias. Se trata de la oficina del Acnur, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados es el señor António Guterres.

De acuerdo con sus estatutos, un refugiado es una persona que ha abandonado el país de su nacionalidad y no puede regresar por un temor bien fundado a la persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social determinado u opinión política.

Asegura que actualmente hay más de 22 millones de refugiados en el mundo, de los cuales la mayor parte son mujeres y niños, que han tenido que huir de sus países por la intolerancia y la violencia.

Entre sus funciones, la oficina se encarga “de proteger a los refugiados, intervenir ante los gobiernos a favor de ellos y buscar soluciones duraderas para que los refugiados vuelvan a iniciar sus vidas en un ambiente normal”. Del mismo modo, los ayudan a repatriarse a sus países de origen “si las condiciones así lo permiten” o, en su caso, a integrarse a sus países de asilo.

De acuerdo con un despacho de AFP, el primero de octubre de 2013 el Alto Comisionado António Guterres anunció, ante la tragedia humanitaria en Siria, que 17 países aceptaron abrir sus fronteras a refugiados sirios, entre ellos México. Esto luego de una reunión del Comité Ejecutivo de la Acnur, que concluyó con un llamado a la “acción internacional urgente” para aligerar el peso económico y social a países vecinos de Siria que han recibido aproximadamente 2 millones de refugiados.

Hace muy poco Khaldoún Taleb Raeifeh por fin pudo exponer por escrito su caso ante la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de nuestro país, encabezada por José Antonio Meade, y espera respuesta. Tiene confianza en sus paisanos que, dice, “son gente trabajadora, y lo único que necesitan es un empujón. Por eso queremos que las autoridades escuchen nuestra petición humanitaria y les den acceso como refugiados”.

De este modo, no se trata únicamente de otorgarles visa a miles de víctimas, sino que los ayuden con servicios de salud, empleos temporales, vivienda y todo lo elemental para llevar una vida normal en este país.

El sueño de Khaldoún va más lejos, hasta una pequeña Duma en México: “Ojalá que nos ayudaran a que los refugiados se asentaran en una misma zona, y en poco tiempo se formara una comunidad como en México son los ‘pueblos mágicos’ pero con tradición Siria. Tal vez sería un interesante atractivo turístico. Eso es lo mejor que podemos ofrecer a cambio del valioso apoyo: nuestro trabajo y nuestra cultura”.

Por Sergio Villafuerte
Con información de Milenio

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Los abandonados molinos del río Guadaira

Los molinos del río Guadaira, en un limbo entre mantenerlos o darles uso. “Forman la identidad de la Alcalá moderna”, apunta un historiador.

Alcalá de Guadaíra (Sevilla) ©El Mundo
Alcalá de Guadaíra (Sevilla) ©El Mundo

Los molinos del río Guadaíra forman la identidad de la Alcalá moderna. Esta es la paradoja que expone Antonio García Mora, historiador y presidente honorario de la asociación cultural Padre Flores, al final del recorrido por la ribera. Un patrimonio histórico que ha inspirado a poetas y pintores, que sirvió de motor de la economía local y que ahora se encuentra en una especie de limbo entre simplemente conservarlos o darles algún uso.

Construidos en cadena a lo largo del río, un documento que habla sobre los arrendamientos de los mismos en el siglo XVII relata que había 40 molinos activos en esa época. A partir de ese momento, se fueron abandonando, inutilizando o destruyendo, llegando hasta 1971, cuando el último, el de Pelay Correa, cesa su actividad esporádica.

La progresiva industrialización de la manufacturación del pan fue la causa determinante de que el abundante molinar de la localidad cayera en el olvido, pero no la única. Hubo intentos a mediados del siglo XIX de innovar en este campo, con la harinera de la familia De La Portilla incorporando una máquina de vapor a su instrumental y sustituyendo al anterior molino de la Caja. Tal fue el impacto que provocó esta empresa que unos versos del poeta flamenco ‘Demófilo’ cantan que “yo te estoy queriendo más/ que granos de trigo muele/ la máquina de Alcalá”. Esta iniciativa cerró a principios de siglo pasado y hoy sus restos permanecen ocultos en la maleza.

En la otra orilla de este proyecto derruido se alza aún el molino del Algarrobo, que fue sometido a un proceso de recuperación en 2003 para que recobrara su imagen original. Se conserva en buen estado su torre, que aguanta después de siete siglos. Sin embargo, la casa del molinero ha desaparecido totalmente, con la vegetación abriéndose paso.

Sobre esto hace un inciso Antonio García, que se queja de que poco a poco se está perdiendo la vegetación autotóctona, la morera y la azofaifa, árboles caducos que cumplían una función de proteger a las familias molineras de inclemencias estacionales. El césped y arbustos de clásico parque europeo van restando exclusividad al parque, como se observa claramente en el complejo deportivo de San Juan, cercano al parque Oromana por el campo de feria.

En el bosque, se encuentra un molino de cubo reconvertido en mirador, el de Oromana. Esta forma de darle uso se concibió en la Exposición Universal de Sevilla de 1929, cuando también se construyó el hotel Oromana. Al molino en cuestión le taparon las aceñas, por donde caía el agua que movía la rueda, para así crear una terraza con vistas al río Guadaira.

En este lugar surge la pregunta de si es cierto que el amplio molinar alcalareño tiene la antigüedad que muchas fuentes sostienen, donde aluden a los conquistadores árabes e incluso a los romanos. Antonio García responde que no hay forma certera de saberlo, ya que jamás se han efectuado excavaciones arqueológicas allí, aunque documentos de los siglos XIV y XV hablan de ellos, por lo que se puede concluir que son molinos cristianos sobre bases musulmanas.

La casa del molinero se mantiene unos metros más alta del nivel del molino-mirador de Oromana. La razón de ello reside en las riadas que asolan el Guadaíra en los meses de lluvias (de noviembre a marzo), para que el desbordamiento no alcanzara el hogar. El molino también estaba preparado para ello, con materiales que pudieran ser recogidos facílmente y con un piso extra en el que refugiarse si les sorprendía la crecida. El historiador comenta que esto no solía pasar (“los molineros leían el río”), pero que alguna que otra vez quedaban atrapados durante días.

Por último, justo enfrente, se encuentra el molino de Benarosa. En este caso, el movimiento de las aguas empujaba los rodeznos situados en el río, lo que a su vez movía las ruedas que molían el trigo. Estos rodeznos ocupan todo el ancho del río, por lo que sirven de puente entre una y otra orilla.

El nombre de Benarosa, con una toponomía de origen andalusí (Banu Arosa), nos indica que es anterior al siglo XIII, cuando se completó la reconquista de Sevilla por parte de los cristianos. La primera referencia documental del mismo data precisamente de 1253, cuando Alfonso X dona el “que se llamó en tiempo de moros el molino de Abén Aharoça”, citando el texto histórico, a “don Pedro Pérez, notario de la reina doña Juana”.

Subiendo por un inclinado sendero que se aleja del agua, la correspondiente casa del molinero, que además de vivienda particular servía como almacén. Se trata de un sitio amplio y confortable comparado con el molino, lugar angosto y sometido a humedades.

Todo este recorrido muestra un molinario abandonado, que se mantiene en pie pese al implacable paso del tiempo. Diversas iniciativas políticas y ciudadanas han intentando darle algún tipo de función a este patrimonio, pero todo termina siendo un brindis al sol. Los obstáculos de que prosperen se centran sobre todo en lo económico, ya que el mantenimiento de una zona así requiere mucho dinero y un cuidado constante. No ayudan tampoco las mencionadas crecidas del Guadaíra, que obligarían a un uso estacional de los molinos o a que se pudiera recoger rapídamente lo que se dispusiera allí.

Antonio García sugiere la casa del molinero como emplazamiento adecuado para actividades económicas o culturales, pero advierte que la presencia tendría que ser continua y estar acompañada de la correspondiente vigilancia para evitar robos o vandalismo.

Por Rafael Gandullo
Con información de El Mundo

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Respuesta a Aguinis y otros intelectuales pro sionistas

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El Sheij Abdul Karim Paz responde a la carta abierta de Aguinis y otros intelectuales pro sionistas ©prensaislamica

La carta que publicaron algunos en defensa del genocidio que lleva a cabo el ejército de ocupación sionista en Gaza está llena de falsedades. La primera de ellas, es la de describir a este genocidio como una “guerra”. Lo que está sucediendo no es una guerra entre dos ejércitos y menos con el grado de paridad necesaria para poder denominarla así.

Lo que está sucediendo es una ocupación por parte de un Estado armado hasta los dientes con todo tipo de armas convencionales y prohibidas por la legislación internacional, a un territorio – el palestino-, cuyo pueblo, harto de tanta opresión, resiste como puede.

El genocidio que tiene lugar en estos días ante la mirada pasiva y permisiva de los poderes internacionales, es una constante y no se limita a lo que sucede ahora con el bombardeo en Gaza.

Cuando cesa el fuego, el genocidio “por goteo” continúa, con nuevos asentamientos, nuevas expulsiones, nuevas humillaciones, cárceles, torturas, despojos y abusos. Todos lo saben, pero los grandes medios cómplices lo esconden a los ojos de la población mundial que si pudiese saber el diez por ciento de lo que hacen sufrir los sionistas a los palestinos a diario, no permitirían que esta situación aberrante continúe por tanto tiempo.

Dios Altísimo, la conciencia humana y hasta las Naciones Unidas, tan reacias a condenar a Israel, permiten al ocupado la defensa.

La segunda falsedad es que Hamas, el partido con mayoría de seguidores en la Franja de Gaza, inició la “guerra”. La agresión genocida la inició el ejército ocupante con la excusa de vengar el secuestro y asesinato de tres colonos (ocupantes), pero después se supo que no fueron los del Hamas o algún palestino el que los asesinó, sino israelíes.

Que el Estado sionista es la única democracia en el Medio Oriente es falso porque ha expulsado a más de cuatro millones seiscientos mil palestinos según datos de las Naciones Unidas y no les permite el retorno a su tierra, desobedeciendo una resolución de ese organismo internacional. El argumento para negarles su derecho a retornar es que si regresan serán mayoría… Matar y expulsar a quien no me vota, no es precisamente un comportamiento democrático.

Dicen estos señores que Israel respeta la diversidad, pero expulsarla o matar a los oponentes, como hacen desde que fueron a ocupar esas tierras (no de estos días), es un crimen no un respeto, y no hay que ser muy intelectual para comprenderlo.

Otra falsedad es que dicen que Hamas toma de rehén a la población en Gaza. Si así fuera, la población no los votaría en elecciones limpias. De acuerdo a los veedores internacionales como el ex presidente de Estados Unidos, Carter las elecciones en Gaza han sido de las más limpias que haya presenciado. Además, si ese fuera el caso, la gente de Gaza saldría feliz a recibir al ejército de salvación de esos supuestos criminales, y no hay ni una sola foto que muestre a un habitante de Gaza corriendo a los brazos del ejército sionista supuestamente salvador.

Las fotos hablan de las masacres del ejército de ocupación que es odiado por los palestinos. Si los palestinos tuvieran la misma prensa que tienen los ocupantes, sabríamos de muchas más aberraciones. Si sabemos un poco es por internet y por las redes sociales, no por lo que publiquen los grandes medios serviles al ocupante.

Si estos “intelectuales” fueran verdaderamente gente racional y judía de fe, aceptarían el precepto bíblico del Talión que es ojo por ojo diente por diente, como un derecho que adquiere el oprimido en la medida de la agresión sufrida. Más allá de que acá hay un solo agresor y es el ocupante, lo cierto es que en la peculiar lógica de estos señores, un ojo israelí vale por miles de los palestinos.

Esto es pura y llana agresión no una legítima defensa.

El proyecto sionista se basó en una supuesta solución al problema de las persecuciones sufridas en Europa y en Rusia por los judíos pero a expensas de los palestinos que no tenían nada que ver con eso. Para peor, los sionistas jamás reconocieron que esas tierras palestinas estaban habitadas y comenzaron con sus agresiones para instalarse allí. Por eso los palestinos llamaron a ese proyecto sionista de un Estado propio, una tragedia (Naqba).

El colmo de pretender tomarnos como idiotas de estos señores es cuando afirman que, “Israel se desespera por proteger a sus ciudadanos y ocasionar el menor daño posible”. No hay ladrillo sobre ladrillo, ni niño, mujer o anciano que haya escapado a las bombas y cañonazos del ejército sionista.

Hospitales, mezquitas, escuelas, refugios de las Naciones Unidas, Iglesias, almacenes de agua, cloacas, centrales eléctricas, caminos, fábricas, hogares fueron destruidos. Todo ello costó mucho a los palestinos poder construirlo, ante el bloqueo por aire, tierra y mar que le impone el ejército de ocupación.

El judaísmo no tiene nada que ver con esta masacre. La piedra de David hoy, está en manos de los palestinos, y Goliat es el ejército sionista que ocupa Palestina. Moisés, con él sea la paz, liberó a un pueblo de la opresión del Faraón, el sionismo lo esclaviza con la ayuda del Faraón contemporáneo, ingles primero, norteamericano después, que lo provee de armas y lo protege con su veto injusto en las Naciones Unidas ante cualquier sanción para que nunca le pase nada. Ghandi decía, “mi simpatía por los judíos no puede llevarme a aceptar a un Estado que se creó con la ayuda de las bayonetas inglesas”.

Herzl, el padre del Estado Sionista, proponía la creación de ese Estado en Palestina como la avanzada de “la civilización (europea) contra la barbarie (de los árabes y musulmanes)”. La barbarie vino con ellos y la civilización que permite este genocidio es una civilización en vías de una cercana extinción.

Por el Sheij Abdul Karim Paz
Con información de : Prensa Islámica

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