Siria se declara miembro de Convención sobre Armas Químicas

Bashar Al Assad
Siria se declara miembro de Convención sobre Armas Químicas

El embajador de Siria ante las Naciones Unidas, Bashar Yafari, asevera que su país se ha adherido este jueves a la Convención sobre Armas Químicas (CAQ).

“Legalmente hablando, hoy Siria se ha convertido en miembro de pleno derecho de la Convención (contra las armas químicas)”, ha afirmado Yafari en declaraciones a periodistas.

Asimismo, ha dicho que el Gobierno sirio ha dirigido cartas relevantes al secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, y a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.

Ban Ki-moon ha confirmado haber recibido una carta del Gobierno sirio en la que se informa de que el presidente Bashar al-Assad ha firmado el decreto legislativo para el ingreso de Siria a la citada Convención.

El secretario general de la ONU ha expresado su satisfacción por la decisión de Al-Assad.

Sin embargo, horas antes de declaraciones de Yafari, el portavoz de la ONU, Farhan Haq, había explicado que el proceso duraría “un período de días”.

“Es necesario determinar si lo podemos considerar como instrumento de integración a la Convención. Para ésto existen ciertos procesos jurídicos”, explicó Haq a la agencia rusa ‘Itar-Tass’.

El lunes, el ministro sirio de Exteriores, Walid al-Moalem aceptó la propuesta de su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, para que Siria ponga su arsenal químico bajo la supervisión internacional.

Este jueves, Al-Assad corroboró las declaraciones de Al-Moalem y condicionó la aceptación de la iniciativa a que Washington deje de amenazar con un ataque a Siria.

Con información de : Hispan TV

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El culto a Isis – Señora de las pirámides

Los primeros cristianos adoptaron gran parte del culto a Isis asimilándola a la Virgen María. Su función maternal y protector. Las imágenes de la Virgen María y el Niño están inspiradas en el culto a esta diosa.

Fue la más popular de las diosas egipcias y su culto llegó también a Hispania. Isis, la mujer perfecta, arribó a nuestras costas tras la transformación de su culto en mistérico y gracias a los comerciantes que surcaban las aguas del Mediterráneo, que se encomendaban a ella en sus azarosas travesías. Baelo Claudia fue una de las ciudades en la que se le construyó un templo. Pero no la única…

Isis, la esposa perfecta, capaz de recorrerse todo el Nilo en busca de los desmembrados restos de Osiris, su esposo y hermano. Isis, la gran maga llena de poder y conocimiento, capaz de recomponer el cadáver de Osiris para convertirlo en la primera momia, a la que sustituyó el perdido pene por uno artificial. Isis, la mujer de gran fertilidad capaz de transformarse en milano y hace lo que ninguna otra mujer hizo: situarse encima del pene erecto de la momia de su esposo para quedar preñada de él y así poder darle un hijo. Isis, la madre perfecta, que lucha con todo y contra todos por mantener a su enfermizo hijo Horus con vida, que lo oculta en las marismas de Chemnis de la búsqueda malévola de su tío Seth (asesino de su hermano Osiris) y lo salva de la picadura del escorpión. Isis, la perfecta señora de la casa, que lucha con denuedo contra los designios de su malvado hermano Seth y no ceja hasta conseguir que los derechos de su hijo al trono de Egipto le sean reconocidos por los dioses. Isis, la mujer taimada y sin escrúpulos que no duda en prepararle una trampa a su bisabuelo y hacer que le pique una serpiente para, con malas artes y un algo de chantaje, conseguir averiguar su nombre secreto. Isis, la mujer compasiva y llena de amor, capaz incluso de sentir pena por Seth, el origen de todos sus males y aflicciones. Isis, en fin, la mujer perfecta, el espejo en el cual podían mirarse todas las féminas y adorar todos los hombres. Esta Isis, la más popular de las diosas egipcias, es la deidad que, según el Mediterráneo oriental se fue haciendo más pequeño gracias a las conquistas y reconquistas de los pueblos de sus orillas, pasó a convertirse en reconocida y adorada en toda la región, gracias sobre todo al reino ptolemaico.

 Si bien durante la época faraónica Isis mantuvo un mano a mano en cuanto a popularidad con Hathor –la diosa de la fertilidad, la embriaguez y la música (o de las drogas, el sexo y el Rock & Roll, como la definieron en una conocida serie de televisión)–, durante la época ptolemaica su preeminencia fue completa debido sobre todo a una decisión puramente política. Los griegos llegados a Egipto con los ptolomeos no se mezclaron en absoluto con los autóctonos, de modo que, para dar cohesión a una sociedad tan claramente dividida, los reyes lágidas crearon una divinidad que pudiera ser adorada por todos: Serapis. Convertida en el dios ptolemaico por excelencia, se le buscó una pareja, que no fue otra que Isis, la mujer perfecta, una diosa con la cual podían identificarse sin desdoro las reinas de la dinastía, en especial Arsinoe II y Cleopatra VII (la Cleopatra por excelencia). Las infinitas rutas comerciales que partían y llegaban al puerto de Alejandría, la pujanza económica y cultural del reino ptolemaico y la koiné creada en el Mediterráneo oriental por las conquistas de Alejandro y los posteriores reinos helenísticos explican el tremendo  desarrollo del culto isíaco.

Sin embargo, esta internacionalización de Isis, si así podemos llamarla, se produjo también en parte porque su culto sufrió una transformación que se sumó con grandes resultados al atractivo propio de la diosa. Nos referimos a su conversión en una religión mistérica. Estos cultos orientales, como el de Cibeles, el de Mitra o el de Eléusis, se caracterizan porque la participación en los mismos estaba limitada a los iniciados en los «misterios» de la deidad. Es decir, que para ser parte de ellos había que haber pasado una formación y una ceremonia de entrada que permitían al adepto integrarse en el grupo de adoradores tras conocer la parte «misteriosa» de la religión. Sólo entonces podía adorar adecuadamente a la divinidad. Se puede sugerir que fue Cleopatra, amante de Julio César y después de Marco Antonio, quien dio a conocer de primera mano a los habitantes de Roma el culto a Isis, por entonces ya bien asentado en el Mediterráneo Oriental. Al menos eso parece indicar que fuera a la muerte de Julio César cuando por primera vez se intentó construir en la Ciudad Eterna un templo a la diosa, actividad vetada por Augusto, decidido a regresar a los cultos romanos tradicionales.

Ha de quedar claro que no es la Isis faraónica la que llega a la península Ibérica (y al resto del Mediterráneo) para ser adorada, sino la mistérica. No pueden caber dudas de ello. En primer lugar, porque su iconografía así lo demuestra; pues la diosa no sólo presenta los rasgos de la Isis metamorfoseada en Alejandría por los Lágidas, sino porque además el paredro (pareja) que la acompaña no es otro que la nueva deidad estatal ptolemaica: Serapis. En segundo lugar, porque no fueron súbditos del faraón quienes trajeron la diosa a la vieja piel de toro, sino comerciantes mediterráneos que jamás conocieron el culto a la esposa de Osiris tal cual se celebraba en el valle del Nilo en la época de las pirámides o el imperio. El ejemplo más claro de esto puede ser, sin duda, la inscripción bilingüe en latín y griego encontrada Emporiae (Ampurias), que reza como sigue: «A Isis. A Serapis. Numas, hijo de Numeios, alejandrino, devoto, mandó hacer el templo, las estatuas y el pórtico». Es decir, un emprendedor alejandrino –y por lo tanto un griego de etnia y educación, que no un egipcio– acabó encontrando en la costa catalana más septentrional un lugar tan adecuado para sus negocios transmediterráneos como para considerar un buen negocio para su bienestar espiritual y económico la fundación un templo dedicado a su divinidad favorita.

La devoción de los mercaderes/navegantes por Isis no era de extrañar, porque el viaje realizado por la diosa desde Egipto hasta el Líbano para recuperar el cuerpo de su esposo la relaciona con el mar Mediterráneo y la convertía en la Isis Pelagia, la Salvadora. Encomendarse a ella era, por tanto, contar con una salvaguarda más durante las azarosas travesías que permitían atravesar de punta a punta el mar de los romanos.

De El Culto a Isis en Hispania de José Miguel Parra

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La bomba atómica en la España de Franco

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La bomba atómica en la España de Franco

Imaginen que España dispusiera de un arsenal de armas nucleares y documentos secretos de la CIA advirtieran del peligro de la amenaza. ¿Política ficción? No del todo. Durante la segunda etapa del franquismo, superada la posguerra, se elaboraron planes a partir de 1951 para armar a España con la bomba atómica, un proyecto que a punto estuvo de convertirse en una inquietante realidad.

Un informe del gabinete de inteligencia de Estados Unidos fue desclasificado y está fechado en el 17 de mayo de 1974. La información de la CIA asegura que “el gobierno de Franco tenía en proyecto y desarrollo un extenso y ambicioso plan nuclear que merecía la atención y vigilancia de los Estados Unidos”. Entre los planes de Franco se incluía la construcción de una central para enriquecimiento de uranio “cuya construcción dependía de una combinación de circunstancias incluyendo la política del gobierno que sucediese la muerte del dictador”. El informe secreto de la CIA afirmaba: “España es uno de los países de Europa merecedores de atención por su posible proliferación de armas nucleares en los próximos años. Tiene reservas propias de uranio de moderado tamaño, un extenso programa de desarrollo nuclear, tres reactores operativos, siete en construcción y otras diecisiete en proyecto. También una planta piloto para enriquecimiento de uranio”

El general Franco, impresionado por el poder de destrucción que demostraron las bombas atómicas lanzadas al final de la Segunda Guerra Mundial, manifestó a sus más estrechos colaboradores sus interés por las armas nucleares, insistiendo en la posibilidad de que España pudiera disponer de ellas algún día. Los investigadores de nuestra historia reciente nunca han conseguido desvelar cuáles fueron las razones concretas que impulsaron a Franco a plantear la cuestión. Son varias las hipótesis barajadas, entre ellas el deseo de poseer la capacidad de disuasión suficiente para hacer frente a una agresión extranjera que amenazase con poner fin al régimen, o la más peregrina de satisfacer el deseo del dictador de recuperar la grandeza imperial de España. Aun hoy en día, una nube de secretismo cubre todo lo relacionado con el tema. Parece como si los aspectos que impulsaron realmente el proyecto nunca hubieran salido del círculo íntimo de cortesanos que rodeaba al general en el Pardo.

“Sin duda, para Franco sería importante disponer de una bomba atómica de cara a ejercer una gran presión real sobre su eterno enemigo: Marruecos -y, por extensión, sobre todo el Magreb-, teniendo muy en cuenta al Sahara que, no por casualidad, era donde debía probarse la primera detonación experimental”.

Independientemente del objetivo, lo cierto es que las altas cúpulas del gobierno español pronto comenzaron las investigaciones para dar forma a su sueño atómico, un deseo que, de haberse alcanzado, podría haberse convertido en una pesadilla para cientos de miles de personas.

Aunque la posibilidad de que España hubiese podido fabricar bombas atómicas pueda parecer un tanto descabellada en una época, segunda mitad de la década de los cincuenta, en la que el país sufría los últimos coletazos de la posguerra, ésta fue tenida en cuenta seriamente y comenzaron a darse los primeros pasos en esa dirección. El jefe de Estado Mayor, general Juan Vigón, y el almirante Luis Carrero Blanco fueron los impulsores de un programa para obtener y dominar la tecnología necesaria para fabricar las armas nucleares que Franco deseaba poseer.

El 22 de octubre de 1951 se crea la Junta de Energía Nuclear, presidida por el general Vigón. Éste realiza una importante labor, reclutando al personal más cualificado y con experiencia en el campo de la investigación nuclear, obteniendo la financiación necesaria para comenzar los trabajos y buscando las zonas de nuestro país donde pudieran existir yacimientos de uranio. Desde un primer momento, el proyecto es dirigido y controlado por militares en el más absoluto secreto. El general Vigón fallece en 1955 pero sus planes continúan adelante con el respaldo personal del almirante Carrero Blanco.

En 1955 se produce un acontecimiento que va a permitir un salto cualitativo en las investigaciones. En ese año, la Administración de Estados Unidos lanza el programa Átomos para la paz. Impulsado por el propio presidente Eisenhower, con él se pretendía favorecer el uso pacífico de la energía nuclear en los países aliados, y de paso, beneficiar a las empresas americanas del sector, allanándolas el terreno para futuros contratos.

En julio de 1955 España firma con los Estados Unidos un acuerdo de cooperación nuclear al amparo del programa de Átomos para la paz, convenio que fue ampliado dos años después. En virtud de estos acuerdos, España recibió un crédito de trescientos cincuenta mil dólares que permitió la obtención de un primer reactor nuclear y pequeñas cantidades de uranio enriquecido como combustible. Estas ayudas permiten que el 27 de diciembre de 1958 el general Franco acompañado de Carrero Blanco, inaugure el Centro Nacional de Energía Nuclear Juan Vigón en las instalaciones construidas en la Ciudad Universitaria de Madrid.

Referencias :
Episodios ocultos del franquismo, de  José Luis Hernández Garvi
Claves ocultas del poder mundial, de José Lesta
Vengo a salvar a España , de José Rueda

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