Siria: geopolítica y excusas del Imperio – Pedro Brieger

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Siria: geopolítica y excusas del Imperio

El analista internacional Pedro Brieger, académico y periodista argentino, nos acerca a la realidad de un conflicto que es parte de un juego geopolítico de los Estados Unidos en su carrera por la supremacía mundial. Para el sociólogo, el gobierno de Obama intenta equiparar, a través de una campaña mediática, a Bashar al Assad con Hitler, para justificar su caída.

Cuando aún no se han presentado pruebas que incriminen al gobierno sirio por el presunto uso de armas químicas en los ataques a la población, Estados Unidos ha anunciado que persiste en su intención de bombardear a Bashar al Assad, ignorando que la Organización de Naciones Unidas no se ha expedido. Desde Rusia, el presidente Vladimir Putin emplazó a Washington a exponer ante el Consejo de Seguridad de la ONU las presuntas pruebas contra Siria para que sean analizadas y que sean tomadas las acciones correspondientes por el único órgano internacional con facultades para dirimir en estos casos.

El secretario de Estado del Gobierno de Obama, John Kerry, sostuvo sus imputaciones basándose en “comunicaciones interceptadas entre funcionarios sirios de alto nivel” yen la presunta observación de “personal militar moviéndose por Damasco”. Hasta el momento no hay información, tampoco, de los expertos de naciones unidas que fueron al país árabe a investigar sobre la utilización de armas químicas y su procedencia.

Ante esta ofensiva de Estados Unidos, el analista internacional Pedro Brieger, columnista del periodístico Visión 7, de Argentina, señaló que éste no es otra cosa que un juego geopolítico en que el gobierno de Obama tiene como objetivo principal a Irán, y que utiliza el caso Siria para incidir sobre el gobierno de Teherán.

Brieger conversó en la mañana de La 30 sobre este conflicto y el papel del “imperio” que, según el estudioso, necesita mostrar su poder.

Cuando aún no se han presentado pruebas que incriminen al gobierno sirio por el presunto uso de armas químicas en los ataques a la población, Estados Unidos ha anunciado que persiste en su intención de bombardear a Bashar al Assad, ignorando que la Organización de Naciones Unidas no se ha expedido. Desde Rusia, el presidente Vladimir Putin emplazó a Washington a exponer ante el Consejo de Seguridad de la ONU las presuntas pruebas contra Siria para que sean analizadas y que sean tomadas las acciones correspondientes por el único órgano internacional con facultades para dirimir en estos casos.

El secretario de Estado del Gobierno de Obama, John Kerry, sostuvo sus imputaciones basándose en “comunicaciones interceptadas entre funcionarios sirios de alto nivel” yen la presunta observación de “personal militar moviéndose por Damasco”. Hasta el momento no hay información, tampoco, de los expertos de naciones unidas que fueron al país árabe a investigar sobre la utilización de armas químicas y su procedencia.

Ante esta ofensiva de Estados Unidos, el analista internacional Pedro Brieger, columnista del periodístico Visión 7, de Argentina, señaló que éste no es otra cosa que un juego geopolítico en que el gobierno de Obama tiene como objetivo principal a Irán, y que utiliza el caso Siria para incidir sobre el gobierno de Teherán.

Brieger conversó en la mañana de La 30 sobre este conflicto y el papel del “imperio” que, según el estudioso, necesita mostrar su poder.

Este martes los radares rusos detectaron el lanzamiento de dos misiles en el Mediterráneo Oriental, cerca de a Siria. Según informó el ministerio de Defensa israelí a la agencia oficial RIA-Nóvosti, esta acción correspondería a un ensayo militar conjunto efectuado entre EE UU e Israel. “Los lanzamientos fueron efectuados en el marco de los ensayos conjuntos con Estados Unidos. Los misiles fueron lanzados desde el mar Mediterráneo y fueron exitosamente seguidos por los radares en territorio de Israel”, señaló la fuente. Según Israel los misiles se usan como blancos para verificar la capacidad del sistema de defensa antimisiles.

Con respecto a la posición de Rusia, el sociólogo argentino analizó que los intereses del petróleo son el fundamental causante de la situación de la región.

En dialogo con El Tiempo No Para Brieger señaló que existe una campaña a nivel mediático en Occidente que pretende poner a Bashar al Assad a la altura de Hitler para justificar su asesinato.

Por  Pedro Brieger

Escuche el audio en : Caras & Caretas

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Nadie en Medio Oriente toma en serio a EU – Por Robert Fisk

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Nadie en Medio Oriente toma en serio a EU

Lo más sorprendente fue la transparente audacia con la que nuestros líderes pensaron que podían nuevamente confundir a sus legisladores. Bienvenido sea el fin de la “relación especial”. Qué momento incómodo; no se le puede describir de otra forma. Alguna vez Líbano, Siria y Egipto temblaban cuando Washington hablaba. Ahora se ríen. No sólo tiene que ver con lo que pasó con los estadistas del pasado. Nadie se creyó que Cameron fuera Churchill ni que ese hombre tonto en la Casa Blanca fuera Roosevelt, si bien Putin es un Stalin aceptable. Se trata más de una cuestión de credibilidad; nadie en Medio Oriente toma ya en serio a Estados Unidos.

Basta con haber visto a Obama el sábado pasado para darnos cuenta por qué. Parloteó de la manera más racista sobre “antiguas diferencias sectarias” en Medio Oriente. ¿Desde cuándo un presidente de Estados Unidos es experto en esas supuestas “diferencias sectarias”? Constantemente nos muestran mapas del mundo árabe con zonas chiítas, sunitas y cristianas pintadas de colores diferentes para enseñarnos las naciones de la región a la que nosotros generosamente impusimos una demarcación. ¿Pero cuándo un periódico estadunidense publicará un mapa de colores de Washington o Chicago con las zonas de población blanca y negra por calle?

Pero lo más descarado fue que nuestros líderes pensaran que nuevamente podían manipular a sus órganos legislativos con mentiras, tambores de guerra y aseveraciones absurdas.

Esto no significa que Siria no haya usado gas “contra su propio pueblo”, frase que solíamos aplicarle a Saddam cuando queríamos ir a la guerra contra Irak, pero sí demuestra que los líderes están ahora pagando el precio de la deshonestidad de Bush y Blair.

Obama, quien cada vez se asemeja más a un predicador, quiere ser el Castigador en Jefe del Mundo Occidental; el Vengador en Jefe. Hay algo en él que recuerda al imperio romano, y los romanos eran buenos para dos cosas: creían en la ley y en la crucifixión. La constitución estadunidense, los “valores” estadunidenses y los misiles crucero tienen, más o menos, ese mismo enfoque. Las razas inferiores deben ser civilizadas y castigadas, aun cuando sus diminutos lanzamientos de misiles parecen más actos perniciosos que una verdadera guerra.

Todo aquel que estuviera fuera del imperio romano era llamado “bárbaro”; todo aquel que está fuera del imperio de Obama es llamado “terrorista”. Y como siempre, la “visión global” tiene la costumbre de borrar pequeños detalles de los que deberíamos estar al tanto.

Tomemos Afganistán, por ejemplo. Recibí una interesante llamada telefónica desde Kabul hace tres días; y parece que los estadunidenses le impiden al presidente Karzai adquirir nuevos helicópteros rusos Mi, porque Rusia vende esas mismas naves a Siria. ¿Qué les parece? Por lo visto Estados Unidos ahora trata de dañar las relaciones comerciales entre Rusia y Afganistán. El por qué los afganos quieren hacer negocios con una nación que los esclavizó durante ocho años es otra cuestión, pero Estados Unidos relaciona el asunto con Damasco.

Ahora, otra pequeña noticia. Hace poco más de una semana dos enormes coches bombas estallaron afuera de dos mezquitas salafistas en la ciudad de Trípoli, al norte de Líbano. Murieron 47 personas y quedaron heridas otras 500. Ahora se descubre que cinco personas fueron acusadas por los servicios de seguridad libaneses de los atentados y se dice que una de ellas es el capitán del servicio de inteligencia del gobierno sirio.

A este oficial se le achacaron los cargos “en ausencia”, y quisiéramos pensar que hombres y mujeres son inocentes hasta que se compruebe su culpabilidad, pero dos jeques también fueron acusados y uno de ellos, aparentemente, es el jefe de una organización islamita pro Damasco. Se dice que el otro jeque también es cercano a la inteligencia Siria. Obama está tan empeñado en bombardear Siria y tan indignado por los ataques con gas que pasó por alto esta información que ha enfurecido a millones de libaneses.

Supongo que esto es lo que pasa cuando se pierde de vista la pelota.

Todo esto me recuerda un libro publicado en 2005 por la editorial de la Universidad de Yale titulado El Nuevo León de Damasco escrito por el profesor de la Universidad de Trinity, Texas, David Lesch. En esos tiempos, aún se consideraba que Bashar Assad sería un líder reformista para Siria.

Lesch concluyó que “Bashar, en efecto, es la esperanza y la promesa de un futuro mejor”.

El año pasado, cuando Occidente finalmente dejó de lado sus sueños sobre Bashar, el buen profesor publicó otro libro, también en Yale, y esta vez lo tituló La Caída de la Dinastía Assad, y en él la conclusión de Lesch es que “Bashar resultó ser un miope y se engañó a sí mismo. Fracasó miserablemente”.

Como bien dice el señor que me vende libros en Beirut, tenemos que esperar el próximo libro de Lesch, que probablemente se titulará: Assad ha vuelto, y bien podría durar más que Obama.

© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
Con información de : La Jornada

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Los extraños suicidios de Obama y Cameron

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Los extraños suicidios de Obama y Cameron

Parece que nadie se ha percatado de ello.

Que nadie ha tomado conciencia de la auténtica magnitud de los acontecimientos que estamos viviendo.

Tan distraídos como estamos con el ruido de las declaraciones altisonantes, las víctimas agonizantes por el gas y el ruido ensordecedor de los misiles que aun no han estallado, hemos pasado por alto el hecho histórico que se ha producido ante nuestras mismísimas narices.

Un acontecimiento tan histórico como extraño e inexplicable: el suicidio político de un primer ministro británico y un presidente de los Estados Unidos en tiempo real, a la luz de las cámaras.

Lo sucedido esta última semana con David Cameron y Barack Obama debería sumirnos a todos en el más absoluto desconcierto, o más bien dicho, en una profunda inquietud.

Para comprender mejor la magnitud de lo acontecido, olvidemos nuestras filias y fobias, nuestras ideologías políticas y nuestras concepciones morales y enfoquemos los hechos desde un punto de vista frío, racional y simplificado.

Todos sabemos que Estados Unidos y sus aliados Británicos (entre otros), tienen como objetivo derrocar a Bashar Al Assad.

Obviaremos las razones, pues lo importante es que son razones lo suficientemente poderosas como para emplear toda la maquinaria a su disposición para conseguirlo.

Como todos sabemos, Barack Obama estableció unas líneas rojas, un simple subterfugio verbal, basado en la presunta utilización de armas químicas, como mera excusa para intervenir militarmente.

Para entendernos y sin tapujos, gracias e estas líneas rojas, en el momento en el que le resultara conveniente podría escenificar un acto de falsa bandera, en este caso un falso ataque químico, mediante el cual involucrarse en el conflicto.

Una práctica clásica y habitual en todas las guerras y en todos los bandos, como la historia nos enseña.

Pues bien, esa escenificación ya se ha producido, con el aparataje mediático habitual en estos casos: niños agonizando, condenas públicas y la correspondiente demonización del enemigo.

Nada nuevo bajo el sol.

Sin embargo, la forma en que se han desarrollado los acontecimientos arroja una enorme cantidad de incógnitas.

Pues podríamos calificar este acto de manipulación como una de las mayores chapuzas políticas jamás acontecidas.

¿Por qué?

Vamos a razonarlo.

Imaginemos que somos los servicios secretos occidentales.

Nuestro objetivo es realizar un ataque químico y achacarle la culpabilidad a nuestro enemigo, en este caso, Bashar Al Assad.

Bien, pues, ¿a que mente brillante se le ocurre realizar el ataque de falsa bandera justo dos días después de que aterricen en Siria los inspectores de la ONU encargados, precisamente, de analizar la existencia de posibles ataques químicos?

¿Quien podría creer que Bashar Al Assad será tan estúpido como para cometer un error de bulto tan enorme?

Tan absurda ha resultado la escenificación del ataque, que incluso los analistas a sueldo de los mass media mas prooccidentales han puesto en duda la autoría del mismo, pues nadie en su sano juicio puede tragarse una patraña de tal magnitud.

Pero ahí no terminan los despropósitos.

De forma casi inmediata, sin tiempo para asentar convenientemente la manipulación en la mente de la población a través de los habituales mecanismos mediáticos, hemos visto a David Cameron, Barack Obama, John Kerry, y Joe Biden arrojándose ante las cámaras con el fin de culpabilizar al régimen de Al Assad, movilizando fragatas, submarinos y portaaviones hacia oriente medio, con el objetivo de castigarle de forma inmediata por tan brutal atrocidad.

Tal ha sido la alocada precipitación con la que han actuado estos líderes occidentales, que cuando David Cameron ha presentado la resolución para atacar Siria ante su parlamento, ha perdido la votación, incluso con un nutrido grupo de sus propios parlamentarios votando en su contra.

¿Alguien en su sano juicio puede justificar que un político de primer nivel no se garantice ni tan solo el voto de sus propios compañeros de partido cuando su propia carrera política y su prestigio están en juego?

Todos sabemos como actúan los políticos. Como negocian, presionan, extorsionan o convencen a los demás para garantizarse las victorias en el parlamento.

Es una práctica política básica y habitual, tan antigua como el senado romano y que se produce hasta en el ayuntamiento más pequeño.

Algunos analistas británicos han calificado la derrota de Cameron como un acontecimiento histórico que no se producía desde el siglo XIX, pues hacía más de un siglo que un primer ministro británico no sufría una debacle tan contundente que significara el fin de su prestigio y carrera políticas.

¿Qué ha sucedido pues, ante nuestros ojos?

¿Por qué razón David Cameron se presenta ante su parlamento sin tan solo darse tiempo ni para garantizarse una victoria mínima?

¿A qué viene tanta precipitación, tanta prisa por atacar Siria, que incluso un gobernante de primer nivel llega a destruir su propio prestigio político?

¿No podía darse un plazo de 24 o 48 horas para asegurarse el adecuado respaldo de la cámara?

Y ahí no termina el desaguisado.

Como colofón al desastre político de David Cameron, tenemos las terribles imágenes emitidas por la BBC horas después de la votación parlamentaria, en las que aparecen un grupo de niños sirios quemados por el napalm tras un presunto bombardeo de las tropas de Bashar Al Assad en un suburbio de Damasco.

Imágenes que apestan a manipulación mediática, pues parecen grabadas oportunamente con el fin de garantizar la intervención militar occidental en Siria y que sin embargo aparecen justo después de la debacle parlamentaria de David Cameron, cuando ya resultan completamente inútiles para sus fines.

Un hecho que acentúa aún más la sensación de increíble atolondramiento y descontrol con la que el premier británico ha afrontado la intervención en Siria.

Pero ahí no terminan los indicios de precipitación kamikaze con la que Cameron y Obama se han inmolado políticamente.

Debemos añadir a ello la nula pulsión de la opinión pública con la que han actuado estos gobernantes.

Con más del 50% de sus opiniones públicas en contra de una intervención, se han arrojado al fuego al estilo bonzo, como si hubieran sido incapaces de realizar un sencillo sondeo previo que les indicara lo que pensaban sus conciudadanos.

¿Alguien puede pensar que líderes políticos de tal importancia no sondean el sentir de la opinión pública antes de dar un paso tan crucial como el que intentan realizar?

No estamos ante un grupo de aficionados a la política.

No estamos ante el presidente de la asociación de vecinos de un barrio del extrarradio.

Cameron y Obama son dos de los líderes más influyentes del planeta, con una maquinaria de poder, control y manipulación a su disposición inconcebible para el común de los mortales.

Entonces, ¿Se puede saber qué ha sucedido?

¿Alguien recuerda a un presidente de los Estados Unidos dando marcha atrás como ha hecho Barack Obama en las últimas horas?

¿Alguien recuerda a un primer ministro británico haciendo un ridículo de tamaña magnitud ante el mundo entero?

Tal ha sido la precipitación y las prisas con las que han actuado, que incluso hemos visto al secretario general de la ONU, organismo siempre tan favorable a los dictados de los Estados Unidos, pidiendo tiempo para los que los inspectores realicen informes…

¡E incluso al secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, (¡sí, sí, de la mismísima OTAN!) órgano creado y controlado por los Estados Unidos, negando la posibilidad de que la OTAN intervenga!

Y llegados aquí, debemos preguntarnos:

¿Estamos soñando o esto es real? ¿Qué diablos está sucediendo?

¿Por que razón los líderes de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia o Turquía tienen tanta, tantísima prisa por atacar Siria que no se toman ni tan solo el tiempo necesario para realizar una manipulación mínimamente decente?

¡Una manipulación que solo les llevaría unos pocos días!

Una manipulación estandar, como las que tantas y tantas veces han realizado hasta ahora con fines y consecuencias mucho menos determinantes que ésta.

¿Acaso está a punto de acontecer algo que la mayoría de los mortales desconocemos? ¿Algo tan inminente que puede llevar a primeros ministros y presidentes a actuar de forma tan imprudente, arriesgada y temeraria que se arriesgan incluso a finiquitar sus carreras políticas?

Alguien podría pensar que tal precipitación puede deberse a una inminente victoria de Bashar Al Assad.

Pero por lo que sabemos, su victoria, aunque bastante posible está lo suficientemente lejos en el tiempo como para no justificar tal nivel de urgencia.

Entonces, ¿qué está sucediendo en realidad?

¿Qué nos ocultan?

¿Da que pensar, verdad?

Pd: ¿Alguien se ha fijado que desde hace un par de meses hacia aquí, la crisis y la recesión han terminado súbitamente en todo el mundo como por arte de magia y en pleno verano?

Si estuviera a punto de producirse un colapso económico inminente, ¿qué mejor que escenificar una falsa mejoría y después achacar el colapso económico súbito a un conflicto generado por un maligno enemigo?

Con información de : Periodismo Alternatvo

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