El gazpacho Manchego

El gazpacho Manchego
El gazpacho Manchego

 

Ingredientes

 

10 tomates maduros medianos o unos 2.5 k.g

2 pepinos

1 cebolla pequeña

1 pimiento verde

1 pimiento rojo

1 diente de ajo pequeño.(opcional dependiendo de la cebolla)

Sal,vinagre, aceite,pan y agua.

Instrumentos de cocina.

2 bols (preferiblemente de acero ) uno grande para 7l. y uno pequeño 1l.

1 una batidora

1 cacillo o cuchara sopera

1 colador o un chino con su mano.

1tabla de madera, cuchillo de sierra y puntilla.

 

 

Preparación

 

Coge media barra de pan duro y rómpela en el bol pequeño y le echas tres buenos chorros de vinagre ( no uses de Jerez en esta receta) dos cucharadas grandes de aceite, sal (un par de cucharaditas) y un cuarto de litro de agua.

Dejas que el pan se ablande.

Troceas los tomates con el cuchillo de sierra o de cortar el pan. Cada tomate en cuatro. pela los pepinos con la puntilla quitándole los extremos que ya sabes que amargan y trocéalos en cuatro también.Los pimientos también córtalos después de limpiarle las semillas. La cebolla partela de la siguiente manera y verás que fácil es de pelar: Cortas los dos extremos y haces un corte por la mitad y le quitas la piel junto con la primera capa. Trocéala.

Todo esto lo trituras en el bol grande con la batidora por tandas: tomates,pepino cebolla,el pan con el vinagre y aceite llevando cuidado de no mancharte porque salpica bastante.Si ves que esta muy espeso añádele agua prudentemente.

Después de triturarlo pásalo por un colador grande a la fuente donde vayas a servirlo. Conforme vayas pasando lo triturado al colador, con el cacillo te ayudas a que filtre dando vueltas circulares alrededor de la rejilla.

Cada dos pasadas limpia el colador de las pieles acumuladas.

Una vez que hayas filtrado el gazpacho dale un toque con la batidora(limpia de pieles) para homogeneizarlo. Pruébalo de sal y vinagre y rectifica si es preciso.

Si vas a tomarlo inmediatamente admite cubitos de hielo. De otra manera es mejor enfriarlo unas horas.

Hay quien pone como guarnición a esta estupenda sopa fría dados o “mirepoix” de sus ingredientes en crudo con pan frito.

 

 

         Se machacan de un ajo cuatro dientes

         con sal, miga de pan, huevo y tomate,

         y en aceite de oliva bien se bate

         majando con los ritmos convenientes.

         Se junta el agua con los ingredientes

         para que, así, la masa se dilate

         y se echan al conjunto, por remate,

         chorrillos de vinagre intermitente.

         Cuando quede diluída bien la pasta,

         afile el colador su noble casta

         y, para guarnecer plato tan fino,

         démosle ya su peculiar acento,

         echándole trocitos de pimiento,

         de cebolla, de pan y de pepino.

 

Soneto de “La cocina andaluza” de Miguel Salcedo Hierro.

 

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Oración a Cristo

El Cristo de Salvador Dalí

Estás aún, todos los días, entre nosotros. Y estarás con nosotros perpetuamente.

Vives entre nosotros, a nuestro lado, sobre la tierra que es tuya y nuestra, sobre esta tierra que, niño, te acogió entre los niños y, acusado, te crucificó entre ladrones; vives con los vivos, sobre la tierra de los vivientes, de la que te agradaste y a la que amas; vives con vida sobrehumana en la tierra de los hombres, invisible aún para los que te buscan, quizás debajo de las apariencias de un pobre que mendiga su pan y a quien nadie mira.

Pero ha llegado el tiempo en que es forzoso que te muestres de nuevo a todos nosotros y des una nueva señal perentoria e irrecusable a esta generación. Tú ves, Jesús, nuestra pobreza; tú ves cuán grande es nuestra pobreza; no puedes dejar de reconocer cuán improrrogable es nuestra angustia, nuestra indigencia, nuestra desesperanza; sabes cuánto necesitamos de una extraordinaria intervención tuya, cuán necesario nos es tu retorno.

Aunque sea un retorno breve, una llegada inesperada, seguida al punto de una desaparición súbita; una sola aparición, un llegar y un volver a partir, una palabra sola señal, un aviso único, un relámpago en el cielo, una luz en la noche, un abrirse del cielo, un resplandor en la noche, una sola hora de tu eternidad, una palabra sola por todo tu silencio.

Tenemos necesidad de ti, de ti solo y de nadie más. Solamente, Tú, que nos amas, puede sentir hacia todos nosotros, los que padecemos, la compasión que cada uno de nosotros siente de sí mismo. Tú solo puedes medir cuán grande, inconmensurablemente grande, es la necesidad que hay de ti en este mundo, en esta hora del mundo. Ningún otro, ninguno de tantos como viven, ninguno de los que duermen en el fango de la gloria, puede darnos, a los necesitados, a los que estamos sumidos en atroz penuria, en la miseria más tremenda de todas, en la del alma, el bien que salva. Todos tienen necesidad de ti, incluso los que no lo saben, y los que no lo saben, harto más que aquellos que lo saben. El hambriento se imagina que busca pan, y es que tiene hambre de ti; el sediento cree desear agua y tiene sed de ti; el enfermo se figura ansiar la salud y su mal está en no poseerte a ti. El que busca la belleza en el mundo, sin percatarse te busca a ti, que eres la belleza entera y perfecta; el que persigue con el pensamiento la verdad sin querer te desea a ti, que eres la única verdad digna de ser sabida; y quien tras de la paz se afana, a ti te busca, única paz en que pueden descansar los corazones, aún los más inquietos. Esos te llaman sin saber que te llaman, y su grito es inefablemente más doloroso que el nuestro.

No clamamos a ti por la vanidad de poderte ver como te vieron Galileos y Judíos, ni por el placer de contemplar una vez tus ojos, ni por el loco orgullo de vencerte con nuestra súplica. No pedimos el gran descenso en la gloria de los cielos, ni el fulgor de la Transfiguración, ni los clarines de los ángeles y toda la sublime liturgia del último advenimiento. ¡Hay tanta humildad, tú lo sabes, en nuestra desbordada presunción! Te queremos a ti únicamente, tu persona, tu pobre túnica de obrero pobre; queremos ver esos ojos que pasan la pared del pecho y la carne del corazón, y curan cuando hieren con ira, y hacen sangre cuando miran con ternura. Y queremos oír tu voz, tan suave, que espanta a los demonios, y tan fuerte, que encanta a los niños.

Tú sabes cuán grande es, precisamente, en estos tiempos, la necesidad de tu mirada y de tu palabra. Tú sabes bien, que una mirada tuya puede conmover y cambiar nuestras almas; que tu voz puede sacarnos del estiércol de nuestra infinita miseria; tú sabes mejor que nosotros, mucho más profundamente que nosotros, que tu presencia es urgente e inaplazable en esta edad que no te conoce.

Viniste, la primera vez, para salvar: para salvar naciste; para salvar hablaste; para salvar quisiste ser crucificado: tu arte, tu obra, tu misión, tu vida es de salvación. Y nosotros tenemos hoy, en estos días grises y calamitosos, en estos años que son una condena, un acrecimiento insoportable de horror y de dolor; tenemos necesidad, sin tardanza, de ser salvados.

Si tú fueses un Dios celoso y agrio, un Dios que guarda rencor, un Dios vengativo, un Dios tan sólo justo, entonces no darías oídos a nuestra plegaría. Porque todo el mal que podían hacerte los hombres, aun después de tu muerte, y más después de la muerte que en vida, los hombres lo han hecho; todos nosotros, el mismo que está hablando con los demás, lo hemos hecho. Millones de Judas te han besado después de haberte vendido, y no por treinta dineros solamente ni una vez sola; legiones de Fariseos, enjambres de Caifases te han sentenciado como a malhechor digno de ser clavado de nuevo; y millones de veces, con el pensamiento y la voluntad, te han crucificado, y una eterna canalla de villanos pervertidos te ha llenado el rostro de salivazos y bofetadas; y los palafreneros, los lacayos, los porteros, la gente de armas de los injustos detentadores de dinero y de potestad te ha azotado las espaldas y ensangrentado la frente, y miles de Pilatos, vestidos de negro o rojo, recién salidos del baño, perfumados de ungüentos, bien peinados y rasurados, te han entregado miles de veces a los verdugos después de haber reconocido tu inocencia; e innumerables bocas flatulentas y vinosas han pedido innumerables veces la libertad de los ladrones sediciosos, de los criminales confesos, de los asesinos reconocidos, para que tú fueses innumerables veces arrastrado al Calvario y clavado al árbol con clavos de hierro forjados por el miedo y remachado por el odio.

Pero tú estás siempre dispuesto a perdonar. Tú sabes, tú que has estado entre nosotros, cuál es el fondo de nuestra naturaleza desventurada. No somos sino harapos y bastardía, hojas inestables y pasajeras, verdugos de nosotros mismos, abortos malogrados que se revuelcan en el mal a guisa de infantes envueltos en sus orines, del borracho tumbado sobre su vómito, del acuchillado tendido sobre su sangre, del ulceroso yacente en su podredumbre. Te hemos rechazado por demasiado puro para nosotros; te hemos condenado a muerte, porque eras la condenación de nuestra vida. Tú mismo lo dijiste en aquellos días: “Estuve en el mundo y en carne me revelé a ellos; y a todos los hallé ebrios y a ninguno en su sano juicio, y mi alma sufre por los hijos de los hombres, porque son ciegos en su corazón.” Todas las generaciones son semejantes a la que te crucificó, y en cualquier forma que vengas te rechaza la mayoría. “Semejantes — dijiste — a esos muchachos que andan por las plazas y gritan a sus compañeros: Hemos tocado la flauta y no habéis bailado: hemos entonado cantos fúnebres y no habéis llorado.” Así hemos hecho nosotros durante casi sesenta generaciones.

Pero ha llegado el tiempo en que los hombres están más ebrios que entonces, y también más sedientos. En ninguna edad como en ésta hemos sentido la sed abrasadora de una salvación sobrenatural. En ningún tiempo de cuantos recordamos, la abyección ha sido tan abyecta ni el ardor tan ardiente. La tierra es un infierno iluminado por la condescendencia del sol. Los hombres están sumergidos en una hez de estiércol disuelto en llanto, de la que a veces se levantan, frenéticos y desfigurados, para arrojarse al hervor bermejo de la sangre, con la esperanza de lavarse. Hace poco han salido de uno de esos feroces baños y han vuelto, después de la espantosa diezma, al común fango excrementicio. Las pestes han seguido a las guerras; los terremotos a las pestes; enormes rebaños de cadáveres putrefactos, bastantes antaño para llenar un reino, están extendidos bajo una leve capa de tierra agusanada, ocupando, si estuvieran juntos, el espacio de muchas provincias. Con todo, como si esos muertos no fueran más que el primer plazo de la universal destrucción, siguen matándose y matando. Las naciones opulentas condenan al hombre a las naciones pobres; los rebeldes asesinan a sus amos de ayer; los amos hacen matar a los rebeldes por sus mercenarios; nuevos tiranos, aprovechándose del derrumbamiento de todos los sistemas y todos los regímenes, conducen a naciones enteras a la carestía, al estrago y a la disolución.

El amor bestial de cada hombre a sí mismo, de cada casta a sí misma, de cada pueblo a sí solo, es todavía más ciego y monstruoso después de los años en que el odio llenó la tierra de fuego, de humo, de fosas y de osamentas. El amor de sí mismo, después de la derrota universal y común, ha centuplicado el odio: odio de los pequeños contra los grandes, de los descontentos contra los inquietos, de los siervos engreídos contra los amos esclavizados, de los grupos ambiciosos contra los grupos decadentes, de las razas hegemónicas contra las razas avasalladas, de los pueblos subyugados contra los pueblos subyugadores. La codicia de lo más ha engendrado la indigencia por lo necesario; el prurito de placeres, el roer de torturas; el frenesí de libertad, la agravación de los grilletes.

En los últimos años, el linaje humano, que ya se retorcía en el delirio de cien fiebres, ha enloquecido. En todo el mundo retumba el estruendo de escombros que se hunden; las columnas quedan enterradas en el barro; y las mismas montañas precipitan desde sus cimas avalanchas de pedrisco para que toda la tierra se convierta en desierta e igual llanura. Aun a los hombres que permanecían intactos en la paz de sus campos los han arrancado a la fuerza de su ambiente pastoril, para lanzarlos a la confusión rabiosa de las ciudades a contaminarse y padecer.

Por doquier, un caos en conmoción, una confusión sin norte, ni guía, un pantano que envenena el aire denso, una tranquilidad descontenta de todo y del propio descontento. Los hombres, en la borrachera siniestra de todos los venenos, se consumen por el afán de mortificar a sus hermanos de penas y, con tal de saciar esta pasión sin gloria, buscan, por todos los medios, la muerte. Las drogas adormecedoras y afrodisíacas, las voluptuosidades que destruyen y no sacian, el alcohol, los juegos, las armas, se llevan todos los días, de a millares, a los sobrevivientes de las diezmas obligadas.

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El Islam,el medio ambiente y la ecología

Orar por un medio ambiente mejor no es suficiente. Uno también debe actuar. Fazlun Khalid está convencido de que la fe puede ayudar. El musulmán es un pionero del islam ecológico.

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Señor Fazlun Khalid*, cada tres años alrededor de diez millones de hindúes asisten al festival de Kumbh Mela y toman un baño en el río Ganges. Cada año tres millones de musulmanes llegan a La Meca, en Arabia Saudita. Incluso ciertas religiones obligan a sus creyentes a tener muchos niños. Con todo mi respeto, parece que ser religioso no es muy compatible con la protección del medio ambiente. ¿O lo es?

Las tradiciones religiosas ya existían mucho antes que la modernidad, y antes de la revolución industrial. No hay evidencia de que estas peregrinaciones hayan causado la contaminación del medio ambiente mundial o incrementado la huella de carbono. Lo que la gente está practicando hoy en día es lo que sus antepasados han practicado antes durante siglos – con la diferencia de que ahora estamos viviendo en una era de transporte masivo, la comunicación de masas y todo casi en masa. Así que ahora, millones de peregrinos acuden a lugares como La Meca. Y por supuesto, cuando la gente se reúne en un espacio concentrado en una escala de tiempo pequeño, inevitablemente ocurrirá un impacto ambiental. Pero esto no va a tener un impacto a largo plazo ni a gran escala. Ahora, hay discusiones acerca de restringir estos peregrinajes a un solo viaje por persona a lo largo de su vida, pero esto produciría pesadillas administrativas. ¿Y qué hace la sociedad acerca del turismo de masas, que es una industria en crecimiento que transporta a millones de personas a lugares ecológicamente vulnerables en todo el mundo? Millones de personas viajan y su impacto ambiental es mucho mayor que el de los peregrinos.

Por otra parte, Ud. está trabajando con el objetivo de que su religión, el Islam, ayude a proteger la naturaleza. ¿Cómo es eso? ¿Está escrito en el Corán que los creyentes no deben destruir la naturaleza o que incluso tienen que convertirse ambientalistas?

El Corán establece los principios éticos fundamentales. Y estos son interpretados por el comportamiento del Profeta. Por ejemplo, el Corán dice enfáticamente en el capítulo 6, versículo 141: “Allah no ama a los derrochadores”. Este versículo fue ejemplificado por el Profeta cuando reprendió a uno de sus compañeros por tirar el agua que le quedaba después de que él se había lavado. El Profeta le dijo que regresara el excedente de agua de nuevo al río para que otras personas, que la necesitan pudieran utilizarla.

Fazlun Khalid
Fazlun Khalid

 En 1994, Ud. creó la Fundación Islámica para la Ecología y Ciencias Ambientales (IFEES, por sus siglas en inglés). Pero antes de eso, usted trabajó en el Ministerio del Interior Británico. ¿Qué le hizo renunciar a su trabajo en la política y trabajar luego con un enfoque hacia la religión y el medio ambiente?

Esa es una larga historia, ya que no hubo un momento en particular que me hizo cambiar de rumbo. Sin embargo, para hacer la historia corta: Nací en Sri Lanka en 1932 y llegué al Reino Unido en 1953 para incorporarme a la Royal Air Force; quería ser ingeniero aeronáutico. Después de que me retiré de la Royal Air Force en 1962 me vi involucrado en los conflictos laborales entre los inmigrantes nuevos y una administración insensible. Estas actividades me politizaron y decidí abandonar la carrera de ingeniería y cambié para servir a la gente.

Luego pasé períodos cortos en la universidad y como trabajador social. En 1968, fui contratado como funcionario de conciliación por el Consejo de Relaciones Raciales, y posteriormente por la Comisión para la Igualdad Racial. Mis actividades en estas organizaciones me politizaron aún más y me han llevado a creer que los problemas relacionados con la raza, la pobreza y la deuda del Tercer Mundo tuvieron un origen común: la dominación política. Al mismo tiempo, empecé a ir a las reuniones organizadas por las organizaciones ecologistas como WWF. En una de estas reuniones en la década del 1980 me pregunté: ¿qué tiene que decir el Islam sobre el medio ambiente? Yo no tenía una respuesta, pero esto me llevó por un camino de investigación que me llevó a los estudiosos del Corán y los maestros del Islam.

Ninguno de ellos pudo darme una respuesta satisfactoria que se adapte a las necesidades de los tiempos. Así que dejé mi puesto en el Ministerio cuando yo tenía 58 años y volví a ingresar a la universidad para investigar la base del ambientalismo islámico. En 1994, creé la Fundación Islámica para las Ciencias de Ecología y Medio Ambiente (IFEES). Con esta organización benéfica ambiental estamos trabajando por ejemplo en programas de reforestación con los alumnos de las escuelas religiosas en Indonesia.

¿Hubo algún proyecto IFEES que se haya realizado en su tierra natal, Sri Lanka?

Dimos un pequeño taller una vez, pero no hay proyectos propiamente dichos. Pero tuve una experiencia muy personal en mi país que fue importante para mí. Cuando empecé a tener una conciencia ambiental, uno de mis hermanos que aún vive en Sri Lanka me llevó a visitar las zonas de plantación de té en las montañas. Pensé: “Todo el té que bebemos en el mundo proviene de zonas que antes eran selva tropical virgen, ¿cómo pudimos hacer esto?” Por supuesto, cambió la economía de Sri Lanka y el té es ahora una fuente importante de divisas. Pero tenemos que reflexionar sobre esto: la globalización tiene un impacto profundo en el mundo natural.

El éxito más impresionante de su Fundación Islámica para las Ciencias de Ecología y Medio Ambiente fue el que logró en Zanzibar. ¿Qué pasó?

En 1999, recibí una llamada del oficial de programa de CARE Internacional en Zanzibar. Los pescadores ya no podían alimentar a sus familias ya que la pesca excesiva y la disminución de los recursos naturales había dejado muy poco para ellos. Así que los pescadores empezaron a dinamitar los arrecifes de coral para conseguir pescado de allí. Nos acercamos a ellos e hicimos un taller de dos días basado en el Corán. Dentro de cuarenta y ocho horas logramos lo que las organizaciones internacionales no pudieron hacer en cuatro años: es decir, disuadir a los pescadores de dinamitar los arrecifes de coral.

¿Qué exactamente hizo que los pescadores cambiaran de opinión?

Un pescador me dijo: como parte de la creación, tenemos que obedecer las leyes del creador, pero no tenemos que atenernos a las leyes del gobierno. Por supuesto, no animamos a la gente incumplir la ley pero las lecciones del Corán pueden tener un impacto poderoso e inmediato en las personas.

¿Qué pasa con las otras religiones: ¿son competidores en términos de quién tiene más instrumentos eficaces para convertir a sus seguidores en ambientalistas?

Tomemos esta metáfora: varias personas de diferentes religiones están sentadas en una habitación, de pronto el techo se cae sobre sus cabezas. ¿Saldrías tu de la habitación diciendo: “Tú eres un católico, eres un hindú, y esto no es asunto mío, así que te dejo atrás?” Todos compartimos un planeta en común y no hay escape. Así que tenemos que hablar unos con otros y trabajar juntos. En 1995 presidí una conferencia sobre Religión, Tierras y Conservación en el Japón. Estaban representadas nueve diferentes tradiciones y llegamos a diez puntos que son comunes a todos nosotros. Por ejemplo, no tuvimos ningún problema en aceptar que todas nuestras tradiciones nos llaman a cuidar la tierra. Eso es quizás un punto obvio, pero la evidencia de esto no se refleja en nuestras acciones.

Usted tiene 80 años de edad y sigue trabajando para que el Eco-Islam sea más popular. Y usted parece tener todavía mucho entusiasmo. ¿De dónde proviene su energía, su fuerza para seguir adelante?

No lo sé. Tal vez porque como creyente estoy obligado a poner mi frente sobre la tierra cinco veces al día. Tal vez mi poder viene a causa de mis siete nietos encantadores. Yo heredé un planeta verde maravilloso y me gustaría dejarlo para mis nietos en mejores condiciones de lo que lo recibí. ¿Qué estoy dejando a mis hijos y nietos? Esta es una pregunta que, si se respondiera honestamente, podría hacer un ambientalista de cada uno de nosotros. Por supuesto, este es un consejo más general que uno religioso. Pero el Corán también dice en el capítulo 40, versículo 57: “Todo en la creación es más grande que tú.”

Esto es así, aunque Dios nos haya dado una posición especial debido a nuestro intelecto. Tenemos que darnos cuenta de que cada cosa que hacemos afecta a otras personas, u otras cosas. Si se corta un árbol aquí en Inglaterra, alguien eventualmente en Alemania sentirá las consecuencias de esa acción, o si alguien en China planta un árbol, alguien en Europa se beneficiará con ello. Tenemos que cambiar nuestro estilo de vida ya que las consecuencias de la vida moderna son globales y letales. Tenemos que reducir la huella del carbono, tenemos que consumir menos, viajar menos. Seguir actuando como hasta ahora tendría consecuencias: sería una forma de suicidio colectivo.

*Fazlun Khalid representa al Islam ecológico: Se encuentra entre los 15 principales teólogos ecologistas del mundo. Él estuvo en la lista de los “100 mejores ambientalistas en el Reino Unido” y en la lista de los “500 musulmanes más influyentes en el mundo”. En 1994 creó la Fundación Islámica del Reino Unido para las Ciencias de Ecología y Medio Ambiente (IFEES). Esta es ahora una de las principales ONGs islámicas dedicadas a la protección del medio ambiente y es la única organización islámica no gubernamental de su tipo que funciona en todo el mundo. Antes, el ecologista islámico Khalid Fazlun trabajó para la Real Fuerza Aérea y el Ministerio del Interior. El musulmán nació en 1932 en Sri Lanka y vive desde hace mucho tiempo en el Reino Unido.

El filósofo Hossein Seyyed Nasr es considerado fundador del movimiento islam ecológico. Nació en Irán, estudió física en el Massachusets Institute of Technology y obtuvo un doctorado en historia de la Universidad de Harvard.

Autoras: Franziska Badenschier / Carolina Salinas
Editora: Emilia Rojas
Con información de DW

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