Los secretos detrás de una foto

Una mujer con su hijo herido, en Yemen, de S. Aranda para The NYT.

El 15 de octubre de 2011, Samuel Aranda tomó cerca de 150 fotografías en la capital de Yemen. Llevaba 10 días en el país, con un encargo de tres meses de trabajo para The New York Times. A las 9 de la mañana, el centro de la ciudad acogía una protesta pacífica contra el régimen autoritario de Ali Abdala Saleh. Samuel estaba allí cuando, de repente, la multitud se convirtió en blanco de los disparos de francotiradores: “Corrimos hacia la plaza donde estaban los manifestantes acampados y empezaron a bombardear. Nos refugiamos en la mezquita [donde está hecha la foto galardonada], que se improvisó como hospital de campaña.Allí me encontré a una mujer abrazando a un herido“. Eran Fatima al-Qaws y su hijo Zayed, alcanzado por un disparo y afectado por el gas lacrimógeno, que estuvo en coma dos días. La foto está tomada sobre las 11 de la mañana. La jornada terminó con muchos muertos y heridos. Y hubo muchas otras jornadas violentas hasta que en noviembre Saleh escapó a Arabia Saudí. Yemen celebró elecciones en febrero de 2012.

“Siempre escoges muy bien lo que fotografías y vas buscando fotos que transmitan mucho, con mucha sensibilidad, con muchas emociones… Lo que no esperaba es que esta imagen pudiera tener esta repercusión”, explica Aranda, que considera “excesiva” la comparación que se ha hecho de su trabajo con ‘La Piedad’. “Miguel Ángel ha sido uno de los grandes artistas de nuestra Historia, y esto es una fotografía documental, en la que en ningún momento intervengo yo. Pero me gusta que gracias a este debate Yemen vuelva a las noticias“.


La imagen captó un momento muy íntimo, el dolor de una madre cuidando de su hijo herido. “Por eso creo que la han elegido, porque muestra un lado muy humano de lo que han sido las revueltas árabes”, reflexiona el fotógrafo catalán (Santa Coloma de Gramanet, Barcelona, 1979), que a través de un amigo periodista yemení conoció a Fátima y Zayd tres días después de anunciarse el galardón. “Me recibieron en su casa, charlamos, tomamos unas pastitas, hablamos del Barça, de Messi, incluso de arquitectura, porque él conocía la obra de Gaudí. La sociedad yemení me ha enamorado. Te dan lecciones de vida, de honestidad, de amabilidad… Tienen una gran conciencia de ayudarse unos a otros, tenemos mucho que aprender de ellos”.

Fragmento de la nota de Sonia Aparicio  en El Mundo.

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Europa: Una radiografía de la discriminación

INFORME DE AMNISTIA INTERNACIONAL SOBRE LA EXCLUSION DE LOS MUSULMANES EN EUROPA.

Según el informe, los partidos políticos alimentan el miedo al Islam y las prácticas discriminatorias motivadas por la pertenencia cultural religiosa tienen vigencia incluso en países donde la discriminación religiosa es ilegal.

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Desde París

Llamarse Ahmed, Muhhamad, Amel o Fatima es una condena. Discriminación para obtener un trabajo, una vivienda, desconfianza de las miradas en los negocios, rechazo a todos los niveles. El informe que acaba de publicar Amnistía Internacional sobre la discriminación de que son objeto los musulmanes en Europa es una radiografía límpida de un proceso de exclusión que se amplía con la influencia creciente de los partidos de extrema derecha populistas que pululan en el Viejo Continente. El informe titulado “Elección y prejuicio, las discriminaciones contra los musulmanes en Europa” es el primero de este tipo por su amplitud continental.

El trabajo analiza la situación en países como España, Bélgica, Francia, Holanda y Suiza y saca una conclusión inmediata por encima de las estadísticas discriminatorias: “Los partidos políticos alimentan el miedo al Islam en Europa” (John Dalhuisen, director del programa Europa-Asia Central en Amnistía Internacional). La segunda conclusión radica en que las prácticas discriminatorias motivadas por la pertenencia cultural religiosa tienen vigencia “incluso en los países donde la discriminación fundada sobre la religión o las convicciones es ilegal”.

Esta exhaustiva investigación de terreno demuestra cómo “los estereotipos ligados a las prácticas religiosas y culturales musulmanas acarrearon la aparición de discriminaciones en el mercado de trabajo y en las escuelas contra las personas que llevan puestos signos o ropa asociados al Islam”. En lo concreto, una mujer musulmana hipercalificada, con diplomas prestigiosos y un curriculum ideal, no será contratada si lleva un velo en la cabeza. Amnistía cita numerosos casos. Uno de ellos, el de Ahmed, un suizo originario de Africa del Norte que trabajó durante 15 años en la misma empresa. Según relata él mismo, nunca exhibió su práctica religiosa. Siempre fue discreto y jamás pidió franco el día de las fiestas musulmanas. Cuando se dejó crecer la barba, sus colegas empezaron a decirle que se parecía a Bin Laden. Su destino quedó sellado en el momento en que ingresó a la empresa una mujer que detestaba a los árabes y a los musulmanes. A pesar de una foja de servicios excepcional, lo despidieron sin motivo.

Amel vivió en Francia una situación inversa: no la despidieron, sino que no la contrataron porque llevaba un pañuelo en la cabeza. En pleno siglo XXI, con sociedades impregnadas de multiculturalismo y megaconectadas mediante la información y las redes, los árabes y los musulmanes siguen despertando miedo y rechazo, como si fueran de otra especie. El informe de Amnistía da cuenta de numerosísimos casos en los que las personas se vieron rechazadas en un trabajo porque el pañuelo que cubre la cabeza o cualquier otro signo “disgusta a los clientes” o “estropea la imagen de la empresa”.

La incomprensión es inmensa, tanto como la ruda y sucia campaña que la extrema derecha europea viene haciendo contra los musulmanes, incluso cuando tienen la nacionalidad del país en el que residen porque son la segunda o tercera generación y nacieron allí. Amnistía también cuestiona el principio adoptado en Francia en 2004 –ampliado luego a otros campos y luego en España, Bélgica, Suiza, Holanda y Turquía– que prohíbe el uso de “signos religiosos distintivos” en las escuelas públicas y los lugares públicos. Esas “prohibiciones” constituyen para la ONG “discriminaciones contra los alumnos musulmanes, quienes no pueden ejercer el derecho a la libertad de expresión, a la libertad religiosa o a la libertad de las convicciones”. La caza al musulmán es global. Amnistía cita muchos ejemplos. Uno, en España: una adolescente musulmana de 16 años fue impedida de asistir a los cursos del liceo público Pozuelo de Alarcón, en las afueras de Madrid, porque llevaba el velo. Dos, en Holanda: una escuela católica de la ciudad de Volendam prohibió el uso del velo. Con esa medida se impidió que un alumno musulmán siguiera los cursos.

En este contexto, Amnistía pone en tela de juicio el argumento francés, el cual justifica esas medidas como medio de que se respete la laicidad: “Según el derecho relativo a los derechos humanos, la laicidad no es un motivo legítimo para restringir la libertad de expresión, la libertad religiosa o de convicción”. Cabe recordar que bajo el mandato del presidente Nicolas Sarkozy se prohibió igualmente el uso de la “burka”, el velo integral. Las millonarias de las monarquías del Golfo que venían a hacer sus compras a París ahora lo hacen en Londres. Bélgica también adoptó una medida similar.

La persecución se hace extensiva a la construcción o implantación de lugares de culto musulmán. Le prueba más delirante de esa política es el famoso referéndum organizado en Suiza en 2009 (fue apoyado por 57 por ciento de los votantes) mediante el cual se aprobó la prohibición de construir nuevos minaretes en el país. En toda la Confederación Helvética sólo existen cuatro minaretes. En los demás países citados por el informe, aunque no existe una ley semejante a la suiza inscripta en la Constitución, los musulmanes tienen grandes problemas para construir lugares de culto. En la conclusión del informe, Amnistía Internacional formula una serie de recomendaciones a los poderes públicos. La ONG llama a los gobiernos de Europa a “actuar más para combatir los estereotipos negativos contra los musulmanes, estereotipos que alimentan las discriminaciones”. Aquí queda plasmada de lleno la responsabilidad de los dirigentes políticos cuyas ideologías, en vez de apaciguar, soplan sobre las brasas.

Amnistía recuerda que, “en vez de combatir los prejuicios, los partidos y los responsables públicos van demasiado seguido en dirección de los prejuicios con la meta de esperar beneficios electorales”. No hace falta desarrollar ningún extenso argumento para verificar la validez de la recomendación. El partido de extrema derecha francés Frente Nacional obtuvo casi 18 por ciento de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales (el 22 de abril). Su principal recurso es el racismo global y su enemigo central son los musulmanes. Los beneficios del odio, el miedo, los prejuicios y la propaganda política son perfectamente cuantificables.

 Por Eduardo Febbro

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Ministras y activistas piden un mayor papel de la mujer tras primavera árabe

Siete ministras y activistas de Marruecos, Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen y la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, a través de una resolución, apostaron hoy por incrementar la participación de la mujer en esos países, un año después de la “primavera árabe”.

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La ministra marroquí de la Solidaridad, Mujer, Familia y Desarrollo Social, Bassima Hakkaoui, resumió el sentir general al afirmar que le “entristece” que se haya “pedido la participación de las mujeres en este movimiento popular” y “se les excluye a la hora de negociar”.

Mientras la vicepresidenta de la Asamblea Nacional Constituyente de Túnez, Meherzia Labidi Maïza, pidió más presencia de mujeres en política y los mismos derechos que los hombres, la activista y periodista egipcia Gamila Ismail criticó las amenazas de los extremistas islámicos.

Ismail señaló que las mujeres egipcias “siguen sufriendo discriminación y desigualdad”.

La fundadora de la organización de la sociedad civil libia, Sara Maziq, reclamó “el papel preponderante de la mujer en el éxito de la insurgencia” y criticó que ahora “se las deje de lado”.

La escritora y activista siria Rima Filhan, refugiada en Jordania tras ser amenazada por los servicios secretos, pidió libertad y dignidad para las mujeres de su país y el reconocimiento a las madres que defienden en la calle los derechos de sus hijos encarcelados.

La activista yemenita Sarah Ahmed Jamal, narró cómo fue golpeada en una manifestación “por otro manifestante que le recriminó que caminara a su lado y no detrás de él”. “Yo estoy a la misma altura que ellos”, dijo.

La Asamblea del Consejo de Europa aprobó una resolución (69 votos a favor y 3 abstenciones) que recomienda la introducción de cuotas en las candidaturas políticas, la promoción de una cultura de igualdad de sexos y la persecución penal de la violencia contra las mujeres.

El informe “Igualdad entre hombres y mujeres: una condición del éxito de la primavera árabe” en el que se basa la resolución critica que sólo el 2,2 % del nuevo Parlamento egipcio sea ocupado por mujeres, frente al 12 % del que resultó tras las elecciones de 2005.

Además, constata que sólo haya dos mujeres entre los 29 ministros del Gobierno interino libio, y una mujer en el Gobierno marroquí, frente a las siete del anterior.

En el Parlamento marroquí hay 67 mujeres, tras las elecciones del pasado mes de noviembre, 60 de ellas gracias a la cuota reservada a ellas. Es un 16,7%, frente al 12,3% de la anterior Cámara, que sitúa a Marruecos en el puesto 72 de la representación parlamentaria de mujeres.

En Túnez las últimas elecciones legislativas otorgaron 59 de los 217 escaños a mujeres (un 27 %, frente al 30 % de la anterior Cámara). En cuanto al Gobierno, hay dos mujeres entre los 30 ministros y una entre los 11 secretarios de Estado.

La parlamentaria española Delia Blanco afirmó en el debate del informe que, desde la Revolución Francesa, las mujeres han participado en las revoluciones y después han sido excluidas, y afirmó que las mujeres de la “primavera árabe” han cumplido.

Por su parte, la representante del Consejo legislativo palestino aseguró que “seguimos esperando la primavera en Palestina”.

Fuente: EFE

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