H.P. Lovecraft – Su Literatura y el Medio Oriente – Por Felipe LLanas Moreno – (+ Videos)


“Todas mis narraciones, aún cuando no guarden relación entre sí, se basan en la tradición o leyenda según la cual este mundo estuvo habitado en épocas anteriores por otra raza que, como consecuencia de las prácticas de magia negra, perdió su dominio y fue expulsada, pero vive en algún lugar del exterior dispuesta en todo momento a volver a adueñarse de la tierra”.

Bajo ésta premisa Howard Phillips Lovecraft (Providence, Rhode Island, U.S.A., 1890-1937) configuró una obra literaria fascinante que dio origen al cuento materialista de terror cósmico. Sus historias sitúan al individuo común en el trance del encuentro fortuito con, o la revelación de: Entidades monstruosas, fenómenos extraños o personajes macabros que hacen evidente la existencia de órdenes naturales ajenos a las leyes de la ciencia humana; la conservación inefable de oscuros cultos ancestrales; la manifestación física de seres horripilantes fuera de toda concordancia con la biología conocida; la amenaza que representa para el mundo occidental la sabiduría antigua, incluso anterior al surgimiento del ser humano sobre la tierra, de la cual existen vestigios arqueológicos y escritos en lugares y textos prohibidos, que podrían llegar a socavar los fundamentos de la civilización moderna, consumista y científica, y por ende, el exterminio o sojuzgamiento del hombre. Tales cuentos suponen un quiebre emocional severo en los infortunados protagonistas de las narraciones Lovecraftianas, así como una supresión definitiva de su vivir habitual, al romperse bruscamente el continuum espacio-tiempo debido a dichas experiencias.

Desde su niñez, Lovecraft fue muy afecto a los libros (aprendió a leer a los cuatro años), siendo hasta el fin de sus días un lector voraz, aficionándose a prácticamente todas las ramas de la ciencia, en especial a la astronomía, la historia de Grecia y Roma, Las Mil y una noches, la novela gótica y la Inglaterra del siglo XVIII. Era un erudito. En sus libros cita de memoria por lo general, además de ser un consumado poliglota, llegando a hablar cuatro dialectos africanos.

La influencia que acusa su obra se ve proyectada en la figura monumental de Edgar Allan Poe, siendo identificables también los legados de Lord Dunsany, Algernon Blackwood, Arthur Machen, Ambrose Bierce, y Robert W. Chambers.


Es de Lord Dunsany de quien toma Lovecraft el aliento para la construcción de su panteón de deidades de entre las cuales podemos citar a Nodens, señor del gran abismo; Azathot, el “todo en uno y uno en todo”, que no se halla sujeto a las leyes del tiempo y el espacio; Nyarlathotep, el mensajero, encarna el elemento terrestre; el Gran Cthulhu, que habita en el fondo del mar, en la abominable ciudad de R’lyeh; Hastur el inefable, cuyo dominio es el aire y los espacios interestelares y es medio hermano de Cthulhu; Shub Niggurath, la cabra negra de los bosques con sus mil crías, probable dios de la fertilidad. Son los grandes ancianos, los antiguos, los dioses arquetípicos o primordiales de quienes derivan otros dioses o criaturas menores.

Sus obras mejor logradas son la novela breve “The case of Charles Dexter Ward”, los relatos extensos “At the mountais of madness” y The stament of Randolph Carter”. Entre los llamados Mitos de Cthulhu, la serie de cuentos que solidifican sus propuestas, podemos apuntar “The call of Cthulhu”, “The Dunwich Horror”, “The festival”, “The colour out of space”, “The whisperer in darkness”, “The shadow over Innsmouth”, “The shadow out of time”. Otras narraciones a considerar son “The outsider”, “Pickman’s model”, “In the vault”, “Dagón”, “The shunned house”, “The hound”, “The silver key” y The dream-quest of unknown Kadath”. el conjunto de sus obras fue dado a la publicación entre 1921 y 1933, periodo relativamente corto, como la vida del autor.

Como heredero de la cultura occidental y conocedor por tanto de las ingenuidades trágicas y las proyecciones míticas que encierra el cristianismo europeo, Lovecraft voltea hacia el medio oriente, hacia Arabia, Egipto, Sumeria, para buscar referencias que sustenten los horrores que narra y que se mantienen en secreto, ocultos para el hombre, quien prefiere ignorarlos en aras de conservar su salud espiritual, emocional y física. Este elemento le agrega a los relatos la tensión dramática necesaria para lograr los efectos que se propone el gran demiurgo de Providence. Sin Oriente no existiría Occidente, como es sabido, y Lovecraft pone el acento en los árabes como preservadores del saber tradicional, místico, habida cuenta del papel de traductores que ejercieron en la edad media, lo que los proveyó de conocimientos luminosos, insospechados para la mayoría de los pueblos que en la misma época vivían la plenitud del oscurantismo religioso. Lovecraft se encuentra con los factores necesarios para la que puede ser la mas intrigante y misteriosa de sus creaciones: El Necronomicón, libro supuesto atribuido al enloquecido árabe Abdul Alhazred, escrito en Damasco en el año 730 de nuestra era y cuyo título original era Kitah Al Azif (En árabe “el rumor de los insectos por la noche”), y que contenía la narración de la génesis de los primordiales, formulas mágicas para invocarlos, descripciones de lugares fantásticos y terribles, entre muchas otras impiedades y abominaciones.


Según Lovecraft esta obra fue traducida al griego con el nombre de Necronomicon (El libro de los muertos) por Theodorus Philetas en el año 950. En 1228 fue traducido del griego al latin por Olaus Wormius, y en 1232 el papa Gregorio IX suprimió las ediciones latinas y griegas; una edición alemana surgió a la luz en el siglo XVI, mientras que el texto griego fue reimpreso en Italia entre los años 1500 y 1550, y una edición española se producía en el siglo XVII.

A pesar de su carácter imaginario, la invención de Lovecraft ha llegado a grados tales que algunas de la bibliotecas de las mejores universidades del mundo han recibido solicitudes serias y respetuosas para consultar algún ejemplar del Necronomicón que se pudiera hallar en su acervo; han existido coleccionistas tan despistados como acaudalados que han ofrecido cantidades estratosféricas por alguna edición; e incluso han existido convincentes anuncios de experimentados libreros como Walker Baylor de Antiquerian Bookman que cito a continuación:

“Alhazred Abdul. The Necronomicon. España. 1647.

Lomo de piel algo ajado y descolorido, por lo demás

en excelentes condiciones. Numerosos pequeños

grabados en madera de símbolos y signos esotéricos

Al parecer, es un tratado (en latín) de Magia

Ritual. El sello de ex libris en la página de respeto

indica que el libro procede de la biblioteca de la

Universidad de Miskatonic”.

Frente a la cristiandad latente, fuente del corpus moral y espiritual del mundo occidental, Lovecraft opone monstruosidades cósmicas adoradas desde tiempo inmemorial mediante ritos de magia negra contenidos en textos prohibidos como el Necronomicón, y que contienen horrores, que lo son, en tanto pongan en riesgo la estructura de creencias y pensamiento que dan estabilidad a los pueblos que provienen de la cultura greco-romana. Y es Arabia, el alma mágica de la que hablaba Spengler, la llave para conectar con aquellos mundos insondables y los seres que los habitan. La fórmula es evidente: Sabiduría y creencia reveladas: Occidente. Sabiduría y creencia herméticas, ocultas: Oriente medio. Esta dicotomía anima muy significativamente la literatura Lovecraftiana, al poner en juego obsesiones, fobias y prejuicios entre ambos bloques socio-culturales que son aún hoy en día detonadores de enfrentamientos y agresiones. Quizá el carácter aterrador de las fantasías de Lovecraft encubra en sus entrañas la dinámica con que se desarrollan las relaciones de éstas regiones en el mundo y la disputa por la supremacía o validación de sus particulares visiones, cosmogonías, religiones y conocimientos. En síntesis, las estancias fundamentales de las formas de vivir y establecer la individualidad. Quizá sean los monstruos de Lovecraft la proyección temerosa que hacemos de nuestro acercamiento hacia el otro, nuestra confrontación con la otredad que nos llena de angustia porque nos acerca al reconocimiento inevitable y la aceptación tediosamente cotidiana de nosotros mismos.

Referencias Bibliográficas

CUENTOS DE TERROR (Antología de textos completos). Prólogo, selección y notas de Rafael Llopis Paret. Ed. TAURUS, Madrid, España, 1963.

H.P. LOVECRAFT. Supernatural Horror in Literature. Dover Publications. New york, 1973.

H.P.LOVECRAFT. EL COLOR QUE CAYÓ DEL CIELO. Edit. Minotauro, 4a. ed. Argentina, 1975.

H.P. LOVECRAFT. EL HORROR DE DUNWICH. Edit. Alianza Editorial. México, 1984.

H.P. LOVECRAFT. EL CASO DE CHARLES DEXTER WARD. Edit. Alianza Editorial, 2a. ed. México, 1981.

H.P. LOVECRAFT Y OTROS. LOS MITOS DE CTHULHU, edición de Rafael Llopis Paret, Ed. Alianza Editorial, Madrid, 1969.

F.LL. M. Noviembre de 2011.

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