Un desafío de rabinos a la justicia hace temer una teocracia en Israel – Marius Schattner – (Dime con quien andas …)


Policías israelíes arrojando agua sobre judíos ortodoxos simpatizantes del rabino Yaakov Yosef tras su detención.

JERUSALÉN — La actitud de desafío a la justicia de los rabinos ultranacionalistas, minoritarios pero muy influyentes, constituye una amenaza de teocracia para Israel, donde la religión nunca estuvo separada del Estado.

Los partidarios de los rabinos Dov Lior y Jacob Yosef, sospechosos de incitación “a la violencia y al racismo”, convocaron a una gran manifestación este lunes al anochecer ante la Corte Suprema en Jerusalén para protestar contra su breve detención por haberse negado a responder a una convocatoria policial.

Están acusados de haber dado su imprimátur a un polémico tratado de teología, la ‘Tora del Rey’, que justifica matar a inocentes no judíos, incluyendo a niños, en caso de guerra.

Los dos religiosos se presentan como víctimas de las autoridades judiciales, a las que acusan de “querer asfixiar la voz de la Tora” al impedirles expresar opiniones basadas en la tradición rabínica.

El sector laico se alarma ante el fortalecimiento de una “nueva corriente en el judaísmo que quiere matar al Estado de derecho”, titula este lunes el diario Maariv.

De acuerdo con este periódico popular, Israel “se ha convertido en el único país del mundo donde personalidades religiosas están por encima de las leyes y donde los policías no tienen derecho a interrogarlos”.

Por su parte, la líder opositora Tzipi Livni criticó a “un grupo que no reconoce la autoridad de los jueces y quiere reemplazarla por la de los rabinos”.

Según Livni, el desafío de los rabinos “afecta a las raíces del Estado de Israel”, que es “judío y democrático”, según una de sus leyes fundamentales.

También ataca a los principios del sionismo, cuyo fundador, Theodor Herzl, excluía en su libro ‘El Estado de los Judíos’ (1896) que el futuro Estado fuera una teocracia.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, denunció en el Consejo de los Ministros la actitud de los rabinos.

Sin embargo, Netanyahu, jefe del partido Likud, se limitó a destacar que “en Israel nadie está por encima de las leyes”, mientras los diputados de su partido consideraban que las convocatorias eran inoportunas.

Los rabinos nacionalistas tienen varios miles de partidarios, en su gran mayoría colonos de Cisjordania ocupada, pero cuentan también con el respaldo activo de la extrema derecha y de un apoyo más reservado del sector ultraortodoxo.

En la extrema derecha, durante las últimas semanas, colonos nacionalistas-religiosos profirieron amenazas e incluso llevaron a cabo agresiones contra oficiales y representantes de la ley, acusándolos de frenar la colonización.

El sector ultraortodoxo, que en regla general no comparte las opiniones radicales de estos dos rabinos, manifestó el temor de que su detención crease un precedente peligroso que permitiría sancionar opiniones rabínicas en nombre de la lucha contra el racismo.

Sin embargo, el jefe espiritual del partido sefardita ultraortodoxo Shass, el rabino Ovadia Yosef, padre del rabino Jacob Yosef, criticó a su hijo, de acuerdo con los medios de comunicación.

“¿Por qué ese idiota no respondió a una convocatoria de la policía?”, dijo furioso el rabino Ovadia Yosef.

El domingo, la policía detuvo para un breve interrogatorio a Yaakov Yosef, quien se había negado a responder a varias convocatorias.

La semana anterior, el rabino Dov Lior, líder espiritual de la colonia de Kiryat Arba y de la comunidad judía de Hebrón (Cisjordania), fue detenido brevemente por el mismo motivo.

En 1995, el rabino Lior lanzó los peores anatemas contra el primer ministro de la época, Isaac Rabin, convirtiéndose en sospechoso de haber influenciado a su asesino, Yigal Amir.

Fuente: Hosted

 

Shaqabaq y el festín imaginario del Barmaki – Por Juan Sanguino Collado

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“Shaqabaq, mi sexto hermano, el del labio hendido, era el más pobre de todos nosotros, pues era verdaderamente pobre. Y no hablo de aquellos cien dracmas de la herencia de nuestro padre, porque Shaqabaq, que nunca había visto tanto dinero junto, se gastó los cien dracmas en una noche, acompañado de la gentuza más deplorable del barrio izquierdo de Bagdad.
No poseía, pues, ninguna de las vanidades de este mundo, y sólo vivía de las limosnas de la gente que lo admitía en su casa por su divertida conversación y por sus chistosas ocurrencias. Un día había salido Shaqabaq en busca de un poco de comida para su cuerpo extenuado por las privaciones, y vagando por las calles se encontró ante una magnífica casa, a la cual daba acceso un gran pórtico con varios peldaños. Y en estos peldaños y a la entrada había un número considerable de esclavos, sirvientes, oficiales y porteros. Mi hermano Shaqabaq se aproximó a los que allí estaban y les preguntó de quién era tan maravilloso edificio. Y le contestaron: “Es propiedad de un hombre que figura entre los hijos de los visires Barmakíes”.
Después se acercó a los porteros, que estaban sentados en un banco en el peldaño más alto, y les pidió limosna en el nombre de Allâh. Y le respondieron: “¿Pero de dónde sales para ignorar que no tienes más que presentarte a nuestro amo para que te colme en seguida de sus dones?”.
Entonces mi hermano entró y franqueó el gran pórtico, atravesó un patio espacioso y un jardín poblado de árboles hermosísimos y de aves cantoras. Lo rodeaba una galería calada con pavimento de mármol, y unos toldos le daban frescura durante las horas de calor. Mi hermano siguió andando y entró en la sala principal, cubierta de azulejos de colores verdes, azules y dorados, con flores y hojas entrelazadas. En medio de la sala había una hermosa fuente de mármol, con un surtidor de agua fresca, que caía con dulce murmullo.
Una maravillosa estera de colores alfombraba la mitad del suelo, más alta que la otra mitad, y reclinado en unos almohadones de seda con bordados de oro se hallaba muy a gusto un venerable anciano de larga barba blanca y de rostro iluminado por benévola sonrisa. Mi hermano se acercó, y dijo al anciano de la hermosa barba: “¡Sea la paz contigo!”. Y el anciano, levantándose en seguida, contestó: “¡Y contigo la paz y la misericordia de Allâh con sus bendiciones! ¿Qué deseas, ¡oh, tú!”. Y mi hermano respondió: “¡Oh, mi señor! sólo pedirte una limosna, pues estoy extenuado por el hambre y las privaciones”.
Y al oír estas palabras, exclamó el viejo príncipe Barmakí: “¡Por Allâh! ¿Es posible que estando yo en esta ciudad se vea un ser humano en el estado de miseria en que te hallas? ¡Cosa es que realmente no puedo tolerar con paciencia!”.
Y mi hermano, levantando las dos manos al cielo, dijo: “¡Allâh te otorgue su bendición! ¡Benditos sean tus generadores!”. Y el Barmakí repuso: “Es de todo punto necesario que te quedes en esta casa para compartir mi comida y gustar la sal en mi mesa”. Y mi hermano dijo: “Gracias te doy, ¡oh, mi señor y dueño! Pues no podía estar más tiempo en ayunas, como no me muriese de hambre”.
Entonces el viejo dio dos palmadas y ordenó a un esclavo que se presentó inmediatamente: “¡Trae en seguida un jarro y la palangana de plata para que nos lavemos las manos!”.
Y dijo a mi hermano Shaqabaq: “¡Oh, huésped! Acércate y lávate las manos”. Y al decir esto, el príncipe se levantó, y aunque el esclavo no había vuelto, hizo ademán de echarse agua en las manos con un jarro invisible y restregárselas como si tal agua cayese. Al ver esto, no supo qué pensar mi hermano Shaqabaq; pero como el viejo insistía para que se acercase a su vez, supuso que era una broma y como él tenía también fama de divertido, hizo ademán de lavarse las manos lo mismo que el Barmakí. Entonces el anciano dijo: “¡Oh, vosotros! poned el mantel y traed la comida, que este pobre hombre está rabiando de hambre”.
En seguida acudieron numerosos servidores, que empezaron a ir y venir como si pusieran el mantel y lo cubriesen de numerosos platos llenos hasta los bordes. Y Shaqabaq, aunque muy hambriento, pensó que los pobres deben respetar los caprichos de los ricos, y se guardó mucho de demostrar impaciencia alguna.
Entonces el príncipe le dijo: “¡Oh huésped! siéntate a mi lado, y apresúrate a hacer honor a mi mesa”. Y mi hermano se sentó a su lado, junto al mantel imaginario, y el viejo empezó a fingir que tocaba a los platos y que se llevaba bocados a la boca, y movía las mandíbulas y los labios como si realmente masticase algo. Y le decía a mi hermano: “¡Oh, huésped! mi casa es tu casa y mi mantel es tu mantel; no tengas cortedad y come lo que quieras, sin avergonzarte. Mira qué pan; cuán blanco y bien cocido. ¿Cómo encuentras este pan?”. 
Shaqabaq contestó: “Este pan es blanquísimo y verdaderamente delicioso; en mi vida he probado otro que se le parezca”. El anciano dijo: “¡Ya lo creo! La esclava negra que lo amasa es una mujer muy hábil. La compré por quinientos dinares de oro. Pero ¡oh huésped! Prueba de esta fuente en que ves esa admirable pasta dorada con manteca, cocida al horno. Cree que la cocinera no ha escatimado ni la carne bien machacada, ni el trigo mondado y partido, ni el cardamomo, ni la pimienta. Come, ¡oh pobre hambriento! y dime qué te parecen su sabor y su perfume”.
Y mi hermano respondió: “Esta pasta es deliciosa para mi paladar, y su perfume me dilata el pecho. Cuanto a la manera de guisarla, he de decirte que ni en los palacios de los reyes se come otra mejor”. Y hablando así, Shaqabaq empezó a mover las quijadas, a mascar y a tragar como si lo hiciera realmente. Y el anciano dijo: “Así me gusta ¡oh huésped! Pero no creo que merezca tantas alabanzas, porque entonces, ¿qué dirás de ese plato que está a tu izquierda, de esos maravillosos pollos asados, rellenos de alfustaq (pistacho), almendras, arroz, pasas, pimienta, canela y carne picada de carnero? ¿Qué te parece el aroma?”. Mi hermano exclamó: “¡Allâh, Allâh! ¡Cuán delicioso es su fragancia, qué sabrosos están y qué relleno tan admirable!”.

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POLLO RELLENO DE CORDERO, ARROZ Y FRUTOS SECOS

1 pollo grande, 250 grs. de carne de cordero picada, 250 grs. de arroz, 30 grs. de pistachos, 30 grs. de piñones, 25 grs. de almendras, 25 grs. de uvas pasas, 1 cebolla, 150 grs. de mantequilla, 1 dl. de aceite de oliva, 1 rama de canela, 1 limón, 1 naranja, pimienta y sal. Lavar y limpiar el pollo. Poner en una sartén la mantequilla y rehogar en ella la cebolla. Agregar ½  rama de canela y salpimentar al gusto. Añadir agua y seguidamente el arroz y deja cocer hasta el punto óptimo. Colar y reservar.

Saltear en otra sartén con aceite la carne de cordero picada, desmenuzándola mientras se hace. Añadir los pistachos, los piñones, las almendras y las uvas pasas con la otra ½ rama de canela y una tira de piel de limón y de naranja. Rectificar de sal y mezclar con el arroz cocido colado.
Rellenar el pollo con esta mezcla y coserlo con aguja e hilo. Pincelar con mantequilla, y meter en el horno a 220º C durante 20 minutos. Tras este tiempo, bajar la temperatura a 200º C y dejar aproximadamente 1 hora hasta que se dore (a los 30 minutos dar la vuelta al pollo para que se dore por ambos lados). Abrir el horno para regar el pollo con el caldo que suelta para obtener un mejor dorado.


Y el anciano dijo: “En verdad eres muy indulgente y muy cortés para mi cocina. Y con mis propios dedos quiero darte a probar ese plato incomparable”. Y el Barmakí hizo ademán de preparar un pedazo tomado de un plato que estuviese sobre el mantel, y acercándoselo a los labios a Shaqabaq, le dijo: “Ten, prueba este bocado, ¡oh huésped! y dame tu opinión acerca de este plato de berenjenas rellenas que nadan en apetitosa salsa”. Mi hermano hizo como si alargase el cuello, abriese la boca y tragara el pedazo, y dijo cerrando los ojos de gusto:
“¡Por Allâh!”¡Cuán exquisito y cuán en su punto! Sólo en tu casa he probado tan excelentes berenjenas. Todo está preparado con el arte de dedos expertos: la carne de cordero picada, los garbanzos, los piñones, los granos de cardamomo, la nuez moscada, el clavo, el jengibre, la pimienta y las hierbas aromáticas. Y tan bien hecho está, que se distingue el sabor de cada aroma”.


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BERENJENAS RELLENAS DE CORDERO

2 berenjenas grandes, 300 grs. de carne de cordero picada, 125 grs. de garbanzos previamente cocidos, 50 grs. de piñones, 1 cebolla, 1 diente de ajo, zumo de ½ limón, aceite de oliva, sal y pimienta negra, jengibre fresco rallado, clavo, cardamomo, nuez moscada. Poner a calentar el horno a 180º C. Cortar las berenjenas a la mitad longitudinalmente y, con un cuchillo, hacer cortes profundos en la carne sin romper la piel de la berenjena. Poner las cuatro mitades en una bandeja de horno con la piel hacia abajo. Añadir un poco de sal a cada mitad y un chorrito de aceite. Meter en el horno durante 30 minutos.

Reducir a puré los garbanzos cocidos.  Agregar el diente de ajo majado, el jengibre fresco rallado al gusto y el zumo de ½ limón. Salpimentar y reservar.

Picar la cebolla muy fina y sofreír en una sartén durante 5 minutos. Mientras se fríe, picar los piñones y añadirlos a la sartén con la cebolla y rehogar 5 minutos más. Agregar la carne picada de cordero a la sartén desmenuzándola mientras se hace. Rehogar unos 10 minutos hasta que la carne esté hecha.
Sacar las berenjenas del horno transcurridos los 30 minutos de horno. Descarnar las berenjenas con una cuchara con cuidado de no romper la piel. Picar la carne de las berenjenas y añadir a la sartén con la cebolla y la carne picada. Agregar al gusto el cardamomo y el clavo majados, la nuez moscada y el puré de garbanzos. Rehogar unos 5 minutos. Rellenar las pieles de berenjena con la mezcla y meter al horno durante 10 minutos a 180ºC. Servir caliente.


El anciano dijo: “Por eso, ¡oh mi huésped! espero de tu apetito y de tu excelente educación que te comerás las cuarenta y cuatro berenjenas rellenas que hay en ese plato”. Shaqabaq contestó: “Fácil ha de serme el hacerlo, pues están más sabrosas que el pezón de mi nodriza y acarician mi paladar más deliciosamente que dedos de vírgenes”. Y mi hermano fingió coger cada berenjena una tras otra, haciendo como si las comiese, y meneando la cabeza y dando con la lengua grandes chasquidos. Y al pensar en estos platos se le exasperaba el hambre y se habría contentado con un poco de pan seco, de habas, o de trigo. Pero se guardó de decirlo.Y el anciano repuso: “¡Oh huésped! tu lenguaje es el de un hombre bien educado, que sabe comer en compañía de los reyes y de los grandes. Come, amigo, y que te sea sano y de deliciosa digestión”.
Y mi hermano dijo: “Creo que ya he comido bastante de estas cosas”. Entonces el viejo volvió a palmotear y dispuso: “¡Quitad este mantel y poned el de los postres! ¡Vengan todos los dulces, la repostería y las frutas más escogidas!”. Y los esclavos empezaron otra vez a ir y venir, y a mover las manos, y a levantar los brazos por encima de la cabeza, y a cambiar un mantel por otro. Y después, a una seña del anciano, se retiraron.
El Barmakí dijo a Shaqabaq: “Llegó, ¡oh huésped! el momento de endulzarnos el paladar. Empecemos por los pasteles. ¿No da gusto ver esa pasta fina, ligera, dorada y rellena de almendra, azúcar y granada, esa pasta de qataïefs sublimes que hay en ese plato? ¡Por mi vida! Prueba uno o dos para convencerte. ¿Eh? ¡Cuán en su punto está el almíbar! ¡Qué bien salpicado está de canela!. Se comería uno cincuenta sin hartarse, pero hay que dejar sitio para la excelente kenafa que hay en esa bandeja de bronce cincelado. Mira cuán hábil es mi repostera, y cómo ha sabido trenzar las madejas de pasta. Apresúrate a comerla antes de que se le vaya el jarabe y se desmigaje. ¡Es tan delicada! Y esa mahallabieh de agua de rosas, salpicada con pistachos molidos; y esos tazones llenos de natillas aromatizadas con agua de azahar.


 

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KENAFA NABULSIYAH

500 grs. queso fresco (tipo Burgos), 300 grs. de mozzarella fresca, 500 grs. mantequilla derretida, 500 grs. de pasta kataifi, 200 grs. de azúcar, 1 cucharada de agua de azahar y otra de rosas, ½ cucharada de colorante alimentario, almíbar (600 grs. de azúcar, ½ l. de agua, zumo de ½ limón) y 250 grs. de pistachos. Cortar el queso fresco y la mozzarella en tiras y dejarlos en sendos boles toda la noche en remojo, cambiando el agua un par de veces. Escurrir bien el queso fresco y la mozzarella y mezclarlos. El queso no debe llevar agua porque estropearía la kenafa.  Añadir 2 cucharadas de azúcar, 1 cucharada de agua de azahar y otra de rosas. Remover bien la mezcla.

Desmadejar la pasta kataifi y poner en una batidora, dar un par de vueltas rápidas para que se parta un poco la masa. Añadirle la mantequilla derretida (que no esté caliente) y mezclar bien.

Engrasar un molde de horno profundo con mantequilla a la que se ha añadido previamente una cucharadita de colorante para dar un ligero color tostado. Colocar en la bandeja ¾ partes de la pasta kataifi distribuyéndola bien por todos lados, apretando ligeramente y rellenando incluso las paredes de la bandeja de horno. Agregar la mezcla de los quesos y distribuirla bien sobre la masa apretando ligeramente. Colocar encima un papel secante para quitar bien los restos de agua de los quesos.

Colocar encima el resto de la pasta kataifi.

Preparar el almíbar disolviendo en una cacerola el azúcar en el agua. Llevar a ebullición y agregar el zumo del ½ limón. Reducir removiendo y, una vez espeso el almíbar, reservar.
Horno precalentado a 220º C. Al meter la kenafa bajar a 100ºC durante 30 min. Una vez sacada la kenafa, dejar reposar 10 minutos y desmoldar sobre una bandeja dándole la vuelta al molde. Una vez desmoldado, regar con el almíbar y decorar con los pistachos picados.


“¡Come, huésped, métele mano sin cortedad! ¡Así! ¡Muy bien!”. Y el viejo daba ejemplo a mi hermano, y se llevaba la mano a la boca con glotonería, y fingía que tragaba como si fuese de veras, y mi hermano le imitaba admirablemente, a pesar de que el hambre le hacía la boca agua.
El anciano continuó: “¡Ahora, dulces y frutas! Y respecto a los dulces, ¡oh huésped! sólo lucharás con la dificultad de escoger. Delante de ti tienes dulces secos y otros con almíbar. Te aconsejo que te dediques a los secos, pues yo los prefiero, aunque los otros sean también muy gratos. Mira esa transparente y rutilante confitura seca de albaricoque tendida en anchas hojas. Y ese otro dulce seco de cidras con azúcar cande perfumado con ámbar. Y el otro, redondo, formando bolas sonrosadas, de pétalos de rosa y de flores de azahar. ¡Ese, sobre todo, me va a costar la vida un día! Resérvate, resérvate, que has de probar ese dulce de dátiles rellenos de clavo y almendra. Es de Cairo, pues en Bagdad no lo saben hacer así. Por eso he encargado a un amigo de Egipto que me mande cien tarros llenos de esta delicia. Pero no comas tan aprisa, pues por más que tu apetito me honre en extremo, quiero que me des tu parecer sobre ese dulce de zanahorias con azúcar y nueces perfumado con almizcle”.
Y Shaqabaq dijo: “¡Oh! ¡Este dulce es una cosa soñada! ¡Cómo adora sus delicias mi paladar! Pero se me figura que tiene demasiado almizcle”. El anciano Barmakí replicó: “¡Oh no, oh no! Yo no pienso que sea excesivo, pues no puedo prescindir de ese perfume, como tampoco del ámbar. Y mis cocineros y reposteros lo echan a chorros en todos mis pasteles y dulces. El almizcle y el ámbar son los dos sostenes de mi corazón”. Y el viejo prosiguió: “Pero no olvides estas frutas, pues supongo que habrás dejado sitio para ellas. Ahí tienes limones, plátanos, higos, dátiles frescos, manzanas, membrillos y muchas más. También hay nueces y almendras frescas y avellanas. Come, ¡oh huésped! que Allâh es misericordioso”.

 


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BOMBONES DE FRUTAS SECAS

80 grs. de almendras, 100 grs. de dátiles, 100 grs. de higos secos, 100 grs. de azúcar glas, 2 cucharadas de agua de rosas, aceite de oliva y canela molida.Saltear las almendras con un poco de aceite de oliva para realzar su sabor. Majar todas las frutas secas, incluidas las almendras, y amasar hasta conseguir una pasta homogénea. Añadir a la mezcla 50 grs. de azúcar glas, una cucharadita de canela molida y el agua de rosas para compactar la masa. Formar bombones redondos con la mezcla y espolvorear con el resto del azúcar. Poner en canastillas de papel de bombón y servir.


Pero mi hermano, que a fuerza de mascar en balde ya no podía mover las mandíbulas, y cuyo estómago estaba cada vez más excitado por el incesante recuerdo de tanta cosa buena, dijo:

“¡Oh señor! He de confesar que estoy ahíto, y que ni un bocado me podría entrar por la garganta”. El anciano replicó: “¡Es admirable que te hayas hartado tan pronto! Pero ahora vamos a beber, que aun no hemos bebido”.

Entonces el viejo palmoteó, y acudieron los esclavos con las mangas levantadas y los ropones cuidadosamente recogidos, y fingieron llevárselo todo y poner después en el mantel dos copas y frascos, alcarrazas y tarros magníficos.

Y el anciano hizo como si echara vino en las copas, y cogió una copa imaginaria y se la presentó a mi hermano, que la aceptó con gratitud, y después de llevársela a la boca dijo: “¡Por Allâh! ¡Qué vino tan delicioso! E hizo ademán de acariciarse placenteramente el estómago”.

Y el anciano fingió coger un frasco grande de vino añejo y verterlo delicadamente en la copa, que mi hermano se bebió de nuevo. Y siguieron haciendo lo mismo, hasta que mi hermano hizo como si se viera dominado por los vapores del vino, y empezó a menear la cabeza y a decir palabras atrevidas. Y pensaba: “Llegó la hora de que pague este viejo todos los suplicios que me ha hecho pasar”.

Y como si estuviera completamente borracho, levantó el brazo derecho y descargó tan violento golpe en el cogote del anciano, que resonó en toda la sala. Y alzó de nuevo el brazo, y le dio el segundo golpe más recio todavía. Entonces el anciano exclamó: “¿Qué haces, ¡oh tú el más vil entre los hombres!”

Mi hermano Shaqabaq respondió: “¡Oh dueño mío y corona de mi cabeza! soy tu esclavo sumiso, aquel a quien has colmado de dones, acogiéndole en tu mansión y alimentándole en tu mesa con los manjares más exquisitos, como no los probaron ni los reyes. Soy aquel a quien has endulzado con las confituras, compotas y pasteles más ricos, acabando por saciar su sed con los vinos más deliciosos. Pero bebí tanto, que he perdido el seso. ¡Disculpa, pues, a tu esclavo, que levantó la mano contra su bienhechor! ¡Disculpa, ya que tu alma es más elevada que la mía, y perdona mi locura!”.

Entonces el anciano, lejos de encolerizarse, se echó a reír a carcajadas, y acabó por decir: “Mucho tiempo he estado buscando por todo el mundo, entre las personas con más fama de bromistas y divertidas, un hombre de tu ingenio, de tu carácter y de tu paciencia. Y nadie ha sabido sacar tanto partido como tú de mis chanzas y juegos. Hasta ahora has sido el único que ha sabido amoldarse a mi humor y a mis caprichos, conllevando la broma y correspondiendo con ingenio a ella. De modo que no sólo te perdono este final, sino que quiero que me acompañes a la mesa, que está realmente cubierta de manjares, dulces y frutas enumerados. Y en adelante, ya no me separaré jamás de ti”.

Y dio orden a sus esclavos para que los sirvieran en seguida, sin escatimar nada, lo cual se ejecutó puntualmente.

Después que comieron los manjares y se endulzaron con pasteles, confituras y frutas, el anciano invitó a Shaqabaq a pasar con él al segundo comedor, reservado especialmente a las bebidas. Y al entrar fueron recibidos al son de armoniosos instrumentos y con canciones de las esclavas blancas, deliciosas jóvenes más hermosas que lunas. Y mientras el viejo y mi hermano bebían exquisitos vinos, no cesaron las cantoras de entonar admirables melodías. Y algunas bailaron después como pájaros de alas rápidas. Y este día de fiesta terminó con besos y goces más positivos que soñados.

Pero el Barmakí tomó tal afecto a mi hermano, que fue su amigo íntimo y su compañero inseparable, demostrándole un inmenso cariño, y le obsequiaba cada día con mayor regalo. “Y no dejaron de comer, beber y vivir deliciosamente durante veinte años más…”

Este breve relato, perteneciente a las Mil y Una Noches, se enmarca en la serie de relatos del Barbero de Bagdad y sus seis hermanos. En este mítico libro, joya filológica y literaria, los relatos surgen unos dentro de los otros, es decir, al desarrollarse un relato inevitablemente surge otro, y ese otro crea otro cuento hasta que termina el primero, como cajas encerradas en otras cajas. Un personaje en los cuentos comienza a contarle a otros personajes una historia propia, y esa historia puede incluir otra historia dentro de ella, lo que resulta un bellísimo juego de infinitas matrioskas a cada cual más bella y sorprendente que las anteriores.

Evidentemente, no he podido resistirme a reproducir el relato de Shaqabaq con la vehemente intención de mostrar la dimensión más gastronómica de tan onírico ejemplo literario e intercalando, si se me permite la osadía, algunas recetas que, para mi, mucho o todo tienen que ver con la forma de deleitarse ante un manjar, literario y/o culinario.

Como todos sabemos, el punto de partida de tan inmenso libro, el primer relato, el que engloba a todos los demás surge del descubrimiento por parte del sultán Shahriar de la traición de su esposa. Tras matarla, y creyendo que todas las mujeres son igual de infieles, ordena a su visir conseguirle una esposa cada día, alguna hija de sus cortesanos que, debido a la locura del amor herido, ordenaría matar por la mañana.

Tan trágico destino es hábilmente evitado por Sheherezade, la propia hija del visir. Nuestra protagonista trama un plan y se ofrece como esposa del sultán. La primera noche logra sorprender al sultán contándole un cuento. El sultán se entusiasma con la historia, pero la muchacha interrumpe el relato antes del alba y promete el final para la noche siguiente.

Así, durante mil noches en las que se siguen cuentos, retazos de la vida cotidiana del Oriente Medio de los siglos IX al XIV historias de amor, trágicas y cómicas, poemas, parodias, sueños y leyendas  religiosas musulmanas.

En muchas historias aparecen genios, espíritus fantásticos, magos y lugares legendarios que se entremezclan con personas y lugares reales (el histórico califa Harun al-Rashid, del que ya he hablado en alguna ocasión, es un protagonista usual de estos relatos).

Al final, como no podía ser de otro modo, después de mil noches y una, el sultán queda curado de su locura por el poder de la auténtica literatura y así conmuta la pena a Sheherezade, encuentra el amor en la hábil narradora y viven colmados de felicidad. No es mal final de banquete para una historia de tantas vidas deleitadas.

Por Juan Sanguino Collado

©2011-paginasarabes®

Muestra Retrospectiva 2011 del Artista Jorge Yapur Sherife

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HUASTEQUISMO

El Huastequismo es una propuesta de Jorge Yapur que intenta prolongar la gran variedad de los sorprendentes elementos estéticos que constituían la plástica original de los Huastecas, recreando nuevas figuras y personajes con las características que formalmente empleaban éstos para la elaboración de piezas en la cerámica, al igual que su grafismo en la pintura.

La obra está construida a partir de formas y elementos estéticos que indistintamente se dieron en los períodos Preclásico, Clásico y Posclásico (1200 años a.C. -1400 años d. C), cargados con la sensibilidad de un artista contemporáneo y su entorno histórico… El resultado es este concepto estilístico que Jorge Yapur propone y ha denominado como Huastequismo.

Jorge Yapur Sherife, de origen libanés ,nace en Cd. Madero en 1937, se traslada a Cd. Mante y reside en Tampico desde 1972.

De 1950 a 1956 fue alumno del Mtro. Ramón Cano Manilla.

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Ha realizado numerosas exposiciones colectivas e individuales desde sus inicios en las Artes Plásticas , entre las que destacan :

1972, Galería José María Velasco del INBA- México, D.F.

1972, Centro Libanés  México

1973, Galería del INBA- Monterrey, N.L.

1975, Galería Dimensión Cinco- Tampico, Tam

1976, Centro de Arte Moderno-Guadalajara, Jal

1976, Sala Hermenegildo Bustos-Guanajuato, Gto

1992, Pintura Universitaria de México, Expo Sevilla 92- Sevilla, España.

1999, Pasillo del Arte, Televisa Occidente- Guadalajara, Jal.

2000, Universidad México Americana del Norte A.C .Ciudad Reynosa , Tam

2001, Centro Cultural Tamaulipas, Exposición Homenaje-Cd.Victoria, Tam

2002, Galería Ramón Cano Manilla, Ciudad. Mante, Tam

2005, Museo de Arte Contemporáneo, Ciudad Reynosa, Tam

2007, Casa de la Cultura de Tampico, Exposición Homenaje-Tampico, Tam

2010, Espacio Cultural Metropolitano, Exposición Temporal, para La Reunión Nacional De Cultura (CONACULTA), Tampico, Tam

Ha ejecutado más de 300  mts. cuadrados de murales , ha ejercido la docencia tanto en las Artes Plásticas y áreas afines de conocimiento a nivel universitario y dirigió la restauración de la Catedral de Tampico.

Gran parte de su obra pertenece a colecciones privadas dentro del país y en el extranjero.

Por su labor académica y su creación artística ha recibido innumerables homenajes y reconocimientos.

Una de las más importantes contribuciones culturales del artista como escultor y pintor es el rescate de la cultura Huasteca prolongando la gran variedad de los elementos estéticos que constituía la plástica original de esta basta región, recreando nuevas figuras y personajes conformando la Neo-Cultura Huasteca.

En 2010 el Ayuntamiento de Tampico entregó un merecido reconocimiento al artista plástico Jorge Yapur Sherife por su trayectoria como pintor y escultor, así como la develación de una placa con el que se le da su nombre a uno de los salones de la Casa de la Cultura de este puerto.

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Algo sobre el HUASTEQUISMO DE JORGE YAPUR

 La leyenda recogida por fray Bernadino de Sahagún explica así nuestra estirpe prehispánica: los más tempranos pobladores mesoamericanos llegaron de ultramar por el incesante y vigoroso río Pánuco…, “que ellos llamaban Panco, que quiere decir lugar donde llegaron los que pasaron el agua”. Abunda el célebre franciscano: “Esta gente venía en demanda del paraíso terrenal, y traía por apellido Tamaochan, que quiere decir buscando nuestra casa”. Huaxtecas fueron llamados por los mexicas andando el tiempo.

En este mismo lugar–cuyo proverbial perfil cosmopolita el Maestro refrenda con sus propios orígenes–, Jorge Yapur Sherife incuba una de las más asombrosas propuestas estéticas de las goteras del siglo XX mexicano.

La ha denominado Huastequismo, pues se apoya nada menos que en los esquemas estéticos de la nación Huaxteca, de honda huella en el remoto horizonte cultural de nuestro país.

Con tales principios estéticos –estudiados a fondo con un método de parangón más bien renacentista–, Jorge Yapur Sherife no procede a la mera réplica de piezas arquelògicas; mucho menos incurre a un involuntario folclorismo. Entremezclando elementos de los periodos emblemáticos del antiguo arte huaxteca–preclásico, clásico y posclásico–, los recrea en una producción de plausible aliento.

El resultado es de veras sorprendente: cerámica y esculturas en las que simplicidad de formas se recargan de manera progresiva, desplegando una belleza secreta y exultante; lienzos de gran formato y espectacular colorido que dejan entrever gran oficio no sólo en el manejo de la técnica sino en el planteamiento y concatenación de tesis que los anima.

“Estoy empeñado en lograr un estilo personal diferente a los originados en Europa, antiguos o contemporáneos, los cuales son aún estereotipo o modelo para muchos de nuestros artistas de la plástica “, explica el Maestro. Su Huastequismo –como de lo que hasta aquí dicho a lo mejor ya puede suponerse –tiene tras sí una sólida formación profesional y una encomiable trayectoria por distintas corrientes, de las que dan cuenta anteriores presentaciones tanto en la Sala José María Velasco (1973), del INBA, como en la Expo-Sevilla (1992), por citar sólo un par de ellas. Mención también merece la muestra que hace veintitres años pudo apreciarse en el Centro de Arte Moderno de la capital de Jalisco

Hoy , desde su taller ubicado a orillas de la apacible e inconmensurable laguna del Chairel de Tampico, el maestro Jorge Yapur Sherife vuelve a Guadalajara para compartir con ella lo mejor de su Huastequismo.

 Raúl Sinencio Chávez

 Texto realizado en el marco de la Exposición en TELEVISA DE OCCIDENTE–PASILLO DEL ARTE.  17 de Junio de 1999 ,Guadalajara, Jalisco.

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