Archivo de la etiqueta: Yemen

Los diez crímenes de los Hermanos Musulmanes contra las masas populares árabes

Los diez crímenes de los Hermanos Musulmanes contra las masas populares árabes

Con información de Resistencia Libia

©2013-paginasarabes®

Adnan Al-Hamdi – Un yemení preso en Guantánamo

Preso en Guantánamo
Preso en Guantánamo

… En Guantánamo, el tema de su discusión aquella noche era un yemení de diecinueve años, Adnan Al-Hamdi, el proyecto preferido de Falk, aunque sólo fuese porque no hablaba con nadie más. Adnan había sido capturado en Afganistán hacía casi dos años en una escaramuza al oeste de Jalalabad. Él y otros sesenta yihadistas inadaptados de Pakistán, Chechenia y los Estados del Golfo habían sido capturados por los combatientes tayikos de la Alianza del Norte, tras la precipitada retirada de los talibanes hacia el sur. Pasaron seis semanas pudriéndose en una cárcel provincial hasta que los estadounidenses los descubrieron. Adnan atrajo especial interés, sobre todo porque un compañero de viaje, un viejo paquistaní excitable, juró que Adnan era un cabecilla. Y él, con sus respuestas monosilábicas habituales, no se esforzó en confirmarlo o negarlo, así que cayó en la red, uniéndose a una de las primeras hornadas de importaciones a Guantánamo. Llegó con los ojos vendados y vestido con un mono en el vientre de un avión de carga estruendoso, en la época en que el centro de detención era una instalación rudimentaria de jaulas para simios llamado Campo Rayos X.

Cuando llegó Falk más de un año después, los loqueros residentes de Gitmo (el equipo asesor de especialistas en comportamiento llamado Biscuit) habían dado a Adnan por una causa perdida. No hablaba y tiraba regularmente sus heces a los guardias, a veces después de mezclarla con pasta de dientes y puré de patatas.

Así que se lo endosaron a Falk, cuya especialidad lingüística era precisamente el dialecto de Sana, la ciudad natal de Adnan, sólo porque había visitado el lugar cuando el FBI investigó la explosión del buque estadounidense Cole en el año 2000.

Falk emprendió la tarea de someter al joven con rumores y mentiras, historias adornadas con pinceladas coloristas que recordaba de las polvorientas callejuelas de Sana. Al poco tiempo, Adnan empezó a escuchar en vez de gritar o taparse los oídos con las manos, como solía hacer antes. Incluso hablaba de vez en cuando, aunque sólo fuese para corregir pequeños errores de interpretación de Falk. El progreso fue lento, pero Falk sabía por experiencia que la dificultad en una etapa tan temprana no significaba que no quedaran puntos vulnerables. A diferencia de la mayoría de los detenidos, Adnan ni siquiera podía dejarse crecer una barba completa, y a Falk le parecía casi conmovedor la pelusa de su mentón, como la florescencia desnutrida de un jardín abandonado.

Tal vez Falk reconociese en Adnan a otro solitario. Porque de hecho también él estaba solo en el mundo a sus treinta y tres años. No tenía esposa ni hijos ni perro, ni ninguna novia que le esperara en Washington. Figuraba como huérfano en el registro del personal del FBI, una conclusión deducida de una mentira que le había dicho hacía quince años al oficial de reclutamiento de la infantería de Marina de Bangor, Maine, por resentimiento y por el deseo del fugitivo de una ruptura total.

Y, debido a su actitud independiente y a su progreso con Adnan, había adquirido fama de tener el tacto preciso para los detenidos desorientados en los niveles bajo y medio del Campo Delta. Esto suponía que casi nunca echaba un vistazo a las pocas docenas de detenidos considerados las posesiones más preciadas de Gitmo: lo «peor de lo peor».

En su lugar, se reunía con ancianos solitarios y canosos, o con individuos perturbados de veintitantos años (albañiles, taxistas, zapateros y campesinos) que se habían alistado como soldados de infantería de la yihad, sujetos de dudoso valor informativo, a quienes los escépticos aludían a veces como «campesinos».

En el curso de aquellas sesiones, Falk descubrió las virtudes apaciguadoras de los alimentos (los dulces, sobre todo), y los había empleado con Adnan últimamente. Todavía la semana anterior, una porción de baclava chorreante había propiciado una prolongada discusión sobre técnicas de explosivos, y una descripción bastante buena de su instructor en el uso de armas, que coincidía con la de otro detenido que recordaba el nombre. Era de suponer que otros empleaban el mismo método en algún otro lugar.

Un psicólogo militar del equipo Biscuit definió la técnica de cambiar alimentos por información como «carne para los leones». En el caso concreto de Adnan, se parecía más a dulces y leche tras un largo día de escuela, un convite para serenar el alma y ponerse a hacer los deberes. Falk le había llevado incluso una vez un Happy Meal del McDonald’s de la base.

—Hoy mereces un descanso —le dijo, entregándole una caja de color rojo chillón.

La ironía publicitaria pasó volando sobre la cabeza de Adnan, pero el joven devoró agradecido la pequeña hamburguesa; la mostaza le caía por la comisura de los labios, agrietados por el sol, mientras masticaba.

—Trabaje con él —le dijo un funcionario visitante del Servicio de Información de la Defensa—. Conviértalo en un proyecto personal. Que no intervenga nadie más, y ya veremos cómo va.

Traducción: volverá a casa sólo cuando nos diga lo que sabe, y le corresponde a usted conseguirlo. Lo cual dejaba a Falk dueño del destino del joven, como si dijéramos. Así que aquella misma semana había decidido probar un nuevo curso de acción: despertaría a Adnan de madrugada (una técnica que al Pentágono le gustaba llamar «ajuste del sueño»), con la esperanza de conectar con un flujo de conciencia distinto del diurno.

Falk había llegado a la verja de entrada al Campo Delta a las 2:20. Un policía militar hosco y aburrido verificó su documento de identidad en la lista de visitas programadas y abrió la verja de la primera entrada. Estas operaciones nunca requerían intercambio de nombres. Los interrogadores firmaban el registro con números. Los policías militares, por su parte, se cubrían los nombres con cinta adhesiva para impedir que sus nombres pasaran a una red oscura de Oriente Próximo que pudiera localizar a su familia algún día en Ypsilanti, Toledo o Skokie. Antes de abrir la siguiente puerta, el policía volvió a cerrar la anterior, y repitió la operación en otras dos. Con tanto ruido metálico, parecía que Falk estuviese entrando en un patio trasero suburbano, y daba la impresión de que el lugar fuese una perrera. Y olía como si lo fuera; apestaba a excrementos, a sudor y a desinfectante. Las duchas estaban estrictamente racionadas y no había aire acondicionado que contrarrestara el calor cubano, y cada bloque de celdas hedía como un vestuario que necesitara una buena limpieza.

El lugar podía ser ingobernable de día. Los prisioneros no siempre aceptaban el castigo por las buenas, sobre todo cuando los trasladaban de sitio. Había refriegas, huelgas de hambre y griteríos. Cuando alguien se pasaba de la raya, los guardias recurrían a su versión de ataque aéreo: una fuerza de reacción inicial o IRF. Era una especie de fila de la conga de combate de cinco guardias con cascos, gruesas protecciones, guantes de cuero negro, sprays paralizantes y escudos antidisturbios. Cuando entraban en acción, golpeando rítmicamente las botas en el suelo, los prisioneros contestaban gritando todos a una: Allahu Akbar! (¡Dios es grande!).

Pese a lo mucho que se habla de que Delta es una especie de torre de Babel con sus diecinueve idiomas, las lenguas mayoritarias eran el árabe y el pashto, y quienes llevaban la batuta eran los árabes, que adoptaban un aire despectivo con los adustos pashtunes de las montañas afganas y paquistaníes. Una actitud extrañamente acorde con la de los interrogadores y psicólogos, que consideraban campesinos a casi todos los pashtunes.

Algunos prisioneros árabes se habían convertido en predicadores carcelarios y podían silenciar todos los bloques de celdas con sus sermones, invocando la cólera divina con encendidos versículos coránicos. Eso desquiciaba a los policías militares, aunque Falk encontraba las exhibiciones curiosamente entretenidas, tal vez porque le recordaban a las emisiones radiofónicas de los domingos por la mañana de su infancia, fúnebres advertencias de muerte y condenación entre las interferencias y zumbidos del dial de amplitud modulada.Falk se inscribió para ver a Adnan y luego repasó las notas que había tomado mientras esperaba en una de las ocho cabinas de interrogación idénticas. Su lugar de trabajo no era gran cosa: poco más de 3,5 m2, suelo de linóleo blanco, paneles gris claro y luz fluorescente. Sin ventanas, sólo un espejo-ventana en una de las paredes, que daba a la sala de observación, casi siempre vacía. No había adornos, aunque el ejército había colocado hacía poco carteles de una madre árabe afligida con una leyenda que decía cuánto deseaba que su hijo volviera a casa. Los habían colocado en la pared frente al detenido, y el mensaje implícito era: «El deseo de la madre se cumplirá si hablas». Falk ya se había ganado una reprimenda por quitar uno antes de su última sesión con Adnan. Volvió a hacer lo mismo ahora, lo enrolló bien y lo dejó al lado de la puerta.

Leer Más >>>

Empleo, juventud y redes sociales en Oriente Medio y Norte de África

La emprendedora palestina Reham Issam Di'Bas durante su intervención en la mesa redonda 'Los jóvenes y las redes sociales como agentes del cambio y unión en el Mediterráneo'. / Fundación Educación para el Empleo

Trabajo y juventud fueron los ejes de MedEmpleo, el I Encuentro internacional sobre creación de empleo para jóvenes del Mediterráneo, celebrado la semana pasada en la Casa Árabe de Madrid. Este evento, organizado por la Fundación Educación para el Empleo (EuropEfe) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), se convirtió en un foro de debate sobre la situación laboral que atraviesan los jóvenes de los principales países del Norte de África y Oriente Medio (MENA, por sus siglas inglesas), para incentivar su contratación por parte de empresas e instituciones españolas.

Una de las mesas redondas del encuentro se encargó de revisar el papel de las redes sociales como elemento integrador y dinamizador de la juventud. Más concretamente, de discutir sobre su capacidad para movilizar a los jóvenes, ya sea a la búsqueda de empleo o a la protesta, como ha sido el caso de la primavera árabe. El debate fue moderado por el palestino Saro Nakashian, consejero del patronato Educación Palestina para el Empleo, y presentado por la española Alejandra Ortega, responsable de Países Árabes, África y Asia de Comisiones Obreras.

Además, dos representantes instituciones españolas: Ricardo Ibarra, presidente del Consejo de la Juventud de España, y Ruben Urosa, director del Instituto de la Juventud, quien comenzó su intervención pidiendo que se eliminen las connotaciones negativas de la expresión “fuga de cerebros”, pues en el futuro será mucho más habitual la movilidad geográfica de los recién licenciados. Ni la pérdida de talento en España ni la inversión española en educación que aprovecharán otros países parecen preocupar demasiado al responsable del Injuve.

Así, la figura del emprendedor en el mundo árabe se presentó como una de las pocas salidas para unos demandantes de primer empleo (jóvenes de entre 15 y 24 años) que suponen, al igual que en España, más de la mitad de todos los ciudadanos que esperan en la cola del paro.

Representando a los emprendedores de MENA, dos de los 10.000 jóvenes que EuropEfe espera haber formado y asesorado a finales de 2012 en Egipto, Jordania, Marruecos, Palestina,Túnez y Yemen. El primero en hablar fue el jordano Alá Alsallal, creador de la librería electrónicaJamalon.com, más conocida como el Amazon.com árabe. Este sitio web, que Alsallal montó repartiéndose el trabajo de con sus tres hermanos, cuenta ya con más de 150.000 títulos en la lengua de Mahoma. Y lo puso en marcha salvando los que, a su juicio, son los principales obstáculos del emprendedor: una cultura que incentiva el trabajo asalariado y la falta de apoyo institucional, que le llevó a buscar financiación privada. Su sitio web ha recibido hasta el momento  400.000 dólares (unos 300.000 euros) provenientes de bolsillos particulares.

Por su parte, la jovencísima emprendedora palestina Rehan Issam Di’Bas tras su intervención y aclara que, a pesar de lo que pueda parecer por la situación política de su país, el nivel de penetración de Internet es bueno y las nuevas generaciones dominan con bastante soltura el uso de redes sociales.

Issam Di’Bas empezó estudiando para ser ingeniera, una de las profesiones más demandadas en Palestina junto con la de médico, pero poco después descubrió que quería ser periodista. Un trabajo posterior como encargada de redes sociales en una empresa le abrió, según explica, los ojos a un mundo de oportunidades. “En mi caso, las redes sociales han conseguido que me plantee cosas, que ponga en marcha ideas que de otro modo habrían sido impensables para mí”, dice.

La emprendedora prepara un sitio web para gestionar y facilitar el alojamiento de estudiantes, un problema al que se enfrentan los universitarios de aquel país cuando deben desplazarse a otras ciudades para cursar una carrera. ¿Pueden las redes sociales ayudar también a resolver el problema con Israel? “Pueden abrir nuevas vías de diálogo al margen de los cauces oficiales”, responde Issam Di’Bas.

En Palestina, ¿es más difícil ser mujer, ser emprendedora o ambas cosas? “Es difícil ser ambas cosas, pero en mi familia, a pesar de todas las advertencias que me han hecho, al final del día, me apoyan y respetan lo que estoy haciendo”. “Lo importante”, dice, “es romper el ciclo de vida de estudiar, encontrar un trabajo y casarte”.

Por Pedro de Álzaga

©2012-paginasarabes® 

Licencia Creative Commons

Empleo, juventud y redes sociales en Oriente Medio y Norte de África por Pedro de Álzaga se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
Basada en una obra en paginasarabes.wordpress.com.

Ministras y activistas piden un mayor papel de la mujer tras primavera árabe

Siete ministras y activistas de Marruecos, Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen y la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, a través de una resolución, apostaron hoy por incrementar la participación de la mujer en esos países, un año después de la «primavera árabe».

bassima_hakkaoui
La ministra marroquí de la Solidaridad, Mujer, Familia y Desarrollo Social, Bassima Hakkaoui, resumió el sentir general al afirmar que le «entristece» que se haya «pedido la participación de las mujeres en este movimiento popular» y «se les excluye a la hora de negociar».

Mientras la vicepresidenta de la Asamblea Nacional Constituyente de Túnez, Meherzia Labidi Maïza, pidió más presencia de mujeres en política y los mismos derechos que los hombres, la activista y periodista egipcia Gamila Ismail criticó las amenazas de los extremistas islámicos.

Ismail señaló que las mujeres egipcias «siguen sufriendo discriminación y desigualdad».

La fundadora de la organización de la sociedad civil libia, Sara Maziq, reclamó «el papel preponderante de la mujer en el éxito de la insurgencia» y criticó que ahora «se las deje de lado».

La escritora y activista siria Rima Filhan, refugiada en Jordania tras ser amenazada por los servicios secretos, pidió libertad y dignidad para las mujeres de su país y el reconocimiento a las madres que defienden en la calle los derechos de sus hijos encarcelados.

La activista yemenita Sarah Ahmed Jamal, narró cómo fue golpeada en una manifestación «por otro manifestante que le recriminó que caminara a su lado y no detrás de él». «Yo estoy a la misma altura que ellos», dijo.

La Asamblea del Consejo de Europa aprobó una resolución (69 votos a favor y 3 abstenciones) que recomienda la introducción de cuotas en las candidaturas políticas, la promoción de una cultura de igualdad de sexos y la persecución penal de la violencia contra las mujeres.

El informe «Igualdad entre hombres y mujeres: una condición del éxito de la primavera árabe» en el que se basa la resolución critica que sólo el 2,2 % del nuevo Parlamento egipcio sea ocupado por mujeres, frente al 12 % del que resultó tras las elecciones de 2005.

Además, constata que sólo haya dos mujeres entre los 29 ministros del Gobierno interino libio, y una mujer en el Gobierno marroquí, frente a las siete del anterior.

En el Parlamento marroquí hay 67 mujeres, tras las elecciones del pasado mes de noviembre, 60 de ellas gracias a la cuota reservada a ellas. Es un 16,7%, frente al 12,3% de la anterior Cámara, que sitúa a Marruecos en el puesto 72 de la representación parlamentaria de mujeres.

En Túnez las últimas elecciones legislativas otorgaron 59 de los 217 escaños a mujeres (un 27 %, frente al 30 % de la anterior Cámara). En cuanto al Gobierno, hay dos mujeres entre los 30 ministros y una entre los 11 secretarios de Estado.

La parlamentaria española Delia Blanco afirmó en el debate del informe que, desde la Revolución Francesa, las mujeres han participado en las revoluciones y después han sido excluidas, y afirmó que las mujeres de la «primavera árabe» han cumplido.

Por su parte, la representante del Consejo legislativo palestino aseguró que «seguimos esperando la primavera en Palestina».

Fuente: EFE

©2012-paginasarabes®

Licencia Creative Commons

Ministras y activistas piden un mayor papel de la mujer tras primavera árabe por EFE se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
Basada en una obra en paginasarabes.wordpress.com.