Archivo de la etiqueta: Ecología

Expolio y contrabando de arena, ¿es el fin de las playas?

Un barco con sacos de arena robados en Maldivas
Un barco con sacos de arena robados en Maldivas

Tres de cada cuatro playas están desapareciendo, y el año 2100 podría no quedar ni una en todo el planeta. Muchas son robadas, literalmente, por mafias que extorsionan, sobornan y matan para extraer hasta el último grano de sílice, que luego venden de contrabando. El tráfico mundial de este material, usado para fabricar desde pasta de dientes hasta tecnología, es enorme. Es el segundo recurso natural más usado tras el agua.

La playa es el destino turístico por excelencia, elegido por una de cada tres personas para su asueto estival. Si usted, lector, es una de ellas, ¡aproveche! Porque, desgraciadamente, dentro de poco puede que no quede ni una sola playa en todo el planeta. “Ah, ¡el cambio climático!”, tal vez esté pensando. En parte tiene razón, pero el motivo principal de la desaparición de este bello ecosistema natural no será ese, sino que se acabará la arena.

“Vamos a la playa, ponemos la toalla, tomamos el sol, tal vez hacemos un castillo de arena con nuestros hijos. Y nos vamos tan contentos, sin plantearnos nada. Pero, el 75% de las playas del planeta está desapareciendo. En el 2100, de seguir así, no quedará ni una sola. Hay mafias que matan por conseguir arena, hay contrabando. Y si la voracidad de ciertos países continúa, acabaremos viendo a indonesios, indios o malasios defendiendo a tiros sus costas a no tardar”. Quien así habla es Denis Delestrac, un realizador de documentales francés que investigó a fondo durante tres años qué estaba ocurriendo con este recurso natural.

En el 2013 estrenó un documental sobre el tema, Sand Wars, guerras de arena, en el que denuncia la sobreexplotación de esta materia y las gravísimas consecuencias que acarrea para el planeta. Su filme ha sido premiado en numerosos festivales e incluso ha propiciado que las Naciones Unidas (ONU), en el marco de su programa de medio ambiente (UNEP), hayan publicado un informe, basado en su investigación, titulado Arena, más escasa de lo que pensamos, en el que alerta sobre la situación, que califica de “emergencia”.

Una de cada cuatro playas del planeta ya muestra los efectos de la extracción masiva de arena. Paradójicamente, el impacto global de este fenómeno pasa inadvertido para la mayoría de las oenegés, gobiernos, científicos y medios de comunicación. La extracción de arena, en muchos sitios, ha resultado en la destrucción de playas y ecosistemas enteros, y ha tenido gran impacto en el turismo de esas zonas y el medio de vida de muchos pescadores.

LA NUEVA FIEBRE DEL ORO.

Vamos a la playa y se suele dar por sentado que la arena va a estar ahí, se ven grandes extensiones doradas, parece un recurso inacabable, infinito. Pero tiene los días contados porque se ha colado en todos los rincones de nuestra vida.

Se estima que cada año, el tráfico mundial de este material es de cerca de 18.000 millones de toneladas, según un informe de la International Union of Geological Sciences. Esta cantidad es seis veces superior al consumo de petróleo, de unos 3.400 millones de toneladas.

“Al ser un material a priori tan abundante, se ha utilizado tradicionalmente en muchos procesos industriales. Se usa para hacer desde pasta de dientes, pintura y productos de limpieza del hogar hasta alimentos deshidratados, vidrio… Y por las capacidades semiconductoras del silicio, el elemento principal de la arena, también se emplea para fabricar chips, ordenadores, móviles”, explica Joan Poch, profesor de Geología de la Universitat Autònoma de ­Barcelona.

Aunque los sectores que más cantidad devoran son la construcción y el turismo. El primero lo hace de forma muy voraz: el 80% de las autopistas, puentes, edificios y otras obras públicas están hechas con ingentes cantidades de arena. Esto se debe a que desde hace medio siglo se usa el hormigón armado como material de construcción, sumamente eficiente y de bajo coste. “Construcciones como parkings subterráneos o bloques de muchas plantas o rascacielos sólo son posibles gracias a este material”, indica Albert Cuchí, arquitecto y profesor de la Universitat Politècnica de Catalunya.

El hormigón se elabora con agua, cemento, gravas y arena, que en España procede de canteras en montañas (también alteran el entorno), porque la ley de Costas prohíbe que se obtenga del litoral. Pero en otros países se extrae del fondo marino y de las playas. El problema es que las cantidades que se necesitan para edificar o hacer puentes o carreteras son astronómicas. “Si cogiésemos un edificio recién construido, lo arrancásemos con los cimientos y lo pesáramos, tendríamos más de dos toneladas de material por metro cuadrado. Y más de la mitad sería arena y gravas”, señala Cuchí.

Singapur es uno de los países que más arena consumen del planeta –quizás el que más–. Es una de las naciones más ricas pese a su reducido tamaño. “Para mantener su estatus de hub financiero internacional desde los años 60 ha aumentado un 20% su superficie. ¿Cómo? Echando tierra al mar. Y para ello ha importado arena de Indonesia, Vietnam, Malasia”, denuncia Megan MacInnes, responsable de campaña de la oenegé británica Global Witness.

Primero, explica, usaron legalmente la arena importada de sus vecinos, hasta que estos se percataron de que sus costas estaban devastadas y prohibieron la exportación. Singapur empezó a ir más lejos a comprarla. Y también, entonces, comenzó el tráfico ilegal.

“Hay ladrones que van por la noche a playas paradisiacas de Malasia o Indonesia y se llevan toneladas de arena de la costa en pequeñas barcas. Luego van al puerto de Singapur, donde la venden, sin que la policía los intercepte”, asegura el realizador Denis Delestrac. O hay barcos que anclan en la costa y dragan grandes cantidades de arena a la superficie, lo que tiene igualmente consecuencias devastadoras al acabar con el ecosistema del fondo del mar, afectar a la pesca tradicional y poner en jaque la subsistencia de muchas familias.

Indonesia es seguramente el país que más ha sufrido la avaricia singapurense. Las autoridades locales afirman que han desaparecido ya 24 pequeñas islas de su litoral, y Greenpeace Indonesia alerta de que muchas más de las 83 islas que conforman la costa norte del país podrían ser engullidas por el mar en la próxima década debido al robo de arena.

“El daño que se está produciendo en la costa es irreparable. Y resulta irónico, porque Singapur tiene un marco legal muy avanzado para la protección del medio ambiente, pero claro, dentro de sus fronteras. Lo que les ocurre a otros países no parece importarle demasiado”, acusa Megan MacInnes.

Que islas enteras desaparezcan dragadas resulta catastrófico para la seguridad de Indonesia, porque las pequeñas actúan de escudos de las más grandes y habitadas ante tormentas y tsunamis. “En algunas comunidades del océano Índico los efectos del terremoto y posterior tsunami en el 2004 fueron peores por la extracción de arena”, señala Claire Le Guern, directora de Santa Aguila Foundation-Coastal Care, una entidad norteamericana que lleva 10 años alertando sobre los peligros de la extracción de arena.

Dubái, en los Emiratos Árabes, es otro voraz consumidor de arena. El minúsculo país vive un boom por construir rascacielos. Cuenta con cerca de 200, entre ellos el Torre Jalifa, el más alto del mundo. Y hay previstos casi medio millar más que, de llegarse a edificar, la convertirán en la ciudad del mundo con más construcciones de este tipo. Y para ello, claro, se necesita más y más arena.

El país desarrolló además dos proyectos –tildados de estrambóticos por algunos– de islas artificiales. Uno, The World, un archipiélago de 300 islas que forman un mapa del mundo, se ha abandonado. Y otro es The Palm Jumeira, una isla artificial con forma de palmera.

¿Imagina los millones de toneladas de arena que se necesitaron para crear esas islas? Cerca está el desierto, pero no se puede usar su arena. “El grano de la del desierto está muy erosionado por la acción del viento y es muy redondo y pulido, no se une a otro. En cambio, el de playa es más rugoso, desi­gual y funciona muy bien para construir”, explica Joan Poch.

LA MAFIA DE LA ARENA.

India es uno de los principales suministradores de arena de Dubái. En el país del sur de Asia, la mafia de la arena es la organización más poderosa; empresas de construcción y material, así como policías y políticos corruptos están detrás del robo de playas enteras, afirma Delestrac. “Hay crimen organizado, con conexiones con las más altas esferas políticas; un sistema bien organizado que va desde la extracción hasta la venta y la construcción. Y las personas que se ven obligadas a excavar la arena son muy pobres, una especie de esclavos, a quienes amenazan con matar a sus familias si no lo hacen”, cuenta.

También en Africa Coastal Care tiene noticia de organizaciones criminales que matan y extorsionan para hacerse con este recurso. De hecho, la oenegé ha documentado la devastación de las playas marroquíes del norte. “Antes estas playas eran muy largas, podías casi recorrer toda la costa por ellas. Y eran bellísimas, con enormes dunas. Constituían uno de los principales atractivos turísticos del país. Y vimos con nuestros propios ojos cómo se las llevaban día y noche. Hombres, incluso niños, cogían la arena con palas, la cargaban en burros para meterla en camiones. Ahora esa zona es paisaje lunar. Da muchísima pena”, cuenta Le Guern.

Marruecos tiene como despensa el Sáhara. El país exporta cada año unas 50.000 toneladas de arena procedente de territorios ocupados, por lo que la ONU ha dictado que el comercio de este recurso es ilegal, aunque continúa, denuncia la oenegé Western Sahara Resource Watch. Y afirma que entre los principales compradores está España, que desde hace 30 años importa arena del desierto para rellenar playas canarias.

¡VAMOS A LA PLAYA!

Además de la construcción, el otro agujero negro de la arena es el turismo. Es una industria muy potente de la que muchos países dependen económicamente por la actividad que genera, desde alojamiento hasta restauración y ocio. De ahí que todos quieran ofrecer playas anchas y bonitas, aunque eso implique prácticas como robar arena de los vecinos.

En Cancún, en el 2009, se registró el caso de un hotel que había vaciado una playa de otra zona turística para rellenar su propia playa. Y no hace falta ir tan lejos: en Cádiz, el año pasado, Ecologistas en Acción denunció el robo de arena de la playa de Valdevaqueros que fue vendida a Gibraltar, que la usó para crear playas artificiales.

En España y otros países es muy habitual extraer arena del fondo del mar, de la costa, para rellenar las playas. Poco antes de comenzar la temporada de baño, es frecuente ver enormes barcos anclados frente a la costa dragando arena para luego verterla en la zona en que pondremos la toalla meses después. “Ya apenas quedan playas naturales en el mundo. Casi todas son artificiales, porque si no las rellenásemos cada cierto tiempo, desaparecerían”, explica Jorge Guillén, geólogo marino del Instituto de Ciencias del Mar-CSIC (ICM-CSIC).

La extracción de arena del fondo marino no es inocua. Muchos microorganismos y pequeños animales y algas viven en esa arena y constituyen la base de la cadena alimenticia marina. Si ellos desaparecen, peces mayores no tienen con qué alimentarse. Y así hasta llegar a nosotros, los humanos. Además, rellenar las playas es un parche temporal, porque esa arena se vuelve a perder. ¿Y eso por qué?

Las playas son ecosistemas muy dinámicos que cambian con cada estación. En invierno apenas se ve arena, y en verano, en cambio, aparecen grandes franjas doradas. Esos cambios en el aspecto de la playa no implican modificaciones de volumen, sino de distribución de la arena. Es un proceso que de manera natural funciona a la perfección, en el que no se pierde ni se gana un solo grano. En geología, a este equilibrio se le llama balance sedimentario.

Los problemas empiezan cuando ese balance es negativo. “La pérdida de arena de las playas tiene que ver con la intervención del ser humano”, señala Joan Poch. La mayoría de los granos de arena de la playa procede de la erosión de las montañas y tarda decenas de miles de años en llegar a la costa. Son transportados por el viento y, sobre todo, por los ríos. No obstante, la mayoría de los ríos están ahora regulados mediante presas, que detienen el agua y asimismo el aporte de sedimentos al mar.

“En España, se calcula que, antes de construir las presas, el río Ebro, por ejemplo, aportaba unos 20 millones de toneladas de sedimentos al mar. Ahora puede que lleguen apenas unas 150.000 toneladas”, señala Jorge Guillén. Esto, sumado a la edificación en primera línea de mar, sin respetar la forma de la playa y sus dunas; a la construcción de puertos por toda la costa, que desvían las corrientes submarinas que antes distribuían la arena, y al avance del nivel del mar por el cambio climático, “hace que la gravedad de la situación vaya en aumento; las playas ejercen de amortiguadores entre el océano y la tierra. Sin esa protección y con el aumento del nivel del mar, las olas están invadiendo la tierra, salinizando la capa freática y contaminando el agua que bebemos y que usamos para la agricultura. Es un auténtico desastre”, alerta Claire Le Guern.

VIDRIO RECICLADO.

Pero ¿qué se puede hacer para evitarlo? Porque el problema, coinciden en señalar todos los expertos, irá al alza. La arena es un recurso natural finito, la demanda seguirá aumentando, continuarán las mafias, el contrabando y los desastres naturales. “Una solución puede ser reciclar lo que ya tenemos. Dedicar más recursos y energías, e inversiones tecnológicas a investigar las posibilidades del reciclaje”, señala la directiva de la organización Coastal Care.

En este sentido, en Florida, en Estados Unidos, están regenerando las playas con vidrio reciclado. En esa zona del país, la costa es clave para la economía, puesto que es el principal reclamo turístico: aguas prístinas, buen clima, arena fina. No obstante, como en tantos otros lugares, aquí también han construido en primera línea de mar, las playas se han erosionado, y llevan décadas teniendo que rellenarlas. Y hace un tiempo se quedaron sin arena.

Entonces se les ocurrió una solución ingeniosa. Al parecer, una tercera parte del vidrio es imposible de recuperar, y en Florida han cogido esa parte, la han machado hasta pulverizarla y la han puesto de nuevo en las playas. “Se comporta exactamente igual que la arena. No hay turistas por ahí con los pies cortados”, bromea Le Guern. Debe de ser muy similar porque incluso las tortugas han regresado a esas playas a poner sus huevos.

Donde más tienen que cambiar las cosas es en la construcción. Para Sonia Hernández -Montaño, arquitecta experta en bioconstrucción y fundadora del estudio Arquitectura Sana, “podemos optar por una solución parche y seguir construyendo con hormigón armado, aunque buscando alternativas para no tener que seguir reventando montañas o vaciando playas”. En España, cuenta esta arquitecta, se ha llevado a cabo algún experimento con autopistas, en las que se han usado escorias de la industria metalúrgica que no se podían reciclar.

En Sant Cugat, cerca de Barcelona, la planta de Unión Transmóvil, dedicada al reciclaje de residuos de la construcción, recoge los escombros de obras de reforma y de derribos, los somete a un proceso de limpieza y así consigue recuperar material apto para volver a ­construir.

Ya se emplea en carreteras, drenajes, canalizaciones. “Los vertederos son el negocio tradicional, adonde van a parar todos los residuos de la construcción, pero eso contamina, crea canteras y desaprovecha recursos. Hay muchos residuos susceptibles de convertirse en productos para abastecer el mercado. ¿Por qué usar solamente materiales nuevos?”, se pregunta Roger Domènech, gerente de la citada planta.

Otra opción es introducir más materiales naturales, como la madera laminada, usada en Austria y Alemania, aunque tiene un límite constructivo: no se pueden superar las cuatro o cinco plantas.

Para el arquitecto y profesor Albert Cuchí, “la construcción del futuro tendrá que orientarse más a la rehabilitación y no tanto a la nueva construcción. También tenemos que repensar el modelo de ciudad, sólo así podremos utilizar otros sistemas de construcción. ¿Hace falta que más de la mitad de la población mundial viva en la costa?”.

Igualmente, habrá que reflexionar sobre el modelo de arquitectura. Ahora está globalizada, se construye igual en Dubái que en Finlandia, dice Hernández-Montaño, “los arquitectos deberíamos tratar de repensar cuál es la arquitectura tradicional de cada lugar y usar los materiales de la zona. No tiene sentido hacer los mismos edificios en todas partes, cuando el clima es distinto”.

Como civilización no podemos detener el mundo que tenemos en marcha, pero tampoco podemos seguir haciendo las cosas igual que hace 50 años, porque la situación en el planeta ha cambiado. La población ha aumentado, los recursos naturales menguan y el cambio climático avanza. “Tenemos que hallar nuevas maneras sostenibles de adaptarnos a las nuevas situaciones. Necesitamos invertir en nuevo pensamiento. De otra forma, ¿qué Tierra vamos a dejar a los que vienen detrás?”, se pregunta Claire Le Guern, de Coastal Care.

Por Cristina Sáez
Con información de Magazine

©2016-paginasarabes®

Sir Bani Yas,el moderno arca de Noé

Cetrería en E.A.U. ©afp
Cetrería en E.A.U. ©afp

Una isla de los Emiratos Árabes Unidos, concebida como un ‘arca de Noé’ para especies animales, propone un turismo respetuoso con la naturaleza, en contraste con las tiendas y los rascacielos de Dubái. Desde su inauguración hace seis años, Sir Bani Yas ofrece safaris entre mar y desierto, en medio de miles de animales en libertad.

Sus colinas rocosas, ríos y dunas forman 87 kilómetros cuadrados de vida salvaje para numerosas manadas de aves del desierto, jirafas, ciervos y leopardos, introducidos en la isla para enriquecer la biodiversidad.

También alberga un monasterio cristiano, el más antiguo de la era preislámica en la región del Golfo.

Por iniciativa del jeque Zayed bin Sultan Al Nahyan, fundador de los Emiratos Árabes Unidos, “la isla fue transformada en 1971 en una reserva natural con la idea de convertirla en un ‘arca de Noé’ para especies amenazadas de extinción”, explica Marius Prinsloo, promotor del proyecto.

Con el tiempo, el número de animales fue aumentando hasta llegar a 13.500 ejemplares. Sir Bani Yas cuenta con 25 especies de mamíferos y 170 de pájaros. La isla posee una de las poblaciones más importantes en el mundo de órices de Arabia, un animal similar al ciervo que desapareció en estado salvaje en los años setenta debido a la caza, y solo sobrevivió en cautiverio. Las gacelas de montaña y del desierto conviven allí con jirafas y leopardos.

Sir Bani Yas se encuentra en el emirato de Abu Dabi, el más rico de la federación de los Emiratos Árabes Unidos, al disponer del 90 por ciento de las reservas petroleras. Dedica muchos fondos a la preservación de la naturaleza y a un programa de desarrollo cultural.

Dotada de tres unidades hoteleras de capacidad limitada y respetuosas con el medio ambiente, la isla de Sir Bani Yas supo preservar su carácter natural.

“Estos lugares son un testimonio de las distintas civilizaciones que prosperaron en la isla, habitada desde hace más de 7 mil 500 años”, asegura Fatima al Mutawa, responsable de relaciones públicas de este interesante destino natural.

Con información de El Tiempo

©2015-paginasarabes®

El Islam,el medio ambiente y la ecología

Orar por un medio ambiente mejor no es suficiente. Uno también debe actuar. Fazlun Khalid está convencido de que la fe puede ayudar. El musulmán es un pionero del islam ecológico.

musulmanes_oracion

 

Señor Fazlun Khalid*, cada tres años alrededor de diez millones de hindúes asisten al festival de Kumbh Mela y toman un baño en el río Ganges. Cada año tres millones de musulmanes llegan a La Meca, en Arabia Saudita. Incluso ciertas religiones obligan a sus creyentes a tener muchos niños. Con todo mi respeto, parece que ser religioso no es muy compatible con la protección del medio ambiente. ¿O lo es?

Las tradiciones religiosas ya existían mucho antes que la modernidad, y antes de la revolución industrial. No hay evidencia de que estas peregrinaciones hayan causado la contaminación del medio ambiente mundial o incrementado la huella de carbono. Lo que la gente está practicando hoy en día es lo que sus antepasados han practicado antes durante siglos – con la diferencia de que ahora estamos viviendo en una era de transporte masivo, la comunicación de masas y todo casi en masa. Así que ahora, millones de peregrinos acuden a lugares como La Meca. Y por supuesto, cuando la gente se reúne en un espacio concentrado en una escala de tiempo pequeño, inevitablemente ocurrirá un impacto ambiental. Pero esto no va a tener un impacto a largo plazo ni a gran escala. Ahora, hay discusiones acerca de restringir estos peregrinajes a un solo viaje por persona a lo largo de su vida, pero esto produciría pesadillas administrativas. ¿Y qué hace la sociedad acerca del turismo de masas, que es una industria en crecimiento que transporta a millones de personas a lugares ecológicamente vulnerables en todo el mundo? Millones de personas viajan y su impacto ambiental es mucho mayor que el de los peregrinos.

Por otra parte, Ud. está trabajando con el objetivo de que su religión, el Islam, ayude a proteger la naturaleza. ¿Cómo es eso? ¿Está escrito en el Corán que los creyentes no deben destruir la naturaleza o que incluso tienen que convertirse ambientalistas?

El Corán establece los principios éticos fundamentales. Y estos son interpretados por el comportamiento del Profeta. Por ejemplo, el Corán dice enfáticamente en el capítulo 6, versículo 141: «Allah no ama a los derrochadores». Este versículo fue ejemplificado por el Profeta cuando reprendió a uno de sus compañeros por tirar el agua que le quedaba después de que él se había lavado. El Profeta le dijo que regresara el excedente de agua de nuevo al río para que otras personas, que la necesitan pudieran utilizarla.

Fazlun Khalid
Fazlun Khalid

 En 1994, Ud. creó la Fundación Islámica para la Ecología y Ciencias Ambientales (IFEES, por sus siglas en inglés). Pero antes de eso, usted trabajó en el Ministerio del Interior Británico. ¿Qué le hizo renunciar a su trabajo en la política y trabajar luego con un enfoque hacia la religión y el medio ambiente?

Esa es una larga historia, ya que no hubo un momento en particular que me hizo cambiar de rumbo. Sin embargo, para hacer la historia corta: Nací en Sri Lanka en 1932 y llegué al Reino Unido en 1953 para incorporarme a la Royal Air Force; quería ser ingeniero aeronáutico. Después de que me retiré de la Royal Air Force en 1962 me vi involucrado en los conflictos laborales entre los inmigrantes nuevos y una administración insensible. Estas actividades me politizaron y decidí abandonar la carrera de ingeniería y cambié para servir a la gente.

Luego pasé períodos cortos en la universidad y como trabajador social. En 1968, fui contratado como funcionario de conciliación por el Consejo de Relaciones Raciales, y posteriormente por la Comisión para la Igualdad Racial. Mis actividades en estas organizaciones me politizaron aún más y me han llevado a creer que los problemas relacionados con la raza, la pobreza y la deuda del Tercer Mundo tuvieron un origen común: la dominación política. Al mismo tiempo, empecé a ir a las reuniones organizadas por las organizaciones ecologistas como WWF. En una de estas reuniones en la década del 1980 me pregunté: ¿qué tiene que decir el Islam sobre el medio ambiente? Yo no tenía una respuesta, pero esto me llevó por un camino de investigación que me llevó a los estudiosos del Corán y los maestros del Islam.

Ninguno de ellos pudo darme una respuesta satisfactoria que se adapte a las necesidades de los tiempos. Así que dejé mi puesto en el Ministerio cuando yo tenía 58 años y volví a ingresar a la universidad para investigar la base del ambientalismo islámico. En 1994, creé la Fundación Islámica para las Ciencias de Ecología y Medio Ambiente (IFEES). Con esta organización benéfica ambiental estamos trabajando por ejemplo en programas de reforestación con los alumnos de las escuelas religiosas en Indonesia.

¿Hubo algún proyecto IFEES que se haya realizado en su tierra natal, Sri Lanka?

Dimos un pequeño taller una vez, pero no hay proyectos propiamente dichos. Pero tuve una experiencia muy personal en mi país que fue importante para mí. Cuando empecé a tener una conciencia ambiental, uno de mis hermanos que aún vive en Sri Lanka me llevó a visitar las zonas de plantación de té en las montañas. Pensé: «Todo el té que bebemos en el mundo proviene de zonas que antes eran selva tropical virgen, ¿cómo pudimos hacer esto?» Por supuesto, cambió la economía de Sri Lanka y el té es ahora una fuente importante de divisas. Pero tenemos que reflexionar sobre esto: la globalización tiene un impacto profundo en el mundo natural.

El éxito más impresionante de su Fundación Islámica para las Ciencias de Ecología y Medio Ambiente fue el que logró en Zanzibar. ¿Qué pasó?

En 1999, recibí una llamada del oficial de programa de CARE Internacional en Zanzibar. Los pescadores ya no podían alimentar a sus familias ya que la pesca excesiva y la disminución de los recursos naturales había dejado muy poco para ellos. Así que los pescadores empezaron a dinamitar los arrecifes de coral para conseguir pescado de allí. Nos acercamos a ellos e hicimos un taller de dos días basado en el Corán. Dentro de cuarenta y ocho horas logramos lo que las organizaciones internacionales no pudieron hacer en cuatro años: es decir, disuadir a los pescadores de dinamitar los arrecifes de coral.

¿Qué exactamente hizo que los pescadores cambiaran de opinión?

Un pescador me dijo: como parte de la creación, tenemos que obedecer las leyes del creador, pero no tenemos que atenernos a las leyes del gobierno. Por supuesto, no animamos a la gente incumplir la ley pero las lecciones del Corán pueden tener un impacto poderoso e inmediato en las personas.

¿Qué pasa con las otras religiones: ¿son competidores en términos de quién tiene más instrumentos eficaces para convertir a sus seguidores en ambientalistas?

Tomemos esta metáfora: varias personas de diferentes religiones están sentadas en una habitación, de pronto el techo se cae sobre sus cabezas. ¿Saldrías tu de la habitación diciendo: «Tú eres un católico, eres un hindú, y esto no es asunto mío, así que te dejo atrás?» Todos compartimos un planeta en común y no hay escape. Así que tenemos que hablar unos con otros y trabajar juntos. En 1995 presidí una conferencia sobre Religión, Tierras y Conservación en el Japón. Estaban representadas nueve diferentes tradiciones y llegamos a diez puntos que son comunes a todos nosotros. Por ejemplo, no tuvimos ningún problema en aceptar que todas nuestras tradiciones nos llaman a cuidar la tierra. Eso es quizás un punto obvio, pero la evidencia de esto no se refleja en nuestras acciones.

Usted tiene 80 años de edad y sigue trabajando para que el Eco-Islam sea más popular. Y usted parece tener todavía mucho entusiasmo. ¿De dónde proviene su energía, su fuerza para seguir adelante?

No lo sé. Tal vez porque como creyente estoy obligado a poner mi frente sobre la tierra cinco veces al día. Tal vez mi poder viene a causa de mis siete nietos encantadores. Yo heredé un planeta verde maravilloso y me gustaría dejarlo para mis nietos en mejores condiciones de lo que lo recibí. ¿Qué estoy dejando a mis hijos y nietos? Esta es una pregunta que, si se respondiera honestamente, podría hacer un ambientalista de cada uno de nosotros. Por supuesto, este es un consejo más general que uno religioso. Pero el Corán también dice en el capítulo 40, versículo 57: «Todo en la creación es más grande que tú.»

Esto es así, aunque Dios nos haya dado una posición especial debido a nuestro intelecto. Tenemos que darnos cuenta de que cada cosa que hacemos afecta a otras personas, u otras cosas. Si se corta un árbol aquí en Inglaterra, alguien eventualmente en Alemania sentirá las consecuencias de esa acción, o si alguien en China planta un árbol, alguien en Europa se beneficiará con ello. Tenemos que cambiar nuestro estilo de vida ya que las consecuencias de la vida moderna son globales y letales. Tenemos que reducir la huella del carbono, tenemos que consumir menos, viajar menos. Seguir actuando como hasta ahora tendría consecuencias: sería una forma de suicidio colectivo.

*Fazlun Khalid representa al Islam ecológico: Se encuentra entre los 15 principales teólogos ecologistas del mundo. Él estuvo en la lista de los «100 mejores ambientalistas en el Reino Unido» y en la lista de los «500 musulmanes más influyentes en el mundo». En 1994 creó la Fundación Islámica del Reino Unido para las Ciencias de Ecología y Medio Ambiente (IFEES). Esta es ahora una de las principales ONGs islámicas dedicadas a la protección del medio ambiente y es la única organización islámica no gubernamental de su tipo que funciona en todo el mundo. Antes, el ecologista islámico Khalid Fazlun trabajó para la Real Fuerza Aérea y el Ministerio del Interior. El musulmán nació en 1932 en Sri Lanka y vive desde hace mucho tiempo en el Reino Unido.

El filósofo Hossein Seyyed Nasr es considerado fundador del movimiento islam ecológico. Nació en Irán, estudió física en el Massachusets Institute of Technology y obtuvo un doctorado en historia de la Universidad de Harvard.

Autoras: Franziska Badenschier / Carolina Salinas
Editora: Emilia Rojas
Con información de DW

©2013-paginasarabes®