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Islamofobia, ignorancia atávica muy peligrosa

Rendición de Granada – Francisco Pradilla 1882 – Palacio del Senado. Madrid. España

“Hoy hace 525 años de la toma de Granada por los Reyes Católicos. Es un día de gloria para las españolas. Con el Islam no tendríamos libertad” así escribió en Twitter Esperanza Aguirre, dirigente del Partido Popular, ex presidente de la Comunidad de Madrid e insaciable muestra de lo más rancio y decadente de un cristianismo fanático y de una derecha enajenada en las antípodas del mensaje y de la vida del Rabí Jesús de Nazareth. Adornó este mensaje con una bandera de España y un cuadro del pintor Francisco Pradilla, “La rendición de Granada”. Y lo hace en defensa y usurpación de “las españolas”, para las que semejante infausta conmemoración hoy debería de ser un día de gloria. Sería por la rápida violación de las Capitulaciones de Santa Fe (1492) en donde esos reyes católicos garantizaban reconocer lengua, costumbres, creencias, propiedades, conocimientos y una amplia y destrozada relación de derechos y de libertades. Que fueron arrasadas por el fanatismo de la Inquisición y la codicia de los nobles y soberbios católicos castellanos.

Más que planteamientos racistas, muchas veces se trata de ignorancia supina y torticera que puede llevar al fratricidio más sangriento. Como la mayor parte de las fobias desarrolladas o inculcadas desde otras posiciones sectarias, fanáticas y enfermizas.

De ahí la importancia de acercarnos a ese mundo al que pertenecemos sin ser consecuentes. Como españoles, no podemos desconocer que el Islam forma parte de nuestras raíces, de nuestras tradiciones y de nuestro imaginario. Es imposible entender el ser de España sin esos ochocientos años de convivencia en Al Andalus. Fueron siglos de enorme desarrollo cultural y económico, científico, médico y literario.

Del mismo modo que nos sabemos greco romanos y de tradición judeocristiana, es preciso redescubrir nuestra parte islámica en la lengua, la arquitectura, la gastronomía, la agricultura, la artesanía, la música y en nuestra manera de ser.





Cuando era joven, nos mortificaba que dijeran que África empezaba en los Pirineos. Hoy me siento orgulloso de saberme africano y muy europeo, a fuer de mediterráneo y de profundo admirador de Jesús de Nazareth. Hemos padecido los efectos represivos de la Reconquista ganada por el godo y que no fue capaz de reconocer tanta belleza, tanta cultura, tanta ciencia y tanta sabiduría. Durante siglos nos secuestraron esa parte entrañable de nuestro ser, y nos presentaron al “moro” como enemigo y como peligro del que nos salvaba el Estrecho de Gibraltar.

Hoy nos asustan con el provocado durante siglos falso problema de la invasión de inmigrantes africanos. Cuando éstos no hacen sino devolvernos las visitas y usurpaciones que les hemos estado haciendo durante quinientos años. En plena globalidad, con la revolución de las comunicaciones, es menester recuperar nuestras señas de identidad más profundas para que no nos lleve el viento por desarraigados.

El mundo islámico nos puede aportar razón para nuestra esperanza. Cuando Rilke decía, en sus Cartas a un joven poeta, que es menester que nada extraño nos acontezca fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo, hace una llamada para que los pueblos recuperemos nuestro pasado. Tan sólo asumiendo las contradicciones y el legado de la historia podremos afrontar un futuro que no nos arrastre a la despersonalización más suicida al convertirnos en “recursos humanos” para ser explotados, en una sociedad globalizada dominada por el pensamiento único.

Más de 1.200 millones de personas son musulmanas, pero no todas son árabes. Los persas chiítas son musulmanes, como millones de indonesios, pakistaníes, indios, europeos, rusos, africanos, asiáticos o norteamericanos.

Hay musulmanes de todas las etnias y pueblos unidos por la Sharia, la lengua árabe, la peregrinación a la Meca, el Ramadán y el calendario musulmán.

A catorce kilómetros de África es incomprensible la ignorancia de los españoles acerca de ese legado cultural. Demasiadas veces identificamos a los musulmanes con los fundamentalistas afganos, saudíes, o yihadistas enloquecidos que poco tienen que ver con el Islam auténtico. Eso sería como identificar el cristianismo con las nefastas Cruzadas, la Inquisición o ciertos dogmas proclamados por algunos papas y concilios en flagrante contradicción con el mensaje evangélico.

Es preciso despertar un movimiento en las universidades, en los colegios y a través de los medios de comunicación para descubrir ese patrimonio que nos pertenece. Conocer los cinco pilares del Islam: la profesión de fe, la oración, la limosna, el ayuno y la peregrinación a la Meca.

Descubrir el significado de la Umma o comunidad de los creyentes, de las abluciones, del zoco y de la medina, de la mezquita y del baño público, de su ayuno y de su hospitalidad, de su sentido social y solidario con la práctica de la limosna, de la justicia y de la humildad. Estamos ofuscados por prejuicios que no revelan más que ignorancia y que supone un despilfarro de nuestras riquezas y posibilidades.

No podríamos expresarnos si nos arrancasen ese casi 30% de arabismos que posee el castellano, si nos arrancasen las acequias y el arte del agua, la arquitectura y la música, el culto de las formas, de los olores y de los colores; el refinamiento que transforma en arte las más humildes realidades de la teja, el estuco, los azulejos o los esmaltes, los cordobanes o los damasquinados, la taracea o el barro.

La más alta ocasión que vieron los siglos no fue Lepanto, sino la Escuela de Traductores de Toledo que, en el siglo XIII, asistía a la convivencia de los tres pueblos del Libro. Todos hablaban árabe entre ellos y cada comunidad su lengua.

Debemos arrancar de nuestro imaginario la palabra “tolerancia”. No hay nada que tolerar ni nadie está legitimado para tolerar nada a nadie sino se creyera en posesión de la Verdad. No digamos ya ser intolerantes. Es preciso acoger al otro en su diversidad, en su diferencia, en su contradicción y en su riqueza y exigirles el consecuente respeto a las nuestras. Sólo así se podrán alumbrar ese mundo nuevo y esa sociedad nueva en la que todos nos sepamos ciudadanos del mundo, vecinos y, por lo tanto, responsables solidarios.





No se puede temer a la verdad, ésta siempre libera y se descubre como camino y como quehacer que da sentido a un vivir con dignidad. Acabemos con fobias enfermizas e incontrolables que se curan mediante el conocimiento mutuo, el respeto, el diálogo y el talento necesario para construir unas sociedades ancladas en una sobriedad compartida.

Con información de Crónica Viva

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Cinco de los poblados más hermosos de España están en Andalucía

Mojácar – Almería ©andalucíainformación

Cinco localidades andaluzas están incluidas dentro del selecto grupo de los pueblos más bonitos de España, una selección de villas que destacan por su calidad, excelencia y su belleza, una asociación que reconoce a poblaciones con menos de 15.000 habitantes, aunque a los de mayores de 5.000 se les exige sólo un casco histórico en perfectas condiciones, y que destaquen por tener un patrimonio arquitectónico o natural certificado. Entre el medio centenar de poblaciones españolas que cuentan con este certificado, nos encontramos cinco andaluzas: Mojácar, Pampaneira, Lucainena de las Torres, Vejer de la Frontera y Frigiliana, que vamos a descubrirles.

Mojácar – Almería

En primer lugar nos trasladamos hasta Almería, a la localidad de Mojácar, considerada como uno de los pueblos más bellos de la provincia, especialmente por su marcado carácter morisco, en el que destacan especialmente su arquitectura y su cultura, encantos y contrastes paisajísticos entre la montaña y la playa.

Desde sus casas encaladas con arcos y cúpulas a su mirador del castillo, pasando por las iglesias y ermitas de notable gusto y cómo no, su fuente mora de doce caños, Mojácar merece estar entre los mejores de esta selección privilegiada.

Entre los espacios a visitar se encuentra la Plaza del Parterre, que se cree que fue una antigua necrópolis árabe, ya que se han encontrado restos orientados hacia el oeste (La Meca).

Actualmente porticada junto a los muros de la iglesia, en uno de sus rincones se encuentra la reproducción exacta de una de las escenas de la Reconquista, que se recrean en la sillería del coro de la catedral de Toledo y que fue realizada artesanalmente por la artista Itziar Ortuzar.

A destacar también la Puerta de la Ciudad, el acceso originario a Mojácar. La actual puerta fue reconstruida en el siglo XVI, sobre la original puerta árabe, que se abría en la muralla. Sirvió de vía de comunicación hacia la cuesta de La Fuente y la Plaza del Caño. Ostenta el Escudo de la ciudad, con el águila bicéfala de la casa de los Austria.  En él se pueden ver una torre, una llave y una cimitarra, y la leyenda “A la muy noble y leal ciudad de Mojácar, llave y amparo del reino de Granada. Otro de los monumentos es la iglesia de Santa María, construida a finales del siglo XVI sobre la antigua mezquita mayor que se encontraba ubicada en este recinto.

Lucainena de las Torres – Almería

Lucainena de las Torres – Almería ©andalucíainformación

También en la provincia de Almería se encuentra otro de los pueblos más bellos de España: Lucainena de las Torres, situado en la Sierra Alhamilla, en la comarca Sierra de Filabres. Sorprende de Lucainena su estampa blanca e inmaculada amenizada por el calor y cercanía que desprenden sus vecinos.

Llama poderosamente la atención de la localidad, el exquisito cuidado con el que se mantienen sus calles y fachadas de las casas así como la delicadeza con el que sus vecinos adornan sus viviendas con flores, colores y aromas que suponen una experiencia inolvidable para el viajero. Hay que recorrer la localidad y disfrutar de esta joya casi desconocida. Destacan entre sus atractivos la iglesia parroquial del siglo XVIII y el sorprendente coto minero que posee.

Vejer de la Frontera – Cádiz

Vejer de la Frontera – Cádiz ©andalucíainformación

En el otro extremo de la región, en la provincia de Cádiz, nos encontramos otro de los pueblos más bonitos de España. Es Vejer de la Frontera, situado en la comarca de la Janda y con dos zonas bien diferenciadas, la costa y el interior, el que nos interesa: un conjunto urbano sobre una colina bajo la sombra de su castillo cuyo trazado nos remonta a la época nazarí, con calles estrechas y sinuosas de casas blancas y cuidadas.

Declarado Conjunto Histórico Artístico en 1976 y I Premio Nacional de Embellecimiento de Pueblos en 1978, Vejer se nos descubre como un típico pueblo blanco, de gran belleza monumental y paisajística.

Es más que recomendable visitar su recinto amurallado y monumentos como la Iglesia Parroquial del Divino Salvador, el Castillo, el Museo de Costumbres y Tradiciones, los patios y los molinos de viento, además de su magnífica gastronomía y el encanto de sus alojamientos.

Frigiliana – Málaga

Frigiliana – Málaga ©andalucíainformación

Saltando a la provincia de Málaga nos encontramos con Frigiliana, uno de los pueblos blancos de la provincia con más encanto y galardonado con el I Premio Nacional de Embellecimiento en 1982, siendo su casco histórico Conjunto Histórico Artístico desde 2014.

Situado en la ladera de Sierra Almijara, en la zona más oriental de la Axarquía, su origen se remonta a la época romana, pero es durante el perí­odo árabe cuando adquiere carácter su fisonomí­a urbana, con paredes encaladas, calles estrechas y sinuosas, y un sinfín de escaleras que recorren todo el Barribarto, herencia morisca que el paso del tiempo ha dejado en el casco antiguo de Frigiliana, uno de los mejores conservados de la provincia.

Además del atractivo del conjunto, ofrece lugares de gran interés como las Hoces del Higuerón y edificios como el Ingenio azucarero, donde se elabora la famosa miel de caña, que fue en el pasado Palacio de los Condes de Frigiliana.

Cuenta con una amplia gama de servicios turísticos para satisfacer la demanda del visitante, con una variada gama de alojamientos y restaurantes.

Pampaneira – Granada, el pueblo marcado por el desnivel
Pampaneira – Granada ©andalucíainformación

Pampaneira es otro de los pueblos que ha conseguido ser reconocido como uno de los más bonitos de España. Ubicado en la Alpujarra granadina y marcado por el barranco de la Poqueira, es uno de los pueblos más hermosos de la zona y compite en atractivo con sus vecinos, Capileira y Bubión. Si decide visitar la comarca, puede optar por hospedarse en este último pueblo, en la Villa de Andalucía de Bubión, un establecimiento más que recomendable.

Pero centrándonos en Pampaneira, la geografía marca la belleza de este pueblo, con grandes desniveles, calles estrechas, casas encaladas y rincones característicos de la arquitectura bereber de la zona. Pampaneira, nombre de origen latino (“pampinus”, pámpano) en alusión a la frondosidad de sus tierras regadas por el rí­o Poqueira, no sólo tiene la consideración de conjunto histórico-artí­stico sino que ha recibido galardones como el Primer Premio Provincial de Embellecimiento de Pueblos (1976) y, por dos veces (1977 y 1978), el Premio Nacional de Turismo de Embellecimiento y Mejora de los Pueblos Españoles.

Entre los monumentos que componen el patrimonio de la localidad se encuentra la Iglesia Parroquial de la Santa Cruz – siglo XVI-, de planta rectangular y con artesonado mudéjar, construida sobre una antigua mezquita, cuya característica más singular es mantener rasgos del arte musulmán y del nuevo arte renacentista cristiano. Junto a ella, la fuente de San Antonio, uno de los puntos con más leyendas de la localidad.

Aunque lo más interesante es pasear por las calles del Barrio Bajo partiendo de esa misma iglesia, donde contemplar dos rasgos principales de su arquitectura popular: los “tinaos”, a modo de soportal sobre la entrada de las viviendas que incluso llegan a cubrir toda la calle, y la disposición de las calles sin trazado, como una vereda empedrada que en un principio sirvió de acceso entre los huertos colindantes a cada vivienda.

Otra de las características de la arquitectura de Pampaneira la encontramos en los “terraos”, especialmente entre las calles Cristo y Real, en el que los tejados de las viviendas se encuentran al mismo nivel que la calle. El más interesante es el denominado Terrao de las Cámaras, que fue el lugar elegido para leer los pregones.

Es en este barrio donde aún se puede disfrutar de las antiguas tradiciones de la zona, tanto de su gastronomía con la chacina de cerdo como protagonista, como por los telares, con talleres de tejeduría que mantienen, en parte, la herencia de la sedería del pasado, aunque ahora se centran en realizar las jarapas, muy tradicionales en toda la Alpujarra.

Con información de Andalucía Información

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