Kodama habla de los ojos alhambreños de Borges

La viuda del escritor rememora su visita a la Alhambra, de la que Sergio Vega filmará un documental.

Maria Kodama,en Condes de Gabia.

«La Alhambra fue para Borges una revelación de lo perfecto», dijo la viuda del escritor argentino y presidenta de la Fundación Jorge Luis Borges, María Kodama, quien participó en el ciclo ‘Lección de cultura visual’ junto al artista argentino Sergio Vega, quien rueda un cortometraje de ficción sobre la visita que la pareja, Borges y Kodama, realizara a los palacios nazaríes en 1976. Kodama señaló que el escritor ya había visitado con su familia el monumento cuando tenía veinte años, antes de perder la vista. Y deseaba compartir con su compañera aquel lugar, que aún mantenía vivo en la memoria.

En una de las murallas de la entrada al conjunto hay una placa que recoge una frase célebre extraída de un soneto de Francisco de Icaza, que dice: ‘Dale limosna mujer,/ que no hay en la vida nada / como la pena de ser / ciego en Granada’. Kodama le describió a Borges el lugar donde se encontraban y leyó el texto sin pensarlo. Apenas pronunciado se sintió muy mal, y el escritor trató de consolarla diciéndole que ella sería sus ojos ese día. Borges recurrió a la Historia y a las sensaciones olfativas, táctiles y auditivas para evocar sus recuerdos de los palacios mientras Kodama le detallaba los lugares que ella estaba viendo por primera vez. Y fruto de esa experiencia nació el poema ‘Alhambra’, que actualmente está también inscrito en uno de los muros de entrada al monumento. Tocando las columnas como si fuera posible extraer las historias que oculta la piedra, Borges se refiere al murmullo de las fuentes y al dulce aroma del jazmín en flor para evocar la tristeza que el sultán Boabdil sintió en su último día en la Alhambra, reflejo de su propia tristeza. Ambos supieron que no volverían a verla. En palabras de Kodama lo que más le conmovió a Borges fue el sonido del agua, «porque él amaba el agua y había sido nadador en su juventud, y para él fue como una revelación de la perfección».

La escritora argentina rememoró también el paseo de ambos por el Albaicín y relató la anécdota de la manzanilla: «Borges paró en un bar porque quería tomar una manzanilla, y cual fue nuestra sorpresa cuando el camarero se presentó con dos infusiones, a lo que dijo que nos habían tomado por dos turistas de Estados Unidos». También relató su visita a una de las cuevas del Sacromonte, «que no estaban preparadas para el turismo, y en la que no había ningún extranjero, y de pronto empezamos a escuchar como un rumor, como una oración, y eran los gitanos que nos rodearon y empezaron a cantar», señaló María Kodama. «Borges lloraba de emoción, porque una de sus grandes preferencias musicales era el flamenco y sobre todo la zambra», añadió la escritora.

Más allá de la visita del autor de ‘El Aleph’ a la Alhambra, María Kodama quiso insistir y destacar la importante presencia de la cultura árabe en la literatura del escritor, «un tema de las muchas conversaciones que mantenía con su amigo el granadino Francisco Ayala», señaló la escritora. La que fuera compañera de Borges recordó que la primera relación del escritor con la literatura árabe su produjo «a través de la inglesa abuela paterna de Borges, quien siempre le leía ‘Las mil y una noches’, una obra que le obsesionó y de la que se hizo con las mejores traducciones». Kodama glosó una serie de obras borgesianas en las que la presencia de la cultura árabe es notoria y sobre todo su literatura, «porque Borges medía la importancia de un país o de una cultura por su literatura, por la calidad de sus escritores», comentó. Tal fue la importancia que Borges le prestó al árabe que durante su último año de vida quiso aprender esta lengua, según relató María Kodama.

Nuevamente, a través de una persona del público, saltó la cuestión de la mala relación de Borges y Lorca. Kodama indicó que «eran dos personalidades diferentes y no hubo entendimiento entre ambos, porque eran dos formas de ser distintas».

Documental

Por su parte, Sergio Vega explicó el contenido del documental ‘Ciego en Granada’, que recordará la experiencia de Borges y Kodama en la Alhambra, «un proyecto en el que pretendo trabajar los sentidos, donde se escucharán los cuerpos, los latidos del corazón, las fuentes y las sensaciones que experimentaría un ciego en las salas de la Alhambra», explicó el artista. En este sentido, Sergio Vega se refirió al ‘cine-tactil’, del que fue pionero el granadino José Val del Omar. «Ver es el conocimiento y no la visión», destacó.

Por Juan Luis Tapia

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