Palermo y su valioso patrimonio cultural

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Catedral cuyos orígenes se ubican en 1185. Fue basílica paleocristiana, mezquita árabe y finalmente iglesia cristiana.

Una escala imprevista del crucero que se dirigía hacia Malta, por una fuerte tormenta en el Mediterráneo, condujo de manera impensada a conocer Palermo, la bella ciudad italiana.

Aprovechamos para recorrerla y disfrutar del valioso caudal cultural e histórico que posee que se remonta al siglo VII antes de Cristo cuando los fenicios la fundaron con el nombre  Ziz que quiere decir flor, aunque luego lo cambiaron por Palermo, la actual denominación.

No extraña encontrar en sus angostas calles (atestadas por miles de motos y autos), restos púnicos mezclados con casas de estilo art noveau, residencias árabes, iglesias barrocas y teatros neoclásicos.

Con alrededor de 800 mil habitantes, Palermo es la quinta ciudad más poblada de Italia pero también un atractivo punto turístico, en especial de grandes cruceros y ferrys, provenientes de la península al Porto Civile.

Se recomienda iniciar el recorrido citadino por la imponente Catedral cuya construcción  empezó en 1185 y tuvo sucesivos cambios de estilos.

Fue basílica paleocristiana, luego mezquita árabe y finalmente templo cristiano.

La impresionante vista exterior en la que se destacan dos arcos unidos a la torre del campanario, contrasta con lo poco que se ve en el interior, de aspecto  modesto. Son tres naves divididas por columnas y múltiples capillas, que incluyen una cripta con la tumba de los reyes normandos cubierta de mármol rojo.

El corazón palermitano.

Poco más adelante en la intersección de las calles Emmanuele y Maqueda, en la plaza Vigliena o Quattri Canti, sorprenden cuatro fachadas cóncavas de edificios del siglo XVIII con estatuas que representan las cuatro estaciones, los reyes españoles y los cuatro santos palermitanos de cada distrito. Al lugar se lo llama Teatro del Sol, porque las cuatro esquinas se reparten por turnos la iluminación solar.

Avanzar por la Via Calatafami conduce al monasterio que alberga las catacumbas de capuchinos. Se trata de un palacio normando de arquitectura árabe que fue utilizado como residencia de los reyes normandos que gobernaban Sicilia desde Palermo.

Muy cerca la Porta Nuova invita a ingresar a la Ciudad Vieja que data data de 1460 y a poco de andar, la Piazza Pretoria, muestra una fuente que por mucho tiempo se llamó “Fuente de la Vergüenza”, por las esculturas desnudas que la rodean y representan a los cuatro ríos de Palermo: Oreto, Papireto, Gabriele y Maredolce.

Al costado de la plaza está el Ayuntamiento y detrás la pequeña y bella iglesia Santa Caterina, obra maestra del barroco  siciliano. Data del siglo XV y tuvo varias modificaciones que hoy permiten observar tras subir una escalinata, la fachada dividida en dos cuerpos por una puerta esculpida que conduce al interior de una única sala, ricamente decorada.

Casi al frente, se encuentra  la mezquita árabe-normanda  San Giovanni degli Eremiti, del siglo VI y restaurada en 1880.

De aspecto medieval tiene como techo grandes cúpulas rojas, símbolos de la cultura árabe, y un campanario gótico.

Un poco más adelante se encuentra el Teatro Politeame Garibaldi de 1874 con capacidad para 950 personas.

Una visita a Palermo impone conocer el mercado La Vucciria, al sur de la Iglesia San Domenico, intrincado sendero de puestos callejeros donde es posible comprar casi todo lo necesario para comer y vestir. Aunque, no se puede partir de la ciudad sin asistir a un partido de fútbol en el estadio Renzo Barbera, o “La Favorita”, donde juega el Unione Sportiva Citta di Palermo y alentar el buen juego del “Mudo” Vázquez, ex volante de Belgrano de Córdoba.

Por J.C. Lopresti

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