Qatar: Petrodólares y mucho arte

Una joven jequesa lidera el rutilante pulso para convertir a Qatar en la gran referencia cultural del Golfo Pérsico.

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Paul Cézanne, el artista francés reverenciado como padre de la pintura moderna, creó a finales del siglo XIX la serie «Los jugadores de cartas» con un total de cinco lienzos. Cuatro de ellos forman parte de las colecciones de grandes museos a ambos lados del Atlántico. Y el quinto pertenecía a los herederos de un magnate griego, George Embiricos, que justo antes de morir el invierno pasado decidió vender su particular tesoro.

A través de una discreta operación, cerrada el año pasado y confirmada a principios de febrero, la icónica partida de naipes entre una pareja de campesinos de la Provenza ha cambiado de dueño por 250 millones de dólares (casi 190 millones de euros). Un precio que ha roto el techo del mercado internacional del arte, duplicando el récord existente en subasta por un cuadro. Y sin muchas dudas sobre quién podía permitirse tamaño desembolso.

Pocos y muy ricos

El Cézanne ha sido adquirido por el emirato de Qatar, un enclave frente a las costas de Irán que de polvoriento protectorado británico se ha transformado en una superpotencia de petróleo y gas, con dinero de sobra para financiar toda una llamativa búsqueda de relevancia internacional. Desde el lanzamiento de la cadena global de televisión Al Jazira hasta el empeño de convertirse en la gran referencia cultural del Golfo Pérsico.

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«Los jugadores de cartas», de Cézanne

Qatar, con menos de un millón de habitantes, ha estado gobernado por la familia Al Thani desde que Cézanne se inspiraba contemplando cuadros de Caravaggio y Velázquez. Pero la fecha clave es 1995 cuando el actual emir, Hamad bin Khalifa Al Thani, sacó del poder a su disoluto padre a través de un golpe incruento. Con el reto de poner orden en el negocio energético que ha terminado por generar la renta per cápita más alta del mundo (más de 100.000 dólares por cada qatarí). Con el mérito de haber administrado mucho mejor que otros hasta el punto de ganarse inmunidad ante la primavera árabe.

Desde Dubai hasta Abu Dhabi, no faltan ambiciosos competidores en ese exclusivo vecindario del Golfo Pérsico a la hora de comprar todo el prestigio posible a golpe de petrodólares. Aunque la estrategia de Qatar, con menos de un millón de habitantes, se ha concentrado en acumular obras de arte sin reparar en gastos. De hecho, el comentado Cézanne es la guinda de una colección en la que figuran desde un juego completo de los pájaros de Audubon hasta los más cotizados nombres del arte más contemporáneo.

Estos esfuerzos incluyen la formación de una orquesta sinfónica, la revitalización del histórico zoco de Doha y su propia edición del festival de cine de Tribeca. Además del flamante Museo de Arte Islámico diseñado por I.M. Pei, el legendario arquitecto chino-americano. Sin olvidar el nuevo Museo Árabe de Arte Moderno y la inauguración prevista para el 2014 del Museo Nacional de Qatar, reconstruido por el estelar Jean Nouvel y donde se supone que se expondrá el Cézanne de los 250 millones de dólares.

Todas estas ambiciones están siendo impulsadas por el propio emir de Qatar y la más conocida de sus tres esposas, la jequesa Mozah Bint Nasser. Aunque la responsabilidad de las últimas adquisiciones pertenece a una hija favorita: Al Mayasa bint Hamad Bin Khalifa al-Thani. Una joven de 28 años, educada en EE.UU. y con reconocidos gustos occidentales. A ella se le atribuyen recientes compras de obras de Rothko, Bacon y Hirst.

Conocida como la jequesa Mayasa, la joven preside sobre la Autoridad de Museos de Qatar con una filosofía de cambio social a través de la cultura: «Un montón de países en el mundo árabe son muy ricos y tienen poblaciones pobres. Existe un problema de estancamiento. Qatar está intentado convertirse en un modelo. Ya hemos demostrado que se puede lograr mucho cambio en poco tiempo».

Español de Burgos

La hija del emir, que supuestamente habría tenido la oportunidad de estudiar español con una familia de Burgos, también ha sido clave a la hora de conseguir que el festival de cine de Tribeca desembarcase en Qatar. Al graduarse en el 2005 por Duke University, trabajó como becaria en Tribeca Productions, la productora propiedad de Robert De Niro y Jane Rosenthal. Mayasa guardó su aristocrática identidad en secreto durante sus prácticas pero al volver a casa supo utilizar sus contactos para traerse un poco de Hollywood hasta Doha.

La publicación especializada «The Art Newspaper» no dudó el año pasado en describir a esta joven jequesa como «la fuerza impulsora en el intento por convertir a Qatar en un centro cultural capaz de rivalizar con París y Nueva York».

 Por Pedro Rodríguez

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