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La visión americana

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En las dos recientes convenciones partidarias en Estados Unidos se escuchó el eco de una expresión utilizada por Ronald Reagan para manifestar su idea de la “grandeza americana”. Esto último, no olvidemos, se refiere a una particularidad de Estados Unidos, que toma ese nombre y nada tiene que ver con el de todo un continente, es decir, América. Este solo hecho es ya bastante significativo.

Lo que Reagan dijo en su discurso de despedida al dejar la presidencia en 1989 se refería la sentencia de Mateo (5: 14-16): “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse… Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes…” América, según Reagan, es esa ciudad resplandeciente cuyo faro proyecta una luz que guía a los pueblos amantes de la libertad en todas partes.

Precisó que durante toda su vida política había hablado de aquella ciudad resplandeciente, una ciudad orgullosa, construida sobre rocas, más fuerte que los océanos, bendecida por Dios y pululante con gente de todo tipo, viviendo en armonía y paz. Una ciudad con puertos libres y resonante por su comercio y creatividad. Y si esa ciudad debiera tener murallas, esas tendrían puertas abiertas para todos aquellos con la voluntad de entrar. Esta idea había sido ya planteada por John Winthrop, uno de los fundadores de la colonia de Massachusetts en 1630.

En la convención del Partido Republicano que postuló a Donald Trump como su candidato a la presidencia, este eco adoptó un tono nostálgico y negativo, pues, como bien se sabe, la postura de los republicanos, y que Trump ha llevado hasta el extremo, es que esa nación está en crisis, en decadencia, luego del gobierno encabezado por Obama, y que hay que restaurar aquella grandeza perdida y encender, otra vez, la luz del faro. Aunque esto con la miopía de aislacionismo y la instauración de la ley y el orden que solo el candidato puede lograr.

Entre los demócratas, reunidos en su propia convención una semana después, aquel eco se oyó de modo velado; después de todo, Reagan fue un muy popular presidente republicano y esa imagen se preserva aún y de modo acrítico. Buena parte del modelo neoliberal fue instituido bajo su presidencia.

Para los demócratas tal grandeza no se ha perdido, así lo dijo abiertamente Michelle Obama, y lo repitieron muchos de los oradores en Filadelfia. Aunque finalmente se admite que tal imagen está dañada, especialmente desde 2001 y el ataque a Nueva York, con la guerra en Irak y sus secuelas y, luego, con la crisis económica de 2008.

Para el partido que nominó a Hillary Clinton fue imposible no reconocer una y otra vez a Bernie Sanders y sus seguidores que propusieron durante meses una visión más radical de la situación social y política del país y las propuestas para enfrentarla. En su discurso de aceptación, Clinton tuvo que admitir las premisas del movimiento de Sanders y hacer suyas sus demandas en la plataforma del partido. Ese mismo reconocimiento lo había hecho explícito Obama en su propio discurso en la convención.

La “grandeza americana” de la que tanto se escuchó en las primarias y en las convenciones se remonta al papel de los Padres Fundadores, referencia y materia de interpretación continua en los debates políticos y legislativos de ese país, que consiguieron la independencia en 1776 y elaboraron la Constitución. En ella, cumplen un papel fundamental las 27 enmiendas que existen.

La manera en que se utiliza política e ideológicamente esta base de conformación del Estado es muy poderosa y, tal vez, lejana para otras latitudes del continente. Me parece que tiene incluso un sentido más profundo y pragmático que el lema revolucionario de Francia de 1789: Libertad, igualdad y fraternidad.

En el marco de ese poderoso esquema de legislación es que adquiere una enorme relevancia el quehacer de la Suprema Corte de Justicia y la personalidad y creencias, no solo legales, de sus miembros. El caso del juez Scalia es muy relevante, así como su sustitución, aún pendiente. Por ello es que esta elección presidencial tiene tanto significado para definir el carácter mismo del Estado durante muchos años.

Existe la doctrina de la “excepcionalidad americana”, que se refiere a la diferencia entre Estados Unidos y otras naciones. Esto se asocia con su evolución histórica, la especificidad de sus instituciones políticas y hasta con un credo nacional. El resultado es la existencia de la concepción de una superioridad categórica.

La ciudad resplandeciente que ilumina el resto del mundo es una muy poderosa imagen para la configuración de la política interna y externa de Estados Unidos. Está en la base de la concepción de su papel determinante del orden mundial, adquirido apenas de manera contundente luego de la Primera Guerra Mundial, pero sobre todo, después de la Segunda.

Había antecedentes, sin duda, de la intervención política y militar y del expansionismo de ese país en México y a lo largo del continente: Cuba, Guatemala, Chile para señalar apenas unos casos.

Todo este asunto resuena de manera muy distinta en esta región y otras partes del mundo, y adquiere un sentido negativo asociado con una forma de nacionalismo aplicado como instrumento de poder y dominación y, según algunos, asociado con una cierta ignorancia interna de las consecuencias que tienen las acciones del gobierno.

Por León Bendesky
Con información de:La Jornada

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Theeb: Un falafel western

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Filmada en el desierto jordano, Theeb es un western que viene del este. Todos los elementos del género están incluidos aquí: duelos, traiciones, emboscadas y una amenaza que asedia a un modo de vida establecido. Los caballos son suplantados por camellos. Lo único que falta es el romance imposible.

Theeb (que quiere decir lobo), es el más joven de los tres hijos de un sheik beduino que ha muerto recientemente. Al principio del filme lo vemos junto a su hermano Hussein (el segundo de los tres hijos del sheik), aprendiendo a disparar y a realizar trabajos prácticos y necesarios para sobrevivir en el desierto. Es obvio que mantienen una relación filial muy fuerte.

Una noche, mientras se encuentran en una amplia tienda del asentamiento, enfrascados en juegos de azar con otros ancianos del grupo, llega un árabe forastero acompañado de un militar británico. Piden la ayuda de alguno de ellos que los guíe hasta un pozo cercano al que no saben llegar. Hussein ofrece sus servicios de guía experimentado y le advierte a Theeb que se quede en el enclave. Theeb queda hipnotizado con el militar. Al día siguiente, inmediatamente que los tres parten, Theeb desobedece a su hermano y sin camello, sigue al grupo. Cuando se dan cuenta, ya es un poco tarde y no hay manera de hacer regresar a Theeb por lo que con todas las inconveniencias que acarrea, Hussein decide continuar el viaje con su hermano.

La zona que deben atravesar está llena de bandidos que se dedican a asaltar a los que por allí pasan, ya que es una senda que usualmente toman los peregrinos camino a la Meca. El militar debe llegar hasta la línea del tren, para supuestamente unirse a las tropas británicas que andan por la región. A partir de aquí comienzan los sucesos, violentos y estremecedores, que entretejen el resto de la trama del filme. No lo voy a contar, porque hay varias sorpresas por el camino.

La película ubica la trama en 1916, un periodo conocido como el de la “Revuelta Árabe”, cuando los nacionalistas árabes buscaban su independencia del Imperio Otomano que ocupaba toda el área de lo que hoy es Araba Saudí. Son los confines del imperio. Es también un periodo en el cual la forma de vida de los beduinos está amenazada por la aparición del ferrocarril, ya que estos se ganaban el sustento como guías de los peregrinos que comienzan a optar por la vía más segura y rápida que les ofrece el tren. El guion hace un trabajo excelente entrelazando las vicisitudes de los personajes con la circunstancia histórica, sin necesidad de didactismos ni que el espectador tenga que romperse la cabeza tratando de comprender elementos históricos que desconoce.

Este es el primer largometraje del director Naji Abu Nowar (Gran Bretaña, 1981), quien creció en Jordania y quien ha descrito su película como un western árabe, en la tradición de los spaghetti western de Sergio Leone. También escribió el guion junto con Bassel Ghandour, otro debutante. La dirección es muy acertada y la trama muestra una bien digerida influencia del western americano, sin que por ello pierda su originalidad. Ha ganado el premio de guion del Festival Internacional de Miami de 2015, el de mejor ópera prima del Festival de Pekin, y el premio al mejor filme del mundo árabe en el festival de Abu Dhabi de 2014. Ahora ha sido nominada al Oscar para la mejor película en lengua extranjera.

La fotografía del austríaco Wolfgang Thaler, un veterano que ha trabajado repetidas veces con Ulrich Seidl, es muy buena y sí recuerda las largas tomas de los filmes de Sergio Leone, pero también algunos aspectos de los encuadres de Rio Bravo y Johnny Guitar.

Excepto por el inglés Jack Fox, todos los actores son debutantes. Las actuaciones son muy buenas y esto tiene mucho que ver con el trabajo de dirección que realiza Nowar. En realidad es un filme que sin reclamar trascendencia, entretiene y está hecho sin que le sobre nada. Aparentemente superficial, está lleno de intrigas, de imágenes con garra, de una violencia cruda y a ratos estremecedora, sin que sea grotesca ni necesite de muchos efectos especiales y fuegos de artificio. Logra a su vez trasmitir con sutileza la situación del hombre enfrentado a circunstancias especiales de carácter histórico, económico y político que escapan a su comprensión y casi a sus posibilidades y a las cuales debe adaptarse. Aborda la relación íntima entre enemigos obligados a vencer la desconfianza por la necesidad de supervivencia. Es también una meditación sobre la maduración apresurada de un adolescente.

Es la primera de las nominadas al Oscar en lengua extranjera que he podido ver, ya que el resto ni siquiera se ha estrenado oficialmente en Estados Unidos. Me ha resultado una agradable sorpresa. Bienvenido el western con sabor a falafel.

Theeb (Jordania/Gran Bretaña/Qatar/Emiratos Arabes Unidos, 2014). Dirección: Naji Abu Nowar. Guion: Naji Abu Nowar y Bassel Ghandour. Director de fotografía: Wolfgang Thale. Con: Jacir Eid (Theeb), Hussein Salameh (Hussein), Hassan Mutlag (Extraño). De estreno limitado en varias ciudades de Estados Unidos.

Por Roberto Madrigal
Con información de:Cubaencuentro

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¿Por qué EE.UU. no quiere ver la bandera palestina en la ONU?

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La bandera palestina desató una tormenta diplomática en la que Estados Unidos quedó del lado derrotado.

Pocos símbolos son tan poderosos y aparentemente tan inofensivos como una bandera, una tela coloreada que no sirve para agredir ni para proteger.

Sin embargo, el izamiento de la bandera palestina en el edificio de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Nueva York por primera vez en los 70 años de existencia del foro mundial, desata pasiones y hasta lleva a algunos a decir que perjudica el estancado proceso de paz de Medio Oriente.

En coincidencia con el discurso del presidente de la Autoridad Nacional Palestina Mahmoud Abbas ante la Asamblea General, se cumplió con la resolución adoptada a principios de septiembre permitiendo que ondeen en oficinas de la ONU las banderas de observadores no miembros del organismo.

El despliegue ceremonial de la bandera palestina no implica una aceptación de su condición como Estado soberano -aunque el 80% de los miembros de la ONU si lo reconozcan.

Tampoco es una orden para que Israel cese el control militar en territorios que reclaman los palestinos.

Sin embargo, Estados Unidos -pese a que como principal promotor del proceso de paz regional reconoce que la solución definitiva del conflicto pasa por el establecimiento de un Estado palestino- asegura que «no beneficia» la dinámica regional.

Un estado, una bandera

El 10 de septiembre Estados Unidos, Israel, Australia y Canadá, acompañados por las Islas Marshall, la Federación Micronesia, Palau y Tuvalu, votaron en contra del proyecto para izar la bandera palestina que fue aprobado con el voto de 119 países y la abstención de 45.

«Nuestro voto contra esta resolución no es un voto para el statu quo o un rechazo a las aspiraciones palestinas de un Estado», dijo el portavoz del Departamento de Estado, John Kirby.

«Nuestro voto es un voto para que todas las partes interesadas tomen las medidas constructivas y responsables necesarias para lograr una solución de dos estados y terminen el ciclo de violencia y sufrimiento que ha persistido durante demasiado tiempo en Medio Oriente», agregó.

Para la embajadora estadounidense ante la ONU, Samantha Power, el despliegue de la bandera «no es una alternativa a las negociaciones directas (entre palestinos e israelíes) y no acercará a las partes a la paz».

La primera respuesta que dan algunos analistas al por qué de la postura de Washington es el supuesto deseo del gobierno de Barak Obama de no afectar más sus complicadas relaciones con Israel, su principal aliado en le región.

Desde la llegada casi simultánea al poder de Obama y Netanyahu en 2009 esa relación preferencial ha sufrido un distanciamiento pocas veces visto, coronadas con el crítico discurso contra las políticas de Obama que ofreció el primer ministro israelí ante el Congreso de EE.UU. en marzo.

Las diferencias entre Netanyahu y Obama se han exacerbado por el recientemente alcanzado acuerdo sobre el control del programa nuclear de Irán, que para los israelíes no soluciona la amenaza militar que consideran que representa para su país.

«Desagravio al aliado»

Washington asegura que el acuerdo impedirá a Teherán dar aplicaciones militares a su programa nuclear, pero para muchos dentro de la oposición republicana y otros sectores conservadores la Casa Blanca no ha atendido las preocupaciones israelíes.

Pero para la política estadounidense, Israel no es un tema sólo de política exterior, sino un asunto interno, dada la gran e influyente comunidad judía que vive en EE.UU.

Aunque representan alrededor de un 2% de la población, la comunidad judía tiene un gran peso económico y goza de una gran influencia en política y sus niveles de participación electoral son muy altos (cerca del 80% de ellos vota, según cifras del Censo).

De hecho, el «desagravio» al aliado israelí ha sido uno de los puntos que más han explotado en sus campaña los precandidatos presidenciales republicanos, para quienes es la máxima evidencia de lo que consideran errores en el manejo de la política exterior de Obama.

Tradición bipartidista

Por su distanciamiento con Netanyahu y por la existencia de otros problemas más apremiantes, el presidente Obama no aspira dedicar la recta final de su gobierno a impulsar el diálogo de paz en Medio Oriente.

Su predecesores, Bill Clinton y George Bush, cumplieron sin éxito con esa tradición estadounidense de dedicar los últimos esfuerzos diplomáticos a la «solución definitiva» del conflicto palestino-israelí.

Obama está atareado con contener el poder de Rusia en el Cáucaso, la creciente influencia de China o lidiar con la amenaza del autodenominado Estado Islámico en Medio Oriente, y optó dejar como su legado diplomático desmontar la cincuentenaria enemistad con Cuba.

Por eso, la iniciativa simbólica de los palestinos es vista como una manera de rescatar del olvido un proceso afectado por operaciones unilaterales militares israelíes, como los ataques contra milicianos de Hamas en la Franja de Gaza en 2014 que dejaron alrededor de 2.000 palestinos y 70 israelíes muertos.

En abril los palestinos lograron entrar como «Estado Palestino» en la Corte Penal Internacional de La Haya, una movida que también provocó malestar en Washington y Tel Aviv.

En ese entonces, la vocera del Departamento de Estado, Jen Psaki, usó palabras similares al describir la decisión como «contraproducente» «que dañaba «la atmósfera necesaria para lograr la paz»

Meses despúes, desde Washington se repiten los mismos argumentos.

Pero el observador palestino ante la ONU, Riyad Mansour, reconoció que izar la bandera no termina la «ocupación (israelí) ni resolverá el conflicto inmediatamente», pero cree que mostrará el apoyo de la comunidad internacional.

Por Carlos Chirinos
BBC Mundo

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Caos global y guerra nuclear-Por Alfredo Jalife

Donetsk, en el este de Ucrania, fue escenario de intensos combates el viernes 30, que dejaron varios civiles fallecidos. En la gráfica un hombre muerto por la metralla es recogido. Un intento de reabrir pláticas de paz fue abortado antes de empezar ©Reuters
Donetsk, en el este de Ucrania, fue escenario de intensos combates el viernes 30, que dejaron varios civiles fallecidos. En la gráfica un hombre muerto por la metralla es recogido. Un intento de reabrir pláticas de paz fue abortado antes de empezar ©Reuters

A diferencia de la vulgar propaganda negra de los círculos superbélicos israelí-anglosajones que desean la tercera guerra mundial –quizá para pretender salir ilusamente de su grave crisis financierista que crearon–, el presidente Putin –quien se ha comportado con una enorme prudencia frente a la asfixia de la OTAN en las fronteras de Rusia, una superpotencia nuclear– envía señales inequívocas a Estados Unidos –mediante varias voces al más alto nivel oficioso con gran resonancia en Occidente, como Mijail Gorbachov e Igor Ivanov– de no cruzar el Rubicón que desembocaría en un Armagedón nuclear.

En forma dramática, el último presidente de la extinta URSS, Mijail Gorbachov, acusa a Estados Unidos “de jalar a Rusia a una nueva guerra fría que puede crecer en un conflicto armado” (http://goo.gl/N0Ji22).

En paralelo, en un artículo para el rotativo neoliberal en idioma inglés The Moscow Times –vinculado a la mafia oligarca rusa y feroz crítico del presidente Putin–, Igor Ivanov, anterior canciller de Rusia de 1998 a 2004 y hoy mandamás del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia (RIAC, por sus siglas en inglés), aduce que “la crisis de Ucrania es más peligrosa que cualquier otra durante la guerra fría”, por lo que urgió a los líderes políticos a prevenir un conflicto nuclear: en ausencia de un diálogo político, con desconfianza mutua que alcanza alturas históricas, la probabilidad de accidentes incluyendo las armas nucleares es cada vez más real (http://goo.gl/BCJeXP).

Igor Ivanov desecha en forma juiciosa toda la retórica hueca alrededor de una nueva guerra fría: “No puede haber una repetición de una guerra fría debido a que los cambios en el mundo no embonan en el antiguo paradigma”, cuando, a pesar de sus peligros, las relaciones internacionales estaban confinadas a un cierto orden (sic) establecido después del fin de la Segunda Guerra Mundial, mientras que hoy vivimos en un mundo donde el viejo orden cesó de existir y uno nuevo que convendría a los principales jugadores no ha sido aún establecido, y esto es lo que hace que “nuestros tiempos sean tan diferentes de la guerra fría”. ¡Sin duda!

Comenta en forma sensata que formalmente, todos suscribimos las normas establecidas de las leyes internacionales. Sin embargo, como la crisis ucrania ha demostrado una vez más, las viejas instituciones están perdiendo dramáticamente su eficiencia y las leyes internacionales se han vuelto víctimas de los intereses políticos.

Del lado de Estados Unidos no faltan tampoco las pocas voces conocedoras y racionales –marginadas por la masiva propaganda negra de los ignaros superbélicos–, como Theodore Postol, experto en armas nucleares y hoy profesor emérito de ciencia, tecnología y política de seguridad nacional en el MIT, quien rememora en forma pertinente cómo hace 20 años, una cadena de coincidencias casi (sic) provoca una crisis nuclear entre Estados Unidos y Rusia, cuyo riesgo es mucho mayor ahora (http://goo.gl/uQoNVi).

Dejando de lado su exhumación perturbadora sobre la vulnerabilidad del género humano ante un error de cálculo nuclear, Theodore Postol propone tres medidas para evitar el Armagedón: 1) la capacidad militar de la OTAN debe servir para persuadir, no provocar, mayores acciones negativas de Rusia; 2) Estados Unidos debe frenar sus esfuerzos peligrosos e insensatos (sic) de modernización de sus fuerzas nucleares, ya que este programa crea la apariencia de que Estados Unidos se prepara a luchar y a ganar una guerra nuclear con Rusia, y 3) Rusia debe tener acceso a tecnologías de sensores de satélites especializados, cuando tanto Estados Unidos como los europeos poseen esta tecnología y pueden abastecerla, lo cual ayudaría a corregir esta carencia peligrosa al igualar el campo de juego nuclear.

Nadie puede ganar una guerra nuclear que significaría la mutua destrucción garantizada de Rusia y Estados Unidos. Además, es innecesario que Europa padezca las consecuencias letales de su avaricia tecnológica y lo mejor consiste en su triple colaboración con Estados Unidos y Rusia, a la que deberían invitar a China e India.

Las superpotencias nucleares no tienen más remedio que acomodarse al nuevo orden global que, a mi juicio, es tripolar geoestratégico: Estados Unidos /Rusia /China.

Jen Psaki, vocera del Departamento de Estado que dirige John Kerry, rechazó las afirmaciones de Mijail Gorbachov y declaró, al contrario, que Estados Unidos continuará colaborando con Rusia en varios temas que incluyen Irán, Siria y el conflicto ucranio (http://goo.gl/Uv9RrT).

Quizá como pirueta acrobática para disminuir las tensiones en escalada, el jefe de estado mayor militar de Ucrania, Viktor Muzhenko, admitió que las tropas rusas no habían tomado parte en los combates de Donetsk y Luhansk (http://goo.gl/3Phs8z).

Fuentes del Pentágono exhiben una creciente preocupación por la interrupción de los canales militares de comunicación entre la OTAN y Rusia, y hasta el pugnaz general Philip Breedlove, de la fuerza aérea de Estados Unidos y comandante en jefe de la OTAN –quien se ha pasado amenazando a Rusia–, ahora desea restablecer contactos con los militares de Rusia y reanudar el diálogo con el general Gerasimov, jefe de estado mayor del ejército ruso (http://goo.gl/Sh1q7U).

En medio de tanta jeremiada escatológica, alivia que dos senadores del más alto nivel estratégico nuclear de Estados Unidos –Sam Nunn (Partido Demócrata) y Richard Lugar (Partido Republicano– exhorten a una cooperación entre Estados Unidos y Rusia, que deben arreglar su asociación en seguridad nuclear y reconocer el imperativo de proveer liderazgo global con el fin de prevenir el terrorismo catastrófico lejos de ganancias geopolíticas de regateo (http://goo.gl/1QuGHJ).

En la reciente comparecencia de dos geoestrategas –el teniente general retirado Brent Scowcroft, mormón del Partido Republicano, y Zbigniew Brzezinski, del Partido Demócrata– ante el Comité de Servicios Armados del Senado, que preside el superbélico senador John McCain, llamó la atención que el rusófobo Brzezinski haya diluido su vino en forma notable al exhortar al no ingreso (¡supersic!) de Ucrania a la OTAN con su concomitante finlandización, así como la adopción de medidas para intentar evitar la universalización (sic) del presente conflicto en Europa que lleve a una colisión global con Rusia, en particular en el Medio Oriente, donde incluso se puede llegar a compromisos creativos en Siria con la eliminación de los extremistas regionales (http://goo.gl/Zqs0Xo). Aquí el problema de Brzezinski es semántico, en cuanto a quién –y desde qué perspectiva– define el extremismo.

Lo óptimo es que no se han roto los últimos eslabones entre Rusia y Estados Unidos, mientras China se encuentra en la prudente retaguardia perpleja.

Más allá de la metáfora del reloj del juicio del día final (http://goo.gl/Rg8bRv), en contraste a la cronicidad letal del cambio climático, las consecuencias nihilistas de una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia serían inmediatas.

Al borde del precipicio, todavía existe un poco de tiempo para pasar del ominoso caos global al creativo nuevo orden tripolar geoestratégico del siglo XXI entre Estados Unidos, Rusia y China.

Casandra después de sus perpetuas advertencias tuvo razón con la destrucción de Troya. Hoy Estados Unidos y Rusia deben impedir que Casandra vuelva a tener razón.

Don Alfredo Jalife-Rahme
Por Don Alfredo Jalife-Rahme

Con información de La Jornada

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El mundo se libera de EU – Por Noam Chomsky

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El mundo se libera de EU – Por Noam Chomsky

Durante el más reciente episodio de la farsa de Washington que ha dejado atónito al mundo, un comentarista chino escribió que si Estados Unidos no puede ser un miembro responsable del sistema mundial, tal vez el mundo deba separarse del Estado rufián que es la potencia militar reinante, pero que pierde credibilidad en otros terrenos.

La fuente inmediata de la debacle de Washington fue el brusco viraje a la derecha que ha dado la clase política. En el pasado se ha descrito a Estados Unidos con cierto sarcasmo, pero no sin exactitud, como un Estado de un solo partido: el partido empresarial, con dos facciones llamadas republicanos y demócratas.

Ya no es así. Sigue siendo un Estado de un solo partido, pero ahora tiene una sola facción, los republicanos moderados, ahora llamados nuevos demócratas (como la coalición en el Congreso ha dado en designarse): existe una organización republicana, pero hace mucho tiempo que abandonó cualquier pretensión de ser un partido parlamentario normal. El comentarista conservador Norman Ornstein, del Instituto Estadunidense de Empresa, describe a los republicanos actuales como «una insurgencia radical, ideológicamente extremista, que se burla de los hechos y de los acuerdos, y desprecia la legitimidad de su oposición política»: un grave peligro para la sociedad.

El partido está en servicio permanente para los muy ricos y el sector corporativo. Como no se pueden obtener votos con esa plataforma, se ha visto obligado a movilizar sectores de la sociedad que son extremistas, según las normas mundiales. La locura es la nueva norma entre los miembros del Tea Party y un montón de otras agrupaciones informales.

El establishment republicano y sus patrocinadores empresariales habían esperado usar esos grupos como ariete en el asalto neoliberal contra la población, para privatizar, desregular y poner límites al gobierno, reteniendo a la vez aquellas partes que sirven a la riqueza, como las fuerzas armadas.

Ha tenido cierto éxito, pero ahora descubre con horror que ya no puede controlar a sus bases. De este modo, el impacto en la sociedad del país se vuelve mucho más severo. Ejemplo de ello es la reacción violenta contra la Ley de Atención Médica Accesible y el cierre virtual del gobierno.

La observación del comentarista chino no es del todo novedosa. En 1999, el analista político Samuel P. Huntington advirtió que para gran parte del mundo Estados Unidos se «convertía en la superpotencia rufiana», y se le veía como «la principal amenaza externa a las sociedades».

En los primeros meses del periodo presidencial de George Bush, Robert Jervis, presidente de la Asociación Estadunidense de Ciencia Política, advirtió que «a los ojos de gran parte del mundo el primer Estado rufián hoy día es Estados Unidos». Tanto Huntington como Jervis advirtieron que tal curso es imprudente. Las consecuencias para Estados Unidos pueden ser dañinas.

En el número más reciente de Foreign Affairs, la revista líder del establishment, David Kaye examina un aspecto de la forma en que Washington se aparta del mundo: el rechazo de los tratados multilaterales «como si fuera un deporte». Explica que algunos tratados son rechazados de plano, como cuando el Senado «votó contra la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidades en 2012 y el Tratado Integral de Prohibición de Ensayos Nucleares en 1999».

Otros son desechados por inacción, entre ellos los referentes a «temas como derechos laborales, económicos o culturales, especies en peligro, contaminación, conflictos armados, conservación de la paz, armas nucleares, derecho del mar y discriminación contra las mujeres».

El rechazo a las obligaciones internacionales, escribe Kaye, «se ha vuelto tan arraigado que los gobiernos extranjeros ya no esperan la ratificación de Washington o su plena participación en las instituciones creadas por los tratados. El mundo sigue adelante, las leyes se hacen en otras partes, con participación limitada (si acaso) de Estados Unidos».

Aunque no es nueva, la práctica se ha vuelto más acentuada en años recientes, junto con la silenciosa aceptación dentro del país de la doctrina de que Estados Unidos tiene todo el derecho de actuar como Estado rufián.

Por poner un ejemplo típico, hace unas semanas fuerzas especiales de Estados Unidos raptaron a un sospechoso, Abú Anas Libi, de las calles de Trípoli, capital de Libia, y lo llevaron a un barco para interrogarlo sin permitirle tener un abogado ni respetar sus derechos. El secretario de Estado John Kerry informó a la prensa que esa acción era legal porque cumplía con las leyes estadunidenses, sin que se produjeran comentarios.

Los principios solo son valiosos si son universales. Las reacciones serían un tanto diferentes, inútil es decirlo, si fuerzas especiales cubanas secuestraran al prominente terrorista Luis Posada Carriles en Miami y lo llevaran a la isla para interrogarlo y juzgarlo conforme a las leyes cubanas.

Sólo los estados rufianes pueden cometer tales actos. Con más exactitud, el único Estado rufián que tiene el poder suficiente para actuar con impunidad, en años recientes, para realizar agresiones a su arbitrio, para sembrar el terror en grandes regiones del mundo con ataques de drones y mucho más. Y para desafiar al mundo en otras formas, por ejemplo con el persistente embargo contra Cuba pese a la oposición del mundo entero, fuera de Israel, que votó junto con su protector cuando Naciones Unidas condenó el bloqueo (188-2) en octubre pasado.

Piense el mundo lo que piense, las acciones estadunidenses son legítimas porque así lo decimos nosotros. El principio fue enunciado por el eminente estadista Dean Acheson en 1962, cuando instruyó a la Sociedad Estadunidense de Derecho Internacional de que no existe ningún impedimento legal cuando Estados Unidos responde a un desafío a su «poder, posición y prestigio».

Cuba cometió un crimen cuando respondió a una invasión estadunidense y luego tuvo la audacia de sobrevivir a un asalto orquestado para llevar «los terrores de la Tierra» a la isla, en palabras de Arthur Schlesinger, asesor de Kennedy e historiador.

Cuando Estados Unidos logró su independencia, buscó unirse a la comunidad internacional de su tiempo. Por eso la Declaración de Independencia empieza expresando preocupación por «el respeto decente por las opiniones de la humanidad».

Un elemento crucial fue la evolución de una confederación desordenada en una «nación unificada, digna de celebrar tratados», según la frase de la historiadora diplomática Eliga H. Gould, que observaba las convenciones del orden europeo. Al obtener ese estatus, la nueva nación también ganó el derecho de actuar como lo deseaba en el ámbito interno. Por eso pudo proceder a librarse de su población indígena y expandir la esclavitud, institución tan «odiosa» que no podía ser tolerada en Inglaterra, como decretó el distinguido jurista William Murray en 1772. La avanzada ley inglesa fue un factor que impulsó a la sociedad propietaria de esclavos a ponerse fuera de su alcance.

Ser una nación digna de celebrar tratados confería, pues, múltiples ventajas: reconocimiento extranjero y la libertad de actuar sin interferencia dentro de su territorio. Y el poder hegemónico ofrece la oportunidad de volverse un Estado rufián, que desafía libremente el derecho internacional mientras enfrenta creciente resistencia en el exterior y contribuye a su propia decadencia por las heridas que se inflige a sí mismo.

El libro más reciente de Noam Chomsky es Power Systems: Conversations on Global Democratic Uprisings and the New Challenges to U.S. Empire. Interviews with David Barsamian (Conversaciones sobre levantamientos democráticos en el mundo y los nuevos desafíos al imperio de Estados Unidos). Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge, Mass., EU.

Por  Noam Chomsky
Distributed by The New York Times Syndicate
Traducción: Jorge Anaya
Con información de : La Jornada

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De migrantes, cherifes y conciliaciones – Por Hugo Gutiérrez Vega

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De migrantes, cherifes y conciliaciones

Dentro del terrible cuadro de injusticias, locuras morales, violencias, xenofobias y racismos de todas las layas y colores, hay algunos momentos brillantes en los que el humanismo se impone sobre la brutalidad. Uno de esos momentos es el de la creación y formación del melting pot. La Estatua de la Libertad, que concentraba el mensaje de la revolución francesa sintetizado en tres palabras: “libertad, igualdad, fraternidad”, recibía a los miles de perseguidos o de necesitados pertenecientes a un sinnúmero de lenguas y de culturas. Eran recibidos con impaciente cortesía y así se abrían las puertas de un país lleno de oportunidades para quienes estuvieran dispuestos a trabajar y respetar las normas legales. Muy pronto se adaptaban a su nueva realidad, pero la mayoría conservaba los rasgos esenciales de su primera cosmovisión. Algunos grupos crearon y fomentaron el aislamiento de los ghettos y otros cuidaron con esmero sus rasgos exclusivos, sobre todo los relacionados con las costumbres familiares y con los aspectos folclóricos. Otro momento dorado de humanismo en las relaciones internacionales lo protagonizó México que fue el primero en reconocer a la Unión Soviética, el único que defendió en la Liga de las Naciones a la Etiopía invadida por el fascismo, y el aliado fiel, hasta el último momento, de la República Española asediada por los espadones locales y por el nazifascismo. En esos momentos, México recibió a más de 40 mil refugiados españoles y a 30 mil judíos europeos. Gilberto Bosques, diplomático mexicano acreditado ante el gobierno títere de Vichy, por órdenes del presidente Cárdenas, arriesgando la vida y perseguido por la Gestapo, logró salvar a más de 30 mil refugiados que México acogió con los brazos abiertos. Por muchos años mi país recibió a los perseguidos de América Latina; chilenos, guatemaltecos, argentinos, brasileños, en fin… a todos los que tuvieron que exiliarse para salvar la vida que peligraba en sus países gobernados por gorilas marciales.

 El melting pot es un recuerdo histórico y México ha dejado de ser la casa de los perseguidos del mundo. Ahora priva en Estados Unidos la mentalidad antiinmigrante y en México se desarrolla una pavorosa labor de contención de los latinoamericanos que, a bordo de la Bestia (el tren terrible) recorren nuestro territorio con la esperanza de llegar a la tierra de las oportunidades. Pero pasaron ya los tiempos de la generosidad y de la valentía y se instaló la época del racismo, del menosprecio puritano (un antropólogo cultural espontáneo, el Piporro, expresaba este fenómeno en un corrido de ilegales: “Al pasar por Minnesota y por Cleveland Ohio/ yo noté mucha falta de estimación,/ quesque dicen que es descreminación”). Pasó el new deal, pasó la Alianza para el Progreso y, sobre esos esfuerzos fraternales, se impusieron el odio racial y el temor puritano de los Arpaio y compañía.

Pero, en fin, a pesar de todas estas vicisitudes, vive y trabaja en Estados Unidos una comunidad compuesta por varios millones de migrantes. Esto significa que tanto el país que recibe como los países que se ven obligados a expulsar por razones de pobreza o, más bien dicho, por falta de oportunidades, a un importante número de sus nacionales, deben diseñar políticas en materia de educación y de cultura para atender a las comunidades que han perdido algunos de los rasgos esenciales de su visión del mundo y que encuentran grandes dificultades para integrarse a una cultura que, en muchos sentidos, los rechaza y margina. Tenemos aquí poco espacio, y por eso me limitaré a señalar algunos temas que, a mi entender, pueden contribuir a la salvaguardia de los valores (los verdaderos) nativos y a su conciliación con los que caracterizan a la cultura de su nueva realidad.

Los enumero:

1. En primer lugar, debemos aspirar al bilingüismo. Una lengua es una cosmovisión y encerrarse en ella, mientras a nuestro alrededor late otra visión de la realidad, es una actitud empobrecedora y limitante.

2. Crear los centros culturales en los que puedan convivir las manifestaciones de la alta cultura y las importantes formas del folclor, tanto las del país nativo como las del nuevo país.

3. Fomentar la consolidación de una filosofía que favorezca la conciliación entre las dos culturas. Esto permitirá a los migrantes conservar los rasgos de su primera cultura y enriquecerse con los aspectos más valiosos de la nueva. Por eso vale la pena repetir hasta el cansancio los términos de biculturalismo y bilingüismo. Es claro que esta política debe ser aceptada y fomentada por las dos culturas. De lo contrario se agudizará el conflicto y, en lugar de la conciliación, prevalecerá el rechazo.

La Estatua de la Libertad recibió a los pobres del mundo. Ahí empezó a sazonarse el humanismo del melting pot. Los miles de refugiados políticos encontraron en México una nueva patria. Por eso José Gaos llamaba a los refugiados españoles empatriados o transterrados.

Vivimos los horrendos tiempos de los Arpaio, pero Lincoln, Emerson, Thoreau, Roosevelt, Juárez y Cárdenas están vivos en la historia. Busquemos que sigan vivos en el presente.

Los organizadores de esta jornada de reflexión sobre un fenómeno de antropología social y cultural en su convocatoria hablaron de “continuidad y cambio cultural”. A mí me interesa insistir en la palabra conciliación y en todos los sentidos que tiene, pues se trata de un hermoso vocablo que engendra un concepto de estirpe bíblica.

Los migrantes deben ser apoyados en su búsqueda de la continuidad y el enriquecimiento de su cultura nativa, y deben ser, además, auxiliados para que el cambio cultural que viven, a veces con verdadera angustia, no sea traumático y se instale de una manera natural, como todas las cosas del humanismo, en el terreno de la conciliación. Es claro que las universidades tienen un papel predominante en esta empresa que se ve agravada por la falta de elementos educativos de unos migrantes que, asediados por la pobreza lacerante y padeciendo los extremos de la ignorancia (aunque son dueños de una cultura ancestral) abandonaron su país con muy pocos elementos de defensa de caracter intelectual. Las universidades tienen que analizar estas contradicciones que, en última instancia, nos llevan hasta la necesidad primaria de la alfabetización.

Alguna vez soñamos con los institutos de cultura que México debía echar a andar en Estados Unidos. El proyecto llegó hasta San Antonio y Chicago. Ahí terminó el impulso. Hay que retomarlo bajo el signo de la conciliación. Pienso en un instituto que enseñe español e inglés, que hable de los escritores de las dos cosmovisiones, que dé clases de son huasteco y de blues y jazz.

Tal vez el país que recibe a esos migrantes quiera poner algo de su parte para que el sueño de la conciliación se realice. En esta tarea es urgente recordar la tercera palabra del lema de la Revolución francesa: fraternidad. Estos problemas de urgente solución pertenecen a la esencia espiritual del humanismo, al principio contenido en la frase evangélica: “amaos los unos a los otros”. Heme aquí, hablando de amor en un mundo deshumanizado y en medio de una jornada reflexiva sobre la pérdida del hogar y la urgencia de tener un nuevo hogar. Busquemos la continuidad y el cambio en ese enorme grupo de vidas humanas.

Feria Internacional del Libro, Los Ángeles, abril de 2013.

Con información de : La Jornada

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‘Los fotógrafos lloramos en silencio’ – Javier Manzano habla de su Pulitzer

Premio Pulitzer
Javier Manzano ganó el premio a «Mejor fotografía» por esta imagen
tomada en un refugio de francotiradores en Siria . © AFP

El mexicano Javier Manzano, recibió el pasado jueves en Nueva York el Premio Pulitzer 2013 en la categoría de reportaje fotográfico por su trabajo en Siria, en una ceremonia en la Universidad Columbia ante varios cientos de personas.

Javier Manzano, de 37 años, fue recompensado con este premio a raíz de una fotografía tomada en Alepo en octubre pasado, que muestra a dos rebeldes armados en una habitación iluminada por rayos de luz que entran a través de impactos de bala en los muros.

Los 21 premios para 2013 (prensa, literatura, teatro y música) habían sido anunciados el pasado 15 de abril.

El jueves, como lo marca la tradición, los premios fueron entregados durante un almuerzo que reunió a los laureados, el jurado e invitados en la biblioteca de la Universidad de Columbia. El premio consiste en un cheque de 10.000 dólares y un diploma.

Reproducimos la nota del mismo título, publicada el 18 de abril por Sandra Lucario para el sitio web Chilango.com

Javier Manzano es un fotógrafo y videodocumentalista nacido en la ciudad de México. Su familia se trasladó a Estados Unidos cuando él tenía 18 años. Su trabajo se ha enfocado en temas de asuntos transfronterizos, y se ha publicado en la revista Time, The New York Times, The Washington Post y The Guardian.

Desde 2009 trabaja como fotógrafo freelance, se especializa en foto documental. A principios de esta semana se publicó que había sido uno de los tres ganadores mexicanos del Premio Pulitzer 2013, junto con Narciso Contreras y Alejandra Xanic von Bertrab.

En cuanto nos enteramos, le enviamos un mail, preguntándole sobre el premio que obtuvo con una imagen tomada en un refugio de francotiradores en Siria. Ésto nos contestó, desde su computadora, instalada en el pequeño apartamento que habita en Turquía, «un gran país», como él lo llama.

¿Dónde estabas cuando te enteraste de que ganaste el premio, cuál fue tu primera emoción?

Estaba en mi departamento trabajando en la computadora. Tristemente me enteré por medio de Facebook. En realidad me tardé tres dias en procesar la magnitud de este premio y me llena de orgullo haber sido reconocido como freelancer y como mexicano.

El que un par de fotógrafos mexicanos figuren entre los ganadores es un orgullo para los fotoperiodistas de acá, ¿qué tienes que decir al respecto?

Los periodistas independientes trabajamos árduamente para proveer al público con cobertura de Siria. Los recursos a los que tenemos acceso son muy limitados y aún así se logra crear productos competitivos y apegados a los mismos estándares éticos y profesionales que la industria exige.

¿En qué año te iniciaste en la fotografía de conflictos armados?

Empecé en el 2010 cubriendo el conflicto en Ciudad Juarez, ciudad a la que tengo muy cerca al corazón. Tengo amigos y colegas en esa región que quiero y admiro mucho.

¿Recuerdas la primera fotografía que tomaste bajo este concepto?

La primera foto que considero como documental la tomé durante un viaje al Cañón del Cobre en Chihuahua, mientras visitaba a una familia de rarámuris en la sierra …

¿Qué significa para ti la «fotografía de guerra»?

«Fotografia de guerra” es un concepto que no suelo utilizar muy seguido porque pretende simplificar el contenido de un trabajo documental en unas cuantas letras. Es como la guerra misma, un tema complicado e imposible de describir en tres palabras.

¿Qué piensas mientras tomas una fotografía con contenidos tan fuertes como las que has tenido que tomar?

Generalmente uno bloquea las emociones y sentimientos mientras estamos trabajando. La razón es muy sencilla: si nos dejamos llevar por los sentimientos, las lágrimas nos impedirían trabajar. Si no puedes trabajar, entonces no tienes razón alguna de estar ahí y deberias irte. Esto no quiere decir que no sentimos o que somos robots sin corazón. Claro que es difícil y por supuesto que las lágrimas llegan, siempre al final del día y antes de dormir. Lloramos en silencio.

¿En qué estado se encuentra Siria en estos momentos?

Hoy por hoy, Siria es sin lugar a duda el sitio más peligroso para practicar el periodismo. Varios colegas, algunos con décadas de experiencia, han perdido la vida o, por desgracia, han desaparecido dentro de sus fronteras.

Además del reto que conlleva evadir morteros y bombardeos, la logística dentro del país es bastante complicada. Cuando se cubre el lado de los rebeldes (ya que es muy difícil obtener una visa de periodista para reportar del lado del gobierno), los reporteros se desplazan y viven entre los combatientes, compartiendo el peligro (al que se enfrentan). En muchos frentes de la ciudad, los edificios abandonados, cicatrizados por multiples impactos de bala, mortero y artillería, ofrecen refugio para los rebeldes que pelean y para los periodistas que los cubren.

Los edificios más seguros son las estructuras de 5 o 6 pisos, flanqueadas por edificios del mismo tamaño, los cuales absorberán los impactos de mortero, tanque o artilleria que son proyectados desde las posiciones del régimen. La razón es my sencilla: si un proyectil impacta el edificio, las probabilidades de que penetre varios pisos (o, en su defecto, las paredes de cuartos aledaños) se reduce considerablemente. De igual forma, el primer y segundo piso son los más seguros ya que los impactos los absorben los pisos superiores.

Es común dormir bajo el sonido de artilleria, metralla y bombardeo; “las canciones de cuna” de los frentes de batalla de la ciudad de Alepo.

 Declaraciones de Javier Manzano al recibir el premio Pulitzer

El reportero gráfico admitió que la recompensa le produjo «un sentimiento un poco extraño», a raíz del contexto en el cual fue obtenida. «No se olvida ni se pierde la perspectiva de cómo se logró este premio y el costo en vidas humanas y en colegas perdidos», afirmó .

«El Pulitzer no significa mucho para el pueblo sirio, no significa mucho para los amigos que tengo en Siria, para los conocidos que viven en Turquía donde yo vivo. No va a cambiar  la situación en Alepo», agregó.

«Sería demasiado orgulloso de mi parte decir que nuestro trabajo va a cambiar una guerra. No somos tan inocentes», continuó Manzano.

«Hoy, hay 15.000 periodistas menos con trabajo en los diarios estadounidenses comparado con 2006», comentó el nuevo presidente del comité Pulitzer, Paul Tash.

El año pasado, un fotógrafo afgano de la AFP, Massoud Hossaini, se convirtió en el primero de la agencia en ganar un Pulitzer por una desgarradora imagen que retrata los primeros instantes tras un ataque suicida con bomba en Kabul, Afganistán.

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