Casablanca: Setenta años – Por Felipe LLanas Moreno (+ Video)


La cinematografía es signo distintivo del siglo XX. Su ímpetu inconmensurable revistió a la época con iconos, actitudes, ideas, modelos, como ningún arte lo había hecho. Claro, el status de arte le fue regateado, pero, por excelencia, fue conquistado finalmente.

El cine, como complaciente espejo, o como ventana hacia la creación atacó la conciencia del individuo al traspasar la puerta de lo imposible, lo fantástico, lo soñado, lo ideal, de modo que prácticamente no se concibe hoy en día persona que no resienta, al menos vagamente, la influencia en su vida de una historia vista a través de una pantalla gigante, o la convencional de la televisión.

Obras significativas permean los ánimos y las proyecciones de la gente por todas partes del mundo y figuras como Chaplin, Valentino, Fairbanks, Greta Garbo, o directores como Lang, Murnau, Dryer, Welles, o más recientemente Bergman, Fellini, Bresson, Tarkovski, Ozu, Scorsese, conforman la posteridad cinematográfica legada a la humanidad para darle respuestas y formular nuevas preguntas sobre el carácter del ser o la calidad de la propia existencia.

«Casablanca» es uno de esos símbolos que causaron sensación en su momento, y cuya resonancia está aún latente. Filmada en 1942, por Michael Curtiz, está basada en una obra para teatro llamada «Everybody comes to Rick’s», de Murray Burnett y Joan Alison, que nunca se montó en escena. Los actores para los papeles principales iban a ser Ann Sheridan y Ronald Reagan (!), sin embargo, Humphrey Bogart se inmortalizó en el papel de Rick Blaine, e Ingrid Bergman hizo lo propio como Ilsa Lund. El rodaje comenzó el 25 de Mayo y terminó el 3 de Agosto, para la Warner Brothers. Nunca se pensó en el éxito que iba a alcanzar algo que se planeó como uno más de los proyectos de la industria de Hollywood, y que comenzó su leyenda al ganar los oscares de 1943, incluyendo mejor película.

La trama es sencilla. Un amor arrebatado y convertido en pasión se da en la Europa de la segunda guerra mundial entre Rick e Ilsa. La separación sobreviene y ambos personajes se encuentran nuevamente en la ciudad marroquí de Casablanca, como muchos otros refugiados, intentando regresar a la convulsionada Europa. El sentimiento amoroso vuelve a aflorar, pero ante las nuevas circunstancias y movido por su ética particular, es Rick quien propone la separación, recomendando dejar en el recuerdo esa relación con el famosísimo «siempre tendremos París», que pronuncia en la despedida definitiva. Grandes actores como Claude Rains, Peter Lorre, Paul Henreid y Conrad Veidt los acompañaron en el reparto. La música fue escrita por Max Steiner, con variaciones sobre el himno francés «La Marsellesa», y la canción que aporta el sello imborrable a ésta obra fílmica, «As time goes by», de Herman Hupfeld es interpretada por Dooley Wilson. Esta canción había sido escrita para la obra teatral, pero se utilizó en la película.

Al cumplir setenta años, «Casablanca» nos remite a la relación intrínseca del cine con el sistema de procesos bio-emocionales que registra el cerebro humano al registrar y codificar el diario transcurso de la vida. Como a los personajes del film, asediados por las circunstancias y el desencanto, sentimos que los enamorados no se separan del todo, que los peligros serán superados, y que alguien que nos espía, que quizá ve nuestra particular y propia proyección vital, se ve complacido con la historia que le cuentan, en tanto nos convencemos de que la vida, como escenario de la propia actuación, es solo un presente constante poblado de sueños y recuerdos.

F.LL.M. Noviembre de 2012.

Material audiovisual: Al Muru Andalucí

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