La Nakba como fenómeno político y mediático – Pedro Brieger y Julieta Avalos

La Nakba como fenómeno político y mediático
La Nakba como fenómeno político y mediático

 

Los palestinos y su propia historia

 

Después del shock de la expulsión, los palestinos intentaron contrarrestar la versión israelí de los hechos. Para tal fin se abocaron a investigar los planes de expulsión y a exponer ante el mundo que hubo una expulsión premeditada y planificada. En un primer momento el objetivo, más que la narrativa de su propia historia, fue un intento de combatir la versión israelí de los hechos dando a luz su versión de lo sucedido.

Es posible pensar que el efecto del impacto que ya mencionamos en este trabajo en puntos anteriores de cuenta de la falta de la presencia de la palabra Nakba en el discurso mediático o académico pero no fue así en la vida cotidiana de los palestinos. Además hay que tomar en cuenta que la mayoría de los líderes palestinos habían sido asesinados y algunos habían debido exiliarse en países vecinos; las elites más educadas también se habían marchado y los que se quedaron fueron mayormente campesinos y agricultores.

En la década del sesenta la aparición de la OLP como fuerza motor de los palestinos y la producción de numerosos intelectuales palestinos como Rashid Khalidi permitió una aproximación a la Nakba en sí misma. Sin embargo, en numerosos documentos elaborados por la OLP en esa época–en estrecha colaboración con algunos de los más prestigiosos intelectuales no existen referencias directas a la “Nakba” aunque se menciona la expulsión de 1948 y se utilizan palabras como masacre, ocupación, expulsión y se insiste en la desposesión de la mayoría de los habitantes originarios de Palestina.

La OLP se instituyó como el único representante legítimo del pueblo palestino, de toda esa sociedad que había quedado destruida y prácticamente sin liderazgo, dispersos en campamentos de refugiados donde los palestinos se abocaron a sobrevivir a la espera de la liberación de sus tierras con ayuda de los países árabes que les permitiera al fin retornar. Desde su creación formal en 1964 si bien publica numerosos documentos que representan declaraciones de principios de la identidad palestina la expresión “Nakba” no forma parte del acervo político.

Esto se puede comprobar leyendo el discurso que pronuncia Yasser Arafat el 13 de noviembre de 1974 ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Portando su pañuelo característico (keffía o hatta) -que se fue convirtiendo con el tiempo en símbolo de la lucha palestina- realizó un relato de la historia palestina.

Después de citar diferentes luchas de pueblos del Tercer Mundo, Arafat se remonta al surgimiento de la cuestión palestina en el siglo XIX con la aparición de lo que denomina “invasión judía de 1881 y a la presencia de 1.250.000 palestinos en 1947. Allí dice que el movimiento sionista “ocupó el 81% del área total de palestina expulsando a un millón de árabes y ocupando 524 ciudades y pueblos, destruyendo completamente 385 en ese proceso (…) La raíz de la cuestión palestina está aquí (…) Es la de un pueblo expulsado de su patria, dispersado y viviendo mayormente en el exilio y en campamentos de refugiados (…) miles de nuestro pueblo fueron asesinados en sus propios pueblos y ciudades, decenas de miles fueron obligados a abandonar sus casas y la tierra de sus padres a punta de pistola (…) nadie que haya sido testigo de la catástrofe podrá olvidar su experiencia”.

El discurso de Arafat en Naciones Unidas es en árabe y en las transcripción inglesa (26) la palabra catástrofe aparece en tres oportunidades. Sin embargo no utiliza la expresión “Nakba” como sinónimo de catástrofe pues en 1974 esta palabra no se había popularizado ni siquiera entre los palestinos.

Aparición pública y mediática del concepto Nakba

A pesar que algunos investigadores palestinos reconocidos como Walid Khalidi o Salman Abu Sitta se dedican a revelar la planificación y expulsión de los palestinos de su tierra, como desarrollamos en puntos anteriores no es hasta la aparición de los llamados “nuevos historiadores” israelíes que los grandes medios occidentales se hacen eco de la nueva versión de la historia.

Cabe recordar que los textos de Simha Flapan “The Birth of Israel: Myths and Realities”, Benny Morris “The Birth of the Palestinian Refugee Problem, 1947-1949”, Ilan Pappé “Britain and the Arab-Israeli Conflict, 1948-1951” y Avi Shlaim “Collusion across the Jordan”, sólo para citar algunos, cuestionan la versión israelí de la historia y ratifican que sí existió una expulsión masiva de la población palestina. Estos textos, aparecidos en los años ochenta se dan de manera paralela a un hecho fundamental, el levantamiento palestino de diciembre 1987, más conocido como Intifada.

La revuelta palestina de 1987 permite –por primera vez en la historia del conflicto- instalar una palabra en árabe en los grandes medios de comunicación legitimando la lucha palestina. Aunque la palabra intifada en árabe significa “sacudimiento” o sacarse algo molesto de los hombros, se popularizó en otros idiomas como “la revuelta de las piedras”, sinónimo de lucha pacífica con piedras frente al poderoso ejército israelí que ocupa Cisjordania y Gaza desde 1967.

Hasta ese entonces las expresiones utilizadas en los medios de comunicación occidentales solían ser aquellas que mostraban principalmente la versión israelí de los hechos. Un ejemplo de ello es la guerra de 1973 que pasó a ser conocida mundialmente como la guerra de “Iom Kippur” siendo que los árabes la denominaban la “Guerra de Octubre”.

Como la batalla mediática es parte del conflicto, la utilización y repetición de los conceptos son también los que le dan legitimidad a uno u otro lado. Con la aparición de los “nuevos historiadores” los medios de comunicación occidentales permiten que se abra una grieta al relato hegemónico israelí y plantean un relato diferente de lo sucedido en 1948 dando lugar a la versión palestina de los hechos.

A posteriori, los acuerdos de paz de Oslo de 1993 reinstalan el debate sobre lo acontecido en 1948 ya que uno de los reclamos de los palestinos es el retorno de los refugiados. En este caso el reconocimiento de los refugiados implica el reconocimiento de la expulsión, que –a su vez- se convierte en sinónimo de Nakba.

Cabe resaltar también que los propios dirigentes y notables palestinos hasta la década del noventa no utilizan de manera pública y recurrente la expresión Nakba. En una Conferencia sobre Palestina realizada por Naciones Unidas en Ginebra entre el 29 de agosto y el 7 septiembre de 1983 un grupo de reconocidos intelectuales presenta lo que denominan “Perfil del pueblo palestino”. Allí, Edward Said, Ibrahim Abu Lughod, Janet Abu-Lughod, Muhamad Hallaj y Elia Zureik cuentan la historia de su pueblo:

“La situación actual del pueblo palestino tiene sus raíces en un acontecimiento histórico concreto: el desmembramiento de Palestina en Mayo de 1948. El surgimiento de Israel entonces en una porción de Palestina, tuvo dos consecuencias: Primero los palestinos fueron expulsados (…) segundo se produjola incorporación jurídica y administrativa de las áreas restantes de Palestina por parte de Jordania y Egipto (…) Ambas partes fueron ocupadas por Israel en 1967. Así, toda el área de la Palestina del mandato está ahora controlada exclusivamente por Israel” (27).

En este trabajo se menciona el desmantelamiento de la sociedad palestina, la tragedia que significó, se mencionan los preparativos para la eliminación de los palestinos, pero la palabra Nakba tampoco aparece. Posteriormente, cuando Arafat, se dirige a las Naciones Unidas en la ciudad de Ginebra el 13 de diciembre 1988 para declarar la independencia del Estado de Palestina la palabra Nakba tampoco figura ni una vez. Por ende, en los grandes medios de comunicación la expresión Nakba tampoco aparece.

Según Ilán Pappe también es “recién a comienzos de la década de 1990, cuando la prensa palestina local de Israel se mostró más interesada que nunca en la Nakba” (28).

En la misma década surgió un nuevo modo de manifestar el relato -en paralelo al comienzo de los procesos de paz de Oslo- que hace hincapié en el derecho al retorno. En consecuencia muchos refugiados internos se unieron y formaron un comité de acción en marzode 1995 (29) para reafirmar el derecho al retorno de todos los palestinos. La Asociación para la Defensa de los Derechos de los palestinos (ADRID) se plantea aglutinar los Comités de las aldeas y establecer “marchas en el día de la Nakba” (30).

Estas manifestaciones surgen con fuerza y convocan a una mayor participación en 1998, el aniversario 50 de la Nakba, con marchas que luego se realizarían anualmente hacia una de las aldeas destruidas para conmemorar la Nakba. Desde entonces es posible acceder a fotografías o crónicas de estas manifestaciones en las que cada año cientos de personas y refugiados locales realizan conmemoraciones para mantener en la agenda pública esta reivindicación. Con estas acciones la sociedad palestina busca organizarse y hallar soluciones por fuera de los partidos políticos, lo que permite la irrupción de organizaciones no gubernamentales y comités populares que ya venían trabajando desde mucho tiempo antes.

En este sentido el accionar de los refugiados se suma a la repercusión mediática de la Intifada como catalizador mediático del concepto de Nakba después de la conferencia de Madrid en 1991 y los Acuerdos de Oslo en 1993. Después de la muerte de Yasser Arafat es Mahmoud Abbas quien lo reemplaza al frente de la Autoridad Nacional Palestina.

En 1976, en la revista Falastin a-Thaura -la revista oficial de la OLP en Beirut para esa época- afirmaba respecto de 1948 que los ejércitos árabes entraron en Palestina para proteger a los palestinos de la tiranía sionista, pero, en cambio, los abandonaron, los forzaron a emigrar y abandonar su patria, y los arrojaron en prisiones similares a los guetos en los que los Judíos vivían.

En el texto no hay ninguna alusión a la Nakba. Sin embargo sí lo hay el 29 de noviembre de 2012 cuando Abbas brinda un discurso ante la Asamblea de las Naciones Unidas. “El pueblo palestino – decía Abbas- , que milagrosamente se ha recuperado de las cenizas de la Nakba de 1948, cuyo objetivo era extinguir su ser y expulsarlos con el fin de arrancar de raíz y eliminar su presencia, hunde sus raíces en las profundidades de la tierra y las profundidades de la historia. En aquellos días oscuros, cuando cientos de miles de palestinos fueron arrancados de sus hogares y desplazados dentro y fuera de su patria, arrojados de su hermoso, acogedor y próspero país a los campamentos de refugiados en una de las campañas más terribles de limpieza étnica y despojo de la historia moderna (31).

La aparición de los nuevos historiadores palestinos, la utilización del término “Nakba” por parte de los palestinos y su generalización mediática también influyeron en algunos intelectuales y políticos israelíes.

Shlomo Ben Ami, doctor en historia por la universidad de Oxford y ex canciller israelí escribió varios libros sobre el conflicto palestino israelí. En Israel, entre la guerra y la paz, publicado en 1999 se puede apreciar la línea tradicional israelí en el análisis de lo sucedido en 1948. Sin embargo, en Cicatrices de guerra, heridas de paz, publicado en 2005 reconoce las “atrocidades y masacres cometidas contra la población civil” (32) y utiliza la expresión “naqba palestina de 1948” (33) para explicar la disolución de la comunidad árabe de palestina.


Notas

(26) Transcripción Naciones Unidas, Asamblea General vigésimo noveno período de sesiones, la cuestión palestina, Documentos Oficiales [en línea]
El discurso de Yasser Arafat a la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1974. 6-6
El discurso de Yasser Arafat a la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1974. 5-6
(27) Said y otros, p.224.
(28) Pappé Ilán, Historical Truth, Modern Historiography, and Ethical Obligations: The Challenge of the Tantura Case [en línea]
(29) Association for the Defence of the Rights of Internally Displaced Persons in Israel [en línea]
(30) Makhou Ameer, 1948 Internally Displaced Persons Palestinians 1948 [en línea]
(31) Abbas Mahmud, Un Estado llamado Palestina [en línea]  y  [en línea]
(32) Ben Ami, S. Cicatrices de guerra, heridas de paz, Ediciones B, Barcelona,2005, p.59
(33) Ídem, p. 21


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