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Los cristianos de Irak sufren genocidio

En una conferencia organizada por la Fundación Tierra Santa, el exiliado examinó la situación de sus hermanos y la llegada del IS.

Raad Salam: En 2004 su padre fue asesinado.
Raad Salam: En 2004 su padre fue asesinado.

La Fundación Tierra Santa organizó el pasado miércoles 29 de Octubre, en la parroquia de Santa María del Monte Carmelo (Madrid), una conferencia con el profesor iraquí Raad Salam Naaman para hablar de la situación de la minoría cristiana de ese país. Raad Salam Naaman, doctor en Filología Árabe y Estudios Islámicos, tuvo que huir hace años de su tierra natal al escaparse de la carcel tras ser condenado a muerte. En una ponencia bajo el título «¿Qué significa ser cristiano en el mundo árabe musulmán? Mi experiencia personal«, el conferenciante se manifestó con un ímpetu propio de quien conoce a fondo la irrupción del Estado Islámico y las graves consecuencias que esto conlleva.

«He tenido la oportunidad de visitar tres veces mi tierra en estos dos últimos años. Los cristianos que quieran vivir en Irak y estar protegidos tienen que pagar un tributo mensual a alguna tribu musulmana. Por eso, la mayoría escapan y los pocos que quedan están pidiendo auxilio porque no saben qué futuro les espera«, comentó durante la ponencia el docente católico de rito caldeo. Para Raad Salam, nacido en la ciudad bíblica de Nínive (Mosul), de mayoría musulmana, la situación de los cristianos es insostenible. «Hablando con un familiar mío, recién escapado de Mosul, me dijo: “Las sangrientas escenas que hemos visto no se pueden describir. El Estado Islámico puso carteles por toda la ciudad indicando que las mujeres solteras debían incorporarse a la Yihad ofreciendo sexo a los combatientes. Hemos oído historias horribles sobre matrimonios forzados, esclavitud sexual y violencia«», explicó en su exposición.

Raad Salam acudió a la Real Academia para apuntar que «lo que está pasando en Irak es un genocidio en toda regla«, no sólo sobre las personas, sino sobre la civilización y la cultura: «Cuando el Estado Islámico entró en Mosul, destruyeron en torno a mil o mil quinientos manuscritos antiguos«. El profesor añade que «no quiero que mis hermanos cristianos de Irak salgan del país, porque no quiero perder mis raíces, nuestra historia, que tiene más de dos mil años. Es muy fácil decirlo viviendo en España más o menos seguro y bien, cuando quien está sufriendo realmente son ellos». Este refugiado iraquí tiene actualmente la nacionalidad española.

Marcharse sería claudicar

«La oración es fundamental, pero la comunidad internacional tiene que hacer algo, solo con la oración no se solucionan las cosas«, comenta Salam. Para el ponente, la marcha de los cristianos de su país sería una claudicación. «Irak, sin cristianos, no es Irak, esta es la verdad y tiene que conocerla todo el mundo. No tienen razón quienes los maltratan y desean expulsarlos de su tierra natal sin que haya ninguna causa que lo justifique, solamente porque son gente pacífica que ama su tierra y quiere vivir en paz y armonía«, afirma. Muchos miembros de su familia han tenido que abandonar el país en los últimos tiempos, en el año 2004 su padre fue secuestrado y quemaron todos sus negocios, posteriormente fue asesinado.

«En general somos cristianos muy creyentes y practicantes desde siempre, gracias a nuestra educación cristiana, nuestra cercanía a la Iglesia y nuestra lectura diaria de la Biblia, especialmente los Salmos, como el Salmo 23, que dice: “Mi Señor es mi pastor, nada me falta”. Fue una gran ayuda para mantener nuestra fe cristiana hasta hoy día«, relata Raad Salam, para el que la caída del régimen de Sadam Husein y la llegada de los islamistas al poder aumentó la persecución a los cristianos. «Muchísimos intentan buscar una salida fuera, en Canadá, Estados Unidos o Australia, como asilados políticos. Actualmente en Irak quedan menos de 200.000 cristianos, cuando antes eran casi 2.000.000«, exclama.

El autor de libros como «¿Qué es el islam?» y «Wa islamah! Todo sobre el Islam» señala que «según los últimos informes oficiales, desde el año 2003 hasta hoy, los radicales islámicos en Irak han destruido 60 iglesias, y asesinado a 7.000 cristianos, entre ellos 25 sacerdotes y cinco arzobispos. Casi 100.000 cristianos son refugiados y hay más de 50.000 fugitivos que dejaron todo lo que tenían en sus ciudades y están refugiados en los pueblos en el norte de Irak, en la zona de Kurdistán«. Zona en la que viven los únicos aliados de los cristianos de Irak. La minoría kurda, defendida por las fuerzas Peshmerga, los protegen por intereses políticos particulares y permiten que se refugien en sus colegios y polideportivos.

Por Juan Cadarso
Con información de Mirada 21

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Cuando las barbas del IS veas cortar…

La guerra declarada por los yihadistas a los kurdos inaugura la veda del afeitado. Los hombres muestran así que no comparten la ideología y evitan que se les confunda.

El rapero islamista Abdalá Sherif, con una barba poblada ©El Mundo
El rapero islamista Abdalá Sherif, con una barba poblada ©El Mundo

Barbas. Especialmente las largas. En búsqueda y captura en todo el Kurdistán. Hasta un apuñalamiento denunciado hace una semana. El único motivo esgrimido al agredido era que llevaba el mismo tipo de barba que preconiza el Estado Islámico (IS).

La guerra declarada por los yihadistas a los kurdos ha inaugurado, en las regiones kurdas de Irak, Turquía y Siria, la temporada del afeitado. Barberos haciendo el agosto en octubre. El objetivo no es sólo desprenderse de aquel elemento facial que hace que cualquier hombre, a pesar de no compartir ideología, se asemeje a un radical, sino resguardarse de las consecuencias de ser confundido con uno de ellos.

«He realizado este trabajo durante 15 años y es la primera vez que afeito tantas barbas en tan corto periodo», reconoce al periódico turco Sabah Yakup Bahadir, barbero en la zona sureste de Turquía, de mayoría kurda. «La gente viene a rasurar su barba o a recortarla para evitar problemas», confiesa un peluquero llamado Ismail Kazaj.

El reportero del ‘New York Times’ Karim Fahim daba cuenta hace unos días, a través de Twitter, del ‘interrogatorio’ que estaba sufriendo un ‘hipster’ de Estambul – urbanitas que han puesto de moda las barbas tupidas -, a manos de los locales, por acudir a la frontera turca con Kobane a asistir a las víctimas del asedio del IS.

El dilema del vello facial en Turquía

El ‘look’ piloso más aclamado es el del presidente Recep Tayyip Erdogan. Su solitario y fino bigotito, el cual cuida desde hace años, es objeto de adoración entre sus miles de seguidores en Turquía y frontera allende. Piden a sus barberos que se lo recorten así, cuando no solicitan directamente a un médico que les haga un implante de vello para imitarlo.

En Turquía hay tradicionalmente una estrecha relación entre la exposición del vello facial y las convicciones políticas. Es corriente que los ultranacionalistas turcos se dejen crecer largos y afilados bigotes. Los izquierdistas, por su parte, optan por perillas, barbas cortas o bigotes tipo morsa.

En el caso de los islamistas, y también de los exaltados del IS, el estilo de barba más común es aquél que, aseguran, lucía el profeta Muhammad (BPD) en vida. Esto es, una frondosa barba de mínimo un palmo de largo y sin bigote.

A la postre, el estilo de barba que cada cual acaba eligiendo no admite normas fijas. Por eso estos días han pagado justos por pecadores. Es más, los radicales se están acostumbrando a no mostrar estos signos velludos fuera de los dominios del IS, en Irak y Siria, para pasar desapercibidos.

Por Lluís Miquel Hurtado
Con información de El Mundo

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Las kurdas que no temen a la muerte

Unas 1.000 soldados integran la división femenina de las fuerzas armadas kurdas.Las últimas acometidas de los yihadistas de IS han disparado el reclutamiento de mujeres.

Mujeres 'peshmerga' (tropas kurdas) en el campo de entrenamiento de Zawita (norte de Irak)
Mujeres ‘peshmerga’ (tropas kurdas) en el campo de entrenamiento de Zawita (norte de Irak)

Leila Yusef se arregla el peinado y se perfila los labios en el espejo retrovisor de un todo terreno. Luce un flamante traje militar. «Quería estudiar un postgrado en Reino Unido pero esto es más importante. Nuestras familias y nuestra patria están en peligro», cuenta rodeada por una treintena de compañeras.

La tarde apura los últimos rayos de sol cuando el batallón de uniformadas alcanza el campo de entrenamiento de Zawita, en el norte de Irak. Hace un calor sofocante y cunde el nerviosismo. «Desde que en junio surgiera la amenaza del Estado Islámico recibimos a diario decenas de mujeres dispuestas a alistarse. Hoy son ellas las que se gradúan», explica la coronel Viyan Yusef, una de las primeras féminas en ingresar hace 16 años en los peshmergas (tropas kurdas).

El ejército «de facto» de la región autónoma del Kurdistán iraquí -administrado por las dos formaciones hegemónicas, el Partido Democrático y la Unión Patriótica del Kurdistán- abrió sus cuarteles al sexo femenino en 1996 pero el fantasma de los yihadistas y su alarmante ofensiva del pasado agosto han sido el aldabonazo definitivo.

«Los terroristas del IS nos odian. Aterrorizan a la población secuestrando a mujeres y niños pero en el fondo nos temen. Dicen que morir a manos de una mujer es una deshonra. A quien le sucede le está vetado el paraíso», dice Viyan mientras sus subalternas desfilan por una pista de asfalto de la finca militar, a un tiro de piedra de la frontera turca.

Cuatro batallones femeninos

Unas 1.000 soldados, repartidas en cuatro batallones, integran la división femenina de las fuerzas armadas kurdas. «En la década de 1960 hubo mujeres que formaron parte de los escuadrones pero no de manera oficial. Ahora tenemos la suerte de contar con un cuerpo», señala la coronel.

Las acometidas yihadistas han llevado a muchas de ellas -a cargo hasta ahora de tareas administrativas o logísticas- a la primera línea de batalla. «He estado en el frente en cuatro ocasiones. He visto con mis propios ojos a los barbudos y he supervisado a unos 80 ‘peshmergas’ retirados que han vuelto a empuñar las armas», detalla Viyan. «Las mujeres somos muy bien recibidas. Al vernos, nuestros camaradas varones fortalecen su compromiso de defender los valores de nuestra sociedad frente al IS», agrega.

Desde hace semanas el reclutamiento se ha disparado. El fenómeno ha superado los confines de la región. «Están llegando kurdas que viven en Europa o Estados Unidos preparadas para dar su vida por el país», apunta Viyan orgullosa del eco que ha tenido su labor entre la nutrida diáspora.

Zary Nauset, periodista de 26 años y madre de dos retoños, comparte las mismas dosis de entusiasmo. «Nuestra habilidad en el campo de batalla no es peor que la de los hombres», advierte poco antes de acudir a la llamada a filas. Y apostilla: «No tenemos otra opción: o les vencemos o nos convertirán en sus prisioneras». Las conquistas de las últimas semanas -impulsadas por los ataques aéreos estadounidenses y el envío de armamento de Irán, EEUU y varios países europeos- ha aliviado el pánico de primeros de agosto.

Una historia familiar

Para las recién licenciadas, los «peshmerga» (los que se enfrentan a la muerte, en kurdo) y sus décadas de resistencia a los adláteres de Sadam Husein resultan una historia familiar. «Mi marido es ‘peshmerga’ y mi hijo de tres años se disfraza de ‘peshmerga'», reconoce Avid Sidqi, una treintañera rendida a la causa. «Nuestro papel es fundamental. Los políticos kurdos presumen de que vivimos en una sociedad donde se garantiza la igualdad. Es el momento de demostrar que el ejército no es una excepción», arguye consciente de que en la mayoría de los países árabes la mujer ni siquiera tiene hueco en el estamento castrense.

Su presencia, sin embargo, no está exenta de polémica. «Ésta no deja de ser una sociedad conservadora. Hemos recibido críticas desde algunos sectores pero siempre sucede cuando se producen novedades. Estamos listas para romper las barreras», asevera la coronel, ávida por quebrar el techo de cristal que aún reina en los cuarteles kurdos. «Los hombres han limitado hasta ahora nuestro margen de acción. Suelen decirnos que, si nos necesitan para luchar, ya nos llamarán. Sigue siendo una cultura diferente a la occidental».

A Leila, que ha aprendido a usar el ‘kalashnikov’ tras 10 días de duro adiestramiento en Zawita, su repentino ardor guerrero le ha costado algún disgusto. «Mis padres y hermanos no se lo tomaron bien pero ahora están orgullosos. Mis amigas siguen insistiendo en que no es un buen trabajo. Necesitamos cambiar la sociedad», admite la soldado con la certeza de que resultará una contienda más ardua que la misión de alejar de tierras kurdas el terror de los «muyahidines» (guerreros santos).

Por Francisco Carrión
Con información de  El Mundo

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