Mestizajes de Granada,»La princesa andaluza»

Callecitas y pasadizos, la herencia de un pasado que sigue presente en el sur de España.
Callecitas y pasadizos, la herencia de un pasado que sigue presente en el sur de España.


UNA NUEVA ERA

En el inicio de la Era Moderna, el mundo se transformaba, Granada cambiaba nuevamente de dueños y con ella también la Alhambra. Se mantenía como un palacio real, pero sus nuevas autoridades buscaban realzar la cultura occidental: así construyeron, por ejemplo, el Palacio de Carlos V, una obra colosal de claro estilo renacentista que se levantó para posicionar al cristianismo por sobre el pasado musulmán.

Pese a esta cristianización, los nuevos soberanos respetaron los orígenes moriscos de la Alhambra, manteniendo incólumes muchas de sus dependencias, mientras otras sufrieron la mezcla de ambas culturas. Es el caso del Generalife: el área donde se encuentran los maravillosos jardines del palacio es un lugar que sobrecoge por la belleza y pulcritud de sus patios y donde se aprecia claramente la fusión cristiano-árabe. Como en el Patio del Ciprés, un verdadero laberinto elaborado por este árbol característico de la cristiandad que se entrelaza con prolijas fuentes de agua, elemento propio de la cultura musulmana.

Y si se quiere admirar las bondades del reino árabe en toda su plenitud, bien vale esperar turno en la más larga de las filas para ingresar al hogar del sultán. Luego de unos minutos se entenderá por qué la Alhambra fue candidata a ser una de las nuevas maravillas del mundo.

Un antiguo proverbio árabe habla de “mostrarse austero hacia fuera, pero ser rico por dentro”. La sabia cita viene como anillo al dedo a la hora de conocer los distintas dependencias del palacio, pues mientras las torres y fortificaciones que miran a la ciudad son férreas y rústicas, al ingresar a la residencia real el visitante se encuentra con una maravilla tras otra. Salones de finísimas terminaciones, deslumbrantes pasillos y pomposos jardines, coronados por grandiosas piletas, hablan de una obra magistral, de una finura y dedicación exclusivas. Una joya hecha con el propósito de deleitar los ojos del rey nazarí más abrumado, para que buscara consuelo en este verdadero paraíso en la Tierra.

De paseo por los variopintos locales donde se encuentran lo árabe y lo hispano.
De paseo por los variopintos locales donde se encuentran lo árabe y lo hispano.

SEMILLAS DE GRANADA

La historia de Granada no deja de palparse al salir de la Alhambra. Es cosa de perderse por el Albaicín, el barrio moro por excelencia ubicado a los pies del palacio, para comenzar un circuito callejero que llevará a los paseantes por el vecindario de mayor tradición de la ciudad.

Si bien comenzó a formarse en la época de los íberos, fue con la llegada de los árabes cuando el Albaicín tomó características de vecindario poblado por artesanos y artistas. Estos habitantes aún se mantienen, igual que la arquitectura del pasado, que ha conservado el tramado original de las ciudades árabes. No sorprende entonces que el barrio haya sido declarado Patrimonio de la Humanidad.




Lo mejor es perderse por cualquiera de sus laberínticos callejones, que suben y bajan entre típicas viviendas y techos de tejas que tiñen el barrio de radiante blanco y rojo ocre, cruzan por acogedoras placetas rodeadas de geranios y claveles, y desembocan finalmente en alguno de sus miradores. Cada uno con su encanto a la hora de contemplar preciosas vistas de Granada y el suave cordón de montañas que la rodea, entre las que se destaca la Sierra Nevada.

Elegir siempre es difícil, pero los miradores de San Cristóbal y San Nicolás aparecen como dos imperdibles. Este último es el punto de encuentro de la cosmopolita población granadina, donde gitanos, hippies, árabes, andaluces de tomo y lomo, estudiantes y turistas se reúnen en este amplio espacio, especialmente al atardecer, cuando se aprecia cómo la Alhambra irradia un intenso color rojizo. Es un momento mágico en el que se tocan las guitarras en improvisados flamencos, mientras un coro de lamentos siguen el ritmo a golpe de tapeos. Sale a flote entonces la esencia del andaluz, el pueblo más apasionado de España.

Peldaños más arriba se encuentra el barrio de Sacromonte. Es el barrio flamenco de Granada que reunió por siglos a numerosos artistas en torno de esta auténtica expresión andaluza, que hoy persiste en variados centros de tablao.

Pero lo que más llama la atención del Sacromonte son las cuevas que abundan en las laderas del cerro y en las que los gitanos han instalado sus hogares. Toda una experiencia que puede visitarse sin problemas.

Bajando al plano de la ciudad se encuentra la majestuosa Catedral de Granada. Uno de los más hermosos templos cristianos de España de la época de oro del Renacimiento español, que terminó de construirse en 1537 tras 10 años de trabajo. Dentro de sus imponentes naves, pulcros pilares y finas terminaciones descansan los restos de los reyes católicos, por lo que vale la pena una visita.

Un recorrido por el centro granadino resulta interesante para entender la riqueza urbanística contemporánea que se impulsó a partir del siglo XIX y que tenía como propósito embellecer y modernizar el tramado de la ciudad. Para ello se levantaron gran cantidad de áreas verdes y paseos peatonales como la Plaza Bib-Rambla, la Plaza Mayor, la Plaza Mariana Pineda –en homenaje a la mártir española de 1800– y el Paseo de los Tristes, que corre paralela al río Darro.

Las flamantes obras se entrelazaron con una extensa lista de monumentos antiquísimos, como la Puerta de Elvira, un grandioso arco construido por los árabes en el sigo XI, y el convento Santa Isabel la Real, obra fundada por la reina Isabel la Católica en 1501.

Y si se quiere dedicar algo de tiempo para buscar el souvenir ideal, hay que darse una vuelta por la bucólica peatonal de la Tetería o por la feria de la Alcaicería. Aquí se encuentra todo tipo de artículos árabes, desde aros de hueso de camello hasta típicas teteras del Magreb, sin dejar de lado los recuerdos andaluces como pañuelos, abanicos o los inconfundibles trajes de flamenco.

A la hora de relajarse, los bares y restaurantes dictan cátedra en Granada. Una vuelta por el centro o volviendo a los barrios llevará al visitante a la “farmacia” indicada para degustar las generosas tapas granadinas, mientras se empapa de la cultura andaluza escuchando extrañas anécdotas que algún locuaz contertulio ande relatando.

La otra posibilidad es simplemente perderse entre sus estrechas calles, donde más de una sorpresa le aguarda a quien tenga la valentía de levantar la mirada y encontrarse de frente con algo o alguien tan especial que le haga recordar para siempre que Granada es tierra soñada.

Por Ignacio Lopez
Informe: Julián Varsavsky.


DATOS ÚTILES

– Durante la visita a Granada, bien vale dedicarles una tarde a los baños árabes del Bañuelo, creados durante el primer imperio musulmán. Están abiertos en forma gratuita, para que el turista pueda conocer la antigua tradición que tenían los árabes –y aún conservan– respecto de la limpieza corporal, muy relacionada con la espiritualidad.

– En la larga lista de museos que ofrece Granada se destaca sin duda el de Federico García Lorca. El poeta y dramaturgo granadino es homenajeado por su tierra natal con un gran centro cultural, además de presentar al turismo la llamada Ruta Lorquiana. Este itinerario, que se extiende por los alrededores de la ciudad, pretende dar a conocer los lugares donde vivió y creó su obra el dramaturgo y poeta, considerado uno de los más grandes escritores españoles del siglo XX.

Más información:  www.turismodegranada.org   www.alhambradegranada.org


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