En defensa de la ética

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Desde el punto de vista etimológico, el propio concepto de “ética” en lengua árabe tiene una serie de connotaciones que deben ser señaladas por su relevancia. Así, la raíz j-l-q, de la que procede el término ajlāq y su adjetivo derivado ajlāqī/iyya, normalmente traducidos, dependiendo del contexto, como “ética” o “moral”, está relacionada con la noción de “crear, creación” y por tanto, en última instancia y de manera lógica, con la de “humanidad”. Así, por ejemplo, el sustantivo jalq tiene que ver con la naturaleza humana fundamental, es decir con la fitra, que en términos islámicos es la propia humanidad per se, derivada de su condición de ser creado por Dios. En términos políticos, de la misma raíz se deriva al-hikma al-julqiyya que, aplicado a la noción de “poder” o “gobierno”, hace referencia al carácter moral, y por ende justo (‘ādil), de un determinado gobierno, según la jurisprudencia islámica clásica.

Por tanto, el ethos, que con el significado de “costumbre” se sitúa en el origen de la ciencia ética como parte de la filosofía en la tradición griega, está formado en el corpus filosófico árabe por el jalq y por el julq, es decir, por la propia condición humana, su disposición natural, sus características innatas y su conducta. Es este último aspecto, el de la conducta humana y los valores que deben determinarla, el que focaliza la atención de la reflexión ética en el pensamiento árabe contemporáneo, al que ha dedicado numerosos esfuerzos. Por tanto, el julq en su acepción de “conducta” sería, desde el punto de vista etimológico, el nexo de unión entre la ética como derivación del ethos, es decir, como “doctrina de las costumbres” según las definiciones empiristas, y la ética árabe como al-falsafa al-ajlāqiyya, ésto es, filosofía ética.

La ética está presente en todos los actos humanos, porque en ella se fundamenta la distinción entre el bien y el mal. ¿Pero a qué bien o a qué mal hace referencia? Lógicamente, al bien o al mal determinado por la sociedad de consumo, por los estamentos jurídicos de un estado. Es bien claro que quienes se inmolan atendiendo sus principios religiosos o sociales, lo hacen con plena conciencia de estar haciendo lo mejor, lo mas ético. Aquí el bien está en cumplir una consigna y el mal en ser inferior a su compromiso. De la misma forma, en las actividades del hombre existen normas que rigen sus procedimientos. Para el médico, para el abogado, para el ingeniero, para el maestro, para el periodista, se han creado “Códigos de Ética”, que se convierten en reglas de oro para desempeñar su profesión y que no significan otra cosa que adaptarse al sistema en el cual se desarrolla como persona.

No obstante, intentar hoy definir la ética, es un asunto complejo porque sobre el tema puede ser que ya todo esté dicho. Sin embargo, el hombre debe arriesgarse y tomar posiciones radicales cuando las circunstancias lo merezcan, por esta razón, la decisión de enfrentar el reto de escribir sobre ética en el periodismo, por ejemplo, tiene su razón de ser en la necesidad de aventurarse en la búsqueda de nuevas alternativas, de nuevos conceptos que permitan la formación de una conciencia plena en cuanto al tema se refiere.

La Real Academia de la Lengua define la ética como el conjunto de principios o reglas morales que rigen el comportamiento de una persona. También dice que la parte de la filosofía que trata de los conceptos de lo bueno o lo moral aplicados a los actos humanos.

Estos conceptos dejan ver la importancia que se le da a la ética en su intima relación con la moral. ¿Pero, esa intimidad realmente existe? ¿Qué es lo moral y qué es lo ético? Lo moral es una barrera impuesta por la sociedad para conseguir un ordenamiento legal, para determinar parámetros de comportamiento, para buscar corregir un rumbo desviado o para darle solidez a un sistema lleno de prohibiciones. Lo ético es más interior, más individual, más conceptual, depende de cada persona.

El periodista, personaje de gran importancia en el rumbo de las regiones, de los países, de los estados, se caracteriza por tener absoluta libertad de informar sin cortapisas, sin límites en su expresividad, en su manera de ver y de analizar la noticia, de presentar sus crónicas, de vivenciar la problemática social, sin embargo, esa libertad depende de muchos factores. En un país que supuestamente disfrute de democracia, el periodista tiene que afrontar muchos obstáculos y aunque se diga que no, existe mucha censura a la prensa. Qué decir de la iglesia, intocable, con fuero especial, con capacidad en los púlpitos para acabar con la carrera de cualquiera, o con las fuerzas políticas mayoritarias, que no aceptan otra versión que la suya, inclusive con la clase social dominante, cuyo dinero alcanza para acallar las voces discordantes y para comprar conciencias.

Este panorama, lamentable por excelencia, es parte de la cotidianeidad. Aquí la ética es acomodada, la moral existe sólo en la concepción unipersonal. Es imposible realizar un periodismo crítico, donde no están dadas las condiciones. Cuántos periodistas han caído por las balas asesinas, sólo por presentar una verdad irrefutable. Es que la ética también va de la mano con la verdad, decir la verdad es ético, las verdades a medias se convierten en mentiras y la mentira hace parte de lo malo, de lo inmoral. Pero cuando la verdad duele, se convierte en motivo de crítica, y se aprovecha para colocar en la picota pública a quien la esgrime como un acto de libre opinión.

Referencias

AL-FĀRĀBĪ. El camino de la felicidad (Kitāb al-tanbīh ‘alà sabīl al-sa‘āda). Traducción, introducción y notas Rafael Ramón Guerrero. Madrid: Trotta, 2002,

FERRATER MORA, José, s.v. “Ética”. Diccionario de Filosofía, v. II. Madrid: Alianza, 1979, p. 1056. Sobre el estado de la cuestión, cfr. RACHELS, James (ed.). Ethical Theory. Oxford: Oxford University Press, 1998.

Trafalgar Información ;
Juan Antonio Macías Amoretti –  Anaquel de Estudios Árabes

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