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Los primeros libros aparecieron en Sumer

Los primeros libros de que se tiene noticia parece que aparecieron en Sumer por razones económicas. A partir de los análisis y hallazgos de los arqueólogos Denise Schamandt-Besserat (Before Writing, 2 volúmenes, Austin, 1992), se han definido tres etapas anteriores a la invención de la escritura:

a) En pleno neolítico se pasó de la pintura al pictograma y se elaboraron bolas con fichas. En Uruk se han encontrado pelotas de arcilla en cuyo interior hay fichas con figuras. Es obvio que la pelota hacía referencia a una unidad administrativa y constituía una forma inicial de contabilidad. Las figuras de las fichas parecían animales y, en otros casos, representaban formas geométricas.

b) En un segundo momento, las pelotas de arcilla tenían signos impresos en su exterior, lo que indica que por razones de velocidad en la revisión de los registros se avanzó hacia el diseño de signos capaces de representar en segundo grado un contenido interno.

c) Finalmente se impusieron las tablillas, dado que eran más prácticas. Los signos llegaron a ser entendidos no sólo como signos sino como sonidos. La escritura se tornó más abstracta y hacia 2000 a. J.C. los escribas dotaron cada signo de una complejidad tal que se redujo el número.

En el período de explosión creativa, es decir, hace entre treinta y cinco y cuarenta y cinco mil años, encontramos signos de herramientas complejas (lámparas, anzuelos, etcétera), pero no sabemos hallar historias y explicaciones. Dieciocho mil años atrás encontramos las pinturas de Lascaux, Altamira y Chavette, podemos interpretar su significado primario, pero no podemos explicar qué significan las señales grabadas encima de los animales.



El conocimiento no sólo se ha transmitido a través de escritos, sino también a través de símbolos, grabados, edificios, imágenes y sonidos. El problema estriba en poder descifrar el mensaje, podemos adelantar deducciones de sus significados en algunos de ellos, quizá erróneos, pero bastantes continúan en la más oscura de las noches. La sensación que nos traslada la mayoría de ellos es que fueron dejados por civilizaciones muy superiores a las existentes en el momento de su ejecución.

En realidad nos encontramos con un gran puzle mundial, se van encajando algunas piezas, pero aún falta mucho trabajo por hacer para poder colocar todas las que se van encontrando en su sitio, en el tablero final, donde se deberá ver una vez terminado la imagen final: el Gran Rostro.

Sorprendentemente, algunas de las piezas halladas del gran puzle nos llevan a la proposición de que todas las culturas antiguas inventan su propia divinidad: Tot en Egipto, Nabu en Asiria, Tenjin en Japón, Oghama en Irlanda, Hermes en Grecia. Deduzco que, exactamente igual que sucede en la actualidad, para que una cultura se sostenga debe llevar a sus miembros hacia una ilusión común, parece imprescindible llevarlos hacia la adoración de un dios.

No todos los escritos han desaparecido o han sido destruidos, así pues, ¿dónde está toda la producción a lo largo de esos miles de años? Parece que muchos documentos han sido guardados y aparecen sólo cuando algún motivo desconocido los hace valiosos.

Por S. Río

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Akitu – El año nuevo Sumerio

La importancia de los festivales en el mundo antiguo, sin lugar a dudas se puede ver reflejada en el festival del Año Nuevo en la antigua Sumeria.

Una región histórica de Oriente Medio, parte sur de la antigua Mesopotamia, entre las planicies aluviales de los ríos Éufrates y Tigris. La civilización sumeria está considerada como la primera civilización del mundo. Aunque la procedencia de sus habitantes, los sumerios, es incierta, existen numerosas hipótesis sobre sus orígenes, siendo la más aceptada actualmente la que argumenta que no habría ocurrido ninguna ruptura cultural con el período de Uruk, lo que descartaría factores externos, como podían ser invasiones o migraciones desde otros territorios lejanos.

    • El término «sumerio» también se aplica a todos los hablantes de la lengua sumeria. En dicha lengua, esta región era denominada Kengi (ki), equivalente al acadio mat Sumeri, esto es, «tierra de Súmer».


Festival de AKITU y el comienzo de un nuevo año

Es conocido como el festival AKITU, celebrado en Babilonia y otras ciudades importantes como el centro de culto de la ANU, URUK del 1 al 10 del mes de NISÁN. Su traducción haría mención a la creación de la vida en la tierra. La celebración coincidía con el 21 de marzo, ( según el calendario gregoriano) , la llegada de la primavera y culminaba el 1 de Abril con la llegada de un nuevo año.

    • Akitu o Zagmuk (término acádico del sumerio, Akītum, ezen á-ki-tum, akiti-šekinku (á-ki-ti-še-gur-ku) «corte de cebada», akiti-šununum «siembra de cebada», babilonio, akitu, también rêš-šattim «cabeza o comienzo del año»), fue una fiesta de primavera en la Antigua Mesopotamia.
    • Su nombre proviene del sumerio, para «cebada«, y originalmente marcaba dos festivales que se celebraban al comienzo de cada uno de los dos medios años del calendario sumerio, con motivo de la siembra de cebada en el otoño y el corte de la cebada en la primavera. La religión babilónica llegó a dedicarla a la victoria de Marduk sobre Tiamat.

En Oriente Próximo, también aparece desde la antigüedad la noción de que los dioses determinan el destino de todos los seres, incluidos los humanos, cada vez que se alcanza un Año Nuevo. En esa fecha, dictamina la suerte que han de correr en los meses venideros hasta el próximo año. Se evoca el ciclo del eterno retorno, que tiene analogías en innumerables culturas y que en Babilonia queda reflejado en la fiesta Akitu.

Akitu babilónica

La fiesta babilónica tradicionalmente comenzaba entre el 21 del mes Adar y el 1 del Nisannu, considerado el primer mes del año (equivalente a marzo-abril del calendario gregoriano). Duraba doce días, comprendiendo complejos rituales.

Del primero al tercer día

El sacerdote del templo Ésagila (casa de Marduk), recitaría oraciones tristes con otros sacerdotes y el pueblo respondería con oraciones igualmente tristes que expresarían el temor de la humanidad a lo desconocido. Este miedo a lo desconocido explica por qué el sumo sacerdote encabezaría desde la Esagila la petición diaria de perdón a Marduk, rogándole que protegiese a Babilonia, su ciudad santa. Esta oración era llamada «El Secreto de Esagila».

Cuarto día

Se seguirían los mismos rituales de los tres días anteriores y luego, por la noche, se recitaría la «Epopeya de la Creación», Enuma Elish, que cuenta la historia de cómo se crearon el universo y las estaciones del año, y cómo, a continuación, todos los dioses se reunían (mediante la colocación de sus estatuas juntas), ante el dios Marduk después de su victoria sobre Tiamat. La recitación de esta epopeya era considerada como el inicio de los preparativos para la sumisión del rey de Babilonia ante Marduk durante el quinto día de Akitu.

Séptimo día

Al tercer día de su encarcelamiento Nabu liberará a Marduk. Los dioses malignos le habían encerrado con una enorme puerta. Marduk estaría luchando hasta la llegada de Nabu, cuando rompería esa puerta y se produciría una batalla de la que finalmente, Nabu saldría victorioso y liberaría a Marduk.

Octavo día

Cuando Marduk es liberado, las estatuas de los dioses son reunidas en el Salón de los Destinos, «Ubshu-Ukkina», para deliberar su destino. Allí se decide unir todas las fuerzas de los dioses y otorgarlas a Marduk. Aquí, el rey implora a todos los dioses que apoyen y honren a Marduk, siendo esta tradición la indicación de que Marduk recibió la sumisión de todos los dioses y fue único en su posición y dominio.

Noveno día

Procesión victoriosa hacia la «Bit Akitu» («Casa de Akitu»), donde se celebraba la victoria de Marduk al principio de la Creación sobre el dragón Tiamat (diosa de las aguas inferiores). La Casa de Akitu que los asirios de Nínive llamaban «Bet Ekribi» («Casa de Oraciones» en antiguo asirio), estaba a unos 200 metros fuera de las murallas de la ciudad, donde había maravillosos árboles decorados y regados cuidadosamente por respeto al dios que estaba considerado como el único que otorgaba naturaleza a la vida. La procesión triunfal era la forma en que la población expresaba su alegría a Marduk (Assur para los asirios, que le habría sustituido). por la renovación de su poder y la destrucción de las fuerzas del mal que casi controlaban la vida en el principio.

Día décimo

Al llegar a «Bet Akitu», el dios Marduk comenzaba la celebración, tanto con los dioses del mundo inferior, como con los del superior (las estatuas de los dioses se organizaban en torno a una gran mesa, como en un banquete), y luego Marduk volvía a la ciudad por la noche para celebrar su matrimonio con la diosa Ishtar, donde la tierra y el cielo se unen, y como los dioses se unieron, así fue esta unión dispuesta en la tierra. De este modo, el rey personifica este matrimonio sagrado, jugando el papel de casarse con la más alta sacerdotisa del Esagila (hieródula que representaría a la diosa), donde permanecerían sentados en el trono ante la población y recitarían poemas específicos para la ocasión. Este amor traerá consigo la vida durante la primavera.

Día undécimo

Los dioses regresaban acompañados de su Señor Marduk (Assur), para reunirse de nuevo en el Salón de los Destinos «Upshu Ukkina», donde se reunieron por primera vez en el octavo día, y donde esta vez se decidirá el destino del pueblo de Marduk (Assur). En la antigua filosofía asiria de la Creación, en general, se consideraba como un pacto entre el cielo y la tierra, siempre y cuando los seres humanos sirvan a los dioses hasta su muerte, por lo que, la felicidad de los dioses no es completa, salvo que los humanos sean felices también. El destino de los seres humanos sería dar la felicidad con la condición de que sirvan a los dioses. Así, Marduk y los dioses renovarían su pacto con Babilonia y luego volverían a su casa superior (cielo).

Día duodécimo

Último día de Akitu. Los dioses regresaban al templo de Marduk (las estatuas volvían al templo), y se reanudaba la vida cotidiana en Babilonia, Nínive, y el resto de las ciudades asirias.

    • La fiesta también fue adoptada en la Asiria de la Edad del Hierro. El rey Senaquerib en el 683 a. C. construyó una «Casa de Akitu» fuera de las murallas de Assur. Otra «Casa de Akitu» fue construida en las afueras de Nínive.

Mitología Comparada

Marduk en el mito de la fiesta Akitu, se conserva en el llamado en inglés Marduk Ordeal Text (KAR 143). Aquí, Marduk aparece como una deidad de vida, muerte y resurrección, lo que refleja el origen agrario de la fiesta basado en el ciclo de siembra y cosecha. Está prisionero en el inframundo hasta que sube de nuevo al tercer día. El obvio paralelismo con la muerte y resurrección de Cristo celebrada en la Pascua cristiana se ha observado hace tiempo, y elaborada en detalle por Zimmern en su editio princeps de 1918.

    • Pallis, en 1926 rechazó algunos de los paralelismos cristológicos señalados por Zimmern, pero siguió insistiendo en que la muerte de Marduk, los lamentos sobre él, su posterior renacimiento y el regocijo por su resurrección está entre uno de los modelos de Oriente Próximo para la mitología comparada de Jesucristo.

El tema de la muerte joven (cosecha/vegetal), de un dios (común en todo el Oriente Medio), también se refleja en las leyendas de Tammuz y de ello se hace referencia en la Biblia como «la mujer que llora a Tammuz», incluso en el templo del dios hebreo.


Legado

La fiesta Akitu se continuó celebrando a lo largo del período seléucida y durante el Imperio Romano. A principios del siglo III, todavía se seguía celebrando en Emesa, Siria, en honor del dios Elagabal. El emperador romano Heliogábalo (r. 218-222), que era de origen sirio, incluso introdujo la fiesta en Italia (Herodiano, Historia de Roma, 5.6).

Fiestas de primavera contemporáneas en el Oriente Próximo

Los iraníes celebran tradicionalmente el 21 de marzo como Noruz («Día Nuevo»). Ja b-Nissan es el nombre de la fiesta de la primavera entre los asirios que se celebra el 1 de abril, como correspondiente al inicio del calendario asirio. El nombre acadio Akitu ha sido reintroducido en el Asirianismo, cayendo el 1 de Nisan del «calendario asirio», introducido en la década de 1950, que se corresponde con el 1 de abril del calendario gregoriano.

Con información de Joannés (F.), (Dir.), Rendre la justice en Mésopotamie, Archives Judiciaires du Proche-Orient Ancien (IIIE-Ier Millénaires Avant J.-C).

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El deseo constante de conseguir la inmortalidad en Gilgamesh

Ha desaparecido en nosotros hasta el deseo constante a lo largo de los siglos de conseguir la inmortalidad. En las excavaciones de Nínive a finales del siglo XIX, bajo las ruinas del templo de Nabu y en la biblioteca del palacio de Assurbanipal, se encontraron la mayor parte de las tablillas donde se grabó la epopeya de Gilgamesh, el protagonista heroico de la cual fue sin duda un personaje real. Según la Lista Real Sumeria, se trataría de un gobernante de la primera dinastía, de 2600 a. J.C.

La obsesión de Gilgamesh es conseguir la inmortalidad y para ello debe encontrar a Atrahasis, el único hombre inmortal que sobrevivió al Diluvio. En un jardín fantástico encuentra la planta de la inmortalidad, pero una serpiente se la arrebata. Su paralelismo en este caso con los libros sagrados de algunas religiones es asombroso.

No pretendemos ser irrespetuosos con las creencias religiosas, si bien brevemente entraremos en sus mitos, leyendas y cuentos. Afirmamos que las religiones son un misterio embalado en una adivinanza envuelta en un enigma.

Si bien Mark Twain sentencia: «Ha habido redentores en todas las épocas del mundo. Todo es un cuento de hadas, como el cuento de Santa Claus», es necesario tener en cuenta las leyendas y narraciones religiosas. Seguramente escudriñando entre sus crípticas líneas encontraremos respuestas a algunos de los misterios que nos circundan.

Cuando se habla de Jesús como un alto Iniciado en el devenir la historia humana, nos detenemos siempre con particular interés en el prodigio de la resurrección y su posterior reencarnación en el hijo de Dios.


Un relato de ciencia ficción nos diría que en los restos de los cadáveres humanos, una vez descompuestos en su lugar de enterramiento, o donde reposen, también en las incineraciones, se encuentran sustancias que contienen sodio, fosfato cálcico, potasio y magnesio. Esas pequeñísimas partículas, invisibles a simple vista, se integran en la atmósfera y, por absorción cutánea o a través de los alimentos o bien de la respiración, pasan al organismo humano, éste las transforma, actuando como un alquimista y, al procrear el ser que las ha absorbido, pasan a formar la configuración de otro ser, con lo que el ciclo de la reencarnación se repite constantemente.

Por S. R. Robledo

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Proverbio Sumerio – Tú puedes tener un Amo…

Proverbio Sumerio

Tú puedes tener un Amo, Tú puedes tener un Rey, pero a quien tienes que temer es al Recaudador de Impuestos ( B15-232.3).

Tablilla Sumeria de 2044 a.C


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Proverbio Sumerio – El Estado cuyo armamento…

Proverbio Sumerio

El Estado cuyo armamento es débil, no podrá alejar al enemigo de sus puertas (B13.185).

Tablillas Sumerias creadas en 2144 a.C


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Sumer y el primer historiógrafo

Lagash en Sumer
Lagash en Sumer

Hay que reconocer que Sumer no ha producido ningún historiador digno de este nombre. Ninguno de sus historiógrafos ha redactado una historia tal como la concebimos hoy en día, es decir, como una sucesión continua de acontecimientos cuya evolución está regida por causas profundas que, a su vez, se hallan sometidas a leyes universales. Partiendo de un punto de vista dogmático, dependiente de su visión particular del universo, el sumerio considera los acontecimientos históricos como si surgieran espontáneamente, ya listos y completos, de repente, sobre el escenario del mundo, y cree, por ejemplo, que su propio país, ese país que ve sembrado de ciudades y de Estados prósperos, de aldeas y de granjas, enriquecido con todo un perfeccionado aparato de técnicas y de instituciones políticas, religiosas y económicas, fue siempre el mismo desde el origen de los tiempos, es decir, desde el momento en que los dioses hubieron proyectado y decretado que así sería.

Sin duda, jamás entró en la mente de los más sagaces entre los sabios de Sumer que su país en otro tiempo había sido una tierra cubierta de marismas, inhóspita y desolada, con algún que otro caserío miserable esparcido por el marjal, y que no se había transformado en lo que era más que con el transcurso de los siglos, de generación en generación, después de pagar el precio de luchas y de esfuerzos incesantes, gracias a la perseverante voluntad de los hombres, y luego de haber realizado incontables pruebas y ensayos, seguidos de un verdadero cortejo de inventos y descubrimientos.

Definir los objetos y clasificarlos, elevarse de lo particular a lo general, todas estas actividades fundamentales del espíritu científico son, para el historiador moderno, reglas del método que ya se dan por supuestas de antemano. Pero esta faceta del conocimiento era totalmente ignorada de los sumerios; al menos no aparece nunca en sus obras en forma explícita y consciente, cosa que puede comprobarse en varios terrenos. Sabemos, por ejemplo, que las excavaciones nos han permitido descubrir gran cantidad de tabletas con listas de formas gramaticales. Pero si, de hecho, semejantes catálogos denotan la existencia de un conocimiento profundo de las clasificaciones de la gramática, no se han encontrado en ninguna parte ni las menores trazas de una sola definición, de una sola regla gramatical.

De igual modo, entre los numerosos documentos matemáticos salidos a la luz del día, como son las tablas, los problemas y las soluciones a estos problemas, jamás se ha encontrado el enunciado de una ley general, de un axioma o de un teorema. Es muy cierto que se han encontrado largos repertorios de nombres de árboles, de plantas, de animales y de piedras, redactados por los profesores sumerios de historia natural. Pero si el principio que pueda informar estos repertorios nos permanece ignoto, es seguro, en todo caso, que no derivaba de una comprensión verdadera o hasta de una intuición de las leyes botánicas, zoológicas o mineralógicas. En cuanto a las compilaciones legislativas (esos códigos que, reunidos, contenían centenares de leyes particulares), ninguna de las que subsisten formula ni un solo principio jurídico de carácter general.

Y, volviendo a la historia, podemos decir que en las complicaciones de los historiógrafos adscritos a los Templos y a los Palacios, no se ve nada que se parezca ni de lejos a una historia coherente, metódica y completa.

Y, en el fondo, ¿quién puede extrañarse de ello? No hace aún mucho tiempo que el espíritu humano descubrió «el arte de dirigir bien el propio pensamiento y de razonar bien sobre las cosas». De todos modos, resulta sorprendente que no se pueda encontrar nada en Sumer que se asemeje al tipo de obras históricas tan extendidas entre hebreos y griegos.

Los sumerios crearon y cultivaron numerosos géneros literarios: mitos y cuentos épicos, himnos y lamentaciones, ensayos y proverbios, y aquí, allá y acullá (especialmente en las epopeyas y en las lamentaciones) se pueden distinguir ciertos datos históricos. Pero no existe un género literario que pueda considerarse como propiamente histórico. Los únicos documentos que se aproximan algo a ello son las inscripciones votivas de las estatuas, de las estelas, de los conos, de los cilindros, de las vasijas y de las tabletas, y aun éstas son brevísimas y están influenciadas netamente por el deseo de propiciarse las divinidades. En general, los hechos que relatan son hechos contemporáneos y aislados. Sin embargo, algunas de estas inscripciones se refieren a acontecimientos anteriores y revelan un sentido del detalle histórico que en esta época lejana (alrededor del año 2400 a. de J. C.) no tiene equivalente en la literatura universal.

Todos esos «historiadores» primitivos, al menos todos los que han llegado a nuestro conocimiento, vivían en Lagash, ciudad meridional de Sumer que representó durante más de un siglo, hacia la mitad del tercer milenio, un papel político y militar preponderante. Lagash era entonces la sede de una activisima dinastía de soberanos, fundada por Ur-Nanshe. Realzó el brillo de esta dinastía su nieto, Eannatum el Conquistador, quien logró hacerse dueño durante un breve período de todo el país de Sumer (la célebre «estela de los buitres» es suya); la dinastía prosiguió brillantemente con los reinos de Enannatum, hermano del precedente, y de Entemena, hijo de Enannatum. A continuación empezó a palidecer la estrella de Lagash y, después de una época de disturbios, terminó por apagarse en el reinado de Urukagina, el octavo soberano después de Ur- Nanshe. Urukagina, que fue un sabio y sagaz reformador, no pudo hacer  frente a la ambición del rey de Umma, Lugalzaggisi, que lo derrotó definitivamente, antes de sucumbir él mismo bajo el recio empuje del gran Sargón de Accad.

Pues bien, lo que nos restituyen los historiógrafos de Lagash es la historia política o, mejor dicho, la sucesión de acontecimientos políticos de este período, desde el reino de Ur-Nanshe hasta el de Urukagina. Sus relaciones son para nosotros tanto más preciosas cuanto que, a lo que parece, esos personajes eran los archiveros adscritos al Palacio y al Templo y habían de tener acceso a informes de primera mano sobre los sucesos que nos describen.

Entre estos relatos hay uno, especialmente, que se distingue por la abundancia del detalle y la claridad de la exposición. Es obra de uno de los archiveros de Entemena y relata la restauración del foso que formaba la frontera entre los territorios de Lagash y de Umma, destruido en el curso de una guerra anterior entre ambas ciudades. El escriba, preocupado por exponer y describir la perspectiva en la que se inscribe el acontecimiento, ha juzgado necesario evocar el fondo político de la cuestión. Sin extenderse demasiado, como ya puede suponerse, nos informa de ciertos episodios notables de la lucha entre Lagash y Umma, remontándose a la época más lejana sobre la que posee informes, es decir, la correspondiente al reinado de Mesilim, rey de Kish y soberano de Sumer, hacia el año 2600a. de J. C.

A despecho de esta loable intención, hay que comprobar, sin embargo, que su relato anda muy lejos de presentar el carácter objetivo que cabría esperar de un historiador. Al contrario, todos sus esfuerzos consisten en hacer encuadrar el desarrollo sucesivo de los acontecimientos dentro de la explicación que les impone a priori su concepto teocrático del mundo. De ahí el estilo literario originalísimo de esta historia donde se entremezclan inextricablemente las hazañas de los hombres y de los dioses. De ahí también la dificultad con que nos encontramos de poder separar los acontecimientos históricos reales de su contexto fabuloso. Por consiguiente, el historiador moderno no debe utilizar esta clase de documentos más que con grandísima prudencia, completando las indicaciones que le dan y cotejándolas con los datos proporcionados por otra parte.

A título de ejemplo, he aquí lo que se puede utilizar, en cuanto a historia política sumeria, del texto de nuestro archivero, una vez despojado de su ganga teológica y de la fraseología politeísta de su autor:

En la época en que Mesilim, rey de Kish, reinaba, al menos de nombre, en todo el país de Sumer, surgió una disputa por cuestión de fronteras entre las ciudades-Estados de Lagash y Umma. Como soberano común a ambas ciudades, Mesilim se erigió en arbitro del conflicto y, de acuerdo con el oráculo emitido por Satarán (el dios encargado de arreglar las desavenencias), delimitó la frontera entre los dos Estados y erigió una estela conmemorativa para marcar su trazado y evitar nuevos litigios.

La decisión, que, indudablemente, fue aceptada por ambas partes, parece haber favorecido algo a Lagash. Pero, algún tiempo después (no se precisa la época, aunque, según ciertas indicaciones, podría situarse poco antes de que Ur-Nanshe fundase su dinastía), Ush, ishakku [1] de Umma, quebrantó los términos del acuerdo, rompió la estela de Mesilim y, atravesando la frontera, se apoderó del Guedinna, territorio perteneciente a Lagash.

Esta comarca quedó en manos de las gentes de Umma hasta la época de Eannatum, nieto de Ur-Nanshe. Este jefe militar, que se había vuelto muy poderoso después de sus conquistas, consiguió, durante un breve período, tomar el título de rey de Kish y reivindicar la soberanía del territorio entero de Sumer para sí. Atacó y venció a los ummaítas, impuso un nuevo tratado fronterizo a Enakalli, que entonces era el ishakku de Umma, hizo abrir un foso paralelo a la nueva frontera, con el objeto de dejar asegurada la fertilidad de Guedinna, y luego, para que perdurase el recuerdo de lo hecho, ordenó restaurar la antigua estela de Mesilim e hizo que se erigieran otras estelas con su propio nombre. Además, hizo construir en sus proximidades buen número de edificios y santuarios que dedicó a los grandes dioses sumerios, y, finalmente, con objeto de suprimir de una vez para siempre toda posibilidad de que surgieran nuevos conflictos, dejó en barbecho, a lo largo del foso-frontera y en territorio ummaíta, una franja de tierra considerada como tierra de nadie.

Sin embargo, más adelante, Eannatum, deseoso de congraciarse hasta donde fuera posible los sentimientos de los ummaítas, en un momento en que se proponía extender sus conquistas en otras direcciones, les permitió que cultivaran los campos situados en el Guedinna, y aun más al sur. No obstante, impuso una condición: que los ummaítas entregarían a los dirigentes de Lagash una parte de la cosecha en compensación al usufructo concedido, cosa con la que se aseguraba no sólo para sí, sino para sus sucesores incluso, unos ingresos considerables.

Hasta aquí, el archivero de Entemena no trata más que de acontecimientos pretéritos. Pero, a continuación, los que evoca le son contemporáneos, y hasta parece muy probable que él mismo haya sido testigo de ellos.

A pesar de la aplastante victoria de Eannatum, bastó el paso de una sola generación para que los ummaítas volvieran a cobrar confianza en sí mismos, ya que no recobrar su poderío de antaño. Su jefe, Ur-Lumma, repudió el tratado vejatorio concluido con Lagash y se negó a satisfacer el impuesto exigido por Eannatum a Umma. Por si ello fuera poco, hizo desecar el foso-frontera, rompió e incendió las estelas cuyas inscripciones le irritaban, y hasta llegó en su furor a destruir los edificios y los santuarios que Eannatum había erigido para consagrar la línea de demarcación. Estaba decidido a cruzar la frontera y a penetrar en el Guedinna, y, para asegurarse de la victoria, buscó y consiguió la ayuda militar del soberano extranjero que a la sazón reinaba en el norte de Sumer.

Los dos ejércitos se enfrentaron en las proximidades de la frontera; los ummaítas y sus aliados, mandados por Ur-Lumma en persona, y los lagashitas, mandados por Entemena, cuyo padre Eannatum, el soberano de Lagash en aquella época, debía ser demasiado viejo para tamaños menesteres. Los lagashitas salieron victoriosos de la contienda. Ur-Lumma huyó, perseguido de cerca por Entemena, y una gran parte de sus tropas cayeron en una celada que les habían tendido sus enemigos y fueron destrozadas.

Pero la victoria de Entemena fue efímera. Después de la derrota e indudable muerte de Ur-Lumma, apareció un nuevo enemigo en la persona de Il, el sanga [2] de Zabalam, ciudad situada en los límites septentrionales de Umma. Personaje de habilísima táctica, Il había esperado a que sonase su hora y había sabido escoger el momento en que Entemena se hallaba luchando a brazo partido con su adversario para intervenir él. En cuanto se hubo terminado la batalla entre lagashitas y ummaítas, Il atacó al victorioso Entemena, tuvo un buen éxito inicial y penetró profundamente en los territorios de Lagash.

Incapaz luego de mantener sus conquistas al sur de la frontera que separaba Umma de Lagash, consiguió, sin embargo, hacerse nombrar ishakku de Umma. Desde entonces manifestó respecto a las reivindicaciones de Lagash, poco más o menos, el mismo menosprecio que su antecesor. Vació el foso-frontera, indispensable para el riego de los campos y huertas vecinos, y se contentó con pagar sólo una fracción del tributo impuesto a Umma por el antiguo tratado de Eannatum. Cuando Entemena le envió sus mensajeros para exigir una explicación, Il respondió con gran arrogancia reivindicando todo el territorio como su propio feudo.

Este conflicto no se resolvió por las armas. Parece que, finalmente, se impuso un compromiso a las partes en litigio por medio de un tercero, probablemente el soberano del Norte. En resumidas cuentas, la decisión parece que favoreció a Lagash, ya que el viejo trazado de Mesilim y Eannatum fue el que quedó como frontera entre Umma y Lagash. Pero, por otra parte, no se hace mención de ninguna contrapartida que los ummaítas tuvieran que hacer efectiva para saldar las deudas que no habían pagado antes a Lagash. Tampoco parece que, de entonces en adelante, se les haya seguido haciendo responsables del aprovisionamiento de aguas del Guedinna. Esta obligación fue devuelta a cargo de los lagashitas.

Estos acontecimientos históricos, que marcan la lucha por la supremacía entre Lagash y Umma, no se desprenden fácilmente del texto, sino que sólo se nos aparecen con todo su significado después de varias lecturas meticulosas y atentas, y aun así, es necesario leer entre líneas y proceder luego por deducción. Al leer la traducción literal que sigue, uno podrá darse cuenta del tratamiento a que hay que someter semejante documento para recuperar lo que puedan contener de realmente histórico esas curiosas historiografías y «crónicas» sumerias.

«Enlil, rey de todos los países, padre de todos los dioses, en su decreto inquebrantable había delimitado la frontera entre Ningirsu y Shara [4] Mesilim, rey de Kish, la trazó bajo la inspiración del dios Satarán y erigió una estela en ese lugar. Pero Ush, el ishakku de Umma, violando a la vez la decisión divina y la promesa humana, arrancó la estela de la frontera y penetró en la llanura de Lagash.»

«Entonces, Ningirsu, el campeón de Enlil, siguiendo las indicaciones de este último, declaró la guerra a las gentes de Umma. Por orden de Enlil, lanzó sobre ellas la Gran Red y amontonó en la llanura, aquí, allá y acullá, sus esqueletos (?). Después de lo cual, Eannatum, ishakku de Lagash, tío de Entemena, el ishakku de Lagash, delimitó incontinenti la frontera de acuerdo con Enakalli, el ishakku de Umma; hizo pasar el foso del canal de Idnun a la llanura de Guedinna; a lo largo de este foso colocó varias estelas inscritas; volvió a colocar en su lugar la estela de Mesilim. Pero ce abstuvo de penetrar en la llanura de Umma. Edificó entonces en este lugar la Imdubba de Ningirsu, el Namnunda-kigarra, así como la capilla de Enlil, la capilla de Ninhursag, la capilla de Ningirsu y la capilla de Utu.»

«Además, a consecuencia de la delimitación de fronteras, los ummaítas pudieron comer la cebada de la diosa Nanshe y la cebada de Ningirsu, hasta un total de un karu por cada ummaíta y a título de interés únicamente. Eannatum les impuso un tributo y, de esta manera, se procuró unos ingresos de 144.000 karus grandes.»

«Como quiera que esta cebada no fue entregada; que Ur-Lumma, el ishakku de Umma, había privado de agua el foso-frontera de Ningirsu y el foso-frontera de Nanshe; que había arrancado y quemado las estelas; que había destruido los santuarios de los dioses, en otro tiempo erigidos en el Namnunda-kigarra; obtenido la ayuda de países extranjeros; y, finalmente, cruzado el foso-frontera de Ningirsu, Enannatum combatió contra él en el Ganaugigga, donde se encuentran los campos y las huertas de Ningirsu, y Entemena, el hijo bienamado de Enannatum, le derrotó. Ur-Lumma entonces huyó, mientras Entemena perseguía las fuerzas ummaítas hasta la misma Umma; además, aniquiló (?) el cuerpo de élite de Ur-Lumma, formado por un total de 60 soldados, a orillas del canal de Lumma-girnunta. En cuanto a los guerreros de Umma, Entemena abandonó sus cadáveres en la llanura, sin darles sepultura, para que fueran devorados por las aves y las fieras, y amontonó sus esqueletos (?) en cinco lugares distintos.»

«En aquellos días, Il, gran sacerdote de Zabalam, asolaba (?) el país, desde Girsu hasta Umma. Il se arrogó el título de ishakku de Umma, quitó el agua del foso-frontera de Ningirsu, del foso-frontera de Nanseh, del Imdubba de Ningirsu, de la tierra arable que forma parte de las tierras de Girsu y que se extiende hacia el Tigris, y del Namnunda-kigarra de Ninhursag; además, no entregó más que 3.600 karus de cebada de la debida a Lagash. Y cuando Entemena, el ishakku de Lagash, hubo enviado varias veces sus mensajeros a Il, a causa de ese foso-frontera, Il, el ishakku de Umma, el saqueador de campos y haciendas, el portador de mala fe, declaró: «El foso-frontera de Ningirsu y el foso-frontera de Nanshe son míos.» Y, en verdad, llegó a añadir: «Yo ejerceré mi autoridad desde el Antasurra hasta el templo de Dimgal-Abzu.» Sin embargo, ni Enlil ni Ninhursag le concedieron esto.»

«Entemena, el ishakku de Lagash, cuyo nombre había sido proclamado por Ningirsu,  cavó, pues, este foso-frontera, desde el Tigris hasta el canal de Idnun, de acuerdo con la prescripción de Enlil, de acuerdo con la prescripción de Ningirsu, de acuerdo con la prescripción de Nanshe, y lo restauró para su bienamado rey Ningirsu y su bienamada reina Nanshe, después de haber construido en ladrillos los cimientos del Namnunda-kigarra.»

«Que Shulutula, dios personal de Entemena, el ishakku de Lagash, a quien Enlil ha dado el cetro, a quien Enki ha dado la sabiduría, hacia quien Nanshe se ha sentido atraída en su corazón, él, el gran ishakku de Ningirsu, el hombre que ha recibido la palabra de los dioses, pueda avanzar e interceder por la vía de Entemena, ante Ningirsu y Nanshe, por los siglos de los siglos.»

«Al ummaíta que, en cualquier momento del porvenir, se atreva a cruzar el foso-frontera de Ningirsu y el foso-frontera de Nanshe con el objeto de apoderarse por la fuerza de los campos y de las haciendas, tanto si se trata en realidad de un ummaíta como si se trata de un extranjero, que Enlil lo aniquile; que Ningirsu, habiéndolo cogido en las mallas de su Gran Red, haga pesar sobre él su mano poderosa y su pie poderoso; ¡que sus súbditos, sublevados contra él, lo derriben en el centro de su propia ciudad!»

Este texto, de un interés tan excepcional, ha sido descubierto, inscrito en términos prácticamente idénticos, en dos cilindros de arcilla. Uno de estos cilindros fue excavado cerca de Tello (actual nombre de la antigua Lagash) en 1895 y, a continuación, copiado y traducido por el célebre François Thureau-Dangin, cuya personalidad ha dominado la asiriología durante casi medio siglo. El segundo de estos cilindros pertenece a la Yale Babilonian Collection, cuya institución se la procuró por medio de un anticuario. Su texto fue publicado en 1920 por J. B. Nies y C. E. Keiser, en su libro Historical, Religious and Economic Texis. En 1926 se publicó, a propósito de este documento, un notable artículo del eminente sumerólogo Arno Poebel, el cual iba acompañado de un estudio detallado de su estilo y de su contenido. Es principalmente en este trabajo en el que se basan mis análisis y mi propia traducción.

Por Samuel N. Kramer


[1] Ishakku era un título a la vez religioso y civil; era, como si dijéramos, el príncipe-pontífice, o sea, el más importante magistrado de la ciudad, a la que gobernaba bajo la autoridad inmediata de los dioses; ver el comienzo del capítulo VII (N. de J. H., M. M. y P. S.)
[2] El sanga era el administrador en jefe de uno o varios templos. (N. de J. H., M. M. y P. S.)
[3] Ningirsu era el dios-patrón de Lagash, y Shara el de Umma; cada uno de estos dioses representa aquí a su propia ciudad. (N. de J. H., M. M. y P. S.)


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En Sumer nació el primer reloj

Reloj de Agua
Reloj de Agua

El primer instrumento utilizado para medir el tiempo fue el Reloj de Agua. Fue inventado alrededor del año 3500 a.C. por los sumerios, con el fin de determinar el momento adecuado para cosechar, para sembrar y más tarde para controlar el tiempo de trabajo de los obreros contratados para la construcción de obras públicas.

Constaba de dos vasijas, una de las cuales contenía un orificio por donde fluía el agua hacia el otro recipiente. Las horas estaban marcadas en las paredes de la vasija en la que caía el líquido. Este dispositivo fue adoptado en Grecia bajo el nombre de Clepsidra (del griego kleptein, ‘robar’, e hydro, ‘agua’). En la antigua Atenas se empleaban clepsidras para regular la duración de los discursos y de los alegatos en los tribunales.

Reloj de Arena.
Reloj de Arena.

Después del Reloj de Agua, se inventó el Reloj de Arena.

Reloj de Sol
Reloj de Sol

Posteriormente, alrededor del año 2000 a.C., los sabios de la región de la Mesopotamia, en su afán de estudiar minuciosamente el movimiento de los astros, perfeccionan los instrumentos empleados para medir el tiempo e inventan el Reloj de Sol, que fue adoptado por los griegos bajo el nombre de ¨gnomon¨ (que significa ¨columna¨ en griego antiguo) y más tarde por los romanos. Su uso se extendió hasta el siglo IX, fecha en la cual los árabes inventaron el Reloj Mecánico.


Reloj Mecánico.
Reloj Mecánico.

Por Samira Adbel Masih
Con información de Alta Política

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