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La catedral donde descansan los restos de los tres Reyes Magos

Hace algo más de siete siglos, el mercader veneciano Marco Polo narró en su libro de viajes que en la ciudad persa de Sava estaban enterrados Baltasar, Gaspar y Melchor. A lo largo de dos capítulos describe las tradiciones locales relacionadas a los Reyes Magos y el sitio en el que encontró sus tumbas: «…están enterrados en tres grandes y magníficos sepulcros. Encima de los cenotafios hay un templete cuadrado, muy bien labrado. Estos sepulcros se hallan el uno junto al otro. Los cuerpos de los Reyes están intactos, con sus barbas y sus cabellos». El viajero también afirma que Sava fue el lugar de donde partieron siguiendo la estrella de Belén.



La ciudad que visitó Marco Polo actualmente se llama Saveh y se encuentra en Irán. No quedan allí vestigios de aquellas tumbas pero, de haber existido, es probable que, a mediados del siglo XIII, el veneciano en realidad se haya topado con los sepulcros de sacerdotes del zoroastrismo. También pudo simplemente haber inventado la historia para darle algo más de color a tan colorido relato. O quizás realmente se topó con la tumba de los Reyes de Oriente, tal vez los intactos cuerpos descritos fueran en realidad grabados o parte de algún tipo de monumento funerario. Porque para entonces los restos ya llevaban un siglo en Colonia.

LA CATEDRAL MEDIEVAL DE COLONIA

Colonia es la cuarta ciudad más poblada de Alemania así que no es un pequeño pueblo. Y sin embargo, a 770 años del inicio de su construcción, la catedral medieval es el segundo edificio más alto. Destaca desde casi cualquier rincón de la ciudad y es por eso que siempre ha sido no sólo un símbolo sino también una referencia geográfica, como lo fue para las tropas francesas que tomaron Colonia en 1794.

La catedral de Colonia es una de las catedrales católicas más grandes del planeta, allí todo es superlativo. Entre la inmensidad y la quietud, cualquier despistado viajero podría llegar a agobiarse y olvidar el por qué de tal impresionante estructura.

EL RELICARIO DE LOS TRES REYES DE ORIENTE

La respuesta no está oculta, no es un secreto ni una diminuta reliquia en alguna cajita de cristal. Está detrás del altar mayor, en una zona accesible sólo de a ratos. Es un relicario grande, pesado, cubierto de oro y adornado con detalladas figuras de apóstoles y escenas de la vida de Cristo. Es una obra tan hermosa que parece haber sido hecha para un rey. O mejor, para tres reyes. Es que la Catedral de Colonia, Alemania, es el lugar de descanso final de los Tres Reyes Magos.

Antes de Colonia, los restos de los Reyes Magos estaban en Milán. Pero es dificultoso rastrear cómo es que un tesoro tan importante para el cristianismo llegó allí desde algún punto de Oriente Medio. La teoría más aceptada señala como responsable a la emperatriz romana Elena. Su hijo fue Constantino el Grande, emperador que legalizó el cristianismo en 313 y fundó la actual Estambul, ciudad que por entonces llevaba un nombre que honraba al soberano: Constantinopla.

Constantino no sólo era tolerante sino que sentía cierta fascinación por el naciente credo, fue por eso que envió a su madre en busca de las primeras reliquias del cristianismo. En sus dos años de viaje Elena mandó a construir templos y monasterios, entre ellos la Iglesia de la Natividad en Belén, pero también se dedicó a rastrear tesoros. La tradición afirma que Elena efectivamente logró importantes descubrimientos, entre ellos la cruz verdadera, en la que había sido crucificado Cristo, y también los restos de los Reyes Magos. Es posible que el hallazgo haya sido en la misma Sava que visitó mil años más tarde Marco Polo.

LOS VIAJES DE LAS RELIQUIAS

Las reliquias fueron enviadas alrededor del año 330 a Constantinopla, ya por entonces capital del Imperio Romano, pero no es fácil determinar cuánto tiempo permanecieron allí. Algunas versiones afirman que no fue mucho, ya que apenas catorce años más tarde fueron donadas por el emperador a San Eustorgio, arzobispo de Milán, quien las trasladó a esa ciudad. A partir de entonces los restos de Melchor, Baltasar y Gaspar permanecieron en la basílica que construyó el mismo San Eustorgio y que hoy lleva su nombre.



A media tarde la catedral ya está repleta de turistas, de cámaras, de flahes, de guías, de clicks, de selfies. En las puertas hay personal de seguridad que revisa mochilas y bolsos, pero también hay vendedores y limosneros que se mezclan con los participantes de una manifestación política frente al edificio. Hay gente, mucha gente. Y ya no se perciben ni las dimensiones ni los detalles de tamaña construcción. Si la mañana temprana es el horario ideal para visitar el interior de la catedral, la tarde es el momento de alejarse y tener una visión más general.

La exclusiva y excluyente razón de la opulencia de la catedral es aquel dorado relicario algo oculto detrás del altar mayor. Consiste en tres sarcófagos que forman una suerte de pirámide y está cubierto de oro, plata y numerosas piedras preciosas. Pesa 350 kilos y mide 2.20 metros de largo y 1.50 de alto. Ni siquiera la enormidad del edificio lo hace ver pequeño. Brilla como la más hermosa joya, reflejando las luces de algún flash y de las cámaras que no logran captar los intrincados detalles. Es una obra tan compleja que se necesitaron casi 45 años para terminarla. Fue recién en 1225. A partir de entonces se planificó una catedral acorde al tesoro que debía resguardar y con suficiente capacidad para albergar a los miles de peregrinos que querrían verlo. La construcción comenzó 23 años más tarde y se extendería por más de seis siglos.

En Milán aún extrañan tanto a los Reyes Magos que la Basílica de San Eustorgio conserva en la punta del campanario una estrella en lugar de la tradicional cruz. En el interior de la iglesia hay un sarcófago romano de mármol vacío desde que Federico Barbarroja, emperador del Sacro Imperio Romano, invadió y saqueó Milán en 1164. La última parte del largo andar de los restos es probablemente el único dato histórico certero y fidedigno de todo el recorrido: Barbarroja regaló las reliquias a Reinaldo de Dassel, uno de sus consejeros más cercanos y arzobispo de Colonia, quien las llevó al sitio en el que permanecen hasta hoy. A partir de entonces el escudo de la ciudad exhibe en su parte superior tres coronas doradas.



¿Pero qué certeza hay de que los tres Reyes Magos, aquellos que alguna vez siguieron una estrella desde Oriente y que hoy visitan nuestras casas a bordo de sus camellos, están realmente en Alemania? A mediados del siglo XIX se abrió el relicario y se encontraron huesos que correspondían a los restos de tres hombres. Ese es un comienzo. Lo cierto es que el relato bíblico no ofrece demasiados detalles sobre estos misteriosos hombres: no dice que fueran reyes, ni que fueran tres, ni sus nombres, ni sus orígenes, y tampoco que fueran magos, al menos no como sinónimo de hechiceros. Si la tradición les ha dado rostro e identidad a aquellos viajeros hasta el punto tal que hoy los niños cantan en las calles disfrazados de Reyes Magos, la misma tradición bien puede colocar su descanso final en Colonia. Misma tradición que hace que cada 5 de enero haya algo de pasto y un poco de agua en algún lugar de la casa.

Con información de  Infobae

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Las tres figuras de los Reyes Magos

Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico.

El oro honra la realeza de Jesús; el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura.



Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. Mt 2,1-12). Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes.

Contemplando esta escena , estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor.

Por el Papa Francisco

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Los Reyes de Oriente

Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.

10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

(Mateo 2 9,11)


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Los reyes magos de oriente

Y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño…



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Los Reyes Magos

Viaje de uno de los Reyes Magos - James Jacques Joseph Tissot
Viaje de uno de los Reyes Magos – James Jacques Joseph Tissot

LOS REYES MAGOS

Todos sabemos la historia de los Reyes Magos, pero nuestro conocimiento de ellos es escaso, ya que procede de la exigua información que sobre los mismos nos aporta el Evangelio de San Mateo. Sin embargo, estas figuras aparecen muy claras en el saber popular, ello se debe al proceso de definición y caracterizaciones que sufrieron a lo largo de la Edad Media, y que ha sido definitivo a la hora de llegar hasta nosotros.

Mucho se ha teorizado acerca de la existencia o no y del origen de estos hombres. Para algunos estudiosos fueron originarios de Hamadán, ciudad al sur del mar Caspio, que con anterioridad se conoció como Ecbatana de los Magos, pues tenía fama de ser un importante centro de formación de sacerdotes, interpretadores de sueños y astrólogos. Para otros, no son sino una licencia literaria del evangelista, que de esta manera manifestaba, que el mensaje salvador de Cristo se dio para todos los hombres y no sólo para los judíos. Quizás esta característica universal, es lo que hizo que pronto disfrutasen de una gran devoción entre el pueblo cristiano.

Volviendo al carácter mágico de estos personajes, Mateo nos narra como llegaron a Belén de Judea unos magusàioi venidos de Oriente en busca del “Rey de los Judíos”. Efectivamente, la tradición cristiana siempre ha mantenido un mínimo de turbación ante los Magos. Pues bien, según Cardini, los magusàioi eran adivinos y astrólogos de origen caldeo, es decir, del área sirio-mesopotámica, y para Judea, Caldea estaba sin duda al este. Pero la palabra magusàioi, era un término semicorrupto, procedente del persa mogû o magû a través del arameo magusha, utilizado para designar a los charlatanes que de algún modo practicaban la antigua ciencia de los Magû, tribu meda seguidora de Zaratustra que poseía el monopolio de los rituales y las prácticas de carácter mágico, astrológico y adivinatorio en el mundo mazdeísta persa.



Una interpretación más restrictiva propone que, ya durante el Imperio persa aqueménida los “Magos”, condenados en el siglo VI a.C. por el gran rey Jerjes debido a sus prácticas de culto “daívico” (es decir, el sistema míticoreligioso prezoroástrico), se habrían esparcido por toda Caldea, degradando al nivel de charlatanería y brujería su ciencia originariamente sacra.

Otro de los aspectos que conviene tratar es el número. En los primeros siglos del cristianismo y dada la ausencia de información en este sentido, este fluctuó entre dos y varias docenas según podemos contemplar en algunas obras tardorromanas. En el siglo III d.C. se les confirió carácter real, seguramente para oscurecer su condición de magos, ya que en la práctica la magia estaba prohibida en la Biblia. Estas características y algo tan destacado como sus nombres aparecen claramente expresados y recogidos por vez primera en un evangelio apócrifo, no admitido por la Iglesia, el Evangelio Armenio de la Infancia de Jesús, redactado en el siglo VI d.C. y en el que se dice; Los reyes magos eran tres: Melkón, el primero, que reinaba sobre los persas; después Gaspar, que reinaba sobre los indios; y el tercero, Baltasar, que tenía en posesión el país de los árabes.

Resulta curioso, pero estos aspectos aparecen claramente definidos ya en el famoso mosaico bizantino de San Apolinar Nuovo (Rávena, Italia), realizado en el año 520 d.C., en el que se representa a los Tres Magos, vestidos a la usanza persa, portando diferentes edades y presentes, bajo un encabezamiento en el que aparecen sus nombres actuales. Pero la devoción y espiritualidad en torno a los mismos siguió creciendo más allá de los primeros siglos medievales.

El famoso monje Beda el Venerable (673-735), se hacía eco en uno de sus escritos del sentido de las edades y de los presentes de los Magos de Oriente. Melchor, el más anciano, portaba oro, pues Jesús era rey. Gaspar, hombre maduro, incienso, pues también era Dios. Baltasar, en plena juventud, mirra, pues Cristo habría de morir joven. Sus edades, las tres del hombre: juventud, madurez y vejez, significaban que cualquier momento de la vida era bueno para postrarse ante Dios.

La determinación de sus razas fue posterior. Como podemos observar en el famoso mosaico de Rávena, los tres son blancos pero para el siglo XV, momento en el que aparece el rey negro, ya están presentes las tres razas conocidas a fines de la Edad Media: los europeos representados por Melchor, los asiáticos por Gaspar y los africanos por Baltasar. De este modo se transmitía una vez más la universalidad del mensaje de Cristo, que no distinguía edades o razas.

En la tabla de Andrea Mantenga La Adoración de los Magos de 1460, se representa un “rey mago” arrodillado, con unas características somáticas indudablemente africanas y unos rasgos que, más que al África negra, parecen remitirnos a Nubia, Eritrea o Etiopía. En la iconografía de los Magos, del siglo XIII en adelante, aparece con mayor frecuencia un rey con fisonomía “mora”. Una vez definidas, el fervor por estas tres figuras no hizo sino crecer a lo largo de todo el Medioevo, hasta el punto de que el tema de la Adoración de los Magos, fue el más representado en el arte, junto con el tema de la Natividad. 

Al aumento de esto contribuyó sin duda la aparición de los restos de los Magos. En el siglo IX, el clero de Milán deseoso seguramente de prestigiar su diócesis, anunció solemnemente que poseía las reliquias. Sus restos se hallaban depositados en un sarcófago que se encontraba en la iglesia de San Eustorgio. En Milán descansaron hasta el año 1164, cuando el emperador Federico Barbarroja saqueó la ciudad. En el transcurso del expolio, su archicanciller, que era a la par arzobispo de Colonia, tomó las reliquias y las trasladó a su ciudad, donde en el siglo XIII se levantó una catedral denominada de los Tres Reyes de Colonia, en la que fueron depositados los cuerpos.



Por último, señalar que la Iglesia colocó su fiesta el día 6 de enero, denominándolo Epifanía, palabra griega que significa, llegada del rey a la ciudad o manifestación de Dios. En el siglo V d. C. ya se celebraba esta fiesta entre la Iglesia de Occidente y aunque la costumbre de que los Tres Reyes Magos traigan regalos a los fieles es propia del siglo XIX, lo cierto es que siempre, desde los tiempos de Roma, hubo presentes en esta fecha. Parece ser que esto se debe a las strenae o ramas de laurel u olivo que los romanos daban a sus amigos en honor de la diosa de la salud Strenia, por el Año Nuevo.

Por Estrella Rodríguez Gallar

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Los Reyes Magos por Estrella Rodríguez Gallar se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://paginasarabes.com/2014/12/26/los-reyes-magos/.