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Estado Islámico declama ¡Vuelvan a casa!

Abu Bakr al Baghdadi, el nuevo Bin Laden
Abu Bakr al Baghdadi, el nuevo Bin Laden

La maquinaria de propaganda del terrorismo yihadista también se ha puesto en marcha en relación a la crisis de inmigrantes y refugiados que azota a Europa e insiste con publicaciones y videos en Internet donde Estado Islámico advierte sobre los riesgos de marcharse de la tierra del Islam.

Después de la publicación en el portal yihadista Dabig de la tristemente célebre foto del pequeño kurdo Aylan sin vida sobre una playa de Turquía, acompañada por la frase «la amenaza de abandonar la Casa del Islam», ahora un video circula en sitios vinculados a Estado Islámico -detectado por el monitorio del sitio Wikilao- en el que se insta a los refugiados a regresar a sus países de origen.

La película está dirigida «a todos los refugiados de las tierras de las Coalición Cristiana» y describe la odisea de los musulmanes que buscan abrir puertas en Europa, mezclando imágenes de los inmigrantes rechazados y arrestados en el frente de los Balcanes o los que sobreviven en penosos rescates en el mar Mediterráneo. En una parte de la filmación se observa uno de los muchos rescates hechos en el mar y se muestra un gran logo de la Armada Italiana.

«Golpearon a mi marido, yo no quiero que lo sigan castigando», dice una mujer en la filmación. También un niño ensaya una queja: «estamos aquí hace tres días en el sol sin comida ni agua y sin que ellos no digan nada», en referencia a los occidentales de algún país donde espera ingresar con su familia. «Nos tratan como impuros», dice otro, que acota sobre cómo fueron maltratados en Turquía y también en Grecia. Todo apunta a desalentar el intento de radicarse en zonas no islámicas.

«Me han tratado muy mal en Grecia, también en Serbia, pero lo peor es el maltrato que recibimos en Hungría. Nos mintieron diciendo que si no nos dejábamos tomar huellas dactilares no íbamos a poder viajar a Budapest, pero en realidad somos prisioneros aquí y no podemos ir a ninguna parte, ni siquiera a Alemania», cuenta otro musulmán frente a la cámara, desilusionado y abatido.

Después del tercer minuto interviene, al parecer, el mismísimo Bakr Al Baghdadi, el autoproclamado Califa. La voz del líder de Estado Islámico se la escucha con tonos tristes.

«Nuestros corazones -dice- están rotos. Dejaron sus hogares y sus países, usted ahora son refugiados. Pero si vuelven a casa, podrán contar con Dios y el Estado Islámico». «Aquí encontrará la calidez y la seguridad. Están nuestras familias, y vamos a defenderlos a ustedes y a sus pertenencias. Pretendemos su dignidad, su seguridad y su salvación del infierno», agrega el Califa en el video, que llama a no migrar a Occidente. Al Baghdadi insiste tajante: «Los musulmanes entre nosotros vivimos con dignidad, estamos bien económicamente y vivimos la vida familiar y laboral bajo el paraguas de la Sharia, gracias a Dios». «Ustedes tienen que confiar en Dios y en Estado Islámico», subraya.

Los analistas consultados por Wikilao creen que el video es «parte una sofisticada operación de simpatías lanzado por el Califato, que apunta a «ganar la confianza entre aquellos que se sienten traicionadas sus expectativas de instalarse en Europa», «Podría derivar en la radicalización de esas gentes, que no encontró en Occidente, en tierras cristianas, lo que fueron a buscar», apuntan los entendidos.

Con información de Ansa

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Abu Bakr al-Baghdadi,un agente del Mossad

Transformación del judío Simon Elliott en Abu Bakr Al Baghdadi ©ticovision
Transformación del judío Simon Elliott en Abu Bakr Al Baghdadi

Abu Bakr al-Baghdadi, el llamado «Califa», el jefe de ISIL (Estado Islámico en Irak y el Levante) es, según lo revela Edward Snowden, un judío de nombre Elliot Shimon (hijo de padre y madre judíos). Es un agente operativo del Mossad y entrenado por el mismo. El llamado «Elliot» fue reclutado por el Mossad y  entrenado en el espionaje y la guerra psicológica contra las sociedades árabes e islámicas.

Snowden dijo que “la inteligencia estadounidense, británica y los servicios secretos israelíes, conocidos como Mossad, crearon una organización terrorista (ISIS) capaz de atraer a todos los extremistas del mundo a un sitio, usando una estrategia llamada ‘el nido del avispón’, informó Gulf Daily News.

Documentos de la NSA se refieren a la reciente implementación del ‘nido del avispón’ para proteger a la entidad sionista y crear una religión fanática que incluya eslóganes islámicos y que rechace a cualquier otra religión o confesión.

De acuerdo con documentos publicados por Snowden, «la única solución para la protección del Estado judío es crear un enemigo cerca de sus fronteras». El propósito: llegar al corazón militar y civil de los países que se declaran como una amenaza a Israel con el fin de destruir a facilitar a partir de entonces, la toma de control por el Estado sionista en toda la zona de Oriente Medio con el fin de establecer «Erestz Israel» (Gran Israel).

ISIS inició como supuestos “insurgentes sirios” con el propósito de derrocar al presidente Bashar Al-Assad, el cual con su ejército bien preparado logró detener los planes y arrinconó a ISIS en la ciudad de Alepo, al Norte de Siria, zona fronteriza con Turquía.

Veamos el sermón de presentación del Califa Simon Elliot, conocido como abu Bark Al-Baghdadi «califa Ibrahim»

Primeras palabras en su primer aparición pública en Mosul:

“Exterminar a los cristianos es algo necesario”.

“No hagas acuerdos ni muestres piedad a los cristianos”.

Ese discurso de presentación del «califa Ibrahim», Abu Bark Al-Baghdadi, lo delató.

Estas frases han sido extraídas literalmente del Talmud judío:

“Exterminar a los cristianos es algo necesario”. (Zohar 11, 43 a).

“No hagas acuerdos ni muestres piedad a los cristianos”. (Hilkhpth Akum x, 1).

Pero hay más….solo hay que cambiar «judío» por «buen musulman»

“Los judios siempre deben tratar de engañar a los cristianos”. (Zohar 1, 160 a).

“Un judio que mata a un cristiano no comete pecado, sino que ofrece un sacrificio aceptable a Dios”. (Abhdah Zarah 26 b, Tosephoth).

Edward Snowden indicó que los servicios de inteligencia de tres países, EEUU, Reino Unido e Israel, cooperaron juntos a fin de crear una organización terrorista que sea capaz de atraer a todos los extremistas del mundo hacia un solo lugar que les interese, dentro de una estrategia bautizada como “el Nido del avispón”.

Las filtraciones han revelado que Abu Bakr el Bagdadi, el líder del EI y autoproclamado “califa”, recibió una formación militar intensiva durante un año entero por parte del Mossad sin contar con varios cursos dirigidos a dominar el discurso de la oratoria y un curso de teología.

Según el periódico Ozgur Gundem, la reunión de Amman se preparó durante un viaje del presidente del gobierno regional del Kurdistán iraquí Masud Barzani a la capital jordana, el 27 de mayo de 2014, y se desarrolló bajo los auspicios de Estados Unidos, Arabia Saudita, Qatar, Israel y Turquía.

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Furia y fanatismo del E.I en Palmira

La antigua ciudad de Palmira en Siria
La antigua ciudad de Palmira en Siria

Cuando los romanos, con base en el canon de la arquitectura clásica, construyeron Palmira, ornaron sus monumentos de forma tal que la vida y la muerte quedaran fundidas y confundidas en la piedra. El huevo y la flecha, adoptados entonces como símbolos de esa dualidad humana, dejaban traslucir el genio de un imperio celoso de su poder, aunque dispuesto a respetar credos y tradiciones ajenas. Política que imitaron los turcos omeyidas a mediados del siglo VII, cuando se toparon con una cuidad en decadencia, pero todavía orgullosa de su pasado esplendor.

No se le ocurrió al sultanato ponerles fuego a sus templos, demoler sus magníficas columnatas, secar sus fuentes o destruir las estatuas que, pese al paso del tiempo, permanecían allí en pie. Dejaron intactas las estructuras de sus fundadores y las presencias bizantinas, con la intención, eso sí, de ponerle ellos también sello distintivo a la llamada «Perla del Desierto». Construyeron un minarte en dirección a La Meca dentro del templo de Bel y, de acuerdo con la tradición oral, el emir Fakhr-al-Din, diez siglos más tarde, mandó erigir un castillo en la colina más alta de la ciudad histórica.

En medio del desierto sirio y a horcajadas de dos imperios, el romano y el persa, Palmira gozó de un estatus especial. Podía ser considerada la puerta de entrada del Mediterráneo, para aquellas caravanas llegadas del Lejano Oriente, o la de salida para los comerciantes que, venidos del Mare Nostrum, tenían como meta la lejana China. Se equivocaría, con todo, quien la identificase con un lugar de tránsito. Sus habitantes eran hombres del desierto muy particulares. Las arenas que los rodeaban no les impidieron construir barcos y lanzarse a navegar el Éufrates hasta el océano Índico.

Dos exploradores británicos -a la vez arquitectos-, Robert Wood y James Dawkins, redescubrieron Palmira para los europeos a través de un libro, ricamente ilustrado, que fue editado en doble volumen en 1753, Las ruinas de Palmira. Esa fascinación que los ingleses encontraron en los desiertos del Cercano Oriente comenzó con aquellos dos curiosos trotamundos londinenses y terminó con Lawrence de Arabia, el mismo que calificó a otra de las joyas arquitectónicas de esas latitudes, el Krak des Chevaliers, como «el más impresionante» castillo del mundo. En 1813, con una túnica del lugar como único vestido y montada en un magnífico caballo árabe, lady Hester Stanhope fue la primera mujer del viejo continente en visitar las ruinas. Sus compatriotas, que llevan la monarquía en las entrañas y han soñado desde la cuna en clave imperial, no tardaron en denominarla «la reina del desierto».

Los árabes o, si se prefiere, los sirios, no necesitaron imitar a los británicos. Tenían en su historia a una reina legendaria, Zenobia, que en el siglo III d.C. se había permitido desafiar a Roma. Tras armar ejército, cruzar Palestina y proclamarse en Egipto la sucesora de Cleopatra, sería derrotada y tomada prisionera por el emperador Aureliano.

La ciudad de las palmeras, que lleva la impronta del barroco helenístico y el estilo árabe local, se halla amenazada ahora por los jihadistas de Estado Islámico (EI), que días pasados hicieron volar el templo de Baalshamin (dios del cielo fenicio) casi por completo. De su parte cerrada –la Calla– y de las columnas que la circundaban nada permaneció en pie.

Late en esta atroz simplificación del islamismo la creencia de que todo arte simbólico resulta una blasfemia enderezada contra las enseñanzas del Profeta y, por tanto, debe desaparecer de la faz de la Tierra. El extremismo que practica EI a expensas de sus enemigos políticos se extiende, por necesidad lógica, al mundo de la cultura. Su militancia, al asumirse en correspondencia con un mandato de sangre divino, explica la razón de que primero asesinaran al curador arqueológico de Palmira y, acto seguido, dinamitaran un templo «sacrílego». Con esta particularidad no siempre reconocida: para ellos las formas demoníacas del arte incluyen tanto las colosales estatuas del Buda como los bajorrelieves asirios; las ciudades romanas como las deidades babilónicas; las fortalezas medievales de las Cruzadas como los cultos «degenerados» del Islam. La enemistad absoluta -para citar la frase de Carl Schmitt– en esto no hace distingos.

Las ruinas tienen la particularidad de que, si se les presta atención, nos cuentan sus secretos milenarios. Si acaso fueran reducidas a escombros, Palmira callaría para siempre.

Por Vicente Massot (Politólogo y ensayista)
Con información de La Nación

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Refugiadas sirias temen por sus bebés

Refugiada siria ©Muhammed Muheisen(AP)
Refugiada siria ©Muhammed Muheisen(AP)

Entre las tiendas del campamento informal para refugiados sirios en Jordania, las mujeres se esfuerzan por cuidar a sus recién nacidos entre tormentas de arena y una pobreza abrumadora.

Más de 4 millones de sirios han huido del país y ahora están registrados como refugiados, según Naciones Unidas. La mayoría afronta circunstancias desesperadas, incluso en campos registrados en Jordania como Zaatari. Pero los que viven en campamentos extraoficiales, como este cerca de la localidad jordana de Mafraq, afrontan duros dilemas como vivir cerca de sus empleos en granjas locales o disfrutar de más libertad.

Muchas de estas mujeres, a las que AP había fotografiado y entrevistado antes en marzo para una historia sobre sus vidas como refugiadas embarazadas. Meses más tarde, el jefe de fotografía de AP para Oriente Medio, Afganistán y Pakistán, Muhammed Muheisen, regresó para ver cómo han cambiado sus vidas desde el nacimiento de sus hijos.

Wadhá Hama, de 22 años y que acaba de dar a luz a su primogénito, Ra’fat, dejó claros los desafíos a los que se enfrentan los refugiados: «El invierno es muy frío, el verano es caluroso y seco. Mi esposo apenas trabaja, y algunas de las decisiones que tuvimos que tomar fueron sobre qué es más importante: ¿Comprar pan para alimentarnos o medicinas en caso de que lo necesite mi hijo? Un día de tratamiento para mi bebé que sufría diarrea es como un mes de trabajo para mi marido».

A continuación, algunas historias sobre su sobrevivencia:

UNA TORMENTA DE ARENA REPENTINA

Talia Farhan, de 33 años y nativa de Dará, Siria, dijo que su quinto hijo, Belal, nació entre las tiendas de Mafraq pero tenía buena salud hasta el día en que una tormenta de arena golpeó su campamento.

«Nuestra tienda se nos cayó encima. Tomé a mi recién nacido en brazos y corrí sin rumbo con mis otros hijos hasta que todos nos escondimos en la tienda de un vecino durante dos horas, hasta que se calmó la tormenta», recuerda Farhan. «En esas dos horas no dejamos de llorar, daba mucho miedo. Hasta ahora, todos mis hijos sufren infecciones por el polvo».

Mona Husein, de 33 años y oriunda de Hasaké, en Siria, dio a luz a su hija Zahra, su tercera hija, justo antes de la tormenta.

«Nos quedamos solos. Nadie viene a vernos. Vivimos en la cuneta», dijo Husein. «El día de la tormenta, hace unas semanas, creí que todos íbamos a morir. Abracé a mi hija y no paraba de llorar».

FACTURAS DE MEDICINA

Jalida Musa, de 28 años, que llegó a Mafraq desde los alrededores de la capital siria, Damasco, tuvo hace poco a su hijo Abdulelá, su cuarto hijo.

«Di a luz varios días después de salir de cuentas, y tenía tanto miedo», dijo Musa. «Tuvimos que pedir dinero prestado para que diera a luz, y hasta ahora mi marido no lo ha devuelto. No puede permitírselo».

Fidá Ali, de 18 años y procedente de Ghuta al-Sharquiya, en Siria, dio a luz a su primera hija, Jadija, el 14 de agosto. También teme los gastos médicos.

«Hace dos años salimos de Siria sin nada y hoy no tenemos nada. Ojalá alguien se acercara a nosotros, nos ayudara, nos sacara de la miseria», dijo Ali. «Al día siguiente me desperté preguntándome cómo voy a criar a mi hija en esta tienda. ¿Qué haré si enferma?».

DESESPERACION

Bushra Eidá, de 16 años y también de Ghuta al-Sharquiya, sabía que la vida sería más dura con el nacimiento de su hija Salam, pero sigue sintiéndose decepcionada en este «mundo injusto».

«Antes éramos dos y ahora somos tres», dijo Eidah. «Cuando sólo éramos mi marido y yo, no importaba si dormíamos con hambre, pero ahora tenemos una hija y no sabemos cómo vamos a alimentarla».

A Mahdiya Aljalid, de 36 años y nativa de Hama, Siria, también le preocupaba el futuro cuando se quedó embarazada de su segunda hija, Mariam. Ahora que la niña tiene cuatro meses y medio, esos desafíos parecen aún mayores.

«Somos los que viven fuera de los campos registrados en condiciones miserables», dijo Aljalid. «Mi esposo no tiene trabajo. Todo lo que queremos es que la gente nos ayude y nos preste algo de atención».

Y Huda Alhumaidi, de 30 años y también de Hama, simplemente no sabe qué hacer tras el nacimiento de su séptimo hijo, Islam.

«No tengo palabras, no me quedan palabras». Alhumaidi. «Hemos terminado de quejarnos y de mendigar ayuda. Aquí estamos abandonados».

ESPERANZA INCIERTA HACIA EL FUTURO

Pero no todo está perdido para estas madres que viven en tiendas, como Huda Alsayil de 20 años y procedente de Hama. Tras tener a su primer hijo, Mezwid, pese al temor a complicaciones médicas, Alsayil dice que ahora se siente «completa» por primera vez en meses.

«Tenerle en brazos se siente como el mejor regalo que podría recibir», dijo.

Con información de Telemetro

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El expolio de la guerra siria llega a Córdoba

Juan Pedro Monferrer, catedrático de la Universidad de Córdoba ©Juan Manuel Vacas
Juan Pedro Monferrer, catedrático de la Universidad de Córdoba ©Juan Manuel Vacas

¿Recuerdan esas enormes mazas golpeando los milenarios toros alados en la entrada de la antigua Nínive, en Irak? ¿O las imágenes a cámara lenta de varios hombres destrozando estatuas milenarias en el museo de Mosul? Todas fueron realizadas por los brazos mediáticos del Estado Islámico, el grupo fundamentalista que controla amplias zonas de Irak y Siria. Pero esta fanfarria propagandista, que se vanagloria de la destrucción de los restos previos al Islam, silencia un problema que Oriente Próximo arrastra desde hace siglos y que ha reverdecido con las guerras civiles: el expolio de su patrimonio.

Si la destrucción a martillazos o con dinamita del pasado es una amputación de la historia, no lo es menos el desmembramiento de sus piezas para entregarlas al mejor postor. Uno de estos trofeos ha aterrizado, procedente de Siria y después de un periplo desconocido, en la Universidad de Córdoba. Hace unos meses, un hombre entró en el despacho del catedrático de Estudios Árabes, Juan Pedro Monferrer. Sobre su mesa de trabajo, con dos grandes monitores de ordenador y cubierta por libros, dejó para su estudio una cuartilla de papel. Se trataba de una hoja de un códice médico árabe excepcional, copia del siglo XV o XVI de un texto anterior, escrita en caracteres siriaco-arameos. Uno de los pocos ejemplos que se conocen de este género.

El documento fue escrito con una finalidad práctica. “Consta de un listado de simples [compuestos de un medicamento] y sus aplicaciones clínicas, indicando la afección para la que eran destinadas estas sustancias”, señala Monferrer. El fragmento es de los pocos textos conocidos de este tipo en karshuni (lengua árabe escrita con caracteres siriaco-arameos propia de comunidades cristianas que viven en Siria y Líbano). El experto considera que su valor patrimonial es “enorme”.

La hoja del códice con texto médico en manos del catedrático de la UCO Juan Pedro Monferrer ©UCO
La hoja del códice con texto médico en manos del catedrático de la UCO Juan Pedro Monferrer ©UCO

“Para conocer una fecha más exacta de cuando fue escrito sería imprescindible tener el códice original, pero esto es muy complicado. Es una hoja arrancada y seguramente el códice del que proviene ya no existe. Habrá sido desmembrado”, lamenta el arabista. “Este tipo de expolios se ha dado siempre, incluso antes de la guerra civil siria. Aunque el fenómeno se ha agravado por la contienda”, reconoce el catedrático. Monferrer señala que la búsqueda de lucro en el patrimonio no entiende de culturas ni religiones, y fija su memoria en lo ocurrido en 2003 en Bagdad: “Cuando las tropas de Estados Unidos entraron en la ciudad, muchos soldados fueron directamente al Museo Arqueológico, que estaba desprotegido y abandonado. Una gran cantidad de aquellas piezas llegó a Europa y a EE UU, como ha sucedido ahora con este texto en karshuni que hemos estudiado”.

Que ese legajo haya aparecido en Córdoba y no en otra puede verse también de forma simbólica. La ciudad andaluza fue el centro de la cultura islámica en España. Capital del califato de Al Ándalus en el año 1000, su sofisticada civilización preservó buena parte del saber clásico europeo y difundió por el continente el nuevo conocimiento que transmitió inteligentemente la cultura árabe. “En realidad, del creciente fértil de Siria e Irak nos viene casi todo”, resume Monferrer. “La agricultura, las primeras civilizaciones, las religiones monoteístas, todo. Europa no se entendería sin Oriente Próximo. Y Córdoba tuvo un papel fundamental en aquel momento”, destaca. “Por eso, la destrucción del patrimonio artístico en Siria o Irak es la pérdida de nuestro propio patrimonio. La historia es una cadena continua y la nuestra nos enlaza de forma directa con esa tierra”.

La Unesco estima que el mercado negro de antigüedades genera tanto movimiento de capitales como el tráfico de armas o de drogas. Se comercia no solo con esculturas o elementos arquitectónicos, también con textos que permiten medir el grado de desarrollo de la civilización que los redactaba, copiaba y utilizaba. Pero dado que el mercado negro es opaco, es difícil estimar qué cantidad de textos están saliendo de Siria y otros países árabes en conflicto rumbo a colecciones privadas u otros intereses depredadores. “No podemos cuantificar la cifra, pero nos tememos que es realmente importante”, dice Monferrer. Mientras tanto, el texto que el arabista estudió ha regresado a las sombras del mundo del coleccionismo; ha vuelto a manos de quien pagó por él. Alguien cuya identidad es un secreto.

Por Manuel J. Albert
Con información de El País

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Mad Max y el Estado Islámico

¿Cuál es la diferencia?
¿Cuál es la diferencia?

Yo no sé cuál pueda ser la interpretación correcta de los llamados libros sagrados. Hay muchas. La mayoría de ellas se autoproclaman como verdaderas y únicas. En mi vida no tienen cabida aquellas que quieran controlar mi cuerpo, mi razón o mis sentimientos de culpa: están muy preocupadas por vigilar lo que como en ciertos días, si me visto así o asá, o si ejerzo o no mi sexualidad. Esas me tienen sin cuidado. Hay otras que van más allá. Se quieren meter en las leyes de mi país, forzarme a aceptar sus bases morales. A esas las rechazo profundamente. Las combatiré desde la razón y con mis argumentos. Pero hay otras interpretaciones que me matarían por haber dicho lo que acabo de decir. Quisieran eliminar mi cultura, mi libertad, mi racionalidad. Las hay judías, cristianas o musulmanas. A esas, en especial, les huyo.

El autoproclamado movimiento Estado Islámico es una de esas interpretaciones a las que les tengo terror. Sus asesinatos se cuentan por miles; tiene presencia en Siria, Irak, Jordania, Palestina, Líbano, Chipre, Pakistán, Afganistán y norte del África. Donde meten sus narices dejan una estela de torturas, atentados masivos e indiscriminados, violaciones, feminicidios e infelicidad. Destruyen monumentos y ciudades históricas, arrasan con las culturas locales, prohíben el conocimiento y el suministro de medicamentos. Se financian con petróleo, tráfico de armas, trata de personas, secuestro, contrabando de patrimonio universal. Creen en el terrorismo y en los ataques suicidas como una arma válida para la Yihad (revolución). Combaten de tú a tú contra una Coalición Internacional liderada por los Estados Unidos y hay temor de que puedan hacerse con una bomba nuclear. ¿Quiénes son estos lunáticos? ¿De dónde salieron? ¿Qué ideas los nutren?

El Islam es una religión profunda y compleja y como tal tiene muchos pensadores e interpretaciones. No tengo autoridad para saber cuál de todas las visiones de esa religión sea la apropiada o la verdadera, pero sí sé que los miembros del Estado Islámico buscan, con un arma en la mano, que la de ellos sea la única. Para tal fin, planean fundar un califato sobre todos los territorios que ellos reclaman. No diferencian entre el culto religioso, la historia o la política. No conceden legitimidad a nada que no esté descrito literalmente en el Corán y por lo tanto ignoran cualquier otra forma de gobierno que no emane de su visión de Dios. Se burlan de los derechos humanos, la dignidad humana o la vida misma.

Se nutren, ideológicamente, de varios pensadores del Islam como Ibn Taymiya, un sirio radical que en el siglo XIV luchó con todas sus armas para instaurar una religión pura –según su criterio—, enemiga de un Islam que convivía con el placer, amante del arte, de la matemática, la poesía, la música, la arquitectura, la mística, la ley y la razón. Un Islam constructivo y feliz. Éste señor, en cambio, reclamaba la lapidación por adulterio, la flagelación para los bebedores de vino, la amputación para el ladrón, la crucifixión para los asaltantes de caminos. Ibn Taymiya creía que todos los medios del poder debían ponerse al servicio de la religión. La fe, según él, debía crear combatientes.

Más tarde, en el siglo XVIII, estas ideas fueron reavivadas por Muhammad Ibn ‘Abd al-Wahhab. Este señor fue más allá. Además de radicalizar las enseñanzas de su antecesor, estaba obsesionado con la destrucción de los mausoleos seculares o de santos –exceptuando el del Profeta Muhammad en Medina— y de cualquier vestigio de un Islam gozoso y científico. A ese Islam que sigue sus ideas hoy se le conoce como el wahabismo, una corriente sunita que creció con el apoyo de la tribu de Ibn Saúd, la misma que en 1903 fundó Arabia Saudita. Esas mentes cerradas crearon milicias celosas, policías de la moral, espías contra las malas costumbres, suicidas de la causa. Son la fuente de una ideología elemental, depredadora, irracional y acrítica. Hoy, en esas tierras históricas, las rastros arqueológicos son borrados con cemento: no debe quedar nada que recuerde que hay otras maneras de pensar.

Los petrodólares de los sauditas sostienen esta visión del Islam culpable de guerras civiles, de movimientos como al-Qaeda, de la división del mundo árabe, de una filosofía de castigos corporales, de interpretación literal del Corán, de la anulación de la mujer como ser íntegro, de la promoción de la teocracia como único modo legítimo de gobernar.

Pero la copa que llenó la tasa y que catapultó adefesios como el Estado Islámico fue el pensamiento del paquistaní Abu al-Ala al-Maududi. Murió en 1979 cuando Afganistán era invadido por la Unión Soviética. Su pensamiento era el del Islam militante, xenófobo, antisemita, anti chiita –una vertiente del Islam— y antioccidental; una religión que lucha contra la emancipación de la mujer, que propone el uso de todos los medios de la guerra y la política para restaurar ‘el credo puro’ contra la contaminación que lo estaba ‘debilitando’.

La conjunción de ese Islam wahabita y de las ideas de al-Maududi dio origen a ese movimiento integrista funesto cuyos fanáticos se reproducen en los rincones más apartados del planeta: el Estado Islámico. Un movimiento separado de al-Qaeda y cuyo líder actual es Abu Bakr al-Baghdadi, autoproclamado Califa que exige obediencia de los musulmanes de todo el mundo.

Acabo de ver Mad Max, una nueva versión de una película de mi adolescencia. De pequeño me perturbaba esa historia de seres grotescos, humanos condenados a la sobrevivencia luego de haber destruido el planeta, el arte, la razón, las leyes y la dignidad misma. Ya viejo la tal película me asusta más: hay unos personajes, los llamados ‘niños de la guerra’, que son la milicia de un tirano loco que exige lealtad incondicional. La gran esperanza de esos muchachos es morir como mártires llevándose consigo unos cuantos y entrar al ‘Valhala’, al paraíso.

Pero la realidad supera la ficción: en este momento, en un lugar del mundo, un Califa está ordenando la muerte de otros. Considera que hay que destruir todo para construir un nuevo mundo donde no haya ni ley ni derechos humanos. Sólo terror y venganza. Y lo hace en nombre de un Dios.

Por Mauricio Arroyave (Periodista, autor del blog El Ojo Nuclear)
Con información de La Semana

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Europa: se agudiza la islamofobia

Un manifestante sostiene una pancarta que dice: 'Detener el terror del Islam', durante un acto del grupo 'Patriotas europeos en contra de la izlamización de Occidente', en la ciudad de Colonia, Alemania, poco después del atentado terrorista en París. ©elmeridianodecordoba
Un manifestante sostiene una pancarta que dice: ‘Detener el terror del Islam’, durante un acto del grupo ‘Patriotas europeos en contra de la izlamización de Occidente’, en la ciudad de Colonia, Alemania, poco después del atentado terrorista en París. ©elmeridianodecordoba

París-Berlín. La islamofobia se expande por Europa como respuesta a un Islam radical que el imaginario reciente identifica con el brutal atentado en el que terroristas asesinaron a 12 personas en el semanario Charlie Hebdo, en París. Un accionar que se alimenta del fanatismo, resentimientos y formas en las que cada grupo interpreta sus valores de vida.

La organización que los moviliza lleva el nombre de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente. El fenómeno, que no es reciente, se manifiesta en otros países.

El Frente Nacional acapara el mayor número de votos en Francia con un discurso contrario a la diversidad cultural. Múltiples ataques contra distintos lugares de culto musulmán se desataron en diferentes ciudades de Francia tras el atentado.

Los ataques a las mezquitas se multiplican en Suecia. En un discurso público fuera de lo habitual, el jefe del espionaje interno en Gran Bretaña describió el ataque en París como «un terrible recordatorio» de que algunos «pretenden causarnos daño» y afirmó que la evolución de la amenaza terrorista se ha vuelto más compleja ante los acontecimientos en Siria.

Cisma histórico

Ha sido difícil, históricamente, la integración de las comunidades musulmanas emigrantes a las culturas europeas, al grado de que los partidos de extrema derecha en Reino Unido, Francia, Alemania o Suiza, ganan adeptos que se oponen a la inmigración árabe.

Así mismo, la comunidad musulmana resiente estos golpes de occidente. Argumenta el analista Maximiliano Sbarbi Osuna que el atentado ha puesto a los musulmanes en una posición de incivilizados y que en su mayoría apoyan ataques como el cometido ayer en París. «Nada más lejos de la realidad, dado que diariamente en Libia, Irak, Siria y Yemen sufren las consecuencias del integrismo«, explica.

El experto agregó que la opinión pública occidental se escandalizó con el atroz atentado a Charlie Hebdo, pero hace oídos sordos a la matanza de musulmanes en Medio Oriente, muchas veces perpetrada por grupos armados y entrenados por la OTAN.

Se conoció una encuesta que revelaba que 57% de los alemanes considera el Islam como una amenaza, y 61% ve esta religión como «incompatible con Occidente«, algo alarmante para un país de 81 millones de habitantes, cuya mayor minoría es musulmana, sobre todo procedente de Turquía.

«Para los musulmanes, Alemania es su casa. Pero están confrontados a una imagen negativa que es proyectada por una minoría de islamistas radicales«, advertía la Fundación Bertelsmann, que realizó la investigación.

El Colectivo Contra la Islamofobia en Francia asegura que entre un 70% y un 80% de las denuncias que recibe proceden de ciudadanas, en buena medida por el rechazo que genera el velo que suelen llevar. La Agencia de Derechos Fundamentales realiza un estudio que se centrará en las trabas que encuentran estas mujeres para insertarse en las sociedades europeas.

Pésima imagen 

La decapitación de civiles, la violación masiva de mujeres, la inmolación de adolescentes, la lapidación como castigo por la infidelidad, el papel secundario de la mujeres, por ejemplo como aplican los yihadistas del Estado Islámico, son el reflejo más dantesco de un Islam que termina imponiéndose en la televisión y como referente mundial.

Internet se ha convertido en plataforma para expandir el Islam radical y por ende la islamofobia, al grado de que un millar de musulmanes europeos han sido reclutados por esta vía para convertirse en yihadistas, combatir en Irak y Siria y luego devolverse para hacer la «Guerra Santa«.

¿Qué nuevos panoramas se vislumbrarán tras el crimen múltiple en el semanario parisino? El año 2015 no puede empezar peor para la Europa de las libertades.

Con información de El Meridiano de Córdoba

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