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Badi y el poema del camello Shiak

Por si hiciera falta ejemplificarlo Badi cuenta, como un narrador, uno de los poemas de su hermano, en el que canta a la tierra que hay desde Nuadhibu hasta Tuiserfat, en el Tiris.

“Recorrió el camino, midió las distancias y dejó cantada la geografía del trayecto”, dice resumiéndolo. El poema surgió a partir de un incidente que le ocurrió a su hermano en el territorio que hoy es Mauritania. “Iba montado en su asusal (camello castrado), al que llamaba Shiak. Pasó a su lado un avestruz amaestrada propiedad de un francés y el camello le dio una coz y le rompió una pata. Los franceses metieron en la cárcel al camello y le tuvieron encerrado en una cerca.”

Al tercer día su hermano fue a ver a Shiak y le encontró muy triste, con lágrimas en los ojos; extrañaba su tierra natal del Tiris, la echaba de menos. Entonces a su hermano le surgió la idea de componer un poema, recitarlo para aliviar el dolor al camello. En él cantaba el trayecto que una vez liberado iban a recorrer hasta llegar a su amada tierra del Tiris. Se enumeran los siguientes lugares: Nuadhibu, Bir Gandus, Adam Lefueilas (en el Adrar Sutuf), Imusans, Smul Taima, Lask y finalmente Asnig y Tuiserfat. El poema del asusal triste dice así:



Shiak, detén tus lágrimas, destapa tus oídos, apaga la tristeza y no llores
a Tuiserfat porque vamos ya a su encuentro
Tu ánimo se recobrará cuando veas brillar a lo lejos Lereigib
Si desde Lereigib tú, mi camello, te asomas y miras
Dos días te bastarán para pisar el Adam
Y desde aquí verás el Guir si ladeas la mirada
Si en la mañana sales del Guir, al anochecer estarás descansando en el Frig de Lefueila
Y desde el Adam Lefueila, a un salto de gacela, se encuentra Imuisan al norte
Desde Imuisan la planicie se extiende y al fondo se intuyen las lomas de Taiha
Es la misma distancia, en la misma planicie, que te separa de Galb Lask
Ya estás frente a Teniulek
¡La añoranza de Tuiserfat toca a su fin!
Desde Teniuek no tendrás que preguntar por Asaig, está ahí, lo tienes enfrente
Y desde Asaig es un trote llegar a Tuiserfat. 

Por J. C. Gimeno Martín y  L. M. Pozuelo

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El canto de los Camelleros

Las más antiguas manifestaciones del genio árabe son, literariamente hablando, los cantos de los camelleros. Mientras realizaban sus largos y monótonos viajes a través de los desiertos, componían estrofas al compás del paso de sus cabalgaduras.

Entonaban sus cantos a las princesas de oscuros ojos y al transparente arroyuelo del ansiado oasis; componían vigorosas rimas guerreras que hacían alusión a la dramática lucha por la posesión de los escasos y codiciados pozos de agua. La medida de los versos se ajustaba al paso de los camellos, y éstos parecían marchar mejor al compás de la voz de sus guías. Animados por las canciones, los camellos erguían la cabeza, alargaban el paso y aceleraban la marcha. Y así fue como la literatura árabe nació en el desierto, al crujido de la abrasadora arena y bajo el cálido cielo, creada por hombres mecidos por el vaivén de la marcha de esos animales.



Un camellero solitario, alguien que vendría quien sabe de dónde con un par de camellos tras él. Una cuerda estrecha era su única separación. Y él raras veces miraba atrás. Tan sólo avanzaba… Su túnica color azul destacaba en la grandiosidad anaranjada de un desierto al que le golpeaban severamente los rayos del sol.

Aunque en la actualidad el camello ha perdido gran parte de la importancia que tuvo en épocas pasadas, su área de dispersión coincide, aproximadamente, con la del mundo árabe, así que seguramente se seguirá utilizando.

Volviendo al valor del camello en las amplias zonas desérticas, debemos recordar que su adaptación a este medio se debe, principalmente, a que puede vivir cierto tiempo sin beber, y a que sus pies se hallan provistos de unas amplias carnosidades blandas, las cuales se ensanchan cada vez que echa el paso, haciendo de este modo que pise con firmeza en la arena.

Con información de Escolar

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La ilusión de la libertad

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Evocando el recuerdo de amistades, de esas que se forjan con el sólo interés de la amistad, llega a la mente mi cofrade de preparatoria, el hoy Lic. Nemesio García Naranjo, nieto del abogado, periodista, escritor, historiador, político, catedrático y académico mexicano del mismo nombre.

Resulta que ante el torbellino económico, político, social, cultural, etc., que ya marea a todos mexicanos, es que se recuerda la parábola que le es atribuida al abuelo de mi amigo y que, precisamente, se titula como esta colaboración.

Se dice que en cierta ocasión un árabe cargó excesivamente a su camello, el cual se echó en el suelo y se negó a seguir andando. Vano fue que el árabe azotase al animal; éste siguió echado resuelto a no dar un paso más mientras llevase sobre su joroba aquella insoportable carga.

El dueño del camello se disponía a quitarle algunos fardos, cuando un beduino, extraordinariamente despierto, le hizo la siguiente advertencia: “Si le quitas peso, ya no permitirá, en el futuro, que lo vuelvas a cargar. De tal modo, carga aún más al camello hasta abrumarlo, que sienta una presión formidable y, cuando veas que el camello está ahogándose, casi muriendo, entonces procede a libertarlo del exceso de peso con se estaba asfixiando. El animal sentirá que vuelve a la vida; poco a poco se irá reanimando y esta carga que ahora le parece excesiva, le llegará a parecer liviana. Se levantará ligerísimo y la conducirá con placer.”

El árabe siguió ciegamente las indicaciones del consejero y lo que se previó, se cumplió fielmente. El camello se sintió morir pero, luego, al percibir que ya no tenía encima aquél enorme peso que lo estaba asfixiando, se consideró liberado y caminó, no solamente resignado, sino gozoso.

El dueño del camello le dijo al beduino que su consejo había sido sabio y eficaz pero, al mismo tiempo, brutalmente cruel, al grado de que estuvo a punto de dejar tirada la carga en el desierto y perderlo todo.

La sugerencia final del beduino fue que en lo sucesivo no cargara tanto al animal en los próximos viajes y, por lo pronto, le pidió que viera lo hermosa y contenta que estaba la bestia y que así llegaría hasta el final de su jornada pero que, era preciso que aprendiera la lección: para que tanto bestias como hombres estimen en lo que vale la libertad, se hace necesario que sufran antes la infamia de la opresión.

Así, el beduino se despidió diciendo: “Dices que mi consejo fue cruel y yo, por el contrario, sostengo que le he brindado al camello, la ilusión de la libertad.”

Ah, la ilusión de la libertad… ¿qué es lo que llega a mi mente? ¿la ilusión de la libertad? O será, acaso, la sentencia que sobre la libertad expresa Mahatma Gandhi: “No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna.”…. Es obvio que no la hemos desarrollado.

Por Lic. Francisco Sunderland Álvarez
Con información de AM

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Carreras de camellos con jinetes robots

La tecnología y el deporte son uno mismo hasta en las carreras de los Emiratos Árabes Unidos. En lugar de utilizar niños jinetes (lo cual generó una gran ola de crimen hace varios años), ahora son robots los que se encargan de montar camellos.

Las carreras de camellos datan del siglo VII. ©NYT
Las carreras de camellos datan del siglo VII. ©NYT

Una mañana reciente, no mucho después del amanecer, empezó aquí una carrera de camellos, como todas, con dos comienzos. Primero, la apertura esperada: alrededor de una docena de camellos presionaban la nariz contra una barrera metálica colgante, y cuando un hombre en una destellante túnica blanca dio la señal, levantaron la reja y avanzó la manada, con cuellos que oscilaban de arriba abajo y las jorobas que saltaban mientras las patas larguiruchas galopaban alejándose en la niebla.

Poco después, siguió la segunda oleada. Mientras los camellos corrían a toda velocidad hacia la primera vuelta en la pista Al Wathba, una flotilla de vehículos todo terreno, de cinco a seis de ancho, cambiaron a velocidad y pasaron zumbando tras ellos, siguiendo a los animales en los caminos pavimentados que flanquean ambos lados de la pista de tierra suave. Para los no iniciados, parecía un convoy presidencial en persecución, a baja velocidad, de un montón de beduinos. Para los más familiarizados, era, simplemente, una carrera de camellos, modernizada.

Dentro de uno de los vehículos, Hamad Mohamed observaba la acción desde el asiento del copiloto. Mohamed, quien trabaja para un jeque emiratí y entrena a numerosos camellos, seguía a su participante, la hembra Miyan, mientras que un amigo circulaba entre choferes semidistraídos que daban vueltas a la pista de seis kilómetros. Miyan se soltó de la línea de salida y rápidamente dejó la típica confusión. Adoptó una posición interna y continuó jadeante, los flancos agitados bajo sedas verdes.

El coche estaba quieto, salvo por los tonos estruendosos del anunciador de radio que narraba la carrera desde una camioneta a unos cinco metros de distancia, que también seguía a los camellos.

Conforme se acercaba la mitad de la carrera, Mohamed tomó un transceptor, recargó la cara contra la ventana y empezó a cloquear. No eran palabras –ni en árabe ni en ningún otro idioma– sino más bien un murmullo, un ruido gutural, como el que uno podría usar para convencer a un perro vacilante. Mohamed repitió el sonido una y otra vez, y Miyan, que se encontraba a por lo menos 18 metros de distancia, respondió avanzando un poco.

Bien”, dijo suavemente Mohamed a su amigo. “Está funcionando el robot”.

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Carreras de camellos. ©NYT

Los deportes son importantes en esta región, tanto en los Emiratos Árabes Unidos –donde hay patrocinios de mucho dinero y actividades de la más alta calidad en todo, desde críquet y futbol, hasta rugby y golf –, y en otros países, como Qatar, que será anfitrión del campeonato mundial de atletismo en 2019 y de la Copa del Mundo 2022. No obstante, si bien gran parte de la acción aquí sí dirige a la gente de fuera, hay por lo menos un aspecto de la vida deportiva que sigue siendo, principalmente, un juego local.

Las carreras de camellos, de una forma o de otra, han sido parte de la cultura árabe por generaciones, y algunos historiadores las rastrean hasta el siglo VII.

Se percibe a los camellos como criaturas magníficas en este país (hasta hay concursos de belleza de camellos) y se ve a las carreras como una actividad unificadora, un deporte que une a las personas de todos los historiales, ya se trate de la realeza o de indigentes, de hombres de negocios o de obreros.

Las carreras en los Emiratos Árabes Unidos se hicieron más organizadas en los 1980 y 1990, cuando Zayed bin Sultan al Nahyan, el primer presidente de la federación, supervisó la construcción de diversas pistas de carreras.

CARRERAS DESATARON EL CRIMEN

A medida que las carreras se fueron haciendo más competitivas y que aumentó el premio en dinero, muchos dueños de camellos empezaron a usar a niños de bajo peso como jockeys, algunos muy pequeños, de dos o tres años, que importaban de países como Bangladesh, Afganistán, Pakistán y Sudán.

Eran comunes las caídas y las lesiones graves. También el comercio, las permutas y el secuestro de niños jockeys, así como las acusaciones de maltrato físico y acoso sexual eran terriblemente frecuentes. En un momento, se estimó que se estaban usando a 40 mil niños en todo el Golfo Pérsico.

Jinetes robots. ©NYT
Jinetes robots. ©NYT

LA SOLUCIÓN: LOS ROBOTS

Los horrores del tráfico humano dejaron una marca en el deporte que persiste aun ahora, 12 años después de que se prohibió oficialmente esa práctica en los Emiratos Árabes Unidos. Algunos dueños dijeron, en forma discreta, que todavía preferirían tener jockeys humanos –aunque ninguno lo dijo en público– pero una mayoría, quizá por reconocer la inquietante percepción de hacer que los niños monten a los animales que miden casi dos metros de altura y pueden correr hasta 60 kilómetros por hora, elogiaron imperturbablemente a la tecnología que ahora se usa en forma generalizada: los robots.

Los primeros modelos de robots, que se produjeron por primera vez en el 2003, eran engorrosos y pesaban unos 13 kilómetros. En general, los camellos no respondían bien a ellos, y a los dueños los desalentó la dificultad de obtenerlos.

En los años que han pasado, la producción de los robots se ha vuelto más local y más simplificada. Ahora, los dueños de camellos pueden ir a diversas tiendas o mercados en los Emiratos Árabes Unidos para comprar los robots y sus accesorios que, incluso, pueden incluir sedas de lujo (los robots están hechos para que, en realidad, parezcan jockeys pequeños). La versión más reciente pesa sólo unos dos kilogramos.

EL DÍA DE LA CARRERA

La zona de espera detrás de la línea de salida en una pista de carreras de camellos es una reunión de personajes que caminan por todas partes, algunos vestidos con túnicas, algunos con pantalones, algunos llevan a los camellos, algunos hablan con los robots, o, más bien, por ellos.

Hay dueños, entrenadores, jinetes de entrenamiento y manejadores. Es muy raro que haya seguidores o turistas. Cuando Mohamed y su amigo seguían a Miyan esa mañana, lo hicieron frente a una tribuna vacía en Al Wathba. Esto no es poco común, ya que no se permite apostar en las carreras de camellos en los Emiratos Árabes Unidos. Así es que a menos que se dispute una carrera particularmente grande –una con la que se concluya la temporada tiene un premio de un millón de dírhams (272 mil dólares) para el primer lugar– por lo que las partes interesadas, incluidos los jeques, prefieren, en general, verlas por televisión.

En un día de carreras, se colocan en fila a los camellos en la zona detrás de la línea de salida y esperan la suya, arrodillados en la arena mientras sus entrenadores los ensillan con el jockey robot y vuelven a revisar el fuete y el transceptor. La duración de la carrera depende de la edad de los camellos, pero, a diferencia, de la acción en un hipódromo, las carreras son casi continuas. No hay pausas ni recesos entre carreras. Tan pronto como un grupo cruza la meta, el otro se reúne en la salida; luego, levantan la reja y empieza la siguiente carrera.

Jinetes robots. ©NYT
Jinetes robots. ©NYT

Durante la carrera, la banda sonora es una mezcla de cláxones de coches –los dueños pitan a sus camellos por razones que batallan para articular– y porrazos fuertes, que es el sonido que emite el látigo de los robots al golpear contra las ancas del camello. Observando a Miyan, Mohamed esperó hasta que la carrera llevaba casi una tercera parte para empezar a usar el fuete, alternando con los murmullos guturales a través del transceptor y con un control remoto habilitó unos pequeños estallidos en la parte trasera.

Miyan empezó a apagarse. Cuando los camellos daban la última vuelta, Mohamed presionó el botón del látigo unas cuantas veces y emitió unos graznidos desesperados por el aparato, pero no hubo golpe ni estallido. Suspiraron su amigo y él.

Miyan se movía con pesadez, un poco de espuma le salía del hocico al llegar dando saltos a la meta. “Estoy decepcionado”, confesó Mohamed. “Es tan mediocre”.

Miyan llegó en séptimo lugar, bueno para unos 2 mil 500 dólares. Cuando cruzó la meta, los manejadores le quitaron el robot y la silla  –se selecciona a unos camellos y a su equipo para hacerles pruebas después de la carrera y asegurarse de que no se utilizaron drogas ni sustancias artificiales– y la condujeron por la reja. Si hubiese terminado en uno de los tres primeros lugares, le habrían frotado la cabeza y el cuello con azafrán dorado, una especia sagrada, en demostración de honor. Este día, simplemente, fue a la zona de espera para tranquilizarse.

Carreras de camellos. ©NYT
Carreras de camellos. ©NYT

Mohamed y su amigo descansaban en el vehículo todo terreno comentando la carrera de Miyan y quejándose por su desempeño. Después de unos momentos, el amigo aceleró y Mohamed se acomodó en el asiento.

Empezaba otra carrera, otra oportunidad. Levantaron la reja. Los camellos salieron disparados de la línea de salida. Rugieron los motores y los vehículos todo terreno avanzaron dando tumbos, mientras sonaban los cláxones y chillaban los neumáticos al perseguir a los robots entre una delgada capa de neblina matutina.

Carreras de camellos. ©NYT
Carreras de camellos. ©NYT

Con información de The New York Times / El Financiero

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El beduino y la carga del camello – Cuento Sufí

Una vista de Cairo - Jean León Gerome
Una vista de Cairo – Jean León Gerome

Un beduino viajaba, montado en un camello cargado de trigo. En el camino encontró a un hombre que le hizo mil preguntas sobre su país y sus bienes. Después le preguntó en qué consistía la carga de su camello.

El beduino mostró los dos sacos que colgaban a una y otra parte de la silla de su montura:

«Este saco está lleno de trigo y este otro de arena.»

El hombre preguntó:

«¿Hay alguna razón para cargar así tu camello con arena?»

El beduino:

«No. Es únicamente pára equilibrar la carga.»

El hombre dijo entonces:

«Hubiese sido preferible repartir el trigo entre los dos sacos. De ese modo, la carga de tu camello habría sido menos pesada.

¡Tienes razón! exclamó el beduino, eres un hombre con una gran agudeza de pensamiento. ¿Cómo es que vas así a pie? Monta en mi camello y dime: siendo tan inteligente ¿no eres un sultán o un visir?

-No soy ni visir ni sultán, dijo el hombre. ¿No has visto mi vestimenta?»

El beduino insistió:

«¿Qué clase de comercio practicas? ¿Dónde está tu almacén? ¿Y tu casa?

-No tengo ni almacén ni casa, replicó el hombre.

-¿Cuántas vacas y camellos posees?

-¡Ni uno solo!

-Entonces ¿cuánto dinero tienes? Porque gozas de una inteligencia tal que podría, como la alquimia, transformar el cobre en oro.

-Por mi honor, ni siquiera tengo un trozo de pan que comer. Voy con los pies descalzos, vestido de harapos, en busca de un poco de comida. Todo lo que sé, toda mi sabiduría y mi conocimiento, ¡todo eso no me trae más que dolores de cabeza!»

El beduino le dijo entonces:

«¡Márchate! ¡Aléjate de mí para que la maldición que te persigue no recaiga sobre mí! Déjame irme por ese lado y toma tú la otra dirección. Más vale equilibrar el trigo con arena que ser tan sabio y tan desventurado. Mi idiotez es sagrada para mí. ¡En mi corazón y en mi alma está la alegría de la certeza!»

Por Yalal Al-Din Rumi

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