Las musulmanas desveladas, un viaje entre culturas

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A finales del año pasado la novelista turca Elif Shafak convocó a los escritores del mundo a conectarse más allá de las fronteras, “en un período turbulento de nuestra historia en el que los narradores de Oriente y de Occidente tienen que hablar más fuerte y con más audacia”. La llamada de Shafak se inscribe en una iniciativa del Pen Club, destinada a dar respuesta a las amenazas que hoy enfrentan escritores de todo el mundo y a facilitar el acceso a la literatura. La novelista turca, quien, como el resto de los que forman parte de este círculo, tales como Salman Rushdie y Margaret Atwood, está dedicando parte de las ganancias obtenidas por su pluma a financiar campañas en defensa de la libertad de expresión, conoce en carne propia las restricciones que hoy se imponen a la creación literaria, de lo que es testimonio el proceso judicial que sufrió en su país por La bastarda de Estambul, novela que a pesar de la censura no tardó en convertirse en un bestseller en diversos países, entre ellos la misma Turquía. Shafak declaró a The Guardian que “he visto de primera mano lo importante y valioso que es sentir el apoyo de otros escritores”. Y añadió: “Aunque criaturas solitarias, hay momentos en que la soledad es lo último que queremos. Retirados de la humanidad en ghettos mentales y divisiones culturales, es extremadamente importante que los intelectuales se conecten para promover la literatura, el amor a los libros, la libertad de expresión y la libre circulación de ideas e historias”.

Otra autora, ésta de origen libanés, Hanan Al-Shaykh, también miembro del círculo mencionado más arriba, ha sufrido la prohibición de sus libros en su país y en otros de Oriente Medio. Desde hace algunos años, en vísperas de la llamada “Primavera Árabe”, esta autora residente en Londres ha visto sin embargo cómo sus obras empezaban a circular en su país natal, adonde viaja periódicamente y es recibida ahora como una celebridad, siendo invitada a los platós de televisión y a los actos del Foro de la Nueva Mujer Árabe. “La vida no puede permanecer inmutable, tiene que evolucionar, y eso es lo que está ocurriendo con la literatura de nuestros países”, declaró tras una de esas visitas a Líbano. Curiosamente, Al-Shaykh considera que después de cuarenta años de exilio (desde la guerra civil libanesa), y a causa de los clichés que en Occidente condicionan nuestra visión de la cultura árabe, sus libros son peor comprendidos entre nosotros que en los países de Oriente Medio. “Esos clichés”, ha escrito, “son muy fuertes y nos separan. Necesitamos que unas cuantas gotas de conocimiento irrumpan en este mar de ignorancia. La literatura contribuye, como el resto del arte, a promover el entendimiento mutuo”.

Nacida en Anoun, al sur de Líbano, Al-Shaykh estudió en El Cairo. Durante algunos años ejerció el periodismo, y en 1975 abandonó el barrio de Ras al Nabeh de Beirut donde vivía para trasladarse junto a su marido, inglés y de familia católica, a Arabia Saudí. El choque que para ella supuso enfrentarse a la realidad cotidiana de las mujeres en la región del Golfo está presente en algunas de sus obras, sobre todo en Mujeres de arena y mirra, novela que apareció en inglés en 1996. Su debut literario, en 1980, había sido La historia de Zahra, novela también escrita en inglés y que se publicó cuando nuestra autora se había trasladado ya a Londres. Al-Shaykh escribe indistintamente en inglés y árabe, habiendo sido editadas algunas de sus novelas entre nosotros por Ediciones del Bronce.

Gran parte de la vida y la obra de Al-Shaykh constituye un desafío a las creencias que en Occidente existen acerca del mundo árabe y de la manera en que el Islam influye sobre la vida de las mujeres. Un episodio de su infancia que marcó a nuestra autora, que cuestiona algunos conceptos que imperan en Occidente, y que nutre no pocos de los asuntos tratados en su obra, lo protagonizó su madre. Tras ser casada contra su voluntad con un hombre dieciocho años mayor que ella y ser madre con sólo quince, decidió abandonar a su familia para fugarse con su amante. Después de divorciarse de su primer marido, pudo volver a casarse. Estos recuerdos de cuando nuestra autora contaba siete años y formaba parte de una familia religiosa musulmana constituyen el argumento de su última novela, The locust and the bird, bella historia de amor que aún no ha sido traducida al castellano. De hecho el amor apasionado y el sexo vienen a ser asuntos principales de la producción de Al-Shaykh, la cual no excluye de la misma los temas del aborto, la promiscuidad y la homosexualidad.

Posterior a The locust and the bird, y tampoco traducida entre nosotros, es One thousand and one nights: a new re-imagining, obra que ha sido publicada en Reino Unido por la editorial Bloomsbury y que como su título indica consiste en una reelaboración desde la perspectiva actual de algunas de las historias de Las mil y una noches. Concebida para la escena, la pieza se ha estrenado en Canadá y en el Festival de Edimburgo bajo la dirección de Tim Supple. Para esta adaptación, la autora se sirvió de diferentes versiones del texto original, por medio de las cuales pudo descubrir cómo las expresiones, los proverbios e historias que se encuentran en sus páginas son parte íntima de una cultura “en la que nos bañamos todos los días, pero a menudo sin nuestro conocimiento”. Según la autora, dicho texto le ha resultado de gran utilidad para comprender mejor, y para exponer con más claridad al público, la posición de la mujer en Oriente, en particular en lo que se refiere a su sexualidad y a la ambivalencia con que la misma es vista en el mundo árabe. Las mujeres de Las mil y una noches”, ha escrito, “son ingeniosas y muy inteligentes, pero a menudo también traicioneras, malignas y, al final, siempre culpables. Son ellas las castigadas, aunque sean los hombres los que cometen los errores”.

Al-Shaykh hace al mismo tiempo una lectura novedosa de la función de la protagonista: Sherezade no termina de salvar su piel ni la de otras mujeres en situación de riesgo. Ella encarna una auténtica figura de escritor obsesionado con sus historias, totalmente absorbido por su pasión por contar, por construir una historia. Sherezade es un hermoso retrato de una mujer escritora que cree en el poder de las historias y, absorta en su proyecto literario, no teme ni los caprichos de los hombres ni su conducta arbitraria ni la proximidad de una muerte segura”. Esta adaptación teatral muestra durante seis horas la manera en que las narraciones de Las mil y una noches, lejos de ser dulces cuentos para antes de ir a dormir, tienen sobre sí una urgencia de vida o muerte: son expresión por una parte de una sociedad que trata de encontrar el orden y la justicia por sí misma, denunciando la corrupción, el cinismo y la pérdida de la confianza, pero que también, por otra, nos hablan del reto que enfrentan hombres y mujeres de vivir equitativamente entre sí. Se explica de ese modo que a la misoginia de la primera de las dos partes en que está dividida la representación suceda en la segunda un planteamiento abiertamente feminista, y que en ambas destaque un apetito lujurioso por el sexo entre hombres y mujeres por igual.

La ya mencionada primera novela de Al-Shaykh, La historia de Zahra, nos presenta a una mujer libanesa en vísperas de la guerra civil. El suyo es un mundo poblado y dominado por hombres en el que coexisten de manera conflictiva las tradiciones, los tabúes y la magia con una modernidad no siempre benéfica en la que se reconocen los valores de una ideal y nunca conseguida liberación. Será paradójicamente en la guerra donde la protagonista alcance a encontrar una especie de paz, tras enamorarse del francotirador que vigila su calle. Como ella misma reconoce al final de esta cruda novela, quizá el drama de Zahra sea el de que sus ojos “nunca estuvieron muy abiertos”.

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La autora construyó en Mujeres de arena y mirra una novela coral protagonizada por cuatro mujeres, las cuales, por distintos caminos y con diversas procedencias culturales y sociales, se encuentran en un innominado y desértico país del Golfo. Para Suha, libanesa que huye de la guerra en su patria, la rígida moralidad del desierto cobra la forma de una continua y asfixiante imposición a la que es imposible sustraerse. El rigor de las prohibiciones que coartan su vida se erige aquí sobre un escenario dominado por el polvo del desierto, por la estricta separación entre hombres y mujeres y por un paisaje en el que abunda el dinero fácil procedente del petróleo, un paisaje siempre cambiante y repleto de nuevos y lujosos edificios, materiales de construcción y ruinas. Sofocada por ese mismo rigor, Tamr busca emanciparse por medio de una educación que hasta ahora se le ha negado.

La americana Suzanne, única occidental del cuarteto, ni comprende la cultura árabe ni se siente inclinada a comprenderla, más decidida a vivir su experiencia en el desierto como una turista ansiosa de aventuras. Nur, en fin, resulta ser una mujer desinhibida y entregada a diferentes modalidades del sexo, del que se sirve con astucia para conseguir sus fines. Por mostrar con eficacia diferentes tipos de mujeres árabes de nuestro tiempo, vistas desde su propia cultura y con sus múltiples facetas, pero a la vez con el contrapunto de la perspectiva occidental que ofrece Suzanne, quizá sea ésta la novela más ambiciosa de nuestra autora. Su hábil trama, sin ser en absoluto complaciente, nos muestra variantes de una sociedad alejada de los prejuicios que por lo general se asignan al mundo árabe.

Del año 2000 es la novela Esto es Londres, de nuevo una narración coral que con respecto a las mencionadas ofrece dos novedades: la de no estar ambientada en un país árabe y la de exhibir un fresco y a veces disparatado humor. En un accidentado vuelo desde Dubai coinciden los protagonistas, todos ellos “exóticos”: una puta de lujo de origen marroquí, Amira; Lamis, una bella iraquí que acaba de divorciarse y que va a Londres para reunirse con su hijo; Nicholas, un inglés experto en arte islámico; y Samir, quien no se separa de una cesta en la que esconde a un mono. Londres termina siendo, sin embargo, la verdadera protagonista de esta narración, repleta de los encuentros y desencuentros de los personajes, a través de los cuales asistiremos a diversos procesos de adaptación a la vida de la metrópoli. Así, Amira explotará en beneficio propio los absurdos clichés de Occidente hacia las mujeres árabes, convirtiéndose para ello en princesa con su correspondiente séquito; Samir suspirará por los encantos de los jóvenes y rubios londinenses; y Lamis y Nicholas pondrán en esta historia su turbulenta y apasionada historia de amor.

A nuestra autora, a la que algún crítico ha llamado “la hermana de Sherezade”, se le puede atribuir el mérito de haber sabido recrear en nuestros días, y en el conjunto de su obra, esa urgencia de vida y muerte con la que aquella narradora de cuentos populares encandiló a su privilegiado oyente durante mil y una noches. A propósito de esto el escritor marroquí Abdelá Taia escribió hace un año en Le Monde que “a menudo pensamos que en la civilización musulmana nunca ha habido un momento de rebelión verdadera, de libertad. Pero eso no es cierto. Leamos Las mil y una noches, libro que está lleno de transgresión, de libertad, de sexualidad de todo tipo, y de resistencia ante las amenazas de la muerte. ¿Por qué el pueblo que ha hecho de este libro el rival de El Corán se comporta como si no lo hubiera leído?”.

Todas las obras consignadas aquí bien pueden servir para introducirse en el mundo propio que Hanan Al-Shaykh ha creado, que nos ilustra acerca de realidades próximas que la costumbre no nos deja ver y que compone una de las producciones literarias más sólidas y necesarias de nuestro atribulado tiempo.

Por José Ramón Martín Largo
Con información de La República Cultural

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