Por la punta afilada de mi cimitarra

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Por las chispas ardientes del cielo que tan radiantes brillaron cuando concebimos este niño,  morirá sobre la punta afilada de mi cimitarra quien toque a éste mi hijo primogénito y heredero… (Aarón en Titus Andronicus de William Shakespeare).

Del árabe hispánico sinsama tarya, que significa «espada gitana» se formó en castellano y en portugués cimitarra, que en catalán adoptaría la forma simitarra,  algunos estudiosos creen que se deriva de la palabra persa shafsher, que significa «Garra de León», por su diseño largo y curvado. El diccionario etimológico italiano de Ottorino Pianigiani confirma el origen hispanoárabe de cimitarra y supone que scimitarra, proveniente del persa shimschir, pertenece a la misma familia. Es probable que el vocablo llegara a la Península Itálica en el frecuente intercambio de los árabes con la Romania durante su presencia en Hispania.

Se han creado variedades del shamshir persa, como el kilij turco, el tulwar indio, el nimcha marroquí, el pulwar afgano y el saif árabe. El término saif  (سيف) significa generalmente espada en árabe, aunque a veces puede significar cuchillo.

La cimitarra es un símbolo importante en la cultura árabe, y es usada como metáfora en muchas frases del idioma árabe. Por ejemplo, Saif y Saif al Din «espada de la religión» son nombres islámicos comunes.

Hay un hadîz donde el Profeta dice: “El Paraíso está a la sombra de las espadas”. La espada simboliza en el Islam la elocuencia (bayân) y el discernimiento (furqân). En el Evangelio (inÿîl), el Profeta Jesús (‘Îsà) anuncia: “Yo no vengo a traer la paz sino la espada”. “Traer la espada” significa zarandear al hombre, cortar sus ataduras, liberarlo. La aceptación del combate (ÿihâd) implica el abandono de un estado de laxitud y de pereza. La espada es heredera del relámpago: hiende las tinieblas. Su filo es capaz de separar las tinieblas de la luz, la verdad de la mentira. En el tasauwuf, se dice que “La pasión (‘ishq) es la espada que decapita la existencia ilusoria”. La espada contiene además el simbolismo del eje del mundo, el “axis mundi”. El concepto saif-l-Islam es el signo de la axialidad de una comunidad que exterioriza la lucha interior por la justicia. Esto quiere decir que las dos formas de esfuerzo (ÿihâd) –el cálamo para escribir y la espada para establecer justicia- se anudan en un signo y son complementarias. Sus dos filos son como dos polos en tensión que miran a los dos horizontes. La espada del Islam (saif-l-Islam) es uno de los nombres con los que se apoda a ‘Alî, primo y yerno de Muhammad (BPD), y que tenía una espada muy peculiar, con dos filos en su punta, en vez de uno.

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Se dice que  cuando fue capturado Boabdil por las tropas cristianas, le fueron tomados como trofeos valiosos objetos, entre los que se encuentra la espada que ese día portaba, y que en el reparto le correspondió a Don Pedro Fernández de Córdoba. Su descendiente directo, la Marquesa Viuda de Viana, en nombre de su esposo, el Marqués de Villaseca, hizo donación de la citada espada, entre otros objetos, al Museo de Artillería, siendo sin duda, en la actualidad una de las espadas jinetas hispano-árabes más bellas y mejor conservadas.

Exhibida junto a su vaina y parte del cinturón, es un magnífico ejemplar en el que se suman los valores como arma y como joya. Su guarnición, de plata dorada, esmaltes y marfil, constituye una auténtica labor de filigranas, muy del estilo de los orfebres musulmanes, recordando la decoración de sus palacios, destacando su similitud con las celosías de éstos, mientras los esmaltes demuestran su influencia Bizantina.

La hoja es recta, ancha, con dos filos corridos hasta una punta poco aguzada. Hasta algo menos de su mitad lleva un canal, y en su parte media, y por ambas caras, la marca del forjador: dos arcos punteados y en su centro la letra «S». Esta marca pudiera no ser de origen musulmán, sino corresponder a un forjador cristiano que obrase en el reino Nazarí. Algunos autores han aventurado su relación con el taller toledano de los Sahagunes.

Su guarnición está formada por un pomo de forma esférica, rematado en un apéndice tronco-cónico sobre el que se remacha la espiga de la hoja. El arriaz, con dos gavilanes que adoptan la forma de cabezas de elefante, de cuyas trompas sale una cabeza de animal fantástico similar a un ánade. Dos virolas sujetan el puño de marfil. La guarnición metálica de plata dorada y esmaltada, como ya hemos apuntado anteriormente, representa un fino y laborioso trabajo, que encontramos en obras de orfebres destinadas a la nobleza de los reinos musulmanes de España.

El puño de marfil tallado y decorado con motivos geométricos lleva leyendas en árabe que se repiten y adornan el resto de la guarnición; traducidas por el arabista Fernández y González, consisten en repeticiones de la sura CM del Corán y similares que dicen:

«Logra tu fin / en conservarle la vida»; «En el nombre de Dios / el poderío le pertenece / y no hay otra divinidad que Él. / La felicidad proviene de Dios único»; «El milagro es propiedad de Dios; / porque ciertamente la primera vez / no conocen a Dios los ignorantes, / pues su costumbre es el error»; «Dí, Él es Dios único, / Dios eterno, no engendró / ni fue engendrado»; «Dios es el clemente y misericordioso / Dios es el dotado de mejor memoria».

La vaina es de cordobán bordado con motivos florales, en hilo de oro; las partes metálicas como el brocal, abrazaderas y contera, están labradas de igual forma y dibujos que la empuñadura. Se conserva hebilla y dos trozos del cinturón de seda que ceñía la espada.

 La espada no era una mera arma utilizada en la guerra, sino que estaba rodeada de todo un simbolismo muy destacado tanto en la tradición cristiana como musulmana. Para los reyes y nobles de la cristiandad que guerreaban contra el musulmán, la espada simbolizaba la cruz de Cristo (cruce de la empuñadura con el filo). Mientras que para los musulmanes se dice que la forma semicircular de sus sables representaba la media luna.

«Gestas he enumerado de lejanas espadas
cuyos hombres dieron muerte a reyes y a serpientes.
Otra suerte de espadas hay, murales y cercanas.
Déjame, espada, usar contigo el arte;
yo, que no he merecido manejarte».

Hoy me trajeron la puerta de la casa de mi padre , con los dos crucifijos clavados; han arrancado la espada. Ojalá les cercene el veneno que mortal, indemne y voraz se anida en el deseo.

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