Golpe al orgullo imperialista:Irán y Afganistán ayer y hoy

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¿Quién puede tomar ésto como retraso?

Desde hace unos días, está circulando en las redes, una foto que muestra las “bondades” de épocas pretéritas en Irán y Afganistán y, las “atrocidades y retraso” provocadas por los regímenes islámicos en ambas naciones. Antes de comenzar el análisis, es bueno dejar en claro que Afganistán está bajo el dominio yankie de la CIA e Irán se ha sacudido todo lastre imperialista junto con el shâ Mohammad Reza Pahlaví (محمدرضا شاه پهلوی), por esto mismo, vamos a comenzar el análisis por la República Islámica de Irán.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos reconoció, por primera vez, en 2013, su participación en el golpe militar en Irán, ocurrido en 1953, que derrocó al entonces primer ministro, Mohammed Mossadeq. La información fue dada a conocer por la organización Archivos de Seguridad Nacional, dependencia de la Universidad George Washington, luego de someter a análisis documentos secretos publicados recientemente por la CIA.

De acuerdo con Archivos de Seguridad Nacional, el golpe de Estado que derrocó a Mossadeq y devolvió el poder al shâ Mohamed Reza Pahlevi, el 19 de agosto de 1953, fue dirigido por la CIA como parte de una decisión de política exterior de la Casa Blanca. La pregunta sería entonces, ¿por qué intervino EEUU a través de su agencia dilecta, la CIA, para derrocar a un gobierno en las antípodas del planeta?

La respuesta es que Mossadeq, quien gobernó Irán entre 1951 y 1953, provocó reacciones adversas de Estados Unidos y Reino Unido durante su gestión, al defender la nacionalización de la industria petrolera de Irán apenas llegó al poder, y adoptar otras medidas de corte nacionalista. Ya todos sabemos que ésa, (defender el patrimonio nacional, máxime si son recursos energéticos o hidrocarburos), es la peor afrenta que se le puede hacer al imperio.

¿Es ésto lo que añoran los nostálgicos?
¿Es ésto lo que añoran los nostálgicos?

El shâ ejerció un gobierno absolutista y despótico. Comenzaron a tomar cuerpo sus sueños de crear una dinastía poderosa, un proyecto megalómano inspirado (ceremonial incluido) en la grandeza del antiguo Imperio Persa. Para financiar esta “Gran Civilización” el shâ aprovechó las ventajas económicas del petróleo, multiplicadas por el aumento vertiginoso de su precio a raíz de la crisis de 1973.

Las aberrantes cotas de corrupción administrativa e institucional iban en aumento. Además, la naturaleza represiva del régimen permaneció intacta, con la actuación de una todopoderosa y brutal policía secreta, la SAVAK (creada en 1956). Obsesionado con convertir Irán en una imposible superpotencia, el shâ destinó miles de millones de dólares a adquirir armamento y tecnología militar en enormes cantidades, equipos que, por falta de personal cualificado y medios de mantenimiento, quedó en buena parte inoperante.

La desesperación popular ante las crueldades y mentiras de la monarquía, atizada desde el exilio por el Ayatollah R. Jomeini, carismático líder religioso y el más implacable enemigo del shâ, cristalizó en una serie de manifestaciones que, desde finales de 1977, fueron cobrando creciente determinación y virulencia. Los intentos del shâ para contener la protesta, tanto políticos (cuatro primeros ministros hasta 1979) como represivos, resultaron completamente ineficaces; la situación degeneró en una mortífera dinámica de manifestación-represión-contra manifestación, y a lo largo de 1978 la inaudita brutalidad del ejército no amilanaba a las masas, cada vez más numerosas y más determinadas, con un coraje suicida, de acabar con un régimen ya sólo dependiente de la fidelidad del ejército, por su parte perceptiblemente remiso a obedecer las órdenes de disparar.

Con el país colapsado por las manifestaciones, las huelgas y la desarticulación de la actividad económica y los servicios, el golpe fatal para el shâ fue el abandono por EE.UU., que aceptó su sustitución por un gobierno de civiles de carácter liberal.

Es de destacar que, EEUU no se “casa” con los gobernantes genuflexos que sodomiza, ni siquiera les brinda el beneficio de la convivencia, la historia así lo enseña; y a las pruebas me remito: El derrocado monarca, Mohammad Reza Pahlevi, el shâ, enfermo de cáncer, y su familia huyeron del país y en busca de un lugar donde exiliarse pasó por Marruecos, Bahamas y México hasta llegar a EEUU, donde esperaba ser acogido con los brazos abiertos como recompensa por servir a los intereses de la superpotencia durante 38 años. El presidente Carter no tuvo compasión de él. Le denegó la petición. Aunque tras recibir el reproche de los dictadores aliados rectificó y el 22 de octubre le dejó entrar para recibir atención médica.

En vista a lo expuesto, no se entiende bien, comparando el avance y desarrollo en todos los aspectos que ha alcanzado la República Islámica de Irán, ¿qué es en verdad lo que los detractores del régimen añoran de la “monarquía”?,¿será la impunidad en los saqueos al patrimonio?,¿será el enriquecimiento ilícito y desmedido patrocinado y alentado por el gobierno corrupto? ¡Hoy el que roba al pueblo sufre las terribles consecuencias!

¿Se alcanza a distinguir la tristeza en los rostros por la celebración del 35º Aniv. de la Revolución Islámica en Irán?
¿Se alcanza a distinguir la tristeza en los rostros por la celebración del 35º Aniv. de la “terrible” Revolución Islámica en Irán?

Se rasgan las vestiduras y denuncian el hecho de que las mujeres llevan velo, (nunca entendieron que lo hacen por propia voluntad, acorde a sus más profundas creencias y pautas sociales), y a su vez se llenan la boca presumiendo ser buenos y fieles cristianos seguidores de Jesús, cuya madre y todas las mujeres de su familia, usaron la prenda que hoy en día denostan. ¡Hipócritas!

Hoy, los estadounidenses tratan de mostrarse, (a través del cine, la prensa y toda palestra que les sirva), como víctimas de unas gentes salvajes, omite el papel de la CIA como creadora del SAVAK, la policía política del shâ, y participe en la aplicación de las torturas más brutales a los luchadores iraníes por la libertad y la democracia durante décadas. El mismo papel que jugó en Latinoamérica. No nos quieran hacer creer que todo tiempo pasado fue mejor, si estuvieron implicados los EEUU, de hecho no lo fue!

No nos dejemos engañar por esta patética estrategia de denuncia de las violaciones de los DDHH en los países islámicos que no es más que otra cara de la política exterior belicista de un Barak Obama que sigue en Irak y en Afganistán, lanza bombas con sus drones aplastando a los civiles de media docena de países, mantiene abierto Guantánamo, cuenta con una lista de personas a asesinar y está evaluando los costes de una acción militar contra Irán. La idea no es otra que justificar las operaciones encubiertas –e ilegales-, de la CIA. Existe una guerra secreta contra Irán que se está librando por parte de Washington y sus aliados, que incluye el secuestro de iraníes, el asesinato de científicos iraníes y agentes de seguridad, y ataques terroristas en las regiones fronterizas de Irán.

Afganistán en cambio, entró en la pugna de intereses de los socios antagónicos que, en su momento, se repartieron Oriente y Occidente, (estamos hablando de EEUU y la URSS, por supuesto). La URSS calculó mal las consecuencias de su invasión a Afganistán. En los momentos más duros de la Guerra Fría, sus tropas habían invadido Hungría y Checoslovaquia sofocando a sangre y fuego la resistencia civil en las calles de sus principales ciudades, sin que EEUU, (Occidente en general), reaccionara. La Casa Blanca se ocupaba, por su parte, de “compensar” el expansionismo soviético llevando a cabo la terrible matanza que supuso la Guerra de Vietnam, la invasión de Guatemala y la República Dominicana; el frustrado ataque en Bahía de Cochinos, (Cuba), al tiempo que promovía golpes de Estado y la instauración de dictaduras militares en gran parte de América Latina.

Pero Afganistán no era ni Hungría ni Checoslovaquia. En ese país ya había poderosas guerrillas controladas por “señores de la guerra” dispuestos a aceptar de buen grado la ayuda de quien fuese para enfrentarse al invasor del Norte. La URSS nunca habría podido imaginar que sería EEUU el que lograría diseñar una compleja estrategia que no sólo comprendía su apoyo económico y militar a los mujahidines afganos. Washington lograría que participaran también en el conflicto como aliados suyos el más poderoso país fundamentalista islámico del mundo, Arabia Saudita, y el coloso asiático, China.

A través de la CIA, Washington tuvo en realidad la oportunidad de llevar a cabo su gigantesca “operación encubierta” en Afganistán gracias a la inestimable ayuda de sus socios del “Safari Club”, creado en 1976. En él participaban, en primer lugar, el creador original de esa “criatura”, el conde Alexandre de Marenches, jefe del Service du Documentation et de Contre-Espionage (SDECE, el servicio de inteligencia exterior de Francia); el jefe de los Servicios de Inteligencia del rey Faisal, Kamal Adham; el general Akhtar Abdel Rahman Khan, director del Inter.-Services Inteligente (ISI), el espionaje pakistaní; los servicios secretos del shâ de Irán, el pro-norteamericano Reza Pahlevi, (aquí aparece nuevamente en escena el nefasto personaje citado anteriormente); los espías de Anwar el Sadat y los del rey Hassan II. La existencia del “Safari Club”, que tenía como objetivo una actuación coordinada contra el comunismo en Cercano Oriente y África especialmente, sería descubierta con posterioridad y desvelada por primera vez por un ex consejero del presidente Nasser, Mohamed Haseini Haikal. Como vemos, la trama es más obscura e intrincada que la fantochada que quieren vendernos.

El “Safari Club” serviría años después a la Dirección de Operaciones de la CIA, en la tarea de reclutamiento de decenas de miles de hombres fogueados en el combate y dispuestos a dar la vida en la “liberación” de Afganistán. Así nació el primer Jihad del siglo, una “guerra santa contra el ocupante infiel”, cuyos combatientes forjarían una sólida red hermanada en la sangre y en una intransigente, excluyente y violenta interpretación del Islam. El entonces consejero de Seguridad Nacional de Carter calificaría posteriormente de “trampa afgana” la emboscada, y reinvindicaría con orgullo los resultados obtenidos. Fue, después del escenario de Vietnam, el único gran combate indirecto entre las dos superpotencias de entonces. Para los EEUU, la Guerra de Afganistán le supuso una gran victoria. Tras ella, su principal contendiente mundial quedaría “sentido”. Ya sólo faltarían dos años para que negociaran su desaparición como superpotencia.

Queda más que claro que también fue una victoria del Jihad, de la cual alardearían las decenas de miles de combatientes islámicos que intervinieron en él, y entre ellos Osama Bin Laden. La gigantesca y descentralizada red tejida por el millonario saudita, (y avalada, alentada y armada por EEUU), Al Qaeda, marcó en esa guerra un mojón, un antes y un después de ella.

Así recordaba el escritor uruguayo Eduardo Galeano la actitud de EEUU ante Bin Laden aquellos años:

“La CIA le había enseñado todo lo que sabe en materia de terrorismo; Bin Laden, amado y armado por el gobierno de Estados Unidos, era uno de los principales “guerreros de la libertad” contra el comunismo en Afganistán. Bush padre ocupaba la vicepresidencia cuando el presidente Reagan dijo que estos héroes eran “el equivalente moral de los Padres Fundadores de América”. “Hollywood estaba de acuerdo con la Casa Blanca”, añade Galeano. “En esos tiempos se filmó Rambo III: los afganos musulmanes eran los buenos. Ahora son malos, malísimos, en tiempos de Bush hijo, trece años después.

Pero no vayamos a creer que EEUU perseguía fines humanitarios o la instauración de una democracia para bienestar del pueblo afgano, en realidad su idea era tener un gobierno amigable para poder construir un oleoducto a través de Afganistán y llevar el gas y las fuentes de energía a los nuevos mercados por crear. Como decía el General argentino Osiris Villegas: “toda guerra es económica”.

A pesar de que se intentó presentar a los talibanes como un símil afgano del régimen imperante en Arabia Saudita, gran aliado de EEUU, calificando a ambos como moderados, frente a los “extremistas iraníes”; ocurrió que, ante la imposibilidad de los talibanes para garantizar la paz y la estabilidad política en Afganistán peligró el comienzo del proyecto. Entonces sí, ante el contratiempo económico, el gobierno de Clinton decidió actuar. Madeleine Albright denunció a los talibanes por sus violaciones a los DDHH y en particular por la vejación que sufrían sus mujeres, y reclamó a su régimen la extradición de Osama Bin Laden. Paradójicamente, en 1995, el Consejo de Seguridad de la ONU no había podido aprobar una resolución de condena al régimen talibán, a causa de la oposición de China e Indonesia… y la “abstención de EEUU”.

Ya es hora de que se quiten la rota máscara de “padres de la democracia”. Puede que ese país arruinado por más de veinte años de guerra quede estancado por muchas décadas si no existe una voluntad real de la comunidad internacional por ayudarlo; puede que miles de personas sigan muriendo de enfermedades curables, que gran parte de la población siga siendo analfabeta, que no se respeten las libertades democráticas, pero EEUU está satisfecho con que, por fin, toneladas y toneladas de petróleo y miles de metros cúbicos de gas podrán pasar por suelo afgano para llenar sus bolsillos con el fruto de la rapiña.

Estados Unidos a través de sus agencias, sigue utilizando las drogas producidas en Afganistán, (opio y heroína), como moneda de cambio para campañas de apoyo a “contras” en otros puntos del planeta; las canjea por armas y “asistencia profesional”. Deja hacer a los talibanes y diversas tribus locales su “negocio” mientras mira hacia otro lado. (Afganistán, por su ubicación geoestratégica político-militar en el corazón de Asia Central, es el primer productor mundial de heroína).

Hablan de que Irán es el ejemplo máximo de extremismo islámico, pero el fundamentalismo de los talibanes que ellos ayudaron a crear es mucho más extremo, son mucho más puritanos. “Los talibanes no dejan que sus mujeres vayan a la escuela, a la universidad, al trabajo, mientras que Irán sí. Irán apoyaba en esa época (1976) a otros grupos en Afganistán, pero no a los talibanes.

Por tanto, y puestas ya las cartas sobre la mesa, volviendo a la imagen que tratan de imponer de las bondades de un supuesto pasado color de rosa, sostenemos que es tan sólo carne podrida. Como dice mi paisano Juan Maltez Ale Simmi, son “importadores de falsos paraísos”. La situación en Afganistán la creó y sostiene EEUU y el NOM, y queda claro, a ojos vista, que Irán no es el demonio que pretenden inculcarnos.

¿Quién dijo que todo pasado fue mejor?
¿Quién dijo que todo pasado fue mejor?. Irán no es lo que muestran y Afganistán es lo que crearon.

La información está dada, que cada uno saque sus propias conclusiones.

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