“El Fruto del Granado y la Ciudad de Granada”

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El Fruto del Granado y la Ciudad de Granada

El Granado es originario de Asia, pertenece a la familia “punicáceas”, su nombre botánico es “Punica Granatus”, cuyo orden es de las cotiledóneas. (su nombre deriva, de que aparentemente fue introducida en Europa por los cartagineses en las guerras púnicas). Su historia se remonta a varios siglos antes. Este curioso fruto tiene múltiples cualidades que hacen que su consumo sea muy aconsejable.

La granada es muy baja en calorías pues tiene bajo contenido en hidratos de carbono. La granada, tiene efectos favorables para aliviar la fiebre y las enfermedades cardiovasculares. Evita la retención de líquidos y ayuda a combatir la hipertensión. Sus propiedades antioxidantes retardan el envejecimiento de ciertas células del cuerpo. En caso de anemia su consumo es muy aconsejable.

Estudios recientes indican que el consumo de granada puede resultar beneficioso en la prevención de ciertos tipos de cáncer. Ayuda a eliminar los líquidos en los riñones y se recomienda a quien padecen gota. Su riqueza en manganeso puede justificar la fama de fruta afrodisíaca pues vitaliza el sistema nervioso y las hormonas sexuales. Muchos la consideran como el fruto prohibido, del Edén … Fue considerada tradicionalmente como símbolo del amor y de la fecundidad. Los Omeyas fueron los que la introdujeron en España, en este país, éstos bautizaron con su nombre a esa maravilla de ciudad que es Granada. Con el jugo de este fruto se teñían prendas, claro de color carmín.

La ciudad de Granada no jugó un papel importante durante el imperio romano y cuando este comenzó a caer en el siglo V la ciudad fue tomada por los Visigodos. Bajo el control de estos la ciudad empezó a incrementarse tanto en tamaño cómo en importancia.

En Córdoba, ni en ningún otro lugar de la Península Hispánica, los musulmanes entraron a caballo, sólo lo hicieron a pie y de a uno. Es decir que jamás hubo en esta Península una invasión guerrera musulmana como cuenta el cuento de los historiadores de un bando y otro. La islamización de la Península no se debe a una conquista árabe procedente de África.

En el año 711  no había pasado un siglo desde la iniciación de la era musulmana El Norte de África, por descontado, no era por aquella época islámica, y mucho menos árabe. Ellos, se agrupaban en tribus nómadas poco numerosas, siendo así era imposible conquistar un imperio tan enorme, y en un plazo tan breve. Se dice, que tardaron cincuenta años con Túnez, diez con Marruecos y en tres con la Península Ibérica.

No era posible trasladar caballos ni armamentos a semejantes distancias, es decir desde Arabia. ¿Y cómo un pueblo del desierto nada marinero atravesó el Estrecho, cuya navegación no ha sido nunca fácil? ¿Con que barcos? ¿De donde provenían esos “sarracenos”?. ¿Quién fue su rey? ¿Por qué los hispanos, corajudos por excelencia y amantes de la independencia, no se defendieron de ellos, siendo además diez millones frente a los veinticinco mil que “desembarcaron” y los vencen en tres años.

Poco se sabe; de esos hispanos romanos que entonces habitaban la Península. Sólo se mencionan, bastante después, dos minorías: la judía y la goda, es decir, sobre Hispania luchan los godos contra esos misteriosos sarracenos.

El nombre de Gibraltar es en realidad una descomposición de Jebel Tarik, “la roca de Tarik”, hoy Gibraltar, tan extraño patronímico, no se encuentra en los catálogos árabes y si tan próximo a los germánicos. Los nombres de los reyes godos tienen terminaciones similares: desde Ilderik y Amalarik y Teodorik a Roderik, o don Rodrigo.

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El último rey godo, Vitiza, había designado a Roderick como gobernador de ésta. Cuando Vitiza muere el conde Roderik se levanta contra los hijos de Vitiza en la Bética, antigua provincias romana de la Hispania, esta tomó su nombre del río Betis ,llamado en la actualidad Guadalquivir y su capital era Córdoba, ellos piden ayuda a sus hermanos de la Mauritania Tingitana, que fue una antigua provincia romana situada en el extremo occidental de la costa africana del mar Mediterráneo.

Y al frente viene el gobernador Tarik: con sus godos y seguramente , con algún refuerzo beduino. De ésto se tejió el mito, donde la victoria de la trifulca entre visigodos se pretende hacer una invasión y victoriosa y decisiva, y no para una parte de Andalucía ni para toda la Península, sino para Europa entera; o sea, todo el occidente va a quedar subyugado por unos cuantos nómadas asiáticos que llegan fatigados desde África. Es absolutamente increíble.

Lo real es que, hartos los hispanorromanos de la sumisión a los godos y de las luchas religiosas, en las que prevalecían los trinitarios sobre los unitarios, derrocan a su monarquía y se esparcen en grupos más o menos aislados. Será precisamente el intento de retorno a la monarquía única, promovido por un grupo del Norte, el que inicie la mal llamada reconquista. Fue del Norte, porque, por las difíciles comunicaciones con Asturias y con Vasconia, fueron ellas las menos influidas por la oleada de civilización que refrescó al resto de la Península.

La inmensa mayoría de los habitantes en esa época eran hispanorromanos, de religión cristiana unitaria, doctrina religiosa elaborada por el presbítero egipcio Arrio, cuyo movimiento religioso se conoce como el arrianismo. Y perseguido por herético, por los creyentes de la trilogía, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estaban proclives, a abrir sus mentes a una corriente que les brindaba la posibilidad de, una religión mucho más próxima a la suya, además un comercio más extenso y fructífero; una cultura enriquecida por Persia y por Bizancio, y helenizada y romanizada a través de Siria, la Bactriana y la India; una lengua que iba a sustituir a la propia, hermana del latín y próxima a él.

No obstante, tal mutación se hizo con la acelerada indiferencia, con que la historia trabaja. En las invasiones vencen, de prisa y siempre, no los mejores, sino los más fuertes, que son los menos cultos, a cuyo lado se pondrá luego el pueblo pusilánime; esto no sucedió en Hispania, sino lo contrario. Los hispanorromanos adoptan la cultura islámica, reemplazando con ella la barbarie visigoda, que los extorsionaba y contra la que se revolucionaban a menudo. Y esta nueva cultura se introduce paulatinamente a través del comercio y de sabios pensadores, literarios y artísticos, de algunos exiliados de la revolución abasí contra los omeyas, y, en definitiva, del progreso oriental, descendiente sobre todo de los florecientes tiempos de los fenicios o cartagineses, esta cultura se concentra en Andalucía, y de ahí se expande como la luz.

No hubo invasión de árabes. A lo largo de toda la historia hispánica han llegado muy pocos, a la península. ¿Quién fue Muza?. Según la historia tenía más de setenta años. Qué caudillo militar, con esa edad, se arriesga a tal empresa. De dónde obtuvo sus ejércitos. Sus hazañas son iguales a las que narran las leyendas atribuidas a cualquier caudillo una y otra vez, cambiando sólo el nombre. De existir, Muza habría sido un santón o un predicador, enviado quizá por el califa de entonces, o por las cofradías musulmanas más próximas, para intervenir a favor del Islam en las guerras religiosas entre trinitarios y unitarios; pero todo es sumamente increíble, no existen pruebas.

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