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La crisis de Ucrania es culpa de Occidente

La crisis de Ucrania es culpa de Occidente, según John Mearsheimer.

Tropas ucranianas –pro OTAN– abandonan la localidad de Starobesheve –en el oriente de Ucrania–, ayer, ante el éxito militar de las fuerzas pro rusas  Ap
Tropas ucranianas –pro OTAN– abandonan la localidad de Starobesheve –en el oriente de Ucrania–, ayer, ante el éxito militar de las fuerzas pro rusas ©Ap

Son tiempos de catarsis literarias en medio del declive relativo de Estados Unidos (EU) y de su orfandad de pensadores geoestratégicos. Quizá su desfalleciente política exterior unipolar sea reflejo de ello, al no saber ajustarse a la realidad tripolar jerárquicamente cupular del siglo XXI, acompañado por Rusia y China.

EU –país teleológica y ontológicamente unipolar– no sabe operar en la multipolaridad y ello provoca la inestabilidad global.

La mediocridad de la asesora de Seguridad Nacional de Obama, Susan Rice, de 49 años, es inagotable con su patético teorema del R2P (responsabilidad para proteger) en medio de atrocidades planetarias no pocas veces inducidas por las exacciones de Wa­shington que sirven de coartada para intervencionismos selectivos bajo el axioma de los derechos humanos asimétricos y correlacionados a los intereses geopolíticos de la Casa Blanca.

La excepcionalidad mesiá­ni­ca de EU, la nación indispensable, fue proferida por la clintoniana Madeleine Albright, de 77 años, más atenta a los negocios de Albright Stonebridge Group (http://goo.gl/FxUdnU), con Samuel Berger (ex asesor de seguridad nacional de Clinton) como puente pecuniario con el mayor banco de inversiones del planeta BlackRock/Blackstone y su asociado Evercore Partnership (http://goo.gl/nB3ag4 ).

Antes, otra Rice, Condy, asesora en seguridad nacional de Baby Bush, había expuesto su tropismo petrolero en representación de Chevron.

Zbigniew Brzezinski, asesor de Seguridad Nacional de Carter (86 años), después de haber aceptado que la unipolaridad de EU cesó de ser eterna ante el derrumbe de su sociedad tecnotrónica y trilateral, sepultada por las derrotas militares en Irak y Afganistán –que versa en su reciente libro (http://goo.gl/DQcsWa )–, sigue aferrado a su obsesiva rusopatía y su caduco esquema de despedazar a Rusia carcomiendo a Ucrania ( El gran tablero de ajedrez mundial, de hace 17 años).

Antes de la novata Susan Rice, Obama tuvo como asesores de Seguridad Nacional al general de Marina James Jones (70 años), que pasó desapercibido, y luego al abogado Thomas Donilon (59), quien fue miembro del comité directivo del Grupo Bilderberg (http://goo.gl/vkxCI), a mi juicio, muy abultado y en caída libre desde el desplome de la Comisión Trilateral (EU/Europa/Japón).

El kissingeriano Brent Scowcroft (89 años) –con fuertes lazos con Lockheed Martin y la Iglesia de los mormones– es una mala copia del original: operador burocrático de ideas ajenas cuya figura fue aplastada por dos gigantes hoy anacrónicos: por Kissinger y Brzezinski.

Hoy Scowcroft navega en la irrelevancia en el Aspen Strategy Group que copreside con Joseph Nye (http://goo.gl/WqPBMP ).

Kisssinger (91 años) –del grupo financierista israelí-estadunidense Rockefeller–, uno de sus últimos mohicanos enmohecidos, se suelta con voluminosos cuan repetitivos libros y hoy en el ocaso de su vida anda en búsqueda del Orden mundial (obra que sale el 9 de septiembre) perdido en los escombros del Tratado de Westfalia de hace 366 años.

Quedan pocos pensadores lúcidos en EU de la talla del académico John Mearsheimer (67 años), profesor de ciencias políticas en la Universidad de Chicago y uno de los grandes teóricos de las relaciones internacionales de la escuela del neorrealismo, quien tiene en su haber el best seller El lobby israelí y la política exterior de EU. Su más reciente libro expone por qué los líderes mienten: la verdad sobre las mentiras en política internacional.

En un extenso ensayo para la revista bimensual Foreign Affairs, del muy influyente Consejo de Relaciones Exteriores, Mearsheimer inculpa a Occidente de la crisis de Ucrania: “las alucinaciones liberales que provocaron a Putin (http://goo.gl/EFe6Ir )”.

Cita la entrevista premonitoria del genial diplomático estadunidense George Kennan de hace 16 años (http://goo.gl/jUusSJ) –quien implosionó conceptualmente a la URSS mediante su célebre política de contención (containment policy)–, donde fustigó la ratificación de la expansión de la OTAN por el Senado de EU: “Es el principio de una nueva guerra fría; los rusos reaccionarán gradualmente y en forma adversa. (…) Es un error trágico (¡supersic!). No existe razón para ello. Nadie estaba amenazando a nadie”.

Mearsheimer diagnostica que EU y los líderes europeos cometieron un error al tratar de convertir a Ucrania en un bastión occidental en las fronteras de Rusia. Expone la afrenta occidental del equipo de Clinton, refrendada por Baby Bush”, y el financiamiento de 5 mil millones de dólares desde 1991 por EU para convertir a Ucrania en un satélite estadunidense mediante la ingeniería social occidental, como confesó Victoria Nuland (http://goo.gl/KdxiM2) –esposa del neoconservador straussiano israelí-estadunidense Robert Kagan–, asistente en el Departamento de Estado para asuntos europeos y euroasiáticos.

A juicio de Mearsheimer, Occidente creó la crisis y no era difícil vislumbrar la reacción de Rusia después de su clara advertencia en Georgia en 2008: basta imaginar el ultraje estadunidense si China construye una alianza militar impresionante que intente incluir a Canadá y México (sic) en sus dos fronteras.

Después de todos los agravios perpetrados contra Rusia –desde el golpe contra el presidente Yanukovych, pasando por la participación de Victoria Nuland y el senador John McCain en las manifestaciones contra el gobierno depuesto, hasta el injerencismo flagrante del embajador estadunidense Geoffrey Pyatt, ya no se diga la intromisión del vicepresidente Joseph Biden y el director de la CIA John Brennan–, la imposición del fondomonetarista Arseniy Yatsenyuk como primer ministro, no le quedó más remedio a Putin que reaccionar: Putin juega rudo.

Mearsheimer respeta a Putin y, al contrario de su satanización por los multimedia anglosajones, es un estratega de primera clase que debe ser temido y respetado por cualquiera que lo desafíe en política exterior. Considera que hasta ahora la respuesta de Putin a los eventos ha sido defensiva, no ofensiva.

Para Mearsheimer lo ocurrido es geopolítica elemental: las grandes potencias siempre son sensibles a amenazas posibles cerca de su hogar y sugiere que EU y sus aliados europeos deben abandonar su plan para occidentalizar Ucrania y en su lugar tener como objetivo convertirlo en un amortiguamiento neutral.

Concluye que EU algún día necesitará la ayuda de Rusia para contener el ascenso de China. La presente política de EU solamente empuja más cerca a Moscú y a Pekín. La presente política de EU y sus aliados europeos exacerbará las hostilidades con Rusia y devastará a Ucrania en el proceso en el que todos saldrán perdedores.

Otra opción es crear una Ucrania próspera, pero neutral que no amenace a Rusia y que permita a Occidente reparar sus relaciones con Moscú y así todos ganan.

Mientras en Occidente “se consagran a discutir bizantinamente qué hacer con Rusia, el zar Putin en forma imperturbable acaba de recordar a la OTAN que Rusia es una superpotencia nuclear con la que no se juega (http://goo.gl/uaOaq9).

Por Alfredo Jalife-Rahme

Don Alfredo Jalife-Rahme
Don Alfredo Jalife-Rahme

Con información de La Jornada

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Avión de Malasia:¿querían asesinar a Putin?

El presidente ruso Vladimir Putin participa en una videoconferencia con Igor Sechin, presidente de la empresa Rosneft, y Glenn Waller, gerente para Rusia de ExxonMobil, ayer. La petrolera estadunidense está por comenzar perforaciones prospectivas en busca de petróleo en el Ártico ruso ©Ap
El presidente ruso Vladimir Putin participa en una videoconferencia con Igor Sechin, presidente de la empresa Rosneft, y Glenn Waller, gerente para Rusia de ExxonMobil, ayer. La petrolera estadunidense está por comenzar perforaciones prospectivas en busca de petróleo en el Ártico ruso ©Ap

Se les desploma su quimérico caso a los mendaces propagandistas anglosajones que sin evidencias habían indiciado al presidente ruso Vlady Putin de ser el autor del criminal derribo del avión de Malaysia Airlines cuando, al parecer, él era a quien quisieron asesinar los neonazis (literal) del gobierno de Ucrania, que confundieron su avión.

Russia Today había publicado, inmediatamente después de la tragedia, la versión de que el objetivo verdadero era el avión de Vlady Putin, quien regresaba de su gira triunfal por Latinoamérica (http://goo.gl/xkbUcZ).

Por prudencia extrema, no descargué la versión de Russia Today, que dejé en el tintero, sobre los dos aviones que volaron cerca: el Boeing-777 derribado de Malasia y el IL-96 del presidente ruso con enorme parecido tricolor: rojo, blanco y azul.

Sale a colación un proverbio árabe sobre la clandestina mentalidad criminal de algunos sectores que navegan con máscara angelical: matar a alguien para luego encabezar su entierro.

Aun en los avernos existen grados de malignidad, como ilustró el genial florentino Dante, cuando nuestras peores expectativas escatológicas suelen ser superadas por el ilimitado grado de maldad a la que han llegado las caóticas relaciones internacionales en el centenario de la Primera Guerra Mundial.

El galardonado investigador estadunidense Robert Parry ahora vuelve a la carga y, después de haber filtrado que el ejército de Ucrania había derribado el fatídico avión, comenta que “algunos analistas de Estados Unidos piensan que Putin, cuyo avión volaba cerca, pudo haber sido el objetivo de los ucranios de línea dura que derribaron erróneamente el avión (http://goo.gl/P2jvjM)”. ¡Súper uf!

El célebre Robert Parry detonó el pestilente escándalo del Irán- contras y ahora emitió la huérfana hipótesis contraria a la grotesca cuan masiva cacofonía propagandística anglosajona que exorcizó a Vlady Putin (http://goo.gl/n8jlpe).

Afirma que en caso de ser verdadera, la dirección de la investigación en el derribo del 17 de julio ha virado dramáticamente de los alegatos iniciales del gobierno de Estados Unidos de que los rebeldes orientales ucranios, usando una batería antiaérea provista por Rusia, fueron responsables de haber derribado el avión matando a 298 personas a bordo y cuya consecuencia fue la histeria antirrusa del gobierno de Obama, que orilló a los europeos a sancionar a Moscú y desembocó en una incipiente guerra comercial.

Ni existió misil ruso ni los rebeldes poseían tales misiles letales, por lo que los analistas de Estados Unidos plantean un escenario distinto, en el que la línea dura del gobierno de Ucrania –¿cuál será su indetectable línea suave?–, en colusión con elementos de la fuerza aérea, puedieron haber intentado emboscar el avión de Putin, pero en su lugar derribaron el avión malasio. ¡Y retumba en su centro la Tierra!

Dos cazabombarderos del gobierno de Kiev acompañaron al avión derribado, que fue obligado extrañamente a cambiar su ruta por la torre de control.

Según Robert Parry, los dos cazabombarderos de la fuerza aérea de Ucrania pudieron haber liquidado al avión malasio golpeado por el misil lanzado por el ejército de Ucrania en la parte oriental.

Las implicadas autoridades de Ucrania contaban con pocos minutos para detectar el avión de Putin y es plausible que los atacantes tomaron una decisión precipitada para derribar antes de darse cuenta de que habían cometido un trágico error.

¿Un error a esas alturas? ¿Quién sopló el mapa de ruta del avión de Putin sobre Ucrania oriental? ¿Quien conmutó las rutas tanto del avión ruso como del avión malasio?

El deseo de los extremistas de Ucrania de asesinar a Putin está plasmado en intercepciones telefónicas y en datos de espionaje, y Robert Parry da mucho crédito a las amenazas de muerte contra Putin de la ex premier Yulia Tymoshenko y, sobre todo, de su aliado: el banquero oligarca Iho Kolomoyskyi (con una fortuna de 6 mil 500 milllones de dólares, quien ostenta la triple nacionalidad ucrania, israelí y chipriota), que literalmente compró la gubernatura de la región suroriental de Dnipropetrovsk, no muy lejos del lugar donde fue derribado el avión.

La biografía crapulosa del banquero Kolomoyskyi (http://www.alfredojalife.com/?p=1280 ) no es nada edificante y se desprende de las investigaciones que es uno de los principales sospechosos de haber teledirigido el derribo del avión malasio.

Las amenazas de muerte contra Putin de la dupla Tymoshenko/Kolomoyskyi son estudiadas como posible motivo del ataque al avión malasio, asevera Robert Parry.

En paralelo al fallido asesinato de Putin, otra línea de investigación en Estados Unidos apunta a que los militares de Ucrania derribaron el avión de pasajeros simplemente (sic) para crear una provocación que pudo haber sido volteada contra los rebeldes y Rusia.

El viejo zorro caribeño Fidel Castro nunca se fue con la finta y sin titubeos señaló la culpabilidad de Ucrania en el derribo del avión, en coincidencia con el inicio del infanticidio de palestinos por la potencia nuclear Israel.

Robert Parry se inclina más por la hipótesis del asesinato de Putin, lo cual hubiera desencadenado represalias nucleares de Rusia y la invasión de Ucrania, con una alta probabilidad de una confrontación con Estados Unidos.

La imperturbabilidad de Putin es proverbial: a diferencia del locuaz Obama, actúa más de lo que vocifera. Dejó pasar tres semanas de exorcismos en las portadas de las revistas anglosajonas ( Time, Newsweek y The Economist) que, más que con Hitler, lo compararon con Mefistófeles.

Esta semana The Economist se quedó sin portada rusófoba –que consagró insulsamente al negocio del sexo–, mientras el mundo retuvo su respiración por la proximidad de una tercera guerra mundial por escalada y en cascada global.

Ahora Obama puede partir de vacaciones por dos semanas, mientras las bolsas regresan a las cotizaciones triunfales y Robert Parry se refocila con sus notables filtraciones que subtienden a una desescalada en Ucrania.

Como excepcional judoka cinta negra, Putin resbaló el diluvio de golpes occidentales y con un solo revire magistral pasó a la contraofensiva tanto con la extensión del asilo a Snowden por tres años como con sus demoledoras sanciones alimentarias a Europa y Estados Unidos, que pusieron puerilmente el grito en el cielo.

Esta semana se escenificó la extraña cuan súbita dimisión del jefe de seguridad nacional de Ucrania, el anterior líder nazi (literal) Andrij Parubiy.

¿Habrá sido ya desenmascarado Andrij Parubiy por los servicios de inteligencia de Estados Unidos?

La contumaz cuan mendaz prensa anglosajona en el caso del avión malasio se degradó hasta el noveno círculo de los avernos dantescos al padecer el “síndrome Mamá Rosa”: defender la indefendible criminalidad mediante el control orwelliano de sus multimedia carentes de sindéresis y sin contraste dialécticamente antitético y que sólo sirven los intereses plutocráticos neoliberales de sus dueños al precio de aniquilar la verdad ética y estéticamente luminosa, ya no se diga de colocar irresponsablemente al planeta al borde de una guerra nuclear.

Por Alfredo Jalife-Rahme
Con información de La Jornada

Don Alfredo Jalife-Rahme
Don Alfredo Jalife-Rahme

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