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Alamut y los Castillos Persas

Ciudades y castillos en Persia conquistados o influenciados por asesinos (basados ​​en E. Burman)

El difícil terreno y la dureza del clima, junto con la costumbre de destruir los castillos una vez tomados, han contribuido a que los pocos de  ellos que sobrevivieron a los Asesinos no sean en la actualidad más que un montón de ruinas. Tal y como ha observado un historiador del Irán moderno:

«En su conjunto, las condiciones geográficas y climáticas de Irán producen un delicado equilibrio entre la subsistencia y su ausencia». 1

Cuando dejaban de existir las condiciones políticas y económicas que justificaban la existencia de una fortaleza o ciudad, también desaparecía la fortaleza o ciudad en cuestión, como si se tratara de artefactos surgidos en un momento de subsistencia. Esto puede aplicarse tanto a los lugares habitados por los Asesinos como a las ciudades que fundara Alejandro Magno, tales como Balkh, o Alejandría la Lejana, en el norte de Afganistán, o a las ruinas de las literalmente incontables ciudades que existieron en el desierto al sureste de Teherán, en la zona limítrofe entre Persia, Pakistán y Afganistán, donde las actuales condiciones áridas contradicen la gran fertilidad que existió en tiempos antiguos.



Además de la erosión natural producida por el viento, la arena, la lluvia, o la destrucción provocada por la actividad humana, debe tenerse en cuenta que los castillos de los Asesinos estuvieron situados en un terreno de gran sismicidad. Los estudios sobre la sismicidad histórica de la zona han demostrado la gran frecuencia con que los terremotos devastaban los asentamientos humanos, destruyendo características arquitectónicas de gran importancia.

No obstante, se dispone de menores pruebas al respecto en lo que se refiere a áreas remotas e inaccesibles, como es el caso de las montañas Alborz. Los restos existentes sugieren que la mayoría de los castillos experimentaron un considerable proceso de destrucción: en Samiran, por ejemplo, se observa con claridad el deslizamiento de partes importantes del castillo hacia el lecho del río, que corre al pie de una de sus laderas. Tales daños son típicos del desmoronamiento causado por los terremotos.

En un estudio sobre la sismicidad del centro y norte de Irán, N. N. Ambrasey ha proporcionado una información interesante sobre los posibles efectos de los daños causados por los terremotos, pertinente para el estudio de los castillos de los Asesinos. En la zona de Qazvin, que comprende aproximadamente Alamut (a unos cincuenta kilómetros en línea recta al noreste de Qazvin), y otros grandes castillos de los Asesinos, como Lammassar y Samiran, se registraron terremotos muy destructores en 1119 y 1176, épocas en que los Asesinos todavía residían allí. Pero de mucha mayor importancia fue el gran terremoto ocurrido el 14 de agosto de 1485, el cual:

…devastó los distritos de Eshkevar, Alamut, Talekan y el alto Shahsevar. Todas las casas y edificios públicos quedaron destruidos o gravemente dañados en una zona de 10.000 km2 y muchas personas resultaron muertas.» 2



Los informes contemporáneos aseguran que las sacudidas posteriores al terremoto principal duraron dos meses. En 1639 y 1808 hubo otros terremotos, además de los terremotos menores que muy probablemente no fueron registrados, los cuales contribuyeron a completar la destrucción, lo que explica que algunos castillos ya no existan más que en las crónicas. Incluso zonas tan importantes como Alamut sólo pudieron ser reconocidas gracias a lo que aún quedaba de ellas en el siglo XIX, y Lammassar sólo pudo ser reconocido convincentemente en 1962 por parte de Peter Willey. Se deben tener constantemente en cuenta estos problemas en cualquier discusión sobre los castillos de los Asesinos.

Por E. Burman


Notas:

  1. Avery, P., Modern Iran, Londres: Ernest Benn (1965), p. 6.
  2. Ambraseys, «Historical Seisrnicity», p. 56.

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Alí Rida (al-Ma’mun) y el Islam Shi’a

Pero lo más interesante desde el punto de vista de una historia de los Asesinos es que un tercer hermano de estos rebeldes, Yahya, continuó su rebelión durante el reinado de Harun al-Rashid (786-809), el más grande de los califas Abásidas y contemporáneo de Carlomagno. Yahya logró huir al reino de Daylam, donde el shiísmo ya había echado raíces, siendo muy bien recibido por su población.

Daylam estaba situado en la zona occidental de Persia, al sur del mar Caspio, y fue aquí donde los Asesinos se establecieron más tarde, bajo la dirección de Hasan-i Sabbah. La historia de Yahya ilustra el hecho de que esta región remota y montañosa ya fuera potencialmente la cuna de la disidencia y la rebelión dos siglos antes.

Durante el reinado de al-Ma’mun (813-833), el hijo de al-Rashid convertido en califa tras la muerte de su hermano mayor, estalló otra intrigante revuelta en Kufa, dirigida esta vez por Abu ‘í-Sarava en nombre de un descendiente de Ali llamado Ibn Tabataba:

Ma’mun, reconociendo la fuerza de los Shi’a y sosteniendo puntos de vista similares en relación con los derechos sucesorios de AH, se proclamó como heredero del califato en el año 201 de la Hégira (816), con el nombre de ‘Alí Rida b. Musa Ja’far al-Sadiq, y ordenó que el color negro, emblema de los Abásidas, fuera sustituido por el verde de los partidarios de ‘Ali. Los Abásidas de Irak denunciaron la decisión de Ma’rnun, y rindieron homenaje a su tío, Ibrahim b. al-Mahdi. Al enterarse de ello, Ma’rnun se apresuró a regresar desde Khorasan a Bagdad. Durante el viaje, Alí Rida murió repentinamente en Tus, probablemente envenenado.

Durante este período se abrió otro refugio a los rebeldes chiítas más allá del reino de Daylam. En el año 864 Hasan b. Zayd fundó un estado de los partidarios de ‘Ali en Tabaristán, tras haber derrotado a los Abásidas. Dicho estado se convirtió en refugio de los miembros de la casa de ‘Ali, hasta que desapareció en el año 928.

Por E. Burman



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