Los primeros Árabes de la China

Así que quedó constituido el Imperio de los Árabes, los califas de Oriente y los soberanos de China se enviaron frecuentemente embajadores; y se establecieron con regularidad relaciones comerciales entre chinos y árabes por mar y tierra.

Lo mismo que en todos los países donde penetraron los Árabes, el Islam hizo luego muchos progresos en China, y hoy se cuentan allí veinte millones de musulmanes, según la reciente obra de Mr. Dabry de Thiersant sobre el Islam en China. Ya se habrá comprendido que estos musulmanes no son de origen puramente árabe, sino que están mezclados de sangre china; y siguiendo al autor que acabo de citar, vienen a componer una raza especial, resultado del cruzamiento de tres sangres, la árabe, la turca y la china.

Según su parecer, «el primer núcleo de musulmanes de Occidente implantado en China, se compuso de un contingente de cuatro mil soldados árabes que el califa Abu-Giafar envió en el año 775 en socorro del emperador Su-Tsong, amenazado por el rebelde An-Lo-Chan. En recompensa de sus servicios, el emperador les permitió establecerse en las principales ciudades del imperio; y esos soldados, que .se casaron con mujeres chinas, deben ser considerados como el origen de los musulmanes chinos.»



Después de citar la opinión de Anderson, que dice que su honradez es superior a todo encomio, de lo cual da curiosas pruebas, el autor añade lo siguiente, sugerido por sus propias observaciones:

«Generalmente están dotados de un gran sentimiento de rectitud y honradez; de modo que los que ocupan cargos públicos son queridos y estimados de las poblaciones, y los que se dedican a negociar disfrutan de excelente reputación. Todos son caritativos por principio religioso, y parecen no formar más que una sola familia, cuyos miembros se protegen y sostienen mutuamente.

Lo que sobre todo demuestra su superioridad es que a pesar de su defecto original, a favor de las bien meditadas concesiones que han sabido hacer a las exigencias de su país adoptivo, como también a favor del lazo de confraternidad religiosa que les une a todos entre sí, han llegado a crecer y desarrollarse, mientras que las demás religiones extranjeras que han tratado de establecerse en China, no han hecho más que pasar o vegetar.»

La gran tolerancia de los musulmanes chinos, su espíritu liberal, su cuidado en no faltar, como los misioneros de otros cultos, a los usos, leyes y creencias del país donde recibían la hospitalidad, han hecho que disfrutasen exactamente de los mismos privilegios que los demás chinos, pudiendo ser mandarines, ocupar empleos en el ejército, y hasta tenerlos en la corte del emperador.

Me he visto obligado a ahincar en este capítulo respecto a puntos bien descuidados hasta ahora por los historiadores, a pesar de ser dignos de meditación preferente; pues sólo su lectura puede esclarecer la sucesión de los acontecimientos históricos. Entre los diversos factores que contribuyen a determinar la evolución de un pueblo, la capacidad moral e intelectual figurará siempre entre los más poderosos.



Ese conjunto de sentimientos inconscientes que se llama carácter, y que son los verdaderos móviles de la conducta, el hombre los posee cuando viene al mundo; pues como están compuestos de la sucesión de los antepasados que lo han precedido, influyen en él con un peso del cual nada sería capaz de librarlo, y desde el seno de su polvo todo un pueblo de muertos le dicta imperiosamente su conducta.

En los tiempos pasados se han elaborado los motivos de nuestras acciones, y en los tiempos presentes se preparan las de las generaciones que nos sucederán: esclavo del pasado, el presente es señor del porvenir; por lo cual el estado del uno será siempre indispensable para el conocimiento del otro.

Por G. Le Bon

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