La lengua andaluza aljamiada

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El romance aljamiado andaluz comparte muchos rasgos con las lenguas romances del norte peninsular. “Muchos de los rasgos lingüísticos de la zona asturiana en ese periodo inicial coincidían con los que ya hemos analizado a propósito del mozárabe”. “El romance gallego presentaba muchos elementos en común con el romance andalusí o mozárabe” (Coloma Lleal, “La formación de las lenguas romances peninsulares”, Barcanova, pág. 160-161). “Los rasgos del leonés y gallego al Occidente y los del aragonés y catalán al Oriente… se unían por el centro y por el sur mediante el habla mozárabe de Toledo, de Badajoz, de Andalucía y de Valencia, análoga a la de los extremos en muchos de sus rasgos principales” (Menéndez Pidal, “Orígenes…”, pág513). “Los dialectos del sur y los occidentales conservaban los diptongos ai, au. La forma primitiva subsistía entre los mozárabes -febrair, pandir, kerri, lausa-, aunque no debían faltar los grados ei, ou-Alpandeire, Capileira, Lanteira, Poqueira, Perreirola, en la toponimia granadina-”. (Rafael Lapesa, “Historia de la Lengua Española”, Gredos, pág. 181).





Sin embargo, la lengua romance de al-Ándalus, a través de los años y por influencia de la lengua culta del momento, el árabe, fue incorporando términos de este idioma directamente, a través de una transformación fonética o por simple asociación de ideas o conceptos. En algunas ocasiones, esta transformación sólo consistía en añadir el artículo árabe “al” a la palabra romance o, simplemente, adaptar el vocablo a la pronunciación propia del pueblo. Sea como fuere, el resultado de todas estas transformaciones, del latín al romance o del árabe al romance, es la creación de una nueva lengua, que oficialmente se denomina mozárabe y otros conocemos como Aljamía o la lengua romance de al-Ándalus.

Ya en la Enciclopedia Universal Ilustrada, cuya primera edición se inició bajo los auspicios del mayor filólogo español de los tiempos modernos, Don Ramón Menéndez Pidal, se reconoce: “En la parte dominada de modo más o menos permanente por los árabes, la población hispanorromana conservó su lengua latina y desarrolló el dialecto mozárabe. El árabe de los invasores no pasó de ser una lengua aristocrática, militar y literaria, que convivía con el habla popular romance”.

Una vez reconocida la existencia de esta lengua en Andalucía, nos preguntamos: ¿cómo era esta lengua romance de al-Ándalus? En el periodo inicial se caracterizaba por su mayor fidelidad al latín, lo que se refleja en la presencia de abundantes arcaísmos y la conservación prácticamente inalterada de la fonética latina. Debido a la sustitución del latín por el árabe como lengua culta y de escritura, en Andalucía la lengua aljamiada no se llegó a representar con grafía latina, únicamente se utilizó como lengua hablada por lo que sólo se ha podido reconstruir su interpretación a través de los textos árabes en los que se emplean términos aljamiados. Pero con la dificultad que entraña escribir con caracteres arábigos una lengua tan distinta como el romance de al-Ándalus.

Desgraciadamente, hasta nosotros sólo ha llegado una pequeñísima parte de la literatura en la lengua romance de al-Ándalus. Fundamentalmente han sido encontradas en unas composiciones poéticas, cuyo final se llama Jarcha y que, según Emilio García Gómez en “Las Jarchas romances de la serie árabe en su marco” (Seix Barral, pag. 35) “las jarchas nacen dentro de una sociedad perfectamente bilingüe”. Así, vemos frases enteras en romance como benid la pasqua, aún sin elle, / lasrando meu qorazun por elle./ Komo si filiyolo alyeno,/ non mas adormes a mew seno,/ ¡Alba de mew fogore!/ ¡alma de mew ledore!/ non estadn ar-raquibe/ esta nojte ker amore.

El texto más antiguo conocido que contiene palabras en la lengua romance de al- Ándalus es el Calendario de Córdoba (siglo IX), ¿existe alguna lengua romance de mayor antigüedad? Los primeros textos literarios se encuentran en los diwanes (colecciones de poemas) y entre ellos destacan el Kitab d’Aben Busra y el Yais d’Aben al-Jatib. Entre las jarchas destacan por su calidad las de Aben Luyun, el rey Al Mutamid de Sevilla, Abraham Ben Erza o Juda Ha-Leví. Las Jarchas hebreas se encontraron en una Genizah o sinagoga vieja de El Cairo y, las de la serie árabe, en librerías de Oriente Medio y del Magreb.





Es en las Jarchas, en los tratados de botánica, medicina o farmacopea, en los tratados de geografía o en algún glosario latino-árabe donde vislumbramos cómo era en realidad el romance aljamiado andaluz a través de los términos que aparecen en ellos. Así, los andaluces decían yenair (enero), meu amore (mi amor), ledore (alegría), colombaira (palomar), lauxa (losa) o yengua (lengua), con pronunciación yeista de la ll. (Mdez.Pidal, Orígenes…pág.432)

Dicen los especialistas que no existen textos con grafía latina que contengan palabras aljamiadas, sin embargo por otro lado reconocen que multitud de textos latinos de los monasterios del norte donde se ven anotaciones en árabe, están escritos claramente por notarios o clérigos mozárabes provenientes, princip almente, de Andalucía. En el caso del reino de León, Gómez Moreno en “Iglesias Mozárabes” nos dice que en la mayoría de los textos latinos escritos por los cartularios de los monasterios de la zona aparecen inscripciones en árabe, unidas a una larga lista de nombres patronímicos árabes o arabizados y recogiendo también una larga lista de palabras arabizadas. El propio Menéndez Pidal (Orígenes… pág 458-459) también ve procedencia mozárabe en estos notarios leoneses que emplean un latín romanceado arcaico en sus escritos.

La historia nos dice que durante varios siglos -del VIII al XII- hubo una gran emigración de andaluces a diferentes zonas del norte de la Península Ibérica. Es lógico pensar que estos repobladores cultos que llevaban su arte -plasmado, sobre todo, en la multitud de iglesias mozárabes y en los códices miniados, llamados Beatos- y su cultura, también llevaran su habla, que en el caso del leonés arcaico se asemeja más a la lengua romance de al-Ándalus (por eso, en los textos aljamiados moriscos se ven todavía arcaísmos que los especialistas califican como “leonesismos”).

Entonces, si en Andalucía hablaban Aljamía, ¿no son aljamiadas las palabras romances que estos mismos clérigos insertan entre sus textos latinos? Existen multitud de palabras romances entre los textos latinos del norte escritos durante los siglos IX, X y XI, antes del nacimiento escrito de la lengua que luego se llamó “castellano”, muchas de estas palabras estaban fuertemente arabizadas. En el primer texto conocido donde se nombra Castilla como un pequeño lugar de la Bardulia, fechado en el 800, aparecen palabras claramente aljamiadas. Una de ellas “foze” (el alfoz andalusí) va a determinar la estructura administrativa de la primitiva Castilla burgalesa. En las propias Glosas Emilianenses, consideradas como los primeros textos donde se escriben párrafos completos en “castellano” (actualmente puestos en tela de juicio por diversos estudios filológicos entre los que destacan los del alemán Heinz Jürgen Wolf), aparecen términos aljamiados y, según Gómez Moreno, raspaduras de haber eliminado multitud de anotaciones en árabe, aunque algunas olvidaron borrarlas siglos después.

La semejanza de que nos hablan los especialistas entre los distintos dialectos peninsulares en la etapa de su formación hasta el siglo XI, la podemos deducir por una serie de escritos de la época. Y la podríamos explicar por un sustrato latino común en zonas bastante romanizadas hasta varios siglos después de la dominación romana, como puede ser la Bética, Mérida, Toledo y todo el Levante, pudiendo unirles el norte de Lusitania y parte de Galicia. Pero ¿cómo explicar esta semejanza en zonas tan poco romanizadas como la cornisa cantábrica o con una zona tan despoblada y tan desromanizada como la meseta norte? ¿cómo se puede explicar que una lengua romance, procedente del latín, a la que se han ido incorporando multitud de términos arabizados y en cuya difusión han intervenido los monjes (las personas letradas de la época) pueda provenir, precisamente, de una zona como el norte de Burgos, la Rioja, Vascongadas y, en general, la cornisa cantábrica, zona menos romanizada, menos arabizada y más tardíamente cristianizada de toda la península?.

Un estudio serio, sin concepciones preestablecidas, llevaría a la lógica conclusión de que si los textos donde aparecen palabras romances están escritos por mozárabes, y si estos mozárabes hablaban en sus tierras de origen la lengua romance de al-Ándalus y si, según esos mismos especialistas, el romance que se deduce de los textos latinos, que incluso llevan anotaciones en árabe, es el mismo, tendríamos que concluir con que el romance que aparece en el norte es también Aljamía llevado allí por los andaluces.





Cosa curiosa, el intento de la historiografía oficial de querer hacer descender el habla andaluza actual de los conquistadores castellanos, puede, si recogemos sus mismos argumentos y los desprendemos de prejuicios, volvérseles en su contra. Analizando todo lo anterior, hay datos para argumentar que el idioma llamado castellano o español es la asimilación por parte de Castilla de la lengua romance andaluza. Las evidencias y los sucesivos descubrimientos, están terminando con las teorías oficiales y demostrando que carecían de todo fundamento.

Este libro es un trabajo realizado a partir de diversas reflexiones y artículos efectuados por: Paco Albadulí, Libero Ubeya, Miguel Moya Guirao, Xosse Alkassa,Yual Alon,Huan Porrah, Antonio Jesús Torres. Y adaptados por: Tomás Gutier

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Un comentario sobre “La lengua andaluza aljamiada”

  1. Andalucía en el pasado fue árabe. Pero el poder siempre ocultó esta parte de la identidad andaluza. Tanto que miramos a las culturas árabes con recelo y extrañas. Como si todo fuera fanatismo en el mundo islámico. Como si lo que nos diferencia fuera más importante que lo que nos pueda unir. Hace falta más didáctica para que el pueblo andaluz se aproxime más a esas raíces fraternas.

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