La maldición del Judío de Siurana – La traición al Reino Moro – (+ Video)

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La Reina Mora de Siurana ,último enclave andalusí en tierras catalanas

El judío es el segundo de los personajes legendarios del sitio de Siurana, un hombre que hace una transacción y pacta. Así mismo, quien falla no es él, sino los cristianos conquistadores del territorio, que se despreocuparon del trato convenido en el momento incontrolado de la ocupación de la plaza. Su iniciativa de confabulación pasó por entregar las llaves de la ciudad de la Reina Mora de Siurana y así, a cambio, salvar su vida y sus dominios.

La situación era extremadamente difícil. Inicialmente no se trataba de obtener unas condiciones generosas o de concertar una posible conveniencia, sino que el propósito firme de los cristianos era la expulsión total de los sarracenos de sus casas y tierras de forma incondicional y sin atenuantes.

Fue la penumbra de tener que errar miserablemente por los caminos lo que indujo a los siuranencos de aquellos días a la resistencia delante de la cruz:

«Más vale que muramos aquí mismo en defensa de lo que es nuestro a que tengamos que hacerlo en la miseria sin cobijo en tierras extrañas».

«Aquí están las cenizas de nuestros bisabuelos, de nuestros abuelos y de nuestros padres; y dejaremos también las nuestras».

«Aquí hemos nacido y aquí moriremos».

Ésto se oía alrededor de la roja plataforma, en aquellos últimos días de sitio, cuando el agua, la comida y las armas de la lucha estaban acabándose y muchas personas civiles desfallecían de hambre y de sed por las calles.

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Lienzos derruidos de la alcazaba andalusí, más tarde alojaron a una cárcel de alta seguridad

Fue entonces cuando Shylock Roquerol, después de llevarse la mano al corazón, tomó la decisión de negociar la liberación de la población bajo la promesa de respetar las vidas y de favorecer a los que habían de ser expulsados con todo lo que pudiesen llevarse de sus pertenencias. En el trato estaba el respeto general a la fortuna de los judíos y la autorización para ellos de permanecer; de esta manera el judío obtendría muchos de los bienes de los sarracenos ya que los tenían empeñados.

El judío con barba roja se remanga y sosteniéndose la túnica, baja cautelosamente por uno de los pasos no controlados de Siurana, por un negro agujero de pozo o por una grieta con una antorcha encendida en la mano camino de la confabulación con los cristianos. El judío les entrega las llaves de la ciudad abriendo algún paso comprometido, la trampa de un pozo o un portal que da acceso al interior del recinto amurallado a una fuerza enemiga. Esta tuvo cuidado de abrir inmediatamente un portal el cual engulló el río de cristianos victoriosos.

Los que quedaban delante del otro portal, aún cerrado, acercaron a la muralla las escaleras que tenían preparadas y la ganaron sin encontrar ninguna resistencia. No respetaron ni ancianos, ni niños, ni mujeres. Pronto todo Siurana fue un gran incendio, coronado por una columna de humo negro que se perdía en el cielo azul.

El judío, desesperado, al ver que los cristianos faltaban a la palabra dada y que todas sus previsiones se deshacían, tiró el casquete al suelo.

Vio como sus hijas luchaban en brazos de los cruzados; fue golpeado, cayó sin sentido y al recobrarlo, las llamas invadían su domicilio.

Buscó a su mujer y a sus hijas; no las encontró y huyó a grandes zancadas pasando por encima de los cadáveres de los sarracenos abatidos. Salió por el portal de Prades y se resguardó en la muralla para dejar pasar las oleadas de los que seguían entrando. Puertas afuera, iba atolondrado, agitando los brazos , lamentándose y ofuscado diciendo: ¿qué he hecho, qué he hecho? iba a volver atrás, pero el recuerdo de los horrores presenciados le producían angustia y dolor.

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Una roca, con perfil típicamente hebreo domina el sector más elevado del barranco, recordando, según las gentes del lugar, aquel episodio de la historia de Siurana

Se ponía de nuevo las manos en la cabeza, se restregaba los ojos y seguía adelante. Ni el dolor de las heridas ni la sangre viscosa que se mezclaba con el sudor, le reducían el desasosiego que le producía el terrible error de haber confiado en la palabra de los cristianos.

Dio toda la vuelta al valle del Estupiñán hasta la Gritella llegando a la cima de la Siuranella pudo ver como la confusión y el fuego acababan con los edificios que su imprevisión había entregado al enemigo. Había anochecido y el resplandor del incendio iluminaba aquel trágico escenario.

El judío sintió un frío estremecedor y enderezó el cuerpo. Se sintió lleno de un poder y de un vigor mágico y un afán vengativo lo invadió por completo. Gritó: «No os beneficiaréis de Siurana, perjuros y asesinos que la habéis quemado! No florecerá. Jamás será nada en vuestras manos!»

Y siguió clamando bajo poderes diabólicos haciendo extensiva la maldición a los hijos de los asaltantes y a su descendencia por los siglos de los siglos.

Dicen que la predicción se mantiene aún sobre Siurana, que jamás volverá a ser lo que fue.

«Desde la conquista ha llevado siempre una vida misteriosa, y está llamada a extinguirse si Dios no le otorga el perdón

Una gran piedra de la Gritella ofrece un parecido sorprendente con el perfil de un rostro humano. Se dice que aquella es la cabeza del judío que entregó las llaves de Siurana a los caudillos cristianos.

Leyendas de Cataluña

Lo que si nos consta es que por su belleza incomparable, su extensa y singular historia, el Minor Planet Center que pertenece a la «Union Astronómica Internacional» , concedió a Siurana la nominación al Asteroide 209540 como «ASTEROID SIURANA» en 2010.

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