Moral Egipcia

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En las ciudades importantes de Egipto estaba el cementerio separado de la población por un lago sagrado, en cuya margen se reunían los cuarenta y dos jueces encargados de juzgar al alma del difunto, de la propia suerte que el Libro de los muertos nos representa el juicio del alma en el mundo espiritual. Si los jueces se pronunciaban unánimemente a favor del alma, el barquero conducía el cadáver a través del lago hasta el lugar del enterramiento, y terminada la fúnebre ceremonia regresaban los sacerdotes al sagrado recinto, donde el al-om-jah instruía a los neófitos acerca del drama que en aquellos momentos se desenvolvía en el mundo invisible, y fortalecía su creencia en la inmortalidad del alma.

El Crata Nepoa  describe como sigue los siete grados de la iniciación:

El neófito pasaba en la escuela de Tebas por las doce pruebas preliminares, se le intimaba a dominar sus pasiones y no apartar ni un momento de Dios su pensamiento. Después había de subir varias escaleras y vagar a oscuras por una cripta de muchas puertas, pero todas ellas cerradas, para simbolizar en esta ceremonia la peregrinación del alma no purificada. Si triunfaba de las terribles pruebas preliminares recibía los tres primeros grados de iniciación, que se llamaban Pastophoris, Neocoris y Melanephoris. Después se le conducía a una vasta cripta llena de momias colocadas con mucho aparato, y se le dejaba frente a un ataúd con el mutilado cuerpo de Osiris. Esta cripta se llamaba “Puerta de la Muerte”, y seguramente aluden a ella el Libro de Job y los Evangelios, aunque equiparándolas con las puertas del infierno.

Vencida esta prueba, se le llevaba a la “Cámara de los Espíritus” para que estos le juzgasen.


Entre las enseñanzas morales en que se instruía al neófito, figuraban la abstención de todo género de venganza, el auxilio del necesitado, aún con riesgo de la propia vida, honrar a los padres, enterrar a los muertos, respetar a los ancianos, proteger a los débiles y pensar de continuo en la muerte seguida de la resurrección en nuevo e imperecedero cuerpo . La castidad era virtud rigurosamente prescrita en las iniciaciones, y el adulterio estaba penado de muerte.

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Al recibir el cuarto grado (Kristophores) se le comunicaba al candidato el misterioso nombre de IAO y en el quinto (Balahala) se le comunicarban los secretos de la alquimia (chemia) en nombre de Horus.

En el sexto grado se le enseñaba la danza cíclica sacerdotal que era un verdadero curso de astronomía, pues simbolizaba el movimiento de los planetas. En el séptimo grado se le iniciaba en el misterio final, después de pasar por la última prueba en el astronomus , y entonces recibía la cruz (tau) que al morir le colocaban sobre el pecho. Ya era hierofante.

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