Siria a través de Agatha Christie – Por Cristina Morató

CRÍMENES Y RUINAS. De la mano de su flamante marido, Agatha se sumergiría en el mundo de la arqueología pasando largas temporadas en Siria, cuna de las más grandes civilizaciones. Sus incontables vestigios y fabulosas ciudades enterradas en la arena cautivaron a la dama inglesa. De entre todas ellas, Palmira o Tadmor, una de las grandes metrópolis de la Antigüedad, le fascinó por la belleza de su emplazamiento junto a un oasis. La escritora solía alojarse en el hotel Zenobia (hoy sólo recomendable para contemplar el atardecer desde su terraza), en la habitación 102. Los encargados del hotel no dudan en mostrar la pequeña y sencilla habitación donde, al parecer, Agatha escribió algunas de sus novelas ambientadas en Siria.

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Hotel Zenobia

Agatha Christie no se limitó a acompañar a su esposo en las excavaciones que realizó entre 1928 y 1959 en esta región, sino que se convirtió en su más eficaz ayudante de campo. La famosa novelista restauraba y limpiaba objetos de marfil, reconstruía piezas de cerámica, catalogaba el material encontrado, tomaba fotografías… Cuando vivía en los yacimientos de Chagar Bazar y Tell Brak, al norte de Siria, se convertía en una sencilla ama de casa que se encargaba de la intendencia del campamento y enseñaba a sus cocineros nativos a preparar, en medio de la nada, exquisitos souflés de vainilla y pastelitos de chocolate.

En 1935, tras una temporada trabajando en Irak, la escritora y su esposo comenzaron sus excavaciones en Siria. Por entonces llegaba desde Inglaterra en barco a Beirut, y de allí en tren hasta Alepo, «el último vestigio de civilización antes del desierto». Alepo era una de las ciudades sirias preferidas por la pareja aunque por motivos bien distintos. A Max le gustaba esta ciudad de glorioso pasado que rivalizaba con Damasco en ser «la ciudad poblada más antigua de la tierra». Para Agatha, más pragmática, significaba poder darse un baño de agua caliente, visitar a los amigos y salir de compras por su famoso zoco cubierto de más de 10 kilómetros de largo. En Alepo, con su imponente ciudadela rodeada de muros, se detenían para organizar todos los detalles del viaje antes de enfrentarse a los casi seiscientos kilómetros «de polvo y baches» que les separaban de Chagar Bazar.

Agatha y Max se alojaban siempre en el Hotel Baron, el único establecimiento confortable y decente de su época, fundado en 1911 a un paso de la estación de tren a donde llegaba el Taurus Express. El mítico hotel donde también se alojaron Lawrence de Arabia y el rey Faisal es hoy una reliquia del pasado.

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Baron Hotel – Aleppo – Siria

Su abandono y ambiente decadente permiten imaginar a la gran dama del crimen sentada en uno de sus butacones de piel, escribiendo las primeras páginas de su novela Asesinato en Mesopotamia. Siria cambió para siempre su vida y en su delicioso libro autobiográfico, Ven y dime cómo vives, donde recordaba sus viajes por Oriente Próximo, confesaría: «Amo ese generoso y fértil país que es Siria y a sus gentes sencillas, que saben reír y gozar de la vida (…) Inshallah, volveré y las cosas que amo no habrán perecido en esta tierra».

Cristina Morató es autora de ‘Las damas de Oriente’. Grandes viajeras por los países árabes (Plaza& Janés) . Un relato que expone las asombrosas biografías de seis damas inglesas que se atrevieron a explorar territorios desconocidos de Oriente, convirtiéndose en grandes viajeras y exploradoras, que han sido tachadas de locas o excéntricas y cuyas vidas han sido ignoradas por la historia. Sus hazañas, desconocidas para la gran mayoría, son dignas de admiración pues no sólo se atrevieron a recorrer el mundo, si no que al hacerlo contradijeron los preceptos que regían la sociedad victoriana de la época, caracterizada por un machismo exacerbado que condenaba a las mujeres al ámbito doméstico.

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