Hacer presente la luz

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Hacer presente la luz

Pese a los numerosos rasgos que ha dejado en nuestra cultura, apenas somos conscientes de la extensión y el vigor de la cultura islámica. Esta exposición de la Fundación Focus-Abengoa da cuenta de ambos. La procedencia de las piezas dibuja el dilatado mapa por el que se expandió y las numerosas relaciones que estableció con otros pueblos, de mogoles a venecianos. Por otra parte, libros y objetos (brújulas y astrolabios pero también instrumental quirúrgico) recuerdan la influencia del pensamiento árabe: trajo a Europa el pensamiento de Aristóteles, cuyos escritos había conservado, y también una manera secular de comprender el mundo, la magia. Si Tomás de Aquino renovó la cultura europea con las ideas de Aristóteles, su maestro, Alberto Magno, impulsó las prácticas mágicas que habrían de tener especial peso en Occidente hasta el nacimiento de la ciencia moderna.

Yendo ya a la exposición, el tema general, la luz, lo comparten las tres religiones monoteístas, musulmanes, judíos y cristianos. Como sugirió Hegel, mientras el mazdeísmo persa divinizó la luz, las religiones monoteístas la pensaron. Vieron en la luz el signo de una fuerza que mantiene viva la naturaleza y la trasciende. Por eso es anuncio de lo sublime: la luz acoge y baña cuanto existe, lo hace ver y lo hace vivir, pero a la vez lo supera y desborda. De ahí que la luz impulse la mística cristiana y la islámica. Hay sin embargo una diferencia de alcance: la cultura cristiana a veces representa la luz (como lo hacen los rompimientos de gloria) mientras que la islámica, como señala esta muestra, la produce, la hace presente.

Así se advierte ya en las cerámicas, sencillos cuencos que son en realidad discos solares, o en piezas donde la epigrafía posee un ritmo que realza el brillo de la superficie esmaltada. Otro apartado de interés son las incrustaciones: los diversos metales con sus reflejos hacen patente la luz. Un cuenco mameluco del siglo XV evidencia además el valor de la geometría en una cultura que no es proclive a la figura: la red de rombos curvos se construye de manera tan acabada que más que ornamentar el cuenco parece formarlo, modelar su volumen elipsoidal hasta hacerlo terminar en la embocadura cilíndrica.

Otro apartado de interés son los objetos de jade, vidrio o cristal de roca. La transparencia fue siempre el mensajero de la luz y el signo de la inteligencia contemplativa. Los objetos de cristal de roca y piedras preciosas hacen pensar además en antiguos conceptos de la magia: los magos creían que el fuego de las estrellas (cuerpos que sólo tenían ese elemento, el más sutil de todos) lograba alterar el elemento más grosero, la tierra, sembrando su interior de luz condensada en rocas, las gemas.

El libro iluminado da también que pensar. Mientras que en la cultura cristiana la jerarquía eclesiástica administraba, digámoslo así, el libro sagrado, interpretándolo en la catequesis mediante los llamados sentidos de la Escritura, la cultura islámica se atenía a la literalidad de su libro, sacralizando de algún modo el texto. Así, los libros encuadran los versos del Corán con ornamentos que se antojan cultuales, haciendo figurar en los márgenes ordenadamente los comentarios aceptados. Esto convierte cada página en un poema visual, a veces sencillo y escueto, como el Corán de Kairuán, escrito en letras de oro sobre pergamino teñido de intenso azul, y en otras ocasiones, con sofisticada elaboración, como el debido al calígrafo Jwaja Saifuddin Asha’i.

La última sesión de la muestra, Una geometría de luz, hace a ésta presente en capiteles, relieves, alicatados, tejidos, puertas y celosías. A primera vista nos resulta más familiar. Es sin embargo frecuente que el visitante de la Alhambra o Medina Azahara se detenga en los elaborados arabescos y los admire, sin tener en cuenta que sus estudiados ritmos son sólo una parte de esas obras que en realidad se pensaron e hicieron para invitar a la luz a completarlas. Cada hora, a lo largo del día y del año, hace surgir una nueva obra, reiterando la afinidad oculta entre la luz y la materia.

La exposición en suma exige la visita o las visitas de cualquier buen aficionado. No sólo hallará historia y encontrará la densidad de otra cultura, sino que podrá ver una rica confluencia entre inteligencia y arte, no sólo por el esfuerzo conceptual de las geometrías, sino también por la conexión entre formas artísticas, vida y medio natural. A la muestra, en verdad ambiciosa, sólo cabe reprochar el excesivo uso de la luz dirigida. Es cierto que algunos objetos expuestos exigen este tipo de luz por ser más fácilmente regulable, pero otros muchos hubieran sido aún más convincentes bañados por una luz general en vez del foco dirigido que quita relieve a los objetos y recuerda demasiado al expositor comercial.

Por J. Bosco Díaz-Urmeneta

Con información de : Málaga Hoy

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