La princesa rebelde que hace frente al Mundo Árabe

Denuncia el estado de semiesclavitud que sufren las mujeres de su país.

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Reconocida activista social, Basmah bint Al-Saud tiene el poder de hacer que su voz sea escuchada, una posición insólita entre los millones de mujeres sauditas destinadas a vivir en silencio bajo el tradicional manto que las cubre de pies a cabeza. En los últimos meses, esta princesa árabe se levantó como una saudita rebelde que se enfrenta sin pudor a algunos de los tabúes más importantes en su país.

La princesa Basmah, que tiene cinco hijos y está divorciada de un príncipe,denuncia el estado de semiesclavitud que sufren las mujeres de su país, quienes, entre otras cosas, no pueden conducir autos, votar, hablar en público ni viajar al extranjero sin un varón que las «proteja». Las leyes sauditas se sustentan sobre una estricta interpretación de la «sharia» (o «Ley islámica»), que impone la segregación de sexos en espacios públicos. Allí, por ejemplo, hay sucursales bancarias sólo para mujeres.

«Basmah no es la típica princesa», reconoce la periodista y escritora saudita Maha Akeel. «Es famosa por su audacia, la admiro por lo que dice y por ser tan valiente como para enfrentarse a su familia… Creo que no le permiten regresar al país, donde también hay gente que está en su contra porque no quieren ningún cambio».

A ojos de Occidente, Basmah es una reformista y, en opinión del ex asesor de los Al Saud, casi toda la familia lo es. «Ellos beben, no se cubren, hacen las típicas cosas que cualquiera en Europa o en EEUU. No soportan vivir en su país pero por otra parte no gozan del poder de cambiarlo como quisieran debido a un viejo pacto con los líderes religiosos wahabíes», explica.

Basmah reside actualmente en Londres, y es la hija mejor del controvertido rey Saud, que fue destituido en 1964 porque sus lujosos gustos casi llevaron al país a la bancarrota. Es sobrina del actual rey Abdallah y de la plana mayor de la dinastía saudita, conformada por alrededor de 15.000 personas.

Pasó los últimos cinco años trabajando como periodista y bloguera y tratando temas sensibles como los abusos contra las mujeres y la pobreza en el segundo mayor exportador de petróleo del mundo, así como sobre las actividades y efectos de la «Mutawain», la «policia religiosa» que vigila las buenas costumbres en su país y que no duda en ejecutar o torturar a quienes se comporten fuera de la ley.

“Carecemos y necesitamos con urgencia, derechos civiles fundamentales que rijan nuestra sociedad”, afirmó en una entrevista a la BBC, señalando que “espera ver una Constitución adecuada que trate a todos los hombres y mujeres en pie de igualdad ante la ley y que también sirva como guía a nuestras leyes civiles y a nuestra cultura política“.

Basmah afirma que un 95% de los sauditas vive por debajo de la línea de pobreza y no tienen acceso a agua y electricidad. El otro 5% -que incluye a la numerosa Casa Real Saudita, políticos y empresarios amigos- disfruta de la riqueza del país. Ella resalta que nunca fue obligada a abandonar Arabia Saudita y que sus críticas no se relacionan con el octogenario rey Abdallah o cualquier otro miembro de la monarquía. La semana pasada, por ejemplo, elogió al fallecido príncipe heredero Nayef, quien «nunca intentó obstaculizar mi campaña en favor de las reformas o de la igualdad de género».

Más allá de atacar a su familia, acusa a las autoridades sauditas de embolsarse más de 21 millones de dólares que debían ser invertidos con el fin de ampliar la mezquita sagrada de La Meca, y afirma que «los problemas en el país se deben a sus ministros». El rey Abdallah es muy popular, y los sauditas lo reconocen como el «abuelo de la nación», cuyo gobierno lleva a cabo pocas pero muy significativas reformas, como mejorar la educación primaria e incluir el idioma inglés en el plan de estudios. El problema reside en otro lado, según Basmah, y en esto coincide con su otro tío, el príncipe Talal: «Por desgracia, hay una minoría en la familia real que no quiere cambiar. Es una minoría, pero muy influyente».

En el marco de la sangrienta «Primavera Árabe», Basmah bint Al Saud solicitó a los gobernantes sauditas ser más abiertos al cambio, haciendo hincapié en que ningún país árabe es inmune a la ola de movimientos populares que azota la región y que ya provocó la caída de gobiernos como el de Libia o Egipto. Desde su lugar, aboga por cambiar el rumbo de un país gobernado por uno de los regímenes más represivos del mundo y al que numerosas organizaciones internacionales -como Human Rights Watch y Amnistía Internacional- condenan por su violación generalizada de los derechos humanos.

Por Darío Silva D’Andrea

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