Diálogo de familia entre judíos argentinos

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Elías: «Zaide»… ¿cómo murió el tío Isaac?

Iosef: Mirá… calladito te ves más bonito.

–Cuando yo era chiquito ­dijiste…

–…Dije que Isaac murió en un safari africano.

Gregorio: ¿Tu nieto ignora que a su tío abuelo lo degollaron en un hotelucho del centro?

Iosef: ¡Repetís lo que dice la gente, primo!

–»La gente», no. Los peritos forenses de la época.

–»Papá grande» nos prohibió hablar de aquello.

–Obvio: sentía vergüenza de su ­hermano.

–Con los expedientes policiales podés escribir grandes novelas.

–Bien sabés que «avi» fue socio fundador de la «Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia», mejor conocida como «la banda de la Zwi Migdal».

–¡Ofendés la memoria de tu padre!

–Si te consuela, a más de importar niñas pobres judías de Podolia, «avi» fue muy cariñoso y responsable conmigo.

–No cambiás… ¡Sólo ves el lado negativo de las cosas!

–A ver… contáme el lado positivo del viejo, que según vos murió en un «safari».

–Bueno… donó mucho dinero para la construcción del Gran Templo de la Congregación de la calle Libertad.

–Y para los políticos, jueces, concejales, comisarios, legisladores y agentes de migración que hacían la vista gorda.

Iosef: ¡Los antisemitas explotaron muy bien aquel asunto!

Elías: ¿Qué fue la banda de la Zwi Migdal, «zaide»?

–¡Es hora de irte a dormir!

Gregorio: ¿Qué temes, Iosef?

–A que hables como antisemita. ¿O tu novia cristiana te quitó lo judío?

Clarita (con despecho): ¡Estoy con Gregorio por amor. ¡Por amor!… ¿oyó bien, Iosef?

Gregorio (entornando la mirada): Clarita… ¡dejá de hablar boludeces!

Clarita: ¿Me decís boluda?

Elías: ¡»Bubbee»! (abuela)… ¡Clarita está llorando!

«Bubbee»: vení, Clarita… vení a la cocina. Ayudáme con la cena. ¡Seguro que empezaron a discutir de política!

Elías: ¡No, «bubee»! ¡Gregorio dijo que al tío Isaac… (Y con rápido movimiento, saca la lengua estirando la mano a la altura del cuello.)

«Bubbee»: ¿El que era guía de ­safaris?

Iosef: No le hagan caso. Desde que Gregorio trabaja de cronista policial, se las da de «investigador».

–Perdón… soy analista político.

–Sí… de un diario populista.

–¿Los otros son mejores?

–El tuyo defiende a los terroristas.

–Falso.

–Bueno… a los árabes, islamistas y palestinos ¡Ah!… y a los vascos de la ETA.

–»Populistas», «árabes», «terroristas», «islamistas», «palestinos», «vascos», «ETA»… ¿algo más para aderezar la ensalada?

–Da igual: todos son antisemitas.

–¿Qué esperás de los palestinos, Iosef?

–Que juren lealtad al Estado judío.

–Primo… ¡ni Ben Gurion se atrevió a tanto! A propósito: en este país donde nacimos y prosperamos… ¿alguien nos exigió lealtad al Estado católico?

–No es igual. Nosotros venimos de allá.

–¿De allá dónde? Isaac y «Papá Grande» llegaron hace 90 años de Odessa, y ni ellos recordaban más.

–¡Pero venían de cuatro mil años de historia!

–Y en cuatro días, la «dodah» Bernie entrenaba a las niñas en el antiquísimo arte de las putas.

–¡Estás difamando a nuestros ­muertos!

Elías: ¡La tía Bernie me regalaba chocolates!

Clarita: Mis abuelos llegaron de Ancona, y una amiga se casó con un judío de Maseratta. Creo que me voy a convertir. ¡Me encantan las bodas judías!

Iosef: Tené cuidado… A este paso, tu novio termina odiándose a sí mismo.

Clarita: En cuanto me convierta, le doy una limpia de la cabeza a los pies. Te lo aseguro.

Iosef: Lo que mi primo necesita es un siquiatra judío.

Gregorio: ¡Por sobre mi cadáver! ¿Les cuento un chiste? Me lo contó Aron, el relojero. Resulta que Abraham y Samuel viajaban en el Titanic. Cuando se enteran de que el barco se hunde, Abraham rompe en llanto. Samuel lo abraza y pregunta: «¿Por qué llorás, Abraham? ¿Compraste barco?»

Clarita: No entendí… ¿quién «compró barco»?

Elías: Yo entendí… ¡Vi Titanic cinco veces!

Iosef: Un chiste antisemita…

Gregorio: ¿Aron es antisemita?

–No. Pero la hija lesbiana que estudiaba en Israel vive con una palestina. Seguro que anda escondiendo misiles de Hamas en los túneles de Gaza.

–Cohetes rudimentarios, Iosef.

–¡Israel tiene derecho a defenderse! ¿Dónde quedó tu identidad judía, Gregorio?

–Lo ignoro. Quizá la perdí mientras me seducía la conflictiva señora conciencia. Todas las identidades recurren a pretextos. Sin embargo, la de un «barra brava» del Boca Juniors, es más coherente que la «identidad» de un judío que esgrime el victimismo para justificar el holocausto palestino. ¿Has leído a Hannah Arendt, a Gilad Atzmon?

–¡Sos un antisemita! ¡Un intolerante!

–La condena de cualquier genocidio excluye calificativos arbitrarios. Y los judíos «progre» son los más esquizofrénicos: viven atrapados entre una vaga «identidad cosmopolita» y un retrógrado imaginario de pertenencia nacional.

Clarita: perdón que interrumpa… ¿Alguien puede explicarme quién «compró barco»?

Por José Steinsleger
Con información de :La Jornada

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